martes, 18 de febrero de 2014

De fantasmas querendones y otras sorpresas.






Acerca de encuentros cercanos, muy cercanos del cuarto tipo y más.

Armando Enríquez Vázquez 

Íncubos y súcubos, esos diablillos calenturientos, han estado presentes en el colectivo humano desde siempre, disfrutando de los mortales, aprovechándose de sus carencias y soledades, satisfaciendo fantasías, al parecer propias y ajenas, por lo general haciendo pensar a sus víctimas que aquello que conocemos como sueños húmedos es algo más, volviendo locas a cuerdas  y hasta procreando híbridos con ellas.
¿Por qué sí existen los súcubos y  los íncubos y la etimología de ambos según la academia es muy clara en cuanto a su función: Uno yace debajo (súcubo) y el otro yace encima (íncubo), andan, entonces, jugueteando y toqueteando a los humanos y humanas en lugar de hacerlo entre ellos? Entiendo que en el mundo espiritual no haya mucho de donde agarrarse, pero algo divertido ha de tener creo yo.
O tal vez, es una especie de perversión en su mundo, plano astral, realidad o como quieran llamarle, como la zoofilia lo es en este. El caso es que a lo largo de la historia de la humanidad al parecer, estas presencias o seres siempre han estado listos y dispuestos para, como dicen por ahí, coger lo que en España se tira. Desgraciadamente, en estas épocas de tanta gente sola, al parecer los íncubos y súcubos, bautizados por el más popular nombre de fantasmas son más que bienvenidos en las camas de solteronas y solitarios y siguen disfrutando de las muy físicas carnes de hombres y mujeres alrededor del Planeta. Incluso se cuenta de un ser en Zanzíbar llamado Popobawa que viola a todos aquellos que dudan de su existencia.
De acuerdo con los conocedores; estas uniones pueden llevar a la procreación de otros seres por lo general descritos como débiles, enfermizos y sin embargo Merlín, el famoso mago de la saga del Rey Arturo, era el hijo de íncubo y una prostituta, según alguna tradición.  Lo que olvida decir la tradición es sí el íncubo tuvo que pagarle a la dama de la noche o si aprovechándose de su estado incorpóreo no sólo abusó físicamente de la mujer, si no también económicamente. Creo que hasta el famoso Espíritu Santo podría entrar dentro de la categoría de los íncubos, por lo que otro hijo famoso de este tipo de uniones sería Jesús, que tampoco tuvo nada de enfermizo, ni de débil.
Pero antes de cometer una herejía me detendré y no seguiré adelante con ese tema en particular. (Vale la pena decir, que sí tratara de cualquier otro profeta, perteneciente a otra religión, la tolerancia católica hace siglos que le hubiera caído encima a difamaciones, quemando a sus seguidores en leña verde por ser hijo de íncubo)
Se nos ha hecho creer que aquellos que han tenido este tipo de encuentros cercanos espirituales, pero muy carnales a la vez, por lo general quedan traumados, como si hubieran sido víctimas de una violación, lo que suena muy lógico. Ese no es el caso de una mujer en Indiana, que afirma que desde el primer momento que sintió la cercanía de un ser extraño que se aproximaba a tocarla lo incitó a continuar con el manoseo, si se puede llamar así. Hasta que una noche literalmente, el espectro se le metió de lleno a la cama y la hizo tener la experiencia sexual más maravillosa y satisfactoria de su vida. La mujer de 51 años, en su testimonio asegura que  desde que inició su vida sexual 30 años antes, nunca había tenido una relación similar. Lo cual entonces me lleva a hacerme muchas preguntas, sobretodo sobre la soltería de la buena mujer.
Pero entonces encontré algo más desconcertante: la palabra espectrofilia, o sea, bueno ya me imagino que se imaginan lo que significa, y que además hace que la buena mujer Indiana no pase por loca en este mundo. De acuerdo con algunas fuentes los espectrofílicos, dejan ventanas y abiertas de sus recamaras con la esperanza que algún espíritu entre en ella o él. Lo cual me parece ilógico porque al ser espíritus, entiendo que pueden atravesar la materia. Entonces, ¿a qué o quién están esperando que entre por puertas y ventas?
Ahora resulta que además de existir, cazafantasmas a lo ancho y largo del mundo, también existen otro tipo de buscadores de seres etéreos con fines mucho más recreativos. Y la clasificación del mundo espiritual ha cambiado a presencias malignas, presencias benignas y presencias cahondonas. Me parece necesario añadir que sí alguna espectrofílica está leyendo esto, no está de más que le pida a su amigable fantasma que use condón, porque les recuerdo que estos seres pueden llegar a embarazar a las mujeres, me imagino la incómoda situación que debe ser tratar de explicar el embarazo no desado y además provocado por un íncubo. Debe ser terrible y muy desgastante terminar con un ser casi retrasado y débil en la cuna, y mucho peor el terminar amamantando a Merlín o al fundador de alguna religión universal.
 Sin embargo como muchas veces sucede con los cazafantasmas, los amantes de los fantasmas pueden llevarse chascos que los regresen a la realidad, como le sucedió a un hombre en Tasmania, al que llamaremos John. ¿Por qué nadie en Internet quiere revelar su nombre? Ya basta de tantas ambigüedades en este texto. John tenía la idea de que algún espíritu chocarrero andaba jugueteando en su cocina, al parecer John encontraba muchas cosas por el suelo del lugar,  por lo que un día decidió dejar una cámara grabando en la cocina en busca de un fenómeno paranormal. Como suele suceder en estos casos, John descubrió que la verdad no siempre se oculta allá afuera y que el enemigo muchas veces está en casa. Las únicas actividades extra normales que captó la cámara de John fue a su mujer teniendo relaciones sexuales con su hijo, pero no se alarmen no fue incesto, porque era hijo de John, no de ella. El hijastro tiene 16 años. La mujer, a la que omito ponerle nombre porque donde le atine ya me gane alguna demanda, se limitó a admitir ante el juez que ella siempre había pensado que la edad para tener sexo consensuado era de 16 años y por eso lo había hecho ya varías veces con el muchacho, pero que estaba realmente arrepentida. Al joven, por lo visto, no le quedó admitir más qué quería mucho a su madrasta y su cercanía con ella. Por su parte, creo que John ya no está preocupado por fantasmas y tal vez nunca más vuelva a creer en ellos. Desde hoy se atiene al viejo dicho de; yo no le temo a los muertos si no a los vivos. Lo que en su caso más que temor será sospecha.
Pero en el terreno de las parafilias me acabo de enterar que también existe la exofilia. Los que tienen esta filia se sienten atraídos por extraterrestres de cualquier raza, robots, los personajes de Star Trek y  me imagino tienden a ser un poco nerds. Sin duda que ante las perspectivas sexuales que tiene su vida, deben vivir bajo la máxima: El sexo está allá afuera.
Sí algo me queda claro de todo esto es, sin duda, que en gustos se rompen géneros, especies,  líneas de tiempo y hasta planos astrales.

publicado en palabrasmalditas.net julio de 2013
imagen: Debbie III de H.R. Giger