viernes, 21 de febrero de 2014

Krystina Skarbek una espía de películas.





De entre las muchas mujeres que sirvieron al ejército inglés durante la II Guerra Mundial como espías Krystina Skarbek fue la más olvidada por los británicos e inmortalizada por un escritor.
Armando Enríquez Vázquez
El 15 de Junio de 1952 el cuerpo de una mujer fue encontrado en una habitación de un hotel de mala muerte en una zona modesta de Londres. La víctima había sido asesinada a puñaladas. El crimen fue de carácter pasional y su autor fue condenado a la horca. Las últimas palabras de Dennis Muldowney, el asesino obsesionado con la mujer, que había rechazado las ofertas amorosas del gris y funesto personaje, fueron: Matar representa la posesión final.
Así terminó la vida de una mujer que había nacido 44 años antes dentro de una familia aristocrática y de gran abolengo en Polonia. Espía de la causa aliada durante la II Guerra Mundial, de una forma que al parecer pocas lo hicieron. Su belleza y su valentía son legendarias y el mismísimo Winston Churchill se refirió en alguna ocasión a ella como: Mi espía favorita. Su nombre: Krystina Skarbek o Cristina Granville, nombre que adoptó para sus actividades de espionaje. Fue una de las pocas mujeres espías que el gobierno británico abandonó a su suerte al finalizar la guerra.  Una mujer cuya osadía, astucia y sentido del deber habría de inspirar a un escritor para crear las mujeres más famosas de la literatura y el cine de espías ingleses. Así fue Krystina Skarbek quien gracias a su aplomo y forma rápida de actuar salvó en más de una ocasión su vida y la de sus compañeros.
Krystina Skarbek nació en Varsovia el 1° de mayo de 1908. Su padre era un conde polaco, y el apellido Skarbek está unido en muchos sentidos a la historia de Polonia, en el árbol genealógico de la familia Skarbek hay desde un legendario cazador de dragones del siglo doce, hasta políticos y reformadores de Polonia, y el linaje también cuenta con algunos afamados familiares lejanos como el músico nacionalista polaco Federico Chopin. La madre de Krystina era una judía, hija de un poderoso banquero polaco y cuya dote se dice salvó al conde Jerzy Skarbek de la ruina. Durante su infancia y de manera casual conoció en los establos de la finca paterna a Andrzej Kowerski, quien muchos años después habría de convertirse en su amante y probablemente el amor de su vida, con el que compartió, también la vida de agente del servicio secreto británico.
Krystina amaba los caballos y en cuanto a su educación fue internada en un convento en el que estudiaban todas las hijas de la aristocracia polaca, de donde en su momento fue expulsada, por su comportamiento. Tras el final de la I Guerra Mundial y con la época de la gran depresión la familia Skarbek se vio en dificultades, sus abuelos maternos también y el banco se colapsó. Finalmente Jerzy Skarbek que se negaba alterar su estilo de vida, tuvo que vender las propiedades de la familia y murió de tuberculosis en 1930. Lejos de su familia, a la que tiempo antes y pretextando su estado de salud, pero más bien mostrando una marcada apatía por los judíos, ahora que su esposa ya no podía ofrecerle salvación alguna, Jerzy había abandonado. Krystina, que tenía 22 años de edad, tomó entonces un trabajo en una agencia de automóviles de la marca Fiat, sin embargo, al poco tiempo desarrolló una enfermedad pulmonar ocasionada por el gas emitido por los escapes de los autos, lo que la obligó a renunciar al empleo. Por recomendación médica y bajo la sospecha de que la joven hubiera contraído tuberculosis. Krystina se trasladó a un pueblo de los montes Tatra, llamado Zakopane, al sur de Polonia. Los Tatra forman parte de la cordillera de los Cárpatos y son el sector más alto de los mismos en la frontera entre Eslovaquia y Polonia. Una vez instalada en el pueblo, gracias al seguro de salud que le había otorgado la empresa distribuidora, Krystina descubrió el esquí y se dedicó a esquiar. En 1931, se casó por primera vez con un empresario de origen alemán al que conoció mientras trabaja en la agencia de Fiat de nombre Gustav Gettlich, el matrimonio fracasó pronto y al año siguiente se divorciaron por incompatibilidad. Krystina, a quien la pensión del divorcio se lo permitía, pasaba mucho tiempo en Zakopane y ahí conoció a su segundo esposo: Jerzy Gizycki. Un hombre que además de haber vivido en Estados Unidos donde había sido entre otras cosas vaquero, fue diplomático polaco y un enamorado de África, la relación duro por algún tiempo antes de que finalmente se casaran, lo cual sucedió en Polonia en 1938. Una vez casados, el matrimonio partió a Kenya pues el gobierno Polaco pidió a Jerzy establecer una misión diplomática en aquel país que atendiera los intereses polacos en varios países de la región. En 1939 estalló la II Guerra Mundial y Alemania invadió Polonia,  se cree que para ese momento Krystina ya había sido enrolada entre las fuerzas secretas británicas. Otros dicen que fue en ese momento cuando en un acto patriótico ella y su esposo que se encontraban en Etiopía viajaron a Londres, donde Krystina movió todas sus influencias y se entrevistó con sus conocidos para ser parte del servicio secreto, al parecer fue el periodista y escritor Frederick Voigt quien la presentó a los mandos de la inteligencia inglesa, una vez reclutada Kristyna fue enviada a Hungría donde convenciendo a un Atleta olímpico húngaro cruzó sus queridos Montes Trata para ingresar a Polonia, una vez llegada a Varsovia se reunió con su madre y la instó a abandonar Polonia, cosa a la que la madre se negó. La madre de Krystina murió años después en una prisión nazi. Como su asistente se nombró a un hombre que había trabajado en la inteligencia polaca de apellido Radziminski.
Tras ese viaje Krystina regresó para encontrarse con un Raddziminski perdidamente enamorado de ella. Ella lo rechazó en varias ocasiones, por lo que el hombre ofuscado salt de una de los puentes de Budapest, sin darse cuenta de que el Danubio estaba congelado con lo que únicamente logró romperse un tobillo, después amenazó con suicidarse de un tiro y al último minuto se acobardó y se disparó en el pie, por lo que fue llamado de inmediato a Londres. ´
Skarbek estableció una eficiente red de comunicaciones entre Varsovia y Budapest a través de mensajeros, proporcionando mucha información importante a los ingleses, lo que impresionó al primer ministro inglés Winston Churchill. Después se le ordenó contactar a otro espía ex militar polaco de cuyo nombre era Andrew Kennedy, su sorpresa fue que este Andrew Kennedy no era otro que Andrzej Kowerski, aquel muchacho que había conocido hacía años en las caballerizas de su padre, quien en un accidente de caza anterior a la guerra había perdido una pierna. Trabajaron juntos en Hungría hasta que esta fue ocupada por los Nazis y ellos fueron detenidos en enero de 1941. Kristyna recurrió entonces a un truco, mordió su lengua hasta que esta sangró y entonces fingió los síntomas de la tuberculosis, la Gestapo liberó a ambos. Gracias a sus contactos consiguió que tanto ella como Kowerski pudieran huir a través de Turquía y Siria a y llegar a El Cairo donde para sorpresa de ambos, eran considerados por los ingleses como doble espías por haber logrado huir de la Gestapo y llegar a El Cairo. Gizycki, por su parte, al enterarse de esto protestó, ante el gobierno inglés por la forma en que su esposa era tratada. Poco después cuando ella le notificó que quería el divorcio, Gizycki pidió asilo a Gran Bretaña y emigró a Canadá. Skarbek y Kowerski tardaron un par de años en ser exonerados y restituidos al frente.
En 1944, el 7 de Julio, Krystina fue enviada a Francia y trabajó bajo las órdenes de uno de los más exitosos operadores de la resistencia francesa; Francis Cammaerts. Responsable de una de las redes más importantes de los opositores franceses. Durante esa época Krystina llevó a cabo otra de sus legendarias acciones. Un día al enterarse de que Cammaerts y dos de sus principales lugartenientes habían sido arrestados en Digne por un colaboracionista francés, la polaca se dirigió directo al cuartel de las tropas  alemanas y se presentó como miembro de la fuerzas aliadas frente a Albert Schenck que estaba a cargo del edificio y de los prisioneros al que hizo creer que era sobrina del Mariscal de Campo de las  fuerzas inglesas Bernard Law Montgomery, le aseguró a este hombre que las tropas inglesas ya no estaban lejos de aquel lugar y en cuanto tomaran control del pueblo, él sería entregado a los habitantes del pueblo para que hicieran en él la justicia que consideraran necesaria. Schenck contactó de inmediato con un belga que servía de intérprete con la Gestapo y tras tres horas de negociación acordaron con Krystina la liberación de los tres prisioneros y la entrega de dos millones de francos a cambio de dejarlos escapar a él y al intérprete belga.
Se dice que en otra ocasión que estuvo a punto de ser descubierta por una patrulla alemana que soltó a un perro tras ella, Krystina logró no sólo atrapar al animal, si no que logró que no hiciera ningún ruido, es más el animal la siguió por días después del incidente.
Al terminar la guerra Krystina se encontró de vuelta en El Cairo sin patria, porque no podía regresar a Polonia ocupada por los rusos y los ingleses no podían otorgarle la nacionalidad por problemas burocráticos. Así que por sus servicios le dieron cien libras esterlinas y la abandonaron.
Tras una estadía en África, Krystina regresó a Londres donde finalmente fue reconocida su labor y fue condecorada con la Orden del Imperio Británico, una condecoración que sólo se da a militares con grado de coronel o superior. La medalla George por sus actos de valor en Digne y con La Cruz de Guerra que el gobierno francés le otorgó por su participación en la liberación de Francia.
Se dice que por estos años conoció al también espía y más tarde escritor Ian Fleming, que inventó a James Bond, con quien sostuvo un romance a lo largo de un año. Tras ese romance Krystina buscó trabajo en un barco como ayudante y ahí conoció a su asesino.
Krystina Skarbek nació una noche oscura donde sólo se podía distinguir el planeta Venus, por ese hecho su padre cariñosamente la llamaba Vesperale. El personaje femenino de la novela Casino Royale de Fleming, Vesper Lynd está basado en ella, así como muchas de otras de las chicas Bond. Lo cierto es que el romance entre la espía y el autor no está documentado.
Jerzy Gozycki murió en 1970.
Andrzej Kowerski en 1988, sus cenizas fueron enterradas junto a la tumba de Krystina en Londres.
Para los amantes de las teorías de conspiración, el rápido juicio y ejecución de Dennis Muldowney, todo en únicamente tres meses, demuestra que Krystina jamás dejó de trabajar para los servicios de inteligencia ingleses.

publicada en thepinkpoint.com.mx el 14 de febrero de 2014
imagen: wysokieobcay.pl