jueves, 11 de diciembre de 2014

Isabel La Católica, reina de Castilla, simiente de un imperio.



La reina de Castilla es sin duda una de las mujeres más importantes en la historia del mundo, si su reinado hubiera sucedido en nuestros días su importancia sería sin duda mucho mayor a la de Angela Merkel o cualquier líder o empresaria.

Armando Enríquez Vázquez

Entre el grupo de poderosas mujeres europeas a lo largo de la historia destacan aquellas que han conducido los destinos de sus naciones. Entre las reinas europeas de mayor tradición están Isabel I de Inglaterra, Catalina II, La Grande, de Rusia, Tamara de Georgia, pero ninguna tan importante por lo que su labor significó en la construcción de uno de los mayores imperios que haya visto la humanidad como Isabel I de Castilla conocida por una bula papal como Isabel La Católica.
Isabel nació el 22 de abril de 1451 en Madrigal de las Altas Torres, su padre fue el rey Juan II de Castilla y su segunda mujer Isabel de Portugal.
Tras la muerte de su padre, el sucesor Enrique IV medio hermano de Isabel, mandó a esta y su hermano menor a la población de Arévalo. Los supuestos rumores de homosexualidad del rey, así como su falta de carácter y el nacimiento de la heredera real, de la que siempre se arguyó que era una bastarda producto de las relaciones de la reina con uno de los nobles y capitanes de Enrique IV de nombre Beltrán de la Cueva, llevaron a Alfonso y su hermana a levantarse en contra de su medio hermano. A la hija de Enrique IV de nombre Juana de Castilla, la historia la conoce con el apodo despectivo que le impusieron los enemigos de su padre y más de tarde de ella; La Beltraneja, por el supuesto origen de su paternidad.
El levantamiento de Alfonso el hermano de Isabel fue exitoso y Alfonso rodeado de un número importante de nobles derrotó a Enrique IV. Unos años después de su victoria Alfonso murió, lo que reinstauró a Enrique IV en el poder. Esta vez, Isabel fue la que firmó un tratado que se conoce como Concordia de Guisando, donde el rey nombró y reconoció como su heredera a Isabel y le otorgó el título de Princesa de Asturias, título con el que quedó confirmada su legitimidad a heredar el trono.
Los allegados a Enrique IV, tramposamente, incluyeron en el tratado una clausula con la que el rey podía  proponer pretendientes a la Princesa de Asturias, esto con la idea de alejar a la heredera del trono del reino de Castilla y de sus aspiraciones a suceder al rey. Isabel se negó en varias ocasiones a aceptar a los diferentes candidatos que le presentó Enrique IV. Finalmente y a escondidas del rey y de los miembros de su corte, Isabel se casó con Fernando de Aragón. El 19 de octubre de 1469. Isabel tenía 18 años de edad.
Cinco años después y tras la muerte de Enrique IV, Isabel se proclamó reina legitima de acuerdo a los tratados de Guisando, pero un grupo de nobles la desconoció y proclamó como reina a Juana de Castilla, La Beltraneja. En 1479 finalizó la guerra con un tratado en el que se reconoció a Isabel y Fernando como los reyes de Castilla.
En esos diez años de matrimonio nacieron los dos primeros hijos de la pareja real. Isabel en 1470 y Juan en 1478.  Tras asegurar el trono, la siguiente campaña de Isabel y Fernando se centró en la expulsión de los moros del territorio español. Los árabes habían llegado a lo que hoy es España a través del norte de África ocho siglos antes y se habían consolidado en el sur de la península a partir del año 726. En nombre de la religión católica, los reyes de Castilla y Aragón iniciaron sus esfuerzos por acabar con la presencia musulmana en la península. Isabel acompañó siempre a Fernando en las campañas bélicas y con ella viajaban sus hijos a los que la reina educó en la misma rigidez de la fe católica que ella profesó a lo largo de su vida y para los cuales siempre encontró tiempo que dedicar en su educación.
La reina además se hacía acompañar siempre de médicos para atender a los heridos con lo que fue precursora de los hospitales de campaña.
La tercera de sus hijos nació en 1479, su nombre Juana, pasó a la historia por ser aunque fuera sólo en título la primera reina de lo que es hoy el territorio español. Pues sus dos hermanos mayores y un sobrino murieron antes que sus padres, los reyes católicos, lo que la convirtió en la heredera de los reinos de Castilla, León, Aragón y Navarra. La historia la conoce como Juana La Loca por supuestamente haber enfermado de celos por su esposo, el también celebre Felipe El Hermoso, así como su muerte a los 28 años en 1506.
En 1482 Isabel dio a luz a su hija María y finalmente en 1485 nació Catalina.
Isabel fue de acuerdo con cronistas de la época, una mujer extraordinaria. De una oratoria perfecta y reacia a demostrar dolor aun en sus partos. Devota a más no poder, pero al mismo tiempo de mano dura y firme de carácter.
 Los hechos con los que consolidó en su reinado el poder de Castilla y la prosperidad del reino así lo confirman. Los moros fueron derrotados en 1492 con la caída del Reino de Granada y la dinastía Nazarí que había gobernado desde 1238. Ese mismo año Isabel decidió apoyar a un marino genovés que quería llegar a Las Indias navegando hacía el Oeste. Cristóbal Colón prometió a la reina nuevas tierras, riquezas y miles de almas por evangelizar. El rey de Portugal había rechazado financiar la aventura del marinero.
El descubrimiento de América fue el inicio para lo que en las décadas siguientes se convertiría en uno de los mayores imperios que hayan existido y sin duda el mayor que se había constituido hasta el siglo XVI. Carlos I de España, nieto de Isabel e hijo de Juana La Loca presumía que en su imperio jamás se ocultaba el Sol.
Pero además Isabel decidida a servir a su fe, no sólo expulsó a los musulmanes de España, hizo lo mismo con todos aquellos judíos que no acogieron el cristianismo como su religión. El éxodo de judíos españoles de esa época terminó en ciudades como Tesalónica en Grecia, en el otro extremo de Europa. Isabel creó la Santa Inquisición.
Isabel de Castilla fue una mujer preocupada siempre por el bienestar de sus súbditos, pero ante todo de su familia. La muerte temprana de Juan en 1497, seguida por la de Isabel en 1498 y de su nieto Miguel de la Paz hijo de Isabel y Manuel I de Portugal conocido como El Afortunado, la sumieron en una profunda depresión que la hizo vestir un luto perpetuó, más tarde la supuesta locura de su hija Juana y la viudez de su hija Catalina, la abrumaron aún más.

En 1504 se le diagnosticó hidropesía y murió el 26 de noviembre de ese año en Medina del Campo. Tenía 53 años de edad pero las simientes del imperio español habían sido ya sentadas.

publicado en Mamaejecutiva.ner el 1 de diciembre de 2014
imagen: educarchile.cl