miércoles, 3 de junio de 2015

Isabel de Barreto historia de una expedición fracasada.



La única almirante de la armada española del siglo XVI, Isabel de Barreto obtuvo el título de manera fortuita.
Armando Enríquez Vázquez.
Es muy difícil conocer a ciencia cierta las dotes de Isabel de Barreto cuando las crónicas que sobreviven fueron escritas por su detractor y enemigo Pedro Fernández de Quirós. Sin embargo muchas debió de tener porque logró lo que ninguna otra mujer de su época consiguió en la sociedad española. Nada se sabe de sus orígenes pero se cree que fue gallega y que nació alrededor de 1567 en Pontevedra, se sabe que en 1585 llegó a Perú, que era una de las favoritas de la virreina y se cree que fue una mujer educada y culta, cuya familia gozaba no sólo de prestigio, sino de una gran fortuna. En Lima conoció a Álvaro de Mendaña, navegante español que en 1568 descubrió las Islas Salomón el Océano Pacifico, las islas fueron bautizadas con ese nombre porque se creía que en ellas se encontraban las legendarias minas del Rey Salomón.
Cuando Isabel llegó al virreinato de Perú, Mendaña llevaba varios años de intentar armar una nueva expedición a las islas de Pacífico, el explorador y navegante estaba casi en la ruina cuando conoció a la familia Barreto, trató y se casó con Isabel que era unos veinte años menor que él, la dote del matrimonio así como la influencia de la que gozaba Isabel en la corte virreinal de Perú proveyeron al navegante del capital necesario para armar la ansiada segunda expedición a las islas del sur.
La expedición se armó con cuatro barcos y cerca de cuatrocientos hombres; un piloto portugués llamado Pedro Fernández de Quirós y a pesar de las protestas de este y muchos marinos algunas mujeres entre ellas Isabel Barreto, esposa del Adelantado y Gobernante de las Islas Salomón, Álvaro de Mendaña, así como los tres hermanos de ella.
La expedición zarpó del puerto de Paita el 10 de junio de 1595 y habría de ser la navegación más larga que una expedición española efectuara en el siglo XVI. La travesía no fue sencilla y estuvo llena de dificultades. Motines, enfermedades y hambre fueron las constantes del viaje que comenzaron a diezmar a los marinos. Isabel comenzó a llamar cada vez más la atención de los marineros por su arrogancia, soberbia y carácter estricto y duro, así como por la influencia que la dama tenía sobre su marido. En un principio Mendaña descubrió un nuevo archipiélago al que llamó Islas Marquesas de Mendoza en honor al virrey Cañete. Pronto las diferencia entre Mendaña y el hombre encargado de la seguridad de la expedición nombrado por el Virrey y de nombre Pedro Marino Manrique, quien desde antes de zarpar en Perú manifestó diferencias con Mendaña y su piloto Fernández de Quirós, fueron siendo más claras e irreconciliables, conforme avanzó la expedición y tras la llegada a las islas Marquesas, Marino acusó al Adelantado y al piloto de no tener la menor idea de cuál era el rumbo a seguir para llegar a las islas Salomón. Incluso en las discusiones y altercados entre ambos hombre en más de una ocasión llegaron los golpes.
Las intrigas y los rumores de rebelión se fueron acrecentando, en Septiembre de 1595 una de las naves de la expedición desapareció y nunca más se supo de ella. En los próximos días las naves restantes fondearon en una isla y fue ahí donde se dio el enfrentamiento final entre Mendaña y Marino. Mendaña con abusos y excesos se encargó de deshacer la relación que Mendaña había establecido con los habitantes de la isla. Una noche Mendaña y sus simpatizantes asaltaron de manera sorpresiva el campamento de Marino y mataron a los adversarios, al poco tiempo Mendaña enferma de Malaria y antes de morir en presencia de testigos hereda sus cargos  de Adelantado y Gobernador de las Islas Salomón a su mujer. Isabel de Barreto se convierte así en la primera almirante de la armada española y la única Adelantada de la misma.
Enfrentando la oposición de Fernández de Quirós y otros marineros que creen que una mujer es incapaz de gobernar barcos y territorios, Isabel demostró su capacidad para gobernar y dirigir la colonia en la bautizada isla de La Graciosa.
Tras la epidemia de Malaria que diezmo a la población Isabel escuchó las voces de marinos que pedían enfilar las naves hacía Manila y olvidar las Islas Salomón. Isabel decidió hacerse a la mar en la travesía rumbo a Filipinas, pero sólo con el propósito de renovar a la tripulación, traer nuevos sacerdotes para poder de esta manera continuar la búsqueda de las Islas Salomón. Dos de las naves se hundieron en el Océano Pacífico con toda su tripulación.
El miedo, el hambre se apoderaron de muchos marineros que comenzaron a confabular en contra de la Almirante. Isabel gastó agua potable en lavar su ropa, administró los alimentos asegurándose de que a ella y sus más allegados no les hiciera falta bocado alguno, incluso llegó a vender alimentos al mejor postor entre los famélicos marineros. Los rumores del motín la hicieron actuar de manera decisiva en contra de sus opositores y mando ejecutar a varios de ellos, así como a otros a los que se sorprendió robando alimento. De acuerdo con la narración de Quirós alguna vez que le reclamó a la Almirante el uso y abuso que hacía de las raciones de agua y alimentos la mujer le contestó que ella podía hacer con aquello que era su hacienda lo que ella quisiera dando a entender no sólo las canonjías de su cargo, sino el dinero que había invertido en la expedición.
Finalmente el barco llegó a Manila el 11 de febrero de 1596. Ya en Manila, Isabel se codeó con la alta sociedad y se casó con el sobrino del gobernador de Filipinas, Francisco de Castro y regresó a Perú vía la Nao de la China por lo que paro primero en Acapulco. Poco tiempo después el rey Felipe III  por medio de una Cédula Real concedió a Fernández de Quirós regresar a las Islas Salomón y explotarlas. Isabel y su nuevo esposo lucharon de manera infructuosa contra la decisión del rey a tal grado que se dice que regresaron a España para tener una audiencia con el rey. Sin embargo, todo fue en vano. Se creé que Isabel de Barreto murió cerca del año 1612.
A pesar de lo controvertido de su persona, de su dureza, crueldad y a veces frivolidad Ninguna mujer volvió a ostentar el título de adelantada en la armada española y fue la única mujer que además de ostento un título de gobernadora en el siglo XVI, como a pesar de lo que años después Fernández de Quirós escribiría de Isabel de Barreto es claro que supo manejar a una tripulación que fue incapaz de revelarse a las órdenes de su Adelantada de la Mar Oceáno.

 EL gran escritor inglés Robet Graves hablo de la esta expedición y de Isabel de Barreto en su novela Las Islas de la Imprudencia.

publicado en mamaejecutiva.net el 25 de mayo de 2015
imagen: cultura.elpaís.com