martes, 16 de junio de 2015

Los solitarios del Zócalo.



Hay oportunidades que se desperdician y entonces las personas se quedan solas.

Armando Enríquez Vázquez

A lo largo de su candidatura a la jefatura del gobierno del Distrito Federal en 2012, Miguel Ángel Mancera presumió no pertenecer al PRD, el partido que promovió su candidatura. A pesar de este hecho, o quizá, gracias a eso, Mancera ganó con una de las ventajas más abrumadoras en los procesos electorales de la Ciudad de México. Más que Cuauhtémoc Cárdenas, Andrés Manuel López Obrador y Marcelo Ebrard cada uno en su momento.
Sin embargo, como sucedió en el caso de Vicente Fox, Mancera no supo aprovechar el respaldo ciudadano y se dejó llevar por la histeria del poder de las tribus perredistas y por su propio ego. Incapaz de actuar para la ciudadanía que lo eligió se dedicó a proteger los cotos de poder y corrupción de los líderes perredistas en el DF.
En los primeros tres años de su gobierno, la ciudadanía lo identifica como un jefe de gobierno sordo a las demandas ciudadanas, ciego a la situación de la capital y sin voluntad política o personal para arreglar los diferentes problemas de la ciudad.
En tres años el jefe de gobierno acabó con su capital ciudadano. Los resultados electorales del fin de semana lo han dejado más solo que a ninguno de sus predecesores. Miguel Ángel Mancera habrá de gobernar la ciudad de México no sólo con una asamblea mayoritariamente opositora, si no con la guerra que habrá de desatarse al interior de PRD para no perder su histórico bastión.
Mancera no ha hablado acerca del asunto, pero tanto Carlos Navarrete como algunos miembros del partido comienzan a hablar de traiciones y de manera esquizofrénica comienzan a negar la realidad que los apabulla y que probablemente nos indica la próxima desaparición de ese instituto político.
Mancera solo, repudiado por el rencoroso Andrés Manuel y su títere en la presidencia de Morena Martí Batres, no tendrá en la asamblea la cómoda mayoría de la que gozó hasta ahora, si quiere gobernar con libertad tendrá que contentar a las tribus perredistas y pactar con el PAN y el PRI, lo que seguramente hará al PRD perder más votos.
Eso sin contar que al interior de un partido que se desmorona habrá una sangrienta lucha para escoger al próximo candidato a la jefatura de la ciudad, lo que hará que muchos le den la espalda a Mancera desde ahora.
Mancera, no es el único solitario en los edificios que rodean la plancha del Zócalo. Porque sin importar lo que nos quieran hacer creer, el gran perdedor de las elecciones fue el PRI y el sistema que quiere imponer uno de los presidentes más corruptos e impopulares que ha tenido nuestro país.
El PRI perdió las gubernaturas de Querétaro, Michoacán que estaban en su poder y ahora pasan a partidos que ya las habían gobernado en clara muestra de que la ciudadanía no está conforme con la forma opaca de gobernar de Enrique Peña Nieto, pero también perdió Nuevo León uno de los estados más importantes de la república y que representa a una gran número de empresarios nacionales como Cemex y Grupo Alfa entre otros. El PRI de Peña Nieto perdió también la segunda ciudad en importancia en el país; Guadalajara, aunque los priístas dirán que retuvieron Ecatepec su bastión en el Estado de México y una de las zonas más pobladas de la República, lo cierto es que perdieron de nueva cuenta Naucalpan y Atizapán de Zaragoza, de hecho hasta el momento no es posible definir si podrán tener en compañía con sus aliados una mayoría calificada en la cámara de diputados.
Tampoco nadie quiere decirlo pero el voto nulo, obtuvo un porcentaje mayor a varios partidos políticos y el abstencionismo en lugares como el D.F. superó el sesenta por ciento.
Si algo demanda la ciudadanía y quedó claro en estas elecciones son cambios, son nuevas opciones para votar, el PRI, el PAN y el PRD y su pacto por México que parece a los ojos del elector ser más una repartición de un botín que buscar soluciones por sacar el país adelante, fueron castigados en diferentes grados por los votantes. Aunque el PRI parezca y se proclame el ganador, los números fríos y los hechos contradicen esa victoria absoluta que quieren colgarse con el mismo cinismo demagógico que los ha caracterizado desde su fundación.
En 2016, doce gubernaturas estarán en juego, la posible aparición de nuevos candidatos independientes o el fortalecimiento de fuerzas moderadas y con buenos candidatos como sucedió con Movimiento Ciudadano, puede hacer que los tres partidos principales de la partidocracia en la que vivimos pierdan aún más poder y electorado. Nuevo León Y Querétaro eran en teoría estados ejemplares de gobiernos priístas, pero el electorado ha demostrado que no es así y en ambas entidades estamos por ver salir miles de trapitos tanto de Rodrigo Medina, en Nuevo León, que vivía cobijado por el ala de su papá, como de José Calzada Rovirosa, en Querétaro, que en nada ayudarán al PRI y al presidente de nuestro país.

publicado el 12 de junio de 2015 en blureport.com.mx