lunes, 1 de junio de 2015

El gran impostor.




Llegó a su fin una de las series mejor escritas y más llamativas de la televisión, tras ocho años en el aire y siete temporadas. Una serie que será recordada entre otras cosas por recordar una época y a una sociedad que nos parecen muy lejanas.
Armando Enríquez Vázquez.
Hace ocho años apareció en la pantalla chica un impostor. Trabajando en un negocio que utiliza la creatividad para engañar, para desviar la atención, para engatusar, para seducir con los pocos o nulos argumentos de seducción que puede tener cualquier producto: La publicidad.
Donald Draper, cuya verdadero nombre era Richard “Dick” Whitman, engañaba, seducía y engatusaba con su nombre y su personalidad a mujeres, jefes, compañeros de trabajo, clientes incluso a esa familia que había creado como ideal dentro de uno de sus comerciales. Operando desde una pequeña agencia de publicidad en Nueva York llamada Sterling Cooper en referencia a los dos socios y dueños de la misma.
La serie inició con una de las campañas más importantes en el mundo del tabaco previa a la de Marlboro y que en realidad  no fue creada en la década de los años sesenta del siglo pasado como implica la serie, sino a principios del siglo. Me refiero a la frase que por décadas definió y caracterizó a uno de los cigarrillos de mayor consumo en Estado Unidos, It’s Toasted de Lucky Strike. La impostura terminó el pasado domingo 17 de mayo con el capítulo final de Mad Men y acabó con otra impostura: Don Draper responsable de una de las mejores y más memorables campañas de Coca Cola.
Durante ocho años marcas icónicas de Estados Unidos y del mundo, aparecieron por las oficinas de Sterling, Cooper y todos los nombres y cambios que sufrió la agencia hasta terminar siendo devorada por McCann Erickson; Heinz, Jaguar, Chevrolet, Hilton, Playtex, Hershey, Aquanet, Right Guard, Clearasil, Mohawk Airlines y finalmente Coca Cola.
Mad Men no es un programa acerca de la publicidad, es una serie en el que sus personajes pertenecen al mundo de la publicidad. Mad Men nos permitió tener una visión de una época reciente de la sociedad, que fue muy bien reconstruida con todas esas contradicciones que hoy hacen a los políticamente correctos fruncir el ceño y sacar su moralista dedito flamígero; doctores fumando en consultorios, basura que se tiraba sin preocupación en el campo tras un día de campo, comentario misóginos y racistas, ciudadanos negros logrando sus primeras victorias en el campo de la igualdad y laboral. Se aceptaba a las negras, pero jamás recepcionistas nos dejan claro en un capitulo.
En Mad Men están además todos los estereotipos de la publicidad y los cuales muchos dentro del mundo de la publicidad se desviven todavía por hacer verdaderos; el insufrible ejecutivo de cuentas, Pete Campbell, capaz de vender su alma y la de los demás miembros de la Agencia al diablo, incluyendo el cuerpo de la jefa de personal, con tal de ganar una cuenta. El creativo todo poderoso y arrogante, Don Draper, que se basa más en la capacidad de convencimiento de su discurso que en realmente lo brillante de una idea. Los copy especie de minions inagotables en su desquiciada forma de hacerse notar, siempre en grupo peleando y balbuceando un lenguaje inentendible al resto de la población. El cliente insoportable, con caprichos y delirios de grandeza que llegan al extremo de dejar tuerto a Ken Cosgrove. Los caprichosos dueños Sterling y Cooper y sobre todo los excesos, vicios, sexo, ese glamour que muchos anteponen en sus historias antes que la creatividad necesaria en el efímero trabajo de la publicidad. Un mundo aparente con el que muchas veces algunos intentan escaparse dell burocrático trabajo en la publicidad.
La impostura de la impostura. Mad Men es sin duda una de las mejores series de televisión que se han escrito y más allá de ciertos hilos narrativos que cerraron en una ambiente de felicidad un tanto cuanto simplones como el final de Peggy, en general la dureza de los escritores no dudó en poner fin a personajes de manera brutal, sencilla, nunca sangre, ni estridentismos, pero por lo mismo más brutal. Mad Men siempre estuvo más cerca del género de la pieza, que del melodrama o del drama, lo que no excluye momentos melodramáticos en su narración. Secuencias como la del directivo inglés que pierde el pie con una podadora, El viaje de LSD de Roger Steling y su esposa, Betty Drapper matando a las palomas del vecino, el fantasma de Bert Cooper despidiéndose de Don en una especie de musical, o Peggy patinando en las oficinas vacías de Sterling, Drapper and Cooper, Mientras Roger Sterling toca un órgano eléctrico.
Con el final de la serie a Don Draper se le permitió alcanzar el paraíso de la impostura al crear uno de los íconos de la publicidad mundial. Mad Men no es una serie de publicidad y sin embargo a través de ella vimos temas históricos e importantes de la publicidad como la diferenciación del producto, la segmentación de mercados, la llegada de la televisión y su rápido protagonismo en el mundo de la publicidad, el crecimiento del personaje de Harry Crane se debe a la llegada de la televisión y a la visión que él tiene del futuro del medio.

Mad Men llegó a su final entre dos de las grandes modas de finales del siglo XX y el inicio de este, La Yoga y la Coca Cola.

publicado en thepoint.com.mx el 25 de mayo de 2015
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