jueves, 3 de diciembre de 2015

Contar historias, lo que nos hace humanos.



Todos los hombres y mujeres tenemos esa capacidad de contar historias y la ejercemos en el día a día, al platicar con nuestros amigos, colaboradores y compañeros, creamos sin darnos cuenta historias.

Armando Enríquez Vázquez.

Hoy que hablar de storytelling como una de las herramientas más importantes y de moda en la publicidad, cuando nos hacen creer que el storytelling es una especie de ciencia o habilidad nueva a desarrollar valdría la pena considerar algunos hechos irrefutables acerca de nuestra especie y su historia de éxito en el mundo.
Contar historias no es una moda entre los seres humanos, ni una pose, contar historias es una de las improntas de nuestro código genético. La comunicación que se da entre los miembros de todas las especies animales. Sus lenguajes primitivos se sustentan en sonidos y cuando la distancia lo permite en un lenguaje corporal. Entre los primates se ha confirmado que esta comunicación llega a extremos que no existen entre otras especies. Por ejemplo, el acicalarse de los monos es una forma de comunicación, de crear empatía y una cohesión de grupo. Algunos monos africanos son capaces de no sólo de avisar a otros miembros de su grupo cuando un depredador se acerca, si no de mentir sobre el hecho, lo cual parece divertirlos. Entonces en la comunicación de ciertos primates ocurre ya el hecho de contar algo que no es necesariamente cierto. Los Homo sapiens, llegamos un poco más allá pues el tiempo de acicalado de acuerdo con ciertos evolucionistas y antropólogos a la larga resultó una perdida de tiempo, si bien es cierto que aun hoy en día acariciar, tocar y dar palmadas a otros miembros de nuestra especie produce endorfinas que nos ayudan a desarrollar empatía por los demás. Los Homo sapiens evolucionaron gracias a una mutación pudieron hacer del tiempo dedicado al acicalado algo de menor importancia para la cohesión de los pequeños grupos, esta mutación les permitió comenzar a desarrollar algo que los diferenció incluso de las otras especies de humanos con las que coexistieron y a las que aniquilaron; el lenguaje. No queda claro, y parece ser un asunto azaroso, lo cual contradice por otra parte la misma teoría de la evolución, porque fue el Homo Sapiens el que presentó esta mutación y no el neanderthal o cualquiera de las otras especies de Homo que existían.
Gracias al lenguaje, los Homo sapiens comenzamos a contar historias, historias acerca del grupo social en el que nos desenvolvemos, de sus miembros, historias que trataron de explicar en su momento los diferentes y enigmáticos fenómenos de la naturaleza. Pero para que estas historias fueran efectivas y tuvieran una respuesta, enfrente del emisor tenía que existir un receptor, que no sólo fuera capaz de escuchar el mensaje, sino que su cerebro debía procesarlo, interpretarlo y aceptarlo o en el caso opuesto rechazarlo y hasta de rebatirlo, llegado el caso, con otra historia. Gracias a esa capacidad de contar historias y de escucharlas, los hombres inventaron las mentiras más sólidas y sobre las que aun sostienen las diferentes sociedades humanas, los nacionalismos, religiones y la misma economía. Todas ellas son grandes historias que nos hemos contado una y otra vez para convencernos de pertenecer a un grupo. Aquí es donde entra perfectamente la frase de Lincoln que dice que una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad.
Todos los hombres y mujeres tenemos esa capacidad de contar historias y la ejercemos en el día a día, al platicar con nuestros amigos, colaboradores y compañeros, creamos sin darnos cuenta historias, que de no ser perfectas no capturan la atención de los demás. Historias que cohesionan los pequeños grupos sociales que nos rodean y a su vez se integran en otros más grandes, a los esas historias mayores, son comunes y de interés.
Esas mismas historias que construyen a la sociedad, son las encargadas de destruirla porque a partir de ellas existen pueblos, sociedades y grupos religiosos que se creen superiores a los demás. Extremistas y radicales que cuentan las mismas historias que sus enemigos para menospreciarlos y atacarlos, solo que cambian los personajes de la historia.
Contar historias esta marcado en lo más profundo de nuestra información genética y es por eso que siempre estamos tratando de ligar hechos e ideas para contar una historia. Siempre estamos inventando historias acerca de todo aquello y aquellos que nos rodean, tenemos que de esta forma dar un orden a nuestro universo cercano.
Así surgieron, también, otro tipo de historias falsas, mentiras, que dieron paso al arte. En esas mismas fogatas en una cueva hace decenas de miles de año donde hombres y mujeres se reconocían miembros de un mismo grupo, nacieron las leyendas y los mitos, origen de la narración y con el correr de los siglos de la literatura, el teatro, la ópera, las radionovelas, los sitcoms, las series de televisión y hasta la publicidad, que en sus copys de principios del siglo XX utilizaba enormes argumentos para convencer al posible consumidor o los breves tuits de hoy que en menos de 140 caracteres pueden contar también historias como lo demuestran los concursos de cuentuits existentes: todo porque contar historias es parte muy importante de la evolución.

Y es parte muy importante de nuestro diario convivir.

publicado en roastbrief.com.mx el 24 de agosto de 2015.
imagen: DeathtoStock