jueves, 31 de diciembre de 2015

La locura una mediocridad genial.



Hay, tristemente, quienes instalados en el argumento de la locura se enorgullecen de ser diferentes del resto de los seres humanos, sin darse cuenta que su simple existencia los hace ser diferentes del resto sin tener que acudir a patéticos argumentos.

Armando Enríquez Vázquez.

Curiosamente a pesar de que la locura se asocia a una serie de diferentes trastornos mentales, muchos quieren hacerla sinónimo de creatividad, de genialidad, por mi parte siempre he creído, que el invocarla con esta última acepción es sólo uno de los mejores pretextos utilizado por hombres y mujeres contemporáneos para esconder su mediocridad y siempre me ha molestado el argumento; Estoy loco, estoy muy loco. A partir de esa frase todo se vale y justifica; desde la pereza mental, las adicciones, la estupidez y hasta ser un asesino serial. Como si con pretender estar locos quisiéramos disculpar el ser quien somos. Hay, tristemente, quienes instalados en el argumento de la locura se enorgullecen de ser diferentes del resto de los seres humanos, sin darse cuenta que su simple existencia los hace ser diferentes del resto sin tener que acudir a patéticos argumentos. Estar loco, también ha sido de manera peyorativa una excusa para despreciar la originalidad y la individualidad de ciertos personajes, su no ser afín con el sentir de las mayorías o ya se nos olvidó esa despectiva e irracional descalificación que dice: ¡A ese no le hagan caso está loco!
 Salvador Dalí una de las grandes mentes creativas del siglo XX, alguna vez dijo: La diferencia entre un loco y yo, es que él está loco y yo no.  Al final de sus días cuando la demencia senil hizo estragos en su personalidad Dalí ya no era Dalí, no creaba y se había convertido en el loco aquel con el que no tenía nada en común.
Los locos son incapaces de sobrevivir dentro de las reglas establecidas por la sociedad, no pueden distinguir entre sus obsesiones y las de una sociedad que pretende normarnos.
No existe un ser humano normal, no existe un prototipo del ser humano y cada uno de nosotros puede actuar de una manera que a otros les parezca anormal y fuera de toda lógica. Los occidentales actuales, en una escala social mayor, por ejemplo, somos incapaces de comprender el fanatismo y la fe de los musulmanes, y convenientemente olvidamos que ese mismo fervor pero con la máscara del catolicismo, impulsó las cruzadas que fueron guerras santas como cualquier llamado a la Fatwa lo es hoy  y creó el tribunal de la Santa Inquisición dirigido por un pervertido que asesinaba musulmanes, judíos y cristianos porque su cerebro así se lo ordenaba. O la enferma versión puritana y protestante que estableció la quema y ahogamiento de miles de personas en Europa y América acusadas de brujería. La fe que es una experiencia totalmente irracional en cualquiera de sus manifestaciones y gracias a ellas muchos poetas iluminados como San Juan de la Cruz o George Herbert crearon obras maestras de la poesía y sin embargo no tiene nada que ver con la locura a pesar de lo que piensen muchos racionalistas contemporáneos.
Nuestras obsesiones, pasiones, filias y fobias nos definen como individuos, los locos que son rasados por la enfermedad difícilmente mantienen una individualidad.
En la esfera del Individuo, el criticar y no entender al otro ya sea un fuereño, un extranjero o simplemente el vecino, es parte de la intolerancia de los seres humanos y nada tiene que ver con locura. No es que los demás estén locos y uno no o viceversa. Los seres humanos somos el resultado de experiencias y meditaciones personales e individuales.
Mark Twain, el gran escritor norteamericano, se expresó al respecto: Cuando recordemos que todos estamos locos, los misterios desaparecerán y la vida se podrá explicar.
Lo que podemos considerar como excentricidad o mal llamamos locura no es sino un rasgo de nuestra individualidad, de personalidad. La locura no diferencia, sino que rasa a una serie de individuos con una incapacidad en común. 
Aquellos que se auto califican como locos para diferenciarse de los otros miles de millones que habitan el planeta y creen en el mismo argumento para justificar su existencia, que pretenden hacer de la locura una forma simpática para definir su rebeldía, su inconformidad, sin atreverse a poner los puntos sobre las íes, en realidad son autocomplacientes y mediocres como el que menos.
Porque lejos de atreverse a celebrar su creatividad, su individualidad y su visión de la vida se conforman con la mediocre autocompasión de calificarse como enfermos. 

publicado en roastbrief el 21 de septiembre de 2015.