martes, 21 de marzo de 2017

Olga Costa la pintora de origen alemán que pintó las frutas mexicanas.




La autora de uno de los cuadros más mexicanos que hay es una alemana que llegó a nuestro país huyendo de la intolerancia y se convirtió en una artista muy mexicana.

Armando Enríquez Vázquez

Cuando el 28 de agosto de 1913 en la ciudad de Leipzig la familia Kostakowski, recibió a su hija Olga en este mundo, el patriarca de la familia pensaba que su peregrinaje y migración, que había iniciado en Odesa, tras la persecución de judíos en Rusia había finalizado en Alemania. Nunca se imaginó que la migración acabaría en tierras mexicanas en 1925, cuando la familia desembarcó en Veracruz huyendo de la persecución política, el padre era violinista y comunista, había sido encarcelado en Alemania y estaba amenazado de muerte, en el oscuro amanecer Nazi en Alemania. Olga Kostakowski tenía doce años de edad al llegar a México.
Sin lugar a dudas, como a muchos europeos que llegaron a lo largo de la siguiente década, el colorido y lo exótico de México llamó la atención de la joven alemana. Muchos años después en 1951 pintó un gran lienzo llamado La vendedora de frutas, que recuerdo haber visto ya en la niñez, en los libros de texto gratuito en la primaria y que siempre ha llamado mi atención por la gran cantidad de elementos que tiene la maravillosa forma de captar la riqueza y variedad que se ofrece en un mercado. Las frutas son las que podemos encontrar en cualquiera de los mercados o tianguis de nuestros días, pero no en los supermercados cada día más llenos de frutas de importación y de una variedad tan pobre que cualquier marchante de un mercado popular solo puede carcajearse de ellos. El cuadro muestra plátanos machos, tabasco, morados, cañas, pitayas rojas y pitahayas, guanábanas, chirimoyas, guayabas, sandías, papayas, calabazas de castilla, aguacates, toronjas, piñas, cocos, tunas, chicozapotes, limas, cacahuates, zapotes negros y muchas otras demostrando la riqueza y abundancia de frutas que existe en nuestro país. En medio de la fruta, la vendedora orgullosa sostiene una pitahaya, una de las frutas más llamativas de nuestro país; con su piel rosa mexicano, su pulpa gris y los millones de negras semillitas en esa pulpa. En el extremo inferior derecho del lienzo aparece la firma de la pintora Olga Costa.
En el transcurso de esos años de su vida Olga Kostakowski, se había convertido en una artista y una mujer mexicana con apellido que, sin abandonar sus orígenes, castellanizó a una palabra que además recuerda su viaje por el Océano Atlántico para terminar en la costa veracruzana. Olga estudió en el Colegio Alemán en la Ciudad de México y dedicándose a la música, su padre era músico y la impulso a seguir una carrera en la música, pero al asistir al anfiteatro de la escuela Simón Bolivar los murales que ejecuto en Diego Rivera en ese lugar, llamaron de tal manera su atención que su vida cambió en ese momento, la pintura ocupó el lugar que hasta ese día ocupaba la música. En 1933 a los veinte años de edad se inscribe en la Escuela Nacional de Artes Plásticas, Academia de San Carlos. Aunque no concluye la carrera, conoce y se casa con el pintor y muralista José Chávez Morado y a pesar de compartir una vida con el pintor, jamás permitió que el arte de él influyera de manera notable en su arte. Olga estaba consciente de la individualidad del artista y de la importancia de su trabajo en solitario, lo que no le impidió ser miembro fundador del Salón de la Plástica Mexicana en 1949.



En 1945, Olga Costa llevó a cabo su primera exposición individual en la galería de Inés Amor directora de la Galería de Arte Mexicano.
En 1952, Olga Costas realizó su único mural titulado: Motivos sobre el agua. El mural realizado con mosaico italiano muestra a un grupo de sirenas que tocan instrumentos musicales. El mural se encuentra en el balneario de Agua Hedionda en las cercanías de Cuautla, Morelos. El Balneario, a su vez, fue construido por el arquitecto alemán Hannes Meyer quien fue el último director de la Bauhaus y quien llegó a México al finalizar la II Guerra Mundial.
Olga Costas también creó vestuarios para diferentes ballets y obras de teatro.  
A partir de 1966 junto con su esposo, José Chávez Morado se estableció a la ciudad de Guanajuato donde se convirtió en una promotora del arte mexicano y en abril de 1993 el matrimonio inauguro el Museo Casa Olga Costa – José Chávez Morado con más de 290 obras pertenecientes de la pareja. Fue Premio Nacional de Ciencias y Arte en 1989.
Olga Costa es una de las artistas más importantes del siglo XX en la plástica mexicana, olvidada en las últimas décadas, su obra es tan importante como la de otras artistas mexicanas de su época por ejemplo Frida Kahlo, Leonora Carrington, María Izquierdo, entre otras.
Olga Costa murió el 28 de junio de 1993.

publicado en mamaejecutiva.net el 13 de marzo de 2017
imagen: museoblaisten.com
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