martes, 3 de marzo de 2015

Eloísa monja a la fuerza.




Del amor carnal y el deseo a la celda de un convento, nació un clásico de la literatura medieval.
Armando Enriquez Vázquez.
Antes, siglos antes de la aparición de las 50 sombras de Grey, existió una historia una de amor carnal. Una historia trágica para sus protagonistas, una historia de irracionalidad y deseo. Una monja que osó poner en entredicho los votos exigidos por la Iglesia Católico frente al deseo mundano. No se trata de una novela, si no de las cartas que establecieron dos miembros de la Iglesia católica que años antes habían vivido su Último tango en Paris del siglo XII; Eloísa de Argenteuil y Pedro Abelardo.
La fecha del nacimiento de Eloísa se desconoce pero se estima entre 1090 y 1100, al parecer la mujer poseía como en todo este tipo de relatos una gran belleza, además ser docta en temas filosóficos, gran conocimientos de los idiomas y un especial interés por estudiar y conocer más, esta razón la llevó a Paris donde fue acogida por un tío suyo de nombre Fulberto que era canónigo de la catedral de Paris. Eloísa no tardó en llamar la atención de un renombrado filósofo y teólogo de la época llamado Pedro Abelardo. Este hombre no sólo era un erudito, si no que por lo que él mismo cuenta llevaba una vida de seductor. Eloísa se convierte en un reto para el filósofo e idea un plan para seducir a la mujer.
Conocedor de la severidad de Fulberto, Abelardo se acercó al canónigo y con mentiras logró hospedarse en casa de Fulberto y convertirse en instructor de Eloísa. Todo esto se encuentra documentado en una carta donde Abelardo redacta su autobiografía a un supuesto amigo, conocida como Historia Calamitatum.
Abelardo seduce entonces a Eloísa, de quién aunque Abelardo en la carta dice que tiene 15 años, algunos historiadores y estudiosos han dicho que era mayor, acorde a una carta donde Pedro el Venerable abad de Cluny le escribió a Eloísa recordando los tiempos en que ambos eran jóvenes. Algunos historiadores le calculan al menos diez años más a la edad de Eloísa porque Pedro el Venerable nació en 1092. Sea como sea el hecho es que las lecciones se convirtieron en las nueve semanas y media de la pareja. Una relación sexual que nada tenía que ver con la filosofía.
Pero dos hechos acabaron con tan ardiente y escandaloso romance, el primero fue la falta de discreción de Abelardo quién soberbio y arrogante no dejó de presumir entre sus amigos, a través de canciones y poemas su relación con Eloísa, haciendo muy poco caso del dicho aquel de se dice el pecado, no el pecador. Lo segundo fue el descubrimiento de Eloísa de estar embarazada. Al enterarse de esto Abelardo, llegó ante su amada y le prometió casarse con ella, pero las noticias de la relación de Abelardo y Eloísa llegaron también a los oídos de Fulberto quién una noche pagó a un grupo de hombres por secuestrar a Abelardo y castrarlo. Eloísa fue enviada a la casa de su hermana en Bretaña y parió a un niño al que se refirió en algunas ocasiones como Astrolabio.
Abelardo en su nueva condición de eunuco decidió no casarse con Eloísa, e ingresar al monasterio de Saint Denis, ¿qué más le quedaba si no podía disfrutar ya de los placeres terrenales? También decidió por Eloísa, y decidió que él único con el que la mujer habría de desposarse era Dios, por lo tanto y a pesar de las protestas de ella, la obligó a entrar en el convento de Argentuil.
Habrían de pasar 20 años sin que los amantes tuvieran alguna comunicación entre ellos. Pero en 1136 Abelardo escribió la mencionada Historia Calamitatum, la cual al hacerse pública y ser leída por la monja provocó la primera carta de Eloísa dirigida a Abelardo:
…Ciertamente has complacido a tu amigo y compañero y, de este modo, has pagado tus deudas de amistad y hermandad. Pero es mayor la deuda que te ata a nosotras, que no somos tanto amigas sino amiguísimas;…



 A pesar de los años transcurridos Eloísa no había olvidado a Abelardo y en esa primera misiva le reclama de entrada el que le escriba a un amigo para consolar sus penas, contándole las suyas, pero ser tan cruel para haberla olvidado a ella por completo a lo largo de veinte años, después de haberla obligado a convertirse en monja, condición a la que Eloísa estaba dispuesta a renunciar para gozar del imposible amor carnal de Abelardo:
Y es más -cosa admirable de decir-, este amor se ha tornado en locura, pues lo único que quería le fue arrancado sin esperanza de recuperarlo. Y aun así permanecí fiel a tu decisión, cambiando junto con el hábito mi propio deseo, para demostrarte que eres el único dueño tanto de mi cuerpo como de mi voluntad.
En la carta Eloísa no reclama al entonces clérigo el no haberse casado con ella, si no la decisión y orden de renunciar al mundo y llevar una vida monástica. Eloísa deja claro en la carta sus ideas acerca del matrimonio; es sólo una manera de prostituirse de la mujer para obtener una seguridad y bienes materiales:
Jamás, Dios sabe, busqué nada en ti a no ser a ti mismo; te deseaba enteramente a ti, no a tus cosas. No esperaba ni la alianza matrimonial ni ninguna clase de dote. En una palabra, jamás, como sabes, procuré satisfacer mis deseos sino más bien tu voluntad. Y aunque el título de esposa es visto como santo y distinguido, el nombre de amiga siempre me pareció más dulce o, si no te indignas, concubina o puta.
Más adelante en esa primera carta Eloísa dice a Abelardo:
…yo te diré lo que creo, o mejor aún, lo que todos sospechan: la pasión te unió a mí más que la amistad; el ardor de la lujuria más que el amor. Por eso, cuando cesó aquel deseo, desapareció al mismo tiempo aquello que fingías. Esto, mi amor, no es tanto una opinión mía, sino la de todos;…
A lo largo de esa primera carta Eloísa le reclama a Abelardo una y otra vez el haberla olvidado, el haberla refundido en ese convento y condenado a una vida que le desagrada y mucho más que a lo largo de veinte años él la olvidara:
…no fue la devoción a la religión la que arrastró a aquella jovencita hacia los rigores de la vida monástica, sino que fue tu gran mandato.
Y unos párrafos adelante:
...En una palabra: para obedecer tu voluntad me he prohibido todos los placeres. Nada he reservado para mí, salvo hacerme especialmente tuya de esta manera. Juzga con sinceridad cuán grande ha sido tu injusticia, pues a la que se merece mucho más, pagas mucho menos,…
La carta causó que tras veinte años de silencio Abelardo volviera a comunicarse con Eloísa a través de una carta que me llama su atención por la arrogancia y frialdad con la que está escrita. Abelardo se dirige a Eloísa como una monja más de la congregación. Para mí el siguiente párrafo demuestra bien la posición del clérigo:
…Que con el favor de su oración me proteja la compasión divina, y que cuanto antes destruya bajo nuestros pies a Satanás. Para esto me apresuro en enviarte ante todo el salterio que me reclamaste con solicitud, hermana mía, alguna vez querida en la vida mundana, ahora queridísima en Cristo. Con éste ofrecerás constantes sacrificios de oraciones al Señor por nuestros grandes y muchos pecados,…
El pretencioso monje se dedica en la carta a sermonear a la mujer que aún lo ama. Además trata de hablar de todas las monjas en lo general y evita en la medida de lo posible hablarle a Eloísa directamente. Eloísa, cegada y creyendo en algo inexistente; el amor de Abelardo, intenta en una segunda carta hacerlo entrar en razón, que se dé cuenta del amor y el deseo que en ella aún viven y como Dios encarnado en la Fortuna se encargó de hacer de su vida una desgracia:
…¡Cuánta gloria me trajo en ti! ¡Cuánta ruina me trajo en ti! Me ha llevado de un exceso a otro: tanto en el bien como en el mal, ella no ha guardado mesura. Pues para hacerme la más miserable de todas, antes me hizo la más feliz…
Eloísa confiesa a Abelardo como la consume el deseo al que añora mientras de una manera tácita desprecia a la religión:
…Dios sabe que en todas las actitudes de mi vida, incluso hasta hoy, temí ofenderte a ti más que a Él, y quiero acercarme más a ti que a Él mismo…
La respuesta de Abelardo vuelve a ser docta y fría, regañando incluso a Eloísa por su discurso y culpándola por la forma en la que él escribió la primera carta de respuesta. Tras esta segunda carta de Abelardo, Eloísa escribe una tercera con un tono más doctrinario y preguntando sobre pasajes difíciles de las escrituras y acciones a tomar en la congregación. La pasión y confesiones de amor han desaparecido tal vez porque Eloísa comprendió que Abelardo era sólo un clérigo superior y no el hombre al que había amado veinte años atrás. La respuesta de Abelardo vuelve a ser docta. No se conocen más cartas entre los dos personajes. Abelardo murió el 11 de abril 1142, 22 años después el 16 de mayo de 1164 murió Eloísa.
Una falsa historia dice que los restos Eloísa y Abelardo están enterrados juntos en la misma fosa. Lo cierto es que mientras Abelardo se sabe que esta enterrado en Pere Lachaise, de los restos de Eloísa no se sabe dónde se encuentran.



La versión de las cartas fue tomada de la edición de la Parte Maldita publicada en Argentina en 2013. Y traducidas por Natalia Jakubecki y Marcela Borelli.


publicado en mamaejecutiva.net el 23 de febrero de 2015
imagen: en.wikipedia.org