viernes, 6 de marzo de 2015

La necesidad de una nueva televisión pública.



Nuestra televisión pública no despega. No evoluciona y no compite

Armando Enríquez Vázquez

En 2009 el canal 22 publicó un Manual de estrategias comerciales, en su presentación este manual anota:
Al prohibir a las televisoras culturales y educativas la comercialización de sus espacios, la ley actual las orilla a depender sólo de los recursos del Estado y, por tanto, a debilitar las vías por las cuales podrían conseguir mayor difusión y en consecuencia mayor cercanía con la sociedad
La crisis económica que se cierne sobre México, afecta ya a la reforma en materia de telecomunicaciones puesta en marcha. El ambicioso plan del gobierno federal para las cadenas de televisión públicas está frenado por los problemas del recorte presupuestal. Tal vez es hora de que el gobierno replanteé la estructura de la televisión pública y en general de la todo el sistema de radiodifusión del estado. Que mire hacia el futuro y plantee también su estrategia en las nuevas plataformas porque la pobreza de propuestas en este ramo es apabullador si se compara con las plataformas de otros sistemas públicos alrededor del mundo.
La televisión pública inició en nuestro país a finales de la década de los años cincuenta. El proyecto fue encabezado por el entonces presidente Adolfo López Mateos con el apoyo del empresario Alejo Peralta y la coordinación de los secretarios Jaime Torres Bodet de Educación Pública y Walter Buchanan de Comunicaciones y Obras Públicas. El 2 de marzo de 1959 el canal Once del Instituto Politécnico Nacional transmitió por primera y por espacio de media hora una clase de matemáticas.
La televisión privada había iniciado transmisiones casi nueve años antes el 1º de septiembre de 1950, cuando el canal 4 concesionado al empresario Romulo O’Farrill transmitió el cuarto informe de gobierno de Miguel Alemán. Alemán decidió un modelo de televisión para México que  favoreció a sus amigos con dos de las concesiones de canales de televisión comercial en nuestro país, el segundo fue Emilio Azcárraga Vidaurreta. De quien después el presidente resultaría socio en el canal 2. Una tercera señal fue concesionada al inventor de la televisión a color y pionero del medio en nuestro país Guillermo González Camarena.
En México por décadas existió una censura digna de cualquier régimen totalitario de Izquierda o derecha. Una libertad de expresión que el PRI pretendía haber institucionalizado como lo hizo con la Revolución y que estaba basada en las lisonjas de la mayoría de periodistas y empresarios amigos de los medios y silenciar las críticas por medio del dinero o de las balas.
A diferencia de los canales comerciales, la televisión pública nació con las manos amarradas; sólo el estado puede financiar a la televisión pública. Nadie en México pensó en ese momento que el alcance de un canal de televisión del estado podía estar más allá de la difusión cultural, la educación y más tarde del control de información, a pesar de que modelos como el de la BBC en Inglaterra o la NHK en Japón eran ya exitosos. Durante años lo prioritario de un canal de televisión del estado en México fue su labor social y educativa.
Durante el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz esta vocación social de la televisión se confirmó al instaurarse el ambicioso proyecto de la Telesecundaria que tanto benefició a lo largo de décadas a mexicanos que se encontraban en áreas remotas, con población limitada y sin opciones para acceder a escuelas, gracias a la Telesecundaria estos mexicanos tuvieron una forma de avanzar en sus estudios.
Más tarde los espectadores, a pesar de todo aquello que los supuestos expertos del estado trataban de implementar con programas doctos y aburridos, demostraron que la televisión se había convertido y era aceptada como una forma de entretenimiento, y sí dentro de modelo de entretenimiento se podía ofrecer algún tipo de conocimiento al espectador entonces el medio tenía también un valor didáctico o educativo. Las telenovelas históricas de la televisión privada financiadas por el estado y las telenovelas en las que se apoyaban los programas de alfabetización del gobierno fueron exitosos ejemplos de esto.
Sin embargo el Estado, sus productores y creadores de contenidos no entendieron esto y por décadas la palabra televisión del estado era sinónimo de una pésima y aburridísima televisión, plagada de programas sosos en formato de talk show y otros que a pesar de ser bien intencionados pavimentaron el camino que llevó a estos canales al infierno de ser ignorados por las audiencias durante muchos años.
Lo cierto es que la televisión del estado comenzó a convertirse en un pozo sin fondo para el erario por un lado y por otro un lugar desde el que se fomentó de manera oficial la corrupción de pseudo-periodistas que medraron con el dinero del estado y fueron parte de la corte sumisa del gobierno. El mejor ejemplo de esto fue la época en que Joaquín López Dóriga dirigió al equipo de noticias en IMEVISIÓN. Esto fue empeorando con el crecimiento de las cadenas estatales tanto a nivel federal como local. Los sistemas estatales de radiodifusión fueron y son en su gran mayoría órganos de propaganda oficial, controlados desde las oficinas de los gobernadores, quienes además los utilizan como casas productoras de sus presentaciones oficiales. Ningún canal de los estados ha creado una propuesta que sea interesante para poder competir con medios nacionales públicos o concesionados. Los medios de comunicación se convirtieron en los medios de propaganda como los de cualquier estado totalitario, aún hoy en día funcionan así y a veces de manera muy burda, muchas veces con equipos técnicos que deberían ya estar en los museos de la televisión, porque las prioridades de los gobiernos no puede, ni debe estar en los medios.
En ese sentido el primer presidente consciente de esto fue Carlos Salinas de Gortari quien vendió el elefante blanco que era IMEVISIÓN. Sin duda TV Azteca es hoy una empresa más sana de lo que nunca lo fue la televisora del Estado. Además cuando Salinas creó el canal 22 lo dotó de una figura mixta para captación de recursos que me da la impresión que el canal no ha utilizado de manera eficiente a lo largo de su historia.
Los recursos públicos para invertir en los medios es cada vez menor y los resultados están en la pantalla con programas baratos incapaces de atraer al público, es hora de replantear la manera en que los medios del gobierno federal se financian y sí es importante mantenerlos. El PRI, jamás podrá reconocer que los más gloriosos tiempos de Canal Once se dieron durante los gobiernos panistas, cuando la programación se convirtió en algo balanceado entre la cultura y el entretenimiento. Programas como de De todo con María Roiz, cumplían con una parte importante de divulgación de manera muy entretenida, pero el canal apoyo la producción de series de televisión que cambiaron en muchas personas la percepción del horario primetime del canal, dedicado en el pasado a el noticiero-propaganda del gobierno y películas compradas muchas veces por baratas y no por su relevancia. XY, Bienes Raíces, Soy tu fan, son solo algunos  de los nombres de una larga lista de producciones que hicieron que más mexicanos cambiaran de canal a la señal politécnica, a su fresca y diferente oferta televisiva. Se crearon fuentes de trabajo para los cientos de personas que participan en una serie como las que se produjeron durante los sexenios de Fox y Calderón. Cierto es vale la pena mencionarlo que los esfuerzos del Once por crear una barra infantil exitosa iniciaron antes de los gobiernos panistas y Once niños ha sido desde hace ya más de dos décadas uno de los estandartes de canal Once.
Pero Llegó Peña Nieto y los dinosaurios regresaron a las direcciones de Canal Once y Canal 22. La programación regresó a las películas compradas, a pasar de nuevo las viejas series y a los talk shows aburridos y doctos. O sea a llenar los tiempos aire dividiendo el presupuesto en programas baratos y sin interés alguno para el espectador promedio.
Ahora que el gobierno tendrá menos dinero, es momento de replantear la radiodifusión pública. Pensar en la inversión privada con la finalidad de crear programas competitivos y que se conviertan en productos comercializables de manera interna e internacional que puedan traer dinero a las arcas que ya no tienen y no tendrán petróleo para llenarse.
Son tiempos de cambio que el grupo de sordos, ciegos y mudos que dirigen este país no entienden y pretenden entender como oligofrénicos continuar andando sin darse cuenta de que la pared con la que se están topando una y otra vez.
El éxito de cadenas como BBC, RTVE, NHK, PBS, debe ser ejemplo para el gobierno priísta que, desgraciadamente, pretende medios de comunicación ratoneros como su mentalidad, mentirosos como su realidad, manipulados como los empresarios del ramo.
La multiprogramación de los canales del estado es también una gran ventana para demostrar nuestro talento y creatividad, que no sólo los eternos programas de turismo y en la última década de gastronomía, están agotados, tanto en temas como en géneros. Que los mexicanos pueden escribir, dirigir y crear ficciones diferentes a las melodramáticas telenovelas. Empresarios, empresas y fundaciones culturales de la iniciativa privada pueden ser parte importante de una nueva etapa de la televisión pública y sus contenidos, dar un respiro al estado para crear empleos en una industria que se encuentra secuestrada por el duopolio.

¿Si el gobierno ha traicionado a México y liberado los recursos petroleros, porque se niega a soltar un área no prioritaria para el estado como son los medios de comunicación? La televisión pública en México puede ser una gran mosaico de opiniones y producciones que el estado es incapaz de ver.

publicado en blureport.com.mx el 25 de febrero de 2015
imagen: oldladyandpurpledragon.com