miércoles, 25 de marzo de 2015

Censura, abusos y burlas.



Un gobierno que no sabe gobernar sin aplausos y con voces criticas.

Armando Enríquez Vázquez

Nada más distintivo de un gobernante sordo, ciego y mudo que la censura. La censura es el inicio de toda tiranía y sí de algo sabemos bien en México es de la tiranía que desde el gobierno se intenta ejercer.
La censura es la práctica más común y generalizada en el PRI por todos sus gobiernos ya sea federales o estatales. Incluso al interior del instituto político donde ninguna expresión tiene valor si no es la del presidente. La Revolución al institucionalizarse se convirtió en sinónimo de cinismo, corrupción, tiranía y censura. Tristemente el presidente Enrique Peña Nieto siguiendo la tradición del viejo PRI, al que renegó durante su candidatura, es incapaz de escuchar, de discernir, de dialogar y quizá también de gobernar y por eso sin ningún pudor se ha dedicado a acallar a las voces críticas, a lo largo de su gobierno.
El PRI, en todos los niveles de gobierno, ha silenciado a las principales voces críticas de izquierda, derecha y centro opuestas al presidente, a los gobernadores o presidentes municipales; a través de amenazas, buscando su despido, con secuestros, hasta con balazos y otras maneras, en teoría sutiles, que intentan desligar al gobierno de los casos de censura de periodistas de relevancia nacional como Pedro Ferriz de Con y ahora Carmen Aristegui pero que por burdas y apuntan directo a Los Pinos.
Son los dueños de estos grupos los que ejecutan las órdenes del gobierno y como recompensa a sus servicios el gobierno los recompensa. Como ejemplo baste un botón. Las concesiones que el gobierno ha otorgado a los serviles dueños de Grupo Imagen que hoy ostentan cadena nacional de televisión abierta a la mitad de precio que el otro competidor de la licitación y un equipo de futbol cuyos orígenes y recursos están ligados a un grupo corrupto y oscuro que se le asignó a la familia Vázquez Raña, sin la menor investigación.
En favor de MVS, hay que apuntar, que la empresa tiene razón en el sentido de que una empresa paga por los servicios profesionales de reporteros y conductores que laboran para sus servicios informativos y tiene los derechos de los resultados de esos contenidos que ha financiado y comprado. Durante los momentos de dimes y diretes entre MVS y Aristegui la semana pasada, la periodista declaró de manera constante su intención de seguir trabajando, informando a la sociedad y no perder su espacio. El viernes frente a la opinión del Ombudsman de MVS, Carmen Aristegui ratificó la idea de mantener su espacio. Pero al momento de terminar su noticiero exigió la reinstalación de los reporteros despedidos, mostrando una nula voluntad al dialogo y a la negociación. Creo que la arrogancia de la periodista le impide reconocer el abuso cometido y pedir una disculpa. Todos cometemos errores pero esa soberbia de Aristegui facilitó la estrategia del gobierno para sacarla del aire.
Aristegui fue censurada, México pierde otra voz crítica y la radio cada día se vuelve más un espacio de ruido rosa donde la mayoría de las voces informativas, van quedando aquellos clásicos periodistas que se rasgan las vestiduras hablando de libertad de expresión, pero ladran en el tono que les impone el gobierno federal. Radio y televisión se parecen cada día más. La censura nos regresa cuarenta años en el tiempo, cuando Luis Echeverría acalló a El Excélsior y acabó con la pluralidad en la televisión al dar el visto bueno para la creación de Televisa.
Es cierto que también Fox, mejor dicho Martha Sahagún, se encargó en los tiempos en que la pareja ocultaba los turbios negocios de los hijos de la entonces primera dama en acabar con la carrera de José Gutiérrez Vivó en el más puro estilo de sus predecesores priístas. Qué Calderón intentó acabar con Aristegui también. Pero voces críticas permanecieron en la radio. Lo cierto también es que ni Fox, ni Calderón gozaron de la pésima reputación internacional que tiene Peña Nieto, sus funcionarios y su gobierno. Una razón de más para acallar las voces que de manera veraz y contundente han demostrado que nadie cree en Peña Nieto, ni dentro, ni fuera de México. Las críticas vienen de todos lados y de todos los medios alrededor del mundo y parece que el caso de Aristegui será muy poco favorable para un gobierno que ha demostrado grados de corrupción y cinismo que no veíamos en México desde las administraciones de José López Portillo, Carlos Salinas de Gortari o Miguel Alemán Velasco.
La censura resulta hoy más que en otras ocasiones grotesca y rupestre. Sin las voces de Aristegui y Ferriz de Con, como los más claros ejemplos de periodistas ampliamente reconocidos y seguidos por un gran número de personas, y de otras decenas menos afortunados que han caído asesinados por criticar y acusar los vicios del poder de autoridades y funcionarios, nuestras opciones de información certera se van acabando.
El gobierno está poniendo a modo a la prensa para ignore los casos de corrupción, de trata de personas, de abuso de autoridad, de incompetencia y falta de conocimiento en materia de buen gobierno y democracia que ocurren a diario en el sistema. La opacidad del gobierno actual es la más escandalosa en la historia reciente de nuestro país y se ha propagado no solo en el partido en el poder y sus funcionarios, sino en sus partidos satélites como el Verde, que se burla y desafía a la Constitución, al inoperante INE y al pueblo de México, o de Nueva Alianza que cree que por ser jun partido nacido de lo peor del magisterio puede hablarle a los electores con boca de carretonero, además de marcar la pauta de comportamiento del PAN, PRD, Morena y los demás.
Ya hemos visto casos de presidentes municipales del PAN acusados de asesinato y tenemos que recordar las amenazas que oscuros ex gobernadores priístas como Fidel Herrera de Veracruz, Ulises Ruiz de Oaxaca y Mario Marín de Puebla lanzaron contra diferentes comunicadores a nivel nacional por descubrir parte de sus turbias acciones y actividades ilícitas mientras ejercieron el poder. Ni que decir del Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre que impunemente impone su voluntad en un partido tan corrupto como lo es el PRI. O la muy stalinista negación de la verdad de López Obrador cuando las marchas contra la inseguridad en el D.F.

México no es una dictadura perfecta, dista mucho de serlo y me enoja cada vez que se utiliza el término para denostar al gobierno, porque pierde peso y se vuelve una frase trivial y frívola. En México la realidad es que el gobierno es imperfecto, pedestre, retrogrado y lo que intenta imponer en nuestro país es una tiranía de muy poca monta.

publicado en blureport.com.mx el 17 d marzo de 2015
imagen: theendofbeing.com