miércoles, 18 de marzo de 2015

Dolores Correa y Zapata convicción por educar y formar.




Maestra y formadora de mexicanas, autodidacta, fue poeta y escribió diferentes ensayos sobre la educación en nuestro país en el siglo XIX.
Armando Enríquez Vázquez.
El siglo XIX en México, fue el siglo en el que se alcanzó la independencia, fue también un siglo lleno de luchas internas y en el que más de una nación extranjera intentó sojuzgar a nuestra patria. Un siglo en el que se comenzó a hablar de diferentes libertades y derechos de los ciudadanos, sin duda uno de los capítulos más importantes en cuanto a esos derechos humanos que hoy se reconocen como inalienables fue la lucha que ejercieron desde diferente frentes un puñado de mujeres con ganas de ampliar sus horizontes y oportunidades, así como las de sus compatriotas.
En el frente de la educación existe una larga lista de profesoras y educadoras que transmitieron sus conocimientos a generaciones de mujeres que estudiaban en los primeros institutos educativos exclusivos para mujeres. Uno de los lugares donde las maestras comenzaron a ser referencia de la lucha por la igualdad de derechos fue Yucatán donde Rita Cetina Gutiérrez fundó en 1870 la revista, escuela y Sociedad Científica y Literaria La Siempreviva. Entre el grupo de mujeres que en un futuro fundarían la revista y que antes de 1870 se reunían a leer a escritores europeos en pro de la igualdad de la mujer e intercambiar ideas, se encontraba una jovencita tabasqueña de nombre Dolores Correa y Zapata, que habría de impulsar a lo largo de los siguientes cincuenta años, la educación de las mujeres mexicanas desde las aulas y las páginas de diferentes revistas y publicaciones dirigidas al público femenino.
Dolores Correa y Zapata nació el 23 de febrero de 1853 en Teapa, Tabasco. Su padre; Juan Correa Torres, yucateco de nacimiento, fue un liberal que apoyaba al gobierno de Juárez, a la llegada de Maximiliano de Habsburgo, Juan Correa fue obligado a abandonar el país y se exilió en Cuba. La familia fue a refugiarse a Mérida. Dolores pasó su infancia y parte de adolescencia en Yucatán. Fue cuando conoció al grupo de Cetina Gutiérrez. En 1867 su padre regresó del exilio e inmediatamente se trasladó con su familia a Teapa, pero problemas con los conservadores de la región lo obligaron a cambiar su residencia una vez más, en esta ocasión a San Juan Bautista, hoy Villahermosa, capital del estado. Ya en la ciudad capital Dolores junto con su madre; María de Jesús Zapata, fundó y dirigió una escuela para jóvenes mujeres llamada Colegio María.
En 1879 comenzó a publicar sus poemas en un diario llamado Recreo del Hogar, fundado por otra de aquellas mujeres que conoció en sus años en Yucatán de nombre Cristina Farfán de García Montero. En 1884, Dolores, se trasladó a la Ciudad de México donde vivía uno de su hermano Alberto. Dolores no tenía una educación formal, sus conocimientos se los debía a sus padres, así como a sus ganas de aprender, durante su infancia y juventud el único maestro que tuvo fue un maestro particular encargado de enseñarle a Dolores francés. Pero una vez en la Ciudad de México presentó el examen para obtener su título como profesora de secundaria. Por más de dos horas fue cuestionada por los sinodales acerca de geografía, cosmografía, aritmética, español, pedagogía, el sistema métrico decimal. Al final Dolores logró titularse.
En 1886 Dolores publicó su primer libro de poesía titulado Estelas y Bosquejos y la imprenta de Eduardo Dublán se encargó de editar el que más tarde se convirtió en uno de sus más reconocidos y polémicos poemas; La mujer científica. En uno de los versos Correa apuntó:
No dijo Dios también; yo doy al hombre
Otro ser de su ser, alma de su alma,
De su misma costilla le he formado
Compañera le doy y no vasalla.
Es en esa época cuando conoció a Laureana Wright González la escritora y afamada luchadora social, que abogó por la igualdad de la mujer desde diferentes frentes. En 1887 Laureana fundó una de las más reconocidas revistas escrita y dirigida por mujeres; Violetas del Anáhuac.
Dolores fue colaborada de la publicación, escribiendo artículos sobre la educación y nuevas poesías.
En 1889 Dolores ingresó a trabajar a la Normal de Profesoras en un inicio como bibliotecaria y después como subdirectora de la primaria.
Tres años después Dolores Correa Zapata consiguió una de sus grandes logros. Escribió el libro Nociones de Cívica, de Derecho Usual y de Economía Política, mismo que sometió a dictamen y la decisión de los magistrado recomendó que a excepción de la parte de la Economía Política el libro fuera editado y utilizado como texto oficial en las escuelas de la capital del país y de otros estados y ciudades a lo largo y ancho de la República Mexicana.
La economía política era una materia exclusiva de los alumnos hombres de los centros educativos, las mujeres en su lugar cursaban la materia de economía doméstica. En algún momento de su vida que no está claro, Dolores se convirtió al protestantismo y abrazó las ideas de la Iglesia Metodista, además de sus clases en la Normal de Profesoras, Dolores Correa dio clases en el Instituto Mary Keener.
En 1896 fue nombrada maestra de Economía Doméstica en la Normal de Profesoras cátedra que impartió a lo largo de catorce años y que le permitió crear una serie de nuevas asignaturas; instrucción cívica, moral y lecciones de las cosas.
En 1899 Dolores Correa fue comisionada por el gobierno de Porfirio Díaz diferentes instituciones de educación para mujeres en Berlín, de esta manera Correa y Zapata podía evaluar que ideas y elementos se podían aplicar en nuestro país.
Cuando Justo Sierra fue nombrado como el primer Secretario de Instrucción Pública y Bellas Artes de nuestro país, Dolores formó parte de la terna designada para dirigir la escuela Normal de Profesoras, a pesar de que para muchos dolores era la candidata perfecta para dirigir la Normal, Sierra la consideraba radical en sus ideas y posturas en cuanto a la situación de la mujer por lo que no fue elegida para el puesto. Esto la llevó a tener una serie de discusiones y desacuerdos con la directora electa; Juvencia Ramírez viuda de Chávez mucho más afín a las ideas del Ministro.
Dedicada a la labor docente dirigió en 1904 la revista La mujer mexicana y formó parte como vicepresidenta de la primera asociación mexicana feminista, que no se nombraba como asociación científica o cultural exclusivamente y que llevó por nombre la Sociedad Protectora de la Mujer, en la cual participaron periodistas como Dolores Jiménez y Muro, Matilde Montoya la primera médico en nuestro país y Victoria Sandoval de Zarco abogada. Uno de los objetivos de la sociedad era:
Hacer que desaparezcan del pueblo la ignorancia, el vicio y la miseria, contribuir al perfeccionamiento de la humanidad, al enaltecimiento de la educación nacional, es lo que constituye  hoy  los ideales de la mujer mexicana.
En 1909 muere su hermano Alberto. Dolores publicó el libro  Memorias de una maestra que contiene algunos datos autobiográficos. Se jubiló con una pensión miserable al no poder comprobar veinte años de servicio en la Normal de Profesoras. Lo que no le impidió continuar escribiendo textos y artículos para diferentes publicaciones en los convulsionados años del inicio de la Revolución. Al renunciar el traidor Victoriano Huerta, el gobierno de Venustiano Carranza le sube el montó de su pensión, gracias a que el secretario de educación es un paisano y viejo amigo de Dolores.
En 1914 publicó su último libro de poesía; Mis Liras.
Dolores Correa y Zapata murió a los 71 años de edad en la Ciudad de México, el 24 de mayo de 1924.



Publicado en mamaejecutiva.net el 9 de marzo de 2015
imagen: revistabicentenario.com.mx
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