martes, 24 de marzo de 2015

Mary Anning y los dinosaurios.




Mary pasó su vida recorriendo los acantilados del suroeste de Inglaterra desenterrando y documentado fósiles.
Armando Enríquez Vázquez.
El 21 de febrero de 2015 dos especies fósiles de ictosaurios, una especie de dinosaurios marinos parecidos a los peces y a los delfines fueron bautizados con nombres en honor a una mujer que pasó su vida en un pequeño poblado de la costa suroeste de Inglaterra, escarbando y arriesgando su vida en los acantilados, hurgando y esquivando los derrumbes de las piedras calizas y pizarra que forman esos acantilados, recolectando fósiles en una época en que cualquier labor realizada por una mujer que no estuviera relacionada con el hogar y la crianza de niños o el cuidado de un esposo era menospreciada. Su nombre Mary Anning y su vida es un ejemplo de tenacidad y amor por el conocimiento.
A finales del siglo XVIII y principios del XIX en Inglaterra comenzaba a despegar la geología y junto con ella, se comenzaba a tomar más en serio los asuntos relacionados con los restos fosilizados de animales prehistóricos en buen estado. El sur de la costa inglesa con sus acantilados representaba ya desde entonces una rica fuente de fósiles, sobre todo del periodo jurásico, la mayoría de los fósiles hallados correspondía a moluscos y otros invertebrados y que eran conocidos popularmente con diferentes nombres que hacían más referencia a orígenes de leyenda o a propiedades mágica y no a lo que realmente representaban esos restos surgidos desde un lejano pasado de nuestro planeta. Algunos de estos restos de la vida prehistórica se creían que eran parte de dragones y otros seres mitológicos.
La participación de algunas mujeres en una actividad que aún no se sabía bien si podía considerarse una ciencia, era bien vista en cuanto suponía ayudar al marido a escarbar y desenterrar los huesos o restos fósiles, pero era impensable considerarlas como científicas o tomar en serio cualquier acotación que ellas tuvieran que hacer en la materia. Diferentes mujeres participaron en este tipo de actividades pero ninguna de manera tan entregada y profesional como Mary Anning.
Mary Anning nació en el pueblo costero de Lyme Regis el 21 de mayo de 1799, hija de un humilde carpintero dedicado también a la recolección y venta de fósiles a turistas, esta actividad le proporcionaba un poco de dinero extra. Mary tuvo diez hermanos, de los cuales sólo ella y uno de sus hermanos de nombre Joseph alcanzaron la edad adulta. Cuando tenía 15 meses de edad, mientras una amiga de la familia la cuidaba y observaba una exposición ecuestre a la sombra de un olmo, un rayo cayó matando a varias mujeres, entre ellas a la que cuidaba de Mary, y dejando inconsciente a la pequeña Mary, quien finalmente sobrevivió. Su madre decía que a partir de aquel incidente Mary que era una niña enfermiza había cobrado una gran salud. Incluso mucha gente a lo largo de la vida de la mujer imputaba a este episodio su inteligencia y otras cualidades.
Mary quedó huérfana de padre a los 10 años. Entonces, junto con su madre y su hermano, Mary se dedicó de lleno a la recolección de fósiles, oficio que aprendió de su padre. En 1809 o 1810 Joseph, su hermano tres años mayor, descubrió el fósil de la cabeza de un ictiosaurio. Tras casi un año de búsqueda Mary encontró el resto del cuerpo del ictiosaurio, lo que se convirtió en el primero de los grandes descubrimientos que Anning hizo a lo largo de su vida. Este fue uno de los primeros ictiosaurios en ser descubierto en el Reino Unido. En 1823 descubrió un fósil en muy buen estado de un plesiosaurio, estos eran una especie de dinosaurios marinos de largos cuellos, en lugar de patas tenían cuatro aletas para nadar. En 1828 el de un pterosauro que era uno de los dinosaurios voladores y el primero de este tipo de animales en ser encontrado en Inglaterra. Un año después el de un pez del género Squaloraja, estos fueron peces antepasados de los tiburones y de las mantarrayas. A principios de 1839 encontró la quijada de un tiburón del género Hybodus, una especie de antiguos tiburones que presenta dos tipos diferentes de dientes. Unos muy afilados para atrapar a sus presas y otros planos y anchos, para destruir las conchas y esqueletos de moluscos y erizos de mar.
La gran mayoría de los especímenes fósiles recolectados por Anning a lo largo de su vida fueron moluscos y otro tipo de invertebrados. Anning se volvió una experta en coprolitos o materia fecal fosilizada. Durante muchos años se pensó que los coprolitos, conocidos en esa época como piedras Bezoar, eran el resultado de la fuerza de las corrientes marinas. Mary se encargó de llamar la atención de los primeros paleontólogos en la abundancia de este tipo de fósil las áreas correspondientes a los tractos digestivos de los fósiles, lo que hizo a los especialistas revalorar el origen de este tipo de material orgánico fosilizado.
De una manera muy particular se podría describir a Mary como una empresaria muy popular entre los paleontólogos, coleccionistas y personalidades afectas a adquirir fósiles para colecciones privadas o museos. Con el tiempo Anning compró una casa en la que no sólo habitó, sino estableció su tienda de fósiles. Lo que en tiempos de su padre se limitaba a una mesa de madera en las afueras de su casa, pasó a ser un establecimiento visitado por científicos y personalidades de la época en busca de especímenes para las colecciones privadas y públicas de fósiles. Anning fue por un tiempo una celebridad local de Lyme Regis. Autodidacta y apasionada por los fósiles su actividad no se limitó a encontrarlos, desenterrarlos y venderlos. Anning se preocupó por estudiar y leer todas las publicaciones de la época para estar al momento. Su relación con una gran parte de los paleontólogos de la época fue muy buena, sólo un pequeño grupo de ellos se preocupaban por desprestigiar su trabajo. Hay que dejar en claro que en esa época era muy raro que las mujeres inglesas leyeran y mucho menos alguien como Mary, cuyo origen era muy humilde.
Mary sufrió a lo largo de su vida de una doble discriminación, ser mujer proveniente de una familia de la clase trabajadora la invalidaba para poder ser tomada en cuenta por las cofradías científicas y machistas de Inglaterra, y en general por la sociedad inglesa.
En alguna ocasión Anning escribió:
¿Y qué es ser mujer? ¿Acaso no estamos hechas de carne y sangre lo mismo que un hombre? Sí y sin duda estamos destinadas a convertirnos en sus amigas, su apoyo en su peregrinar, de ninguna manera en su esclava.
Mary solamente llegó a publicar una vez en una revista científica, claro que por tratarse de una mujer la publicación se limitó al fragmento de una carta que envió a la redacción de la publicación The Magazine of Natural History, en que hizo ciertas precisiones sobre los dientes de los tiburones del género Hybodus.
En 1833 Annig escapó de la muerte milagrosamente, cuando parte del acantilado en el que trabajaba se derrumbó, el que murió en ese accidente fue Tray, el perro de Mary, su fiel compañero durante sus jornadas de trabajo.
Al final de su vida Anning cayó en la pobreza de nuevo y enfermó de cáncer de pecho, a causa de los dolores de la enfermedad Anning se hizo adicta al láudano, lo que le valió que sus paisanos comenzaran a rumorar que se había vuelto alcohólica. Mary Anning murió el 9 de marzo de 1847 a los 47 años de edad. Un vitral de la iglesia de San Miguel en Lyme Regis se creó en honor de Mary Annings tras su muerte.
Durante muchos años el trabajo de Anning fue olvidado, pero poco a poco fue revalorado. Hoy goza del reconocimiento de la comunidad paleontológica mundial y sobre ella se han escrito muchos libros, sobre todo dirigidos al público infantil, alentando a los niños a seguir su ejemplo.

publicado por mamaejecutiva.net el 16 de marzo de 2015
imagen; en.wikipedia.org