martes, 1 de marzo de 2016

Sara Pérez de Madero la primera dama de la Revolución Mexicana.



La esposa del ideólogo de la Revolución de 1910, siguió en toda su lucha al rebelde primero y presidente después, e imploró por la vida del mandatario frente al embajador de Estados Unidos.
Armando Enríquez Vázquez.
A diferencia de otras mujeres que armas en las manos lucharon hombro con hombro con los hombres en la Revolución de 1910, Sara Madero jamás empuñó un arma. Tampoco fue una ideóloga, pero siempre desde el inicio de la lucha se mantuvo al lado de su esposo Francisco I. Madero, promoviendo sus ideas, siendo el pilar en la vida del revolucionario. Abnegada, enamorada y leal al ideólogo del movimiento armado en 1910, Sara Madero fue pomposamente llamada por algunos diarios, Primera Dama de la Revolución, tras el anuncio de su fallecimiento. Lo cual es muy dudoso que sea el honor que a ella le corresponda, Cuando Carmen Serdán fue la primera en empuñar un arma el 19 de noviembre de 1910 y antes de ellas otras valientes y brillantes mujeres que desde la trinchera física o de las ideas atacaron de manera directa al dictador Porfirio Díaz, como Juana Belén Gutiérrez de Mendoza. Sin embargo, el papel de la esposa del ideólogo de la Revolución es importante no sólo en la persona de Francisco Madero, si no entre cierto grupo social y de mujeres de la época.
Sara Pérez de Madero, al igual que su esposo pertenecía a la aristocracia porfiriana nacional y de no haber conocido a Madero probablemente jamás se hubiera cuestionado los problemas políticos y sociales de nuestro país a principios del siglo XX. Pero fue una mujer que rechazo ser parte de los estereotipos de la época y a diferencia de otras esposas de los caudillos de la Revolución Acompaño a Madero en toda lucha y trinchera.
Sara Madero, fue valiente en muchos sentidos y aprovechó sus habilidades sociales y la cercanía con Madero para promover las ideas del coahuilense y fundar clubes revolucionarios. Sara Pérez de Madero nació el 25 de agosto de 1870 en San Juan del Río, Querétaro. Su padre, Macario Pérez, fue un rico hacendado de la región y como niña Sara recibió una educación particular con institutrices en Arroyo Zarco, después fue enviada a San Francisco, California, a un colegio privado de nombre Notre Dame donde Sara conoció a dos de las hermanas de Madero y se hizo amiga de ellas. Las amigas pasaron vacaciones en Querétaro, en Coahuila y en Sinaloa. Sara que era tres años mayor que Francisco, comenzó una relación amorosa con el joven Madero, quien en sus memorias habla de cómo a pesar de la vida de excesos que llevó en su juventud, de haber en algún momento terminado su relación con Sara y haber cortejado a otras mujeres, la mente de Francisco I. Madero siempre regresaba a la queretana.  
Finalmente, la pareja se casó en la Ciudad de México el 28 de enero de 1903 y partieron rumbo a Coahuila donde se estableció el matrimonio. A lo largo de los siguientes años y sobretodo tras la publicación de La sucesión presidencial en diciembre de 1908, durante la escritura del libro, Sara apoyó a su marido, como lo hizo en todas sus aventuras anteriores y posteriores desde el espiritismo, hasta la campaña presidencial de 1910, cuando Madero fue encarcelado en Monterrey. Sara vivió ese tiempo en la prisión al lado de su esposo. Cuando Francisco I. Madero fue trasladado a la prisión en San Luis Potosí, se le negó vivir al interior de la prisión y se hospedó en un hotel frente a la cárcel de la ciudad, Sara pasaba cada momento posible en compañía de su esposo. Junto con el distinguido y olvidado revolucionario potosino Pedro Antonio de los Santos pagó la fianza que liberó a Francisco.
Sara Pérez de Madero promovió la campaña Madero participando y sosteniendo entrevistas con diferentes clubes anti-releccionistas. Una vez iniciado el movimiento armado, se le puede ver en las fotografías en los frentes del norte al lado de su esposo y una vez llegado este al poder, Sara se reunió con obreros, soldados y trabajadores siendo solidaria con ellos y se convirtió en promotora de una demanda qué desde finales del siglo XIX, diferentes mujeres como Laureana Wrigth González, Matilde Montoya y muchas otras destacadas mexicanas, el sufragio femenino que los consumadores de la Revolución negarían por las siguientes cuatro décadas.
En pocas ocasiones en su historia, México disfrutó de tanta libertad de prensa como en los días posteriores al primer triunfo de la Revolución y el ascenso de Francisco I Madero a la presidencia. Sara fue víctima de esta libertad y la prensa conservadora y reaccionaria la apodó como el Sarape de Madero, utilizando su nombre para remarcar su cercanía con del Presidente.
La detención del Presidente Madero al interior de Palacio Nacional por los militares leales a Victoriano Huerta, hecho que conocemos como Decena Trágica, obligó a Sara a buscar hablar con el embajador de Estados Unidos en nuestro país, Henry Lane Wilson, artífice del golpe de estado. Tres años después en una entrevista que Sara Pérez, entonces ya, viuda de Madero concedió al periodista norteamericano Robert Hammond Murray, describió la actitud prepotente de un embajador alcohólico que le aseguró la seguridad de la vida del Presidente, no sin antes señalar lo impopular del coahuilense. La alianza entre los dos amantes de la bebida, Wilson y Huerta, culminó con el asesinato de Francisco Madero y de su vicepresidente José María Pino Suárez.
Entonces gracias al embajador de cuba en nuestro país, Manuel Márquez Sterling, uno de los cronistas extranjeros de esos días aciagos, Sara Madero se exilió primero en la isla caribeña y más tarde en Estados Unidos. En 1921 retornó a México y se estableció en la colonia Roma en la Ciudad de México.
Pasó los siguientes treinta años casi en el anonimato, con una pensión del gobierno y murió casi cuarenta años después de quedar viuda, el 1º de julio de 1952.    

publicado en mamaejecutiva.net el 23 de febrero de 2016
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