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martes, 5 de noviembre de 2019

Anna Atkins botánica y fotógrafa.




El primer libro con cianotipias en el mundo fue creado por una brillante y creativa botánica, convirtiéndose así en la primera mujer en crear un libro fotográfico.

Armando Enríquez Vázquez

En el inicio de la fotografía la experimentación y la investigación llevó a los pioneros de la fotografía por muchos caminos para descubrir y utilizar materiales fotosensibles. Uno de estos investigadores fue John Herschel, hijo del astrónomo Friedrich Wilhelm descubridor de Urano. Como su padre John fue matemático y astrónomo, pero también fue un entusiasta del nuevo arte de la fotografía y el desarrollo de telescopio, Herschell acuño el término fotografía y en 1842 inventó un método para captar luz en papel a través de Ferricianuro de potasio y Citrato de amonio y hierro al que llamo cianotipia y que creaba imágenes de tipo fotográficas en la gama entre el blanco y el azul.
Quién se benefició de la técnica fue la botánica Anna Atkins, y la utilizó para retratar cientos de plantas inglesas convirtiéndose en la primera persona en crear un libro con puras ilustraciones fotográfica. Muy poco se sabe de esta mujer que se interesó en la botánica de Inglaterra y en preservarla en descripciones que fueron más allá de la clásica representación en dibujos detallados y realistas de cada especie.
Anna Atkins nació el 26 de marzo de 1799 en Tonbridge, quedó huérfana de madre a muy temprana edad, fue su padre John George Children quien la educó. Children, a su vez fue científico y quien alentó a su hija en el camino de la ciencia. John G, Children proveyó a su hija con una educación científica que era difícil para una mujer sin la posición de ventaja de Anna. El primer gran trabajo de Anna fue encargado por su padre que hizo una traducción sobre el trabajo del francés Jean-Baptiste Lamarck sobre invertebrados. Anna realizó 250 dibujos de moluscos que son detallados e impresionantes. Anna Tenía 23 años en ese momento.



Después realizó un trabajo de identificación de 1500 plantas, lo que le valió el ingreso a la Botanical Society of London. Anna se casó en 1825 con John Pelly Atkins, un comerciante. Nunca tuvieron hijos y Anna pudo dedicarse de lleno a sus investigaciones.
Anna y su padre conocían a Herschel y a otro hombre llamado William Henry Fox Talbot quienes la enseñaron a realizar trabajos de cianotipia. A partir de ese momento Anna se dedicó hacer impresiones de las algas de las costas británicas y en 1843 publicó lo que se conoce y reconoce como el primer libro con impresiones fotográficas de la historia que se llamó: British Algae: Ciyanotype Impressions.
En los siguientes siete años Atkins realizó 12 nuevas partes para su obra a manera de fascículos que la final alcanzaron casi cuatrocientas imágenes, El trabajo era meticuloso; implicaba poner las plantas sobre el papel con las mezclas químicas, exponerlas al sol por unos quince minutos y finalmente revelarlas. Existen alrededor de doce copias de esta obra que se publicó como una obra de autor que iba firmada A.A. y que algunos investigadores décadas después quisieron creer y hacer creer que era una obra anónima.
Atkins entonces inició un proyecto más ambicioso junto con una amiga Anne Dixon, otra botánica aficionada a las cianotipias, incluía un registro de todas las plantas nativas y extranjeras que había en las Islas británicas, así como los helechos, que se llamó Cyanotypes of British and Foreign Plants and Ferns. Publicado en 1854.
Anna Atkins es para muchos quien inventó la fotografía científica, lo que es cuestionable, pues la fotografía nació como una curiosidad científica.
El trabajo de Atkins tiene además un valor estético y artístico, Anna se preocupó como muchas de las mujeres ilustradoras de plantas y aves por balancear su trabajo entre la veracidad de lo científico, al crear representaciones exactas de lo representado con un balance artístico en la composición de su obra.



Oculto durante más de cien años, por el machismo de las sociedades históricas interesadas en posicionar a Fox Talbot como el creador de la fotografía científica a partir de la cianotipia, los libros de Atkins permanecieron en el fondo de una biblioteca. Hoy la figura e importancia de Anna Atkins se ha rescatado y una serie de exposiciones dando a conocer su trabajo, así como libros y las imágenes distribuidas en Internet la han puesto en lugar que le corresponde.
Anna Atkins murió en Holstead, Inglaterra el 9 de junio de 1871 a los 72 años.

Publicado el 30 de octubre en mamaejecutiva.net
imagenes wikipedia.org

martes, 21 de mayo de 2019

Dorothea Lange; la Gran Depresión y otros rostros de injusticia




Con su cámara captó, el glamour de San Francisco, la desesperanza en los campos agrícolas durante los 30’s y las miradas desoladas en los campos de detención en Estados Unidos durante la II Guerra Mundial.

Armando Enríquez Vázquez

“La cámara es un instrumento que enseña a las personas a ver sin la cámara” declaró alguna vez Dorothea Lange, una de las más importantes fotógrafas de la historia.
Una de las fotografías que más me gusta de Dorothea Lange sintetiza el tipo de persona y sobre todo de fotografía de la norteamericana, sobre la cinta asfáltica de una carretera desierta dos trabajadores de esos que en la década de la mayor crisis económica de Estados Unidos el siglo pasado buscaban trabajo a lo largo y ancho de aquel país, principalmente en los campos agrícolas de California. Vemos a los delgados hombres de espaldas con las maletas donde guardan sus pertenencias, muy probablemente las únicas, también al pie de la carretera hay un enorme espectacular en el que vemos a un hombre sentado cómodamente en un confortable sillón. En el espectacular se lee: La próxima vez prueba el tren. ¡Relájate!
Lange nació el 26 de mayo de 1895 en Hoboken, Nueva Jersey. Una ciudad localizada frente a la isla de Manhattan sobre la margen del río Hudson. Dicen que dos sucesos marcaron la vida de Lange, la polio que sufrió en la niñez y que le dejó una cojera por el resto de su vida, así como una pequeña parálisis en la pierna, y el abandono de su padre, quien cuando Dorothea tenía 12 años abandonó a la familia, por lo que la madre anuló los nombres de sus hijos para otorgarles únicamente el apellido materno: Lange.
Dorothea se interesaba por la fotografía desde temprana edad, pero se interesaba también por la vida y en particular por la vida de los barrios bajos de Nueva York. Se iba de pinta con su mejor amiga Florence Halstrom y juntas recorrían la zona judía.
Al terminar la preparatoria Dorothea comenzó a trabajar en laboratorios fotográficos en los que aprendió todo lo relacionado con el tema, aunque nunca terminó pues no presentó una sola tarea, se inscribió en la Universidad de Columbia para tomar un curso de fotografía básico con el fotógrafo Clarence White. Poco después decidió junto con Florence conocer el mundo y juntas zarparon a Nueva Orleans y más tarde a San Francisco donde les robaron todo el dinero que llevaban, así que tuvieron que ponerse a trabajar. Al demostrar la calidad de su trabajo Lange estableció su primer estudio fotográfico en San Francisco, en él se dedicó principalmente a los retratos de la alta sociedad de la ciudad, en especial de la comunidad judía. Se convirtió en una fotógrafa importante en la Ciudad, tenía mucho trabajo y aplicaba todo lo aprendido en los estudios neoyorquinos y en la clase de White. En 1920 se casó con un pintor de nombre Maynard Dixon. Con Maynard tuvo dos hijos; Daniel y John. El matrimonio duró 15 años. De 1931 a 1932 el matrimonio se mudó a Taos, Nuevo México con otros artistas para fundar una comunidad creativa, el proyecto fracasó y los Maynard regresaron a San Francisco. Tras caída brutal de la economía a principios de los años 30, el propio estudio de Lange vio disminuida la clientela y la calidad de la materia prima que utilizaba, lo que molestaba profundamente a Dorothea. Aburrida, con poco trabajo en el estudio, Lange comenzó a tomar fotos de los desempleados que se reunían a fumar y hablar afuera del estudio. Llaman la atención algunas fotos de esos días que muestran a la población de origen chino alternando con los anglos sin que esto parezca un problema para estos últimos, incluso en alguna de sus fotos se pueden observar pancartas de protesta en chino al lado de las escritas en inglés lo que muestra un país más integrado hace ochenta años que lo que es hoy Estados Unidos.
En 1934, el día del trabajo Dorothea salió a calle y logró una serie de fotografías de las manifestaciones que llamaron la atención de los medios locales y nacionales. Ese año un escritor y sociólogo de Paul Schuster Taylor descubrió el trabajo de Lange y le pidió ilustrar un texto de su autoría para la revista Survey Graphic. La cual se especializaba en sociología y política. La relación de Lange con la revista duró algunos números.
1935 marcó dos cambios radicales en la vida de Lange, tras el divorcio de Dixon, Dorothea se casó ese mismo año con el Paul S. Taylor, además ese año el gobierno de Estados Unidos le ofreció un contrato para documentar a los trabajadores agrícolas que migraban por el interior de Estados Unidos más otros migrantes que se sumaban a las cosechas. Las fotografías tomadas por Lange gracias a ese contrato se han convertido en el trabajo que la gente reconoce mejor de Dorothea Lange. Los dos años que duró ese primer contrato Lange viajó y fotografió a los pobres de diferentes estados de la nación americana, la suspensión de sus pagos duró sólo poco tiempo.
En 1939 comenzo con Taylor a trabajar en un libro que se llamó American Exodus y que fue publicado al año siguiente. El director de cine John Ford utilizó las fotos de los trabajadores agrícolas de California como base de la representación visual para su aclamada versión cinematográfica Las Viñas de la Ira basada en la novela homónima de John Steinbeck y que protagonizó Henry Fonda.
En cuanto Estados Unidos entró a la II Guerra Mundial, Lange fue contratada por el gobierno de Estados Unidos para documentar el traslado de los japoneses que vivían o habían nacido en Estados Unidos a los “campos de acogida”, lugares que ofrecían condiciones similares a los campos de concentración alemanes.
Tras el final de la Guerra Lange realizó proyectos fuera de Estados Unidos junto con su hijo Daniel Dixon, realizó fotorreportajes y trabajos más amplios sobre Irlanda. Con Ansell Adams, el legendario fotógrafo, realizó para la revista Fortune un trabajo acerca de los astilleros de la marina en Richmond, California. También con Adams y su hijo Daniel trabaja para la revista Life un reportaje sobre la vida de los mormones. Trabaja para la ONU, para la revista Life. Con su esposo viajó a Ecuador, Venezuela, Japón, Corea del Sur, India, Nepal y otros países del sur de Asia, así como a Egipto.
En 1958 comenzó a dar clases en la Escuela de Bellas Artes de California.
En 1964 el Museo de Arte Moderno de Nueva York contactó a Lange para crear una retrospectiva de su obra, lo que la convirtió en la primera mujer fotógrafa en ser honrada de esta manera por el museo, antes que ella sólo cuatro hombres habían merecido una retrospectiva Paul Strand, Walker Evans, Henri Cartier-Bresson y Edward Weston. La exposición se inauguró el 26 de enero de 1966. Dorothea Lange murió meses antes el 11 de octubre de 1965, casi hasta el final de su vida trabajó en la selección de sus fotografías para la exposición.


publicado en mamaejecutiva.net el 13 de mayo de 2019
imagen wikipedia.org

martes, 19 de febrero de 2019

Josefina Niggli, una voz méxico-americana.




Nacida en Monterrey Josefina Niggli es uno de los primeros nombres de una cultura que nos cuesta trabajo reconocer de ambos lados de la frontera.

Armando Enríquez Vázquez

Existe y siempre ha existido un muro racista, clasista, despectivo entre los mexicanos y aquellos mexicanos que nacieron, o tuvieron por diferentes razones, las de libre albedrio emigrar a Estados Unidos. Términos como “Pocho” nacen de ese desprecio por el paisanos nacidos en el extranjero que tampoco son muy bien queridos por los sajones protestantes. Existen otros que siendo hijas o hijos de norteamericanos nacidos en nuestro territorio se identifican con él de muchas maneras y la influencia de nuestro país es parte de su herencia social y cultural, de la misma manera nos cuesta trabajo reconocerlos y a los americanos también, ese es el caso de Josefina María Niggli.
Niggli fue una talentosa escritora, dramaturga y también fotógrafa que nació en nuestro país, en la ciudad de Monterrey el 13 de julio de 1910, Sus padres fueron dos inmigrantes norteamericanos de origen europeo, su padre Frederick Niggli era un ingeniero que trabajaba en la naciente industria cementera regia. Su madre era violinista. Josephina, como también se escribe su nombre, vivió entre Nuevo León y Texas durante su infancia y adolescencia, incluso llegó a vivir una temporada en la Ciudad de México, la incertidumbre y los continuos cambios de poder debidos a la Revolución, así obligaron a su familia.
Nigli estudió en la Universidad del Verbo Encarnado en San Antonio, Texas y más tarde en la Universidad de Carolina del Norte. Se graduó como en filosofía e historia en la primera y se doctoró como dramaturga.
Niggli fue la primera voz exitosa en todos los niveles entre lo que hoy se conoce como hispanos y que en los años previos a la muerte de la escritora se conocía como cultura chicana, un nombre con mucho mayor ideología y postura política que el que hoy se utiliza para rasar a la poderosa cultura méxico-americana. Niggli escribió tres novelas. La primera “Mexican Village” publicada en 1945, fue la primera novela de un escritor mexico-americano en ser publicada por una editorial noretamericana. “Mexican Village” fue tan exitosa que pronto se convirtió en película titulada “Sombrero” con las actuaciones de Ricardo Montalbán, Cyd Charisse y Pier Angeli. La segunda se llamó “Step Down Elder Brother” publicada en 1947, en 1964 publicó una tercera novela titulada “A Miracle for Mexico”, fue autora de libros de cuentos y muchas obras de teatro. Escribió incluso una pastorela llamada “The Defeat of Grandfather Devil”. Con la producción de “Sombrero” Niggli incursionó en Hollywood y durante muchos años fue guionista de diferentes empresas productoras de cine y televisión, escribió guiones para la popular serie Ethel Barrymore Theater entre otros.
Rodolfo Usigli consideraba que un desierto teatral de cuatro siglos la voz de Josefina Niggli era una de las tres únicas voces que era realmente mexicana y se lamentaba que Niggli no escribiera en español para que sus compatriotas disfrutaran de esa visión y su sentido del humor. A pesar del elogio Niggli consideraba a Usigli un burgués de la Ciudad de México incapaz de entender la experiencia de los provincianos del norte como ella, al menos eso dice Elizabeth Coonrod Martínez en su biografía sobre la dramaturga escrito en 2007 y publicado por la Universidad de Nuevo México. Al parecer la relación entre ambos dramaturgos era mucho más cordial de lo que pretende la investigadora norteamericana, Josefina trabajó en la Universidad Nacional Autonóma de México en la década de los años cuarenta al lado de Usigli. Usigli escribió el prologo de un libro de obras teatrales de la autora y le dedicó la obra “Corona de Sombras” sobre el Imperio de Maximiliano y Carlota.
Josefina nunca escribió en español, pero siempre se sintió mexicana, y creía que su labor era mostrarle al norteamericano común un México real y alejado a las fantasías y nociones preconcebidas que en muchos casos subsisten hasta la segunda década del siglo XXI en el imaginario norteamericano sobre México y los mexicanos.
Niggli fue profesora de la Universidad de Carolina del Norte de 1942 a 1944 y de la Universidad del Oeste de Carolina donde además fue la directora del Departamento de Teatro y profesora de guionismo y periodismo de 1956 a 1975.
Josefina Niggli murió el 17 de diciembre de 1983 en Cullowhee, Carolina del Norte.
En septiembre de 2010 un bibliófilo y abogado texano llamado Bill Fisher montó un exposición en San Antonio con la obra fotográfica de Niggli, existen textos que la escritora publicó en revistas especializadas acerca de la fotografía y las fotografías que reproduce José Antonio Rodríguez en su estupendo libro “Fotógrafas en México 1872-1960” muestran una mirada innovadora, conceptual que tenía la artista al momento de realizar su fotografías. Años antes, en 2003 bajo la insistencia del extraordinario escritor regiomontano David Toscana la Secretaría de Cultura publicó la novela ¡Apártate, hermano mayor!


publicado en mamaejecutiva.net el 11 de febrero de 2019

viernes, 16 de noviembre de 2018

Rosa Rolanda una flor muy especial en la cultura mexicana.




Nacida en Los Ángeles, California esta artista, llegó a México del brazo de uno de los grandes artistas gráficos del siglo XX para vivir aquí y aquí desarrollar su talento.

Armando Enríquez Vázquez

Una vez más en esa vasta galería que representa a los artistas que habitaron en nuestro país durante siglo XX y a los que la crítica oficial de arte en nuestro país pretende opacar al presentar únicamente a tres muralistas y a la mujer de uno de ellos, hace poco me sorprendió conocer la obra de una extraordinaria artista que se dedicó a la danza, la pintura, la fotografía, el diseño de vestuario, entre otras cosas pues también se habla de ella como una extraordinaria cocinera.
Rosa Rolanda, cuyo verdadero nombre fue Rosemonde Cowan Ruelas, y a la que también se le conoce por su nombre de casada Rosa Covarrubias, en un principio Covarrubias llamó a su enamorada Rosa Rolando y fue años después Diego Rivera quien transformó el apellido Rolando por Rolanda, nació en la ciudad de Los Ángeles el 6 de septiembre de 1895, su madre era mexicana-americana, de nombre Guadalupe Ruelas. Rosa era una verdadera belleza y desde muy joven entró en contacto con diferentes artistas que influyeron a lo largo de su vida, ayudándola a desarrollar sus múltiples talentos.
Mientras estudiaba el bachillerato encontró su pasión por el arte, dedicada a las clases de danza impartidas por Marion Morgan, quien fue una coreógrafa de relevancia a principios del siglo XX en Estados Unidos. En 1916, un año después de haber terminado la preparatoria Rosa Rolanda fue seleccionada entre 300 bailarinas para viajar a Nueva York siendo parte del grupo de bailarinas de Morgan. El viaje a la Urbe de Hierro fue decisivo en la vida de Rosa pues rompió en ese momento con sus raíces en Los Ángeles, permaneció en Nueva York donde se dedicó a bailar en Broadway y viajó a Europa siendo parte de las famosas Ziegfield Follies. Rosa Rolanda era aficionada a la pintura y a la escultura y se movía en círculo de artistas neoyorkinos que incluía a Georgia O’Keefe, quien fue amiga de Rosa Rolanda durante toda su vida.
En 1924 conoció al artista gráfico mexicano Miguel Covarrubias, apodado “El Chamaco” otro de los grandes artistas mexicanos borrado por esa minimalista narrativa oficial de la cultura nacional. Rosa era diez años mayor que el pintor y caricaturista, en 1926 viajó con él a México, se casaron en 1930 y Covarrubias, además de presentarla en el círculo de artistas mexicanos; Diego Rivera, Frida Kahlo, Carlos Chavez, entre otros, la animó a desarrollar su pintura. Lo mismo hizo en su momento Tina Modoti, otra de las amistades que la norteamericana hizo en nuestro país, al incitarla a tomar fotografías. El mundo creativo de Rosa Rolanda se amplió. Sus pinturas que muestran la influencia de la obra de su marido y de Rivera, tienen una gran fuerza y representan esa mirada del extranjero que cuando no se conforma con el mexican curious, enriquece la visión del país, sus habitantes y costumbres por lo certero que se vuelve eliminando el paternalismo y autocomplacencia de muchos artistas mexicanos incluyendo a los mismo Rivera y Kahlo.
Los autorretratos de Rosa Rolanda muestran que la mujer era consciente de su belleza y como tal se representa en sus lienzos. Su retrato de Dolores del Río muestra a la diva del cine nacional como un ser etéreo, algo que la frágil figura de la actriz nos muestra de manera sutil a lo largo de su filmografía. Diego Rivera utilizó a Rosa Rolanda como modelo para algunas pinturas. Las abundantes fotografías que existen de la artista en Internet, entre ellas una llena de misterios realizada por Modoti, muestran esa belleza que se centraba en unos enormes y almendrados ojos suspicaces, sensuales y poderosos.  
En cuanto a la fotografía Rosa Rolanda se especializó en la fotografía de retrato y entre sus fotos existen algunas de Frida Kahlo recostada en el pasto que llaman la atención por que la pintora no está posando.



La pareja vivió en la Isla de Bali durante nueve meses, estudiando la cultura local. En 1950 Miguel Covarrubias fue designado director del departamento de Danza del Instituto Nacional de Bellas Artes, pronto se enamoró perdidamente de una bailarina 30 años menor que él de nombre Rocío Sagaón, algo que enfrió la relación amorosa de casi treinta años con Rosa Rolanda, separados, pero jamás divorciados, Rosa Rolanda sobrevivió a Covarrubias quien murió en 1957. Rosa Rolanda se quedó en México y continuó con su obra artística, así como relacionándose con el medio artístico que pululaba por la capital mexicana.
Como muchos extranjeros que llegan a México y se deslumbran ante muchas de las cosas que a nosotros nos parecen intrascendentes, Rosa Rolanda quedó fascinada por la cocina de nuestro país, por sus ingredientes y por sus sabores. Rolanda era una mujer que tenía un talento para cocinar de acuerdo con los que la conocieron y conocieron su cocina. En la cocina de su casa construyó un anafre de carbón y un metate donde ella misma se dedicaba a moler el maíz para hacer las tortillas. Para la artista la primera cocina del mundo era la china, la segunda la mexicana y la tercera la francesa.  
Rosa Rolanda murió en la Ciudad de México en 1970, el heredero de su obra fue su amigo el arquitecto Luis Barragán, quien siempre la alentó a continuar con sus creaciones, tras la muerte de Covarrubias. A pesar de sus desavenencias con Miguel Covarrubias Rosa Rolanda visitó la tumba de su marido semanalmente hasta su muerte.
Gracias a Juan Rafael Coronel Rivera la obra de esta más que importante artista grafica se ha ido revalorando y se montó una exhibición de la artista en la Casa Estudio de Diego Rivera en 2011.

publicado en mamaejecutiva.net el 5 de noviembre de 2018
imagenes udualpress.com
                pintorasmexicanas.blogspot.com

martes, 6 de noviembre de 2018

Dos fotógrafas mexicanas de principios del siglo XX.



María Amparo Hernández y María Santibañez fueron dos fotógrafas que desarrollaron su labor en las primeras décadas del siglo pasado y pocos las recuerdan.

Armando Enríquez Vázquez

La primera vez que acerca de la obra de estas singulares y extraordinarias fotógrafas mexicanas fue en el maravilloso libro de José Antonio Rodríguez Fotógrafas en México 1872-1960 editado por Turner, Canopia y Fomento Cultural Banamex.
La primera que llamó mi atención fue María Amparo Hernández y el autorretrato que aparece en las hojas del libro, la fotografía muestra a una mujer fuerte con el rostro inclinado hacia abajo, pero la mirada en alto enfrentando a la cámara, mirada inquisitoria que muestra la determinación y carácter en la fotógrafa. María Amparo llevó a cabo su trabajo en el ámbito de las revistas de espectáculos y entre las fotos que realizó hizo llamativos semidesnudos para publicaciones como Revista de Revistas, México al día y Todo entre otras.
Poco se sabe de María Amparo, pero lo que se conoce de su obra revela una mirada muy sensual y sexual del cuerpo femenino, a través de celebridades y actrices. Su obra se puede decir que es única en el mundo de la fotografía mexicana de principios del siglo XX.
Desgraciadamente no existen muchas muestras de su trabajo y de su vida no se conoce más. Se sabe que tenía un estudio en la calle de Camelia que más tarde traslado a la calle de República de Cuba. Entre las fotografías que se conocen de Amparo Hernández se encuentra un semidesnudo de la hermana de la actriz Guadalupe Velez, Josefina, una serie de Amparo Arozamena y otras publicadas de celebridades de la época en sus bañeras.
La otra es María Santibañez cuya fotografía es totalmente de estudio, representante de una escuela llamada pictorialista, que fue un movimiento que se caracterizó por sus fotografías de estudio muy actuadas y que quieren marcar la diferencia entre las fotografías realizadas por la gente común y corriente y la de fotógrafos que se pretenden artista. Es un movimiento muy maniqueo y elitista. Santibañez fue discípula de Martín Ortiz quien en un principio firmaba su obra como Mack. La fotógrafa tenía un estudio primero en la calle de Bolívar y mas tarde en avenida Juárez. Su fotos se publicaron en Jueves de Excélsior, Rotográfico y El Universal Ilustrado.



Se sabe un poco más acerca de Santibañez, sobrevive más de su obra que de la obra de Hernández. En 1920 ganó un concurso organizado por el diario El Universal y esta fotografía premiada, sirvió de portada en El Universal Ilustrado el 29 de abril de 1920. La fotografía es un retrato de la socialité Graciela de Lara. Ese premio y esa fotografía salvaron a Santibañez de muchas deudas y la pusieron en la atención de los medios y críticos de arte. En 1926 se le conoce como una artista de moda, mientras que ella se consideraba una fotógrafa por vocación.
Santibañez se inició en la fotografía a los 12 años y a los 19 ya se había independizado de Ortiz. Mucho del trabajo de Santibañez era para clientes particulares.
En el blog Fotografía en México aparece un recorte de periódico con un par de fotografías de María Santibañez, sin que se especifique las fechas de las mismas.
Ambas fotógrafas se pierden en la historia, lo poco que conocemos de su obra, las rescata como creadoras sui generis de inicios del siglo XX. Anteriores a otras mujeres mexicanas y extranjeras en nuestra tierra que se convirtieran en baluartes de la fotografía, como Tina Modotti y Lola álvarez Bravo entre otras menos conocidas de las que se hablara en su momento.

publicado en mamaejecutiva.net el 29 de octubre de 2018
imágenes Fotógrafas en México edit. Turner
               miguelangelmorales-fotografos.blogspot.com

martes, 3 de julio de 2018

Bernice Kolko fotógrafa enamorada de México



Aunque la relación de esta polaca nacionalizada estadounidense con México duró menos de 20 años sus retratos sobre mexicanos recorrieron todo el mundo y ella murió en nuestro país.

Armando Enríquez Vázquez

20 años antes de llegar a México y con más de 25 de vida Bernice Kolko viajó a Europa, el continente que la vio nacer y tomó un curso de fotografía en la universidad de Viena con Rudolf Koppitz, un controvertido fotógrafo relacionado a movimientos artísticos de la vanguardia como el Bauhaus y que fue uno de los primeros fotógrafos aéreos trabajando para la aviación alemana durante la I Guerra Mundial. Ese curso cambió la vida de la polaca-norteamericana.
Bernice Kolko nació en Grayevo, un pueblo al noreste de Polonia el 2 de noviembre de 1905, gran parte del pueblo fue destruido durante la I Guerra Mundial y la familia Kolko emigró en 1920 a Chicago. En 1926 al terminar la preparatoria, Bernice se casó y tuvo un hijo en 1929.
Al regresar de su viaje por Europa, Kolko comenzó a trabajar como fotógrafa freelance, al estallar la II Guerra Mundial, Bernice se alistó en el ejército estadounidense como fotógrafa de la misma forma que en su momento lo había hecho su maestro Koppitz. Al finalizar la guerra se estableció en California y conoció en ese entonces a Man Ray, con quien trabajó. Es en esa época cuando realizó su trabajo de fotografía experimental.
En 1951 invitada por Diego Rivera y Frida Kahlo llegó a México pensando en realizar un trabajo acerca de los rostros de México que terminó convirtiéndose en una exposición en Bellas Artes en 1955 llamado Mujeres de México. Kolko se convirtió así en la primera mujer en hacer una exposición individual en ese recinto. Aunque nunca se nacionalizó, la fotógrafa se quedó en nuestro país y fotografió a muchos de los personajes de la vida intelectual del país. Sobre todo se convirtió en algo así como la fotógrafa oficial de Frida Kahlo, existen cientos de fotografías que la estadounidense realizó de la pintora mexicana, así como de Diego Rivera, Oscar Chávez Morado, David Alfaro Siqueiros y Olga Costa.
Fotografió extensamente a las mujeres indígenas del país a lo largo y ancho. Así como imágenes de la cotidianidad de la ciudad y por supuesto a las indígenas migrantes a la capital del país.
Hablando acerca de su obra Kolko dijo en una ocasión: “Yo abordo mi trabajo a través de mi propia personalidad. Mis fotografías se conectan con el movimiento y con la realidad, ya sea poética, psicológica o surrealista.”
En 1963 publicó un libro titulado Rostros de Israel con textos de Antonio Castro Leal y en 1966 la Universidad Nacional Autónoma de México le publicó el libro Rostros de México. Con textos de Rosario Castellanos. En este su segundo libro Kolko hizo una selección de fotografías de indígenas de Chiapas, Yucatán y la Ciudad de México. En 1968 El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) le publicó otro titulado; Semblantes mexicanos, con textos de Fernando Cámara Barbachano. Bernice Kolko fue también, colaboradora de la revista Artes de México.
Bernice Kolko murió en la Ciudad de México el 15 de diciembre de 1970. Heredó su archivo a Ariel Zúñiga, cineasta y coleccionista de arte quien fue amigo de la fotógrafa y su alumno. Kolko fue incinerada y sus cenizas esparcidas en la Ciudad de México a la que tanto llegó amar.
“Me interesa de sobremanera la vida que capto en mis fotografías porque la salvación recae en la vida y el amor.”
Dijo alguna vez Bernice Kolko.

publicado el 25 de junio de 2018 en mamaejecutiva.net


martes, 22 de mayo de 2018

Annie Leibovitz la fotógrafa del cartel de México 1986




Para la imagen del Mundial México 86 Televisa apostó por algo novedoso que no se había hecho que los carteles de la competencia que fueran fotos y las realizara una mujer.

Armando Enríquez Vázquez

En 1986 México salvó la continuidad del Campeonato Mundial de Futbol, ya que la violencia en Colombia canceló la posibilidad de que ese país llevara a cabo la competencia, ni los estadios se pudieron terminar. El Mundial de México 1986 fue un éxito y en los malos hábitos de los aficionados mexicanos nació esa celebración multitudinaria en el Ángel de la Independencia cada vez que los “ratones verdes” ganan, así sea contra las fuerzas infantiles de Malawi, y que ya desde entonces se presta para que los criminales hagan su agosto y al calor de los tragos se comentan abusos y crímenes.
Pero en el lado mucho más amable del mundial, Televisa que fue la principal interesada en adjudicara el torneo, fue también como dieciséis años antes encargada de crear la imagen del Mundial. Hasta ese año diferentes artistas gráficos, importantes o no habían creado los carteles de los Campeonatos Mundiales de Futbol y en la más reciente gesta la creación del cartel había sido responsabilidad del gran pintor español Joan Miró. Así que el comité organizador en México decidió hacer algo que nadie había hecho crear un cartel con una fotografía y en la más podrida tradición de la empresa de la familia Azcárraga se eligió a una extranjera, como si en México no hubiera una gran tradición de fotógrafos.
La elegida fue una fotógrafa norteamericana que saltó a la fama tras hacer una fotografía a John Lennon y Yoko Onno horas antes de la muerte del músico inglés: Annie Leibovitz.
Annie Leibovitz es una de las fotógrafas más reconocidas en el mundo, sus fotografías de celebridades, de bebes disfrazados y de moda para revistas como Vanity Fair, Vogue, y para la revista Rolling Stone.
Anna Lou Annie Leibovitz nació en Waterbury, Connecticut el 2 de octubre de 1949. Su padre era un militar que durante la Guerra de Vietnam fue asignado a la base norteamericana en Filipinas donde la adolescente Annie Leibovitz comenzó a tomar fotografías. Leibovitz tomo cursos de pintura y también hizo sus pininos como escritora. Estudió en pintura en el San Francisco Art Institute, mientras estudiaba viajó a Israel y trabajó en un Kibbutz, ahí conoció la revista Rolling Stone, y a su regresó a Estados Unidos se presentó en las oficinas de la revista con algunas fotografías sobre protestas en contra de la guerra en Vietnam y otras fotos de su viaje a Israel, una de las fotos sobre las manifestaciones logró la portada de la revista y de ahí comenzó la colaboración de la fotógrafa con la revista. En 1973 Leibovitz fue nombrada Jefa de Fotografía de la revista, puesto de ocupó a lo largo de diez años. En 1983 renunció a su puesto en la revista y se dedicó a trabajar para otras publicaciones y en proyectos personales.
Leibovitz tomó en diciembre de 1980 la última fotografía de John Lennon quien desnudo abraza y besa a Yoko Onno completamente vestida. Esta no era la idea de Leibovitz para la foto, lo que sucedió fue que la japonesa se negó a desvestirse y de acuerdo con Leibovitz en una entrevista que le hizo en 2017 Rolling Stone, Lennon se limitó a comentar con la fotógrafa “Así es nuestra relación” Horas más tarde Lennon fue asesinado y la fotografía se convirtió en la portada de Rolling Stone en enero de 1981.
Trabajó además para campañas publicitarias como American Express, Honda, y The Gap entre otras.
Leibovitz fue seleccionada por el Comité Organizador del Mundial de 1986, o sea Televisa para crear no sólo la fotografía del cartel conmemorando el campeonato, si no situando un cuerpos y balones en paisajes y zonas arqueológicas del país. El poster muestra la sombra de un jugador sobre uno de los Atlantes de Tula y un balón de futbol a los pies de ambos.



El trabajo de Leibovitz para la Copa del Mundo ha pasado al olvido, no tanto por la calidad de las fotografías y su maniqueo mensaje, si no tal vez por que dentro del malinchismo que siempre ha tenido la empresa de televisión de haber querido hubiera seleccionado a un mexicano para hacer el trabajo.
La carrera de Leibovitz, a pesar de todo continuó en ascenso y seguramente conoces su serie de fotografías de bebés e infantes disfrazados de insectos, la de actrices y celebridades norteamericanas vestidas como personajes de películas de Disney, así como la polémica fotografía de Miley Cyrus a los 15 años mostrando la espalda desnuda que tanto indigno a los puritanos norteamericanos y su doble moral. O la de Demi Moore desnuda y embarazada que fue portada de Vanity Fair.
En 1991 Leibobvitz se convirtió en la primera fotógrafa en tener una exhibición personal de sus fotografías en el National Portrait Gallery de Washington.
En la misma entrevista citada anteriormente que Rolling Stone publicó con Leibovitz, inicia con la pregunta: ¿Qué consejo le darías a la joven que fuiste? La respuesta es contundente y retrata de pies a cabeza a la fotógrafa. No le daría ninguno, porque lo más probable es que lo ignoraría.
Leibovitz tiene 68 años.


publicado en mamaejecutiva.net el 14 de mayo de 2018
Imagenes wikipedia.org
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jueves, 27 de octubre de 2016

Vivian Maier un fantasma que lo vio todo.



Viviendo una vida al margen de la vista de los demás, esta extraordinaria fotógrafa ha sido reconocida gracias a un tenaz hombre que la descubrió por casualidad.
Armando Enríquez Vázquez
La generosidad es una cualidad que nada tiene que ver con el agradecimiento o los reconocimientos.
Para muchos el amor por su labor diaria no tiene nada que ver con el reconocimiento de ningún tipo.
Esta historia trata de ambas cosas, de como un escritor y agente de bienes raíces de Chicago terminó con un tesoro, decidió generosamente compartirlo y darle su lugar a la mujer que creó este tesoro con su tesón y amor diario por su labor.
En 2013, John Maloof sintetizó la historia de su búsqueda, de sus hallazgos y de la parcial materialización de un fantasma que vivió con él desde 2007, cuando, fortuitamente, en una subasta buscando material fotográfico para un libro que estaba escribiendo sobre un barrio de la ciudad de Chicago compró una caja con fotografías y negativos fotográficos que nada tenía que ver con lo que él estaba buscando, pero le planteó un nuevo y mayor misterio, que aún no termina, pero que en 2013 se convirtió en un documental llamado Finding Vivian Maier.
Maloof no fue el único en hacerse de fotografías de Vivian Maier en aquella subasta en Chicago en 2007, las cajas conteniendo el material fotográfico así, como películas, grabaciones de audio y basura también fueron adquiridas por otras dos personas; Ron Slattery y Randy Prow. Prow vendió su lote a un carpintero y artista plástico de nombre Jeffrey Goldstein en 2010. Slattery fue el primero en compartir las fotografías de Maier en Internet. La BBC creó su propio documental sobre la historia que se llama Vivian Maier: Who Took Nanny’s Pictures? Del cual el propio Maloof se excluyó argumentado que él estaba en esos momentos creando su propio proyecto.
Las fotografías compradas por Maloof y Slattery, revelaron a una talentosa y dedicada fotógrafa, de una creatividad maravillosa y un gran ojo. La persona que estaba detrás de la cámara, era al menos eso sospecharon ambos compradores una fotógrafa importante. La vida urbana, especialmente de Chicago, de algunas ciudades de Estados Unidos fue captada por Vivian Maier. Una mujer con una historia común y corriente a simple vista pero que en realidad fue una mujer extraordinaria, una artista talentosa que decidió hacer una vida que se acomodara con lo que a ella más le interesaba; tomar fotografías o por lo menos esa sería la visión más romántica del asunto.
Cuando los compradores intentaron saber más de Vivian Maier se encontraron con que nadie, ni siquiera Google había oído acerca de la talentosa fotógrafa. Descubrir el nombre de la autora de las fotografías, buscarla y recuperar lo más posible de su obra fue desde ese momento la tarea a la que se dedicó Maloof, el joven se convirtió entonces en una especie de detective civil, descubrió el nombre, más obra. Poco a poco Maloof fue recolectando pistas acerca de quien había sido Vivian Maier. Únicamente aquellas familias para las que la enigmática mujer había trabajado, sabían algo de su vida. El trabajo de investigación llevado a cabo por Maloof dio nombre a la cara que desde algunas fotografías miraba de frente, reflejada en espejos y aparadores con una cámara colgando al cuello, y también llevó a Maloof a algunos de sus últimos parientes vivos en un pueblo de los Alpes franceses llamado Saint Bonnet en Champsaur.



Vivian Maier nació el 1 de febrero de 1926 en la ciudad de Nueva York. Nada o casi nada se sabe sobre su infancia o su juventud, su madre era francesa y en más de una ocasión Vivian viajó a Francia. Su padre al parecer era austríaco, pero abandonó a la familia. Los archivos del censo de población neoyorquina dicen que, en 1930, Vivian y su madre vivían con una pionera de la fotografía de nombre Jeanne J. Bertrand, quien, a su vez, siendo una niña llegó como inmigrante a Estados Unidos y con el paso de los años se convirtió en una reconocida fotógrafa, pero se desconoce si esta relación o convivencia con la fotógrafa influyó en el desarrollo posterior de la actividad de Vivian Maier. Comotambien se desconoce cuánto tiempo duró.
Lo cierto es que la mayor parte de su vida adulta Vivian Maier vivió con una cámara fotográfica pendiendo de su cuello. A diario recorría las calles de Nueva York, Chicago y otras ciudades en las que trabajó como niñera, tomando fotografías de la vida a su alrededor. Hacía 1959 Maier viajó por diferentes partes del mundo con su cámara y el testimonio de ese viaje también apareció en los diferentes negativos que con el paso del tiempo Maloof fue recuperando de Maier.
Maier decidió no hacer pública ninguna de sus fotografías, nunca las llevó a ninguna exposición, jamás las mostró a nadie. Durante su viaje a Saint Bonnet en Champsaur después de la II Guerra Mundial, Vivian tomó fotografías del paisaje montañés que se convirtieron en postales que se vendían en el pueblo, fuera de esa experiencia no se tiene noticia de que Vivian haya comercializado su arte. También es curioso que a los ojos de muchos habitantes de aquella región de Francia aquella mujer alta, siempre con una cámara al cuello y que recorría sola pueblos y senderos de la zona, no podía ser sino una espía, y la leyenda decía que además de la cámara Vivian Maier llevaba siempre consigo un arma. Lo cual era totalmente falso.  A lo largo de su vida Vivian Maier se desempeñó como niñera y dama de compañía en diferentes hogares, primero en Nueva York y más tarde en Chicago y el centro norte de Estados Unidos. Jamás valoró tal vez la gran calidad de su obra y si lo hizo no consideró que tenía que ser exhibida.
Existen más de ciento cincuenta mil fotografías tomadas por Vivian Maier; creativas, propositivas, artísticas. Retratos de personajes del centro de la ciudad de Chicago y autorretratos de gran plasticidad, hay una serie de ellos donde Vivian Maier fotografió su sombra fotografiando, como si fuera consciente de que en muchos sentidos ella era un fantasma que retrataba, sin que nadie se diera cuenta de lo que estaba haciendo. Así escondida en tras una columna del Museo de Arte Moderno de Nueva York, Vivian logró capturar una fotografía de Salvador Dalí. Lo que demuestra que no era una mujer inculta, que sabía lo que hacía y por qué lo hacía. De acuerdo con el testimonio de uno de los hombres a los que Vivian cuidó de niño, Maier era una mujer de opiniones que a veces platicaba con el padre del joven en francés y tenía una serie de ideas que la acercaban más a la Izquierda que a cualquier otra corriente ideológica.
Fiel a su manera de vivir, Vivian Maier permaneció soltera y no se le conoce ningún tipo de relación afectuosa. Maier era una mujer alta y gustaba de vestir con ropa vintage diríamos el día de hoy. Sombreros de estilo de las décadas de los cincuenta, que ella vestía en los años sesenta y setenta del siglo pasado.
Con el paso de los años Maier parece haberse amargado, al menos eso se resalta en ambos documentales, sus fotografías comenzaron a incluir el contenido de los botes de basura y encabezados de diarios, no por ello menos artísticas, pero si muestran un lado más sombrío. Los dos documentales pintan a una mujer adulta obsesiva, sola y hasta violenta en esos últimos años de servicio y como una especie de indigente hacía el final de su vida, que acumulaba toda una serie de objetos periódicos y sus fotografías, reveladas y sin revelar. Los hermanos Ginzburg, a los cuales Vivian había cuidado de niños, se encargaron de pagarle la renta de un pequeño departamento en una zona modesta de Chicago.
Lo más curioso y trágico es que cuando Maloof, Slattery y Prow compraron aquel primer lote de fotografías, Vivian Maier aún vivía, aunque ninguno de ellos lo supo, solo hasta que tras su muerte Slattery y Maloof leyeron su obituario en Internet. La fotógrafa fantasma murió a consecuencia de un golpe tras una caída el 21 de abril de 2009 en la pobreza y con vecinos que la creían loca, uno más de los personajes que muchas veces ella misma fotografió.
Maloof ha dedicado buena parte de su tiempo y dinero a dar a conocer el trabajo de Vivian Maier y la calidad de su obra.

publicado en mamaejecutiva.net el 17 de octubre de 2016

lunes, 16 de febrero de 2015

Gerda Taro, testimonio congelado.




La primera fotoperiodista en retratar la guerra desde la línea de fuego. Una valiente mujer con un ojo de oro y apasionada vida.
Armando Enríquez Vázquez.
Hay imágenes que una vez vistas son difíciles de borrar de la memoria y del alma. Así es para mí la fotografía de la miliciana de las fuerzas de la República Española que entrena en una playa cercana a Barcelona, durante la Guerra Civil captada por el ojo de aquella “pequeña rubia” como la llamaban, que se paseaba en el frente de la guerra civil española capturando las imágenes que contaran al mundo los horrores y las alegrías de un conflicto armado entre hermanos.
La fotografía tiene la sencillez que la hace enorme, es sólo el perfil de una mujer vestida de color oscuro, con una rodilla en tierra y mirando al horizonte mientras apunta su pistola, pantalones con un enorme dobladillo y unos zapatos de pequeño tacón, que muestran su condición de mujer armada. La fotografía está tomada al ras de la arena. Femineidad y determinación, la fotografía define no sólo a la miliciana sino a la mujer del otro lado de la cámara.
El primero de agosto de 1910 en Stuttgart nació Gerta Pohorylle. Su familia de origen judía pertenecía a la clase media y ella atendió a una escuela privada suiza. Al final de su adolescencia en 1929, la familia se mudó a la ciudad de Leipzig, tanto Gerta como sus hermanos se manifestaron en contra del creciente movimiento del nacional-socialismo y en marzo de 1933 fue detenida y encarcelada por repartir propaganda comunista. El nazismo había llegado al poder en enero de ese año y cautelosamente liberó a prisioneros que en el futuro serían enviados a los campos de exterminio. Gerta salió de prisión y de Alemania a finales de septiembre de 1933 y se instaló en Paris.



Nunca volvió a ver a su familia que con el paso de los años murió víctima del Nazismo.
En Paris, Gerta comenzó a trabajar como asistente y secretaria del psicoanalista René Spitz y se relacionó con los grupos antifascistas franceses donde se dice conoció a otros exiliados alemanes como Walter Benjamin y Joseph Roth. En el círculo de artistas e intelectuales antifascistas Gerta conoció al fotógrafo Fred Stein y a su esposa Lisolette con los que vivió y de los que obtuvo sus primeras lecciones en el arte de la fotografía,
En 1935 conoció a un joven húngaro que lo mismo que ella abandonó su país huyendo de una dictadura, su nombre es Endre Ernö Friedmann, un fotógrafo de origen judío también.
Ruth Cerf amiga de Gerta conoció al fotógrafo que le pidió posar para unas fotos que el joven debía hacer para un brochure publicitario de una compañía suiza de seguros. Como Ruth no confiaba en el húngaro decidió pedirle a Gerta que la acompañara a la sesión fotográfica. Gerta y Endre se enamoraron. Gerta trabajó al mismo tiempo como asistente de Friedmann y de la fotógrafa María Eisner. Endre y Gerta vivían juntos cuando a principios de 1936 Gerta consiguió su acreditación oficial como fotoperiodista trabajando para la agencia holandesa ABC Press- Service.
La pareja ideó una manera de poder posicionar su trabajo, en un mercado que era muy competitivo, decidieron crear a un personaje; un fotógrafo norteamericano viejo y que desconocido en gran parte de Europa, ambos firmaron su trabajo con aquel nombre de Robert Capa. El ficticio personaje logró vender su trabajo por tres veces el precio que Endre lo hacía. La impostura no duró mucho, ellos mismos se encargaron de develarla, pero Endre decidió adoptar el seudónimo y es con el nombre de Robert Capa con el que pasó a la historia. Gerta, por su parte, decidió buscar también un seudónimo para ella y adoptó el de Gerda Taro, en honor a un artista japonés al que conoció en sus años en Paris; Taro Okamoto. Algunas fuentes también especulan que el sinónimo además del artista japonés estuvo inspirado en la actriz Greta Garbo.
A mediados de ese año estalló el conflicto civil en España y la pareja no tardó mucho tiempo en acreditarse y viajar a España. De ese viaje es la fotografía de la miliciana española entrenando en la playa. También en ese primer viaje los fotógrafos sintieron el vientecillo que deja el paso de la muerte, cuando el avión en el que viajaban se estrelló en las cercanías de Barcelona. Ambos junto con el también fotógrafo David Seymour conocido como Chim resultaron con heridas muy menores. Capa y Taro trabajaron en un principio para la agencia VU. En los dos meses siguientes la pareja recorrió gran parte de España documentando la guerra con sus cámaras y firmando sus fotos como Capa & Taro. La pareja regresó a Francia y Gerda viajó a su vez a Nápoles para visitar a un amigo.
Capa y Taro regresaron a España a principios de 1937. Gerda comenzó a cobrar independencia en su trabajo y a ser reconocida de manera individual e independiente a Capa, por lo que también comenzó a firmar sus fotos con su nombre, como Taro Photo. En marzo de 1937 Capa regresó a Paris y Taro permaneció en España por su cuenta. Gerda rechazó la propuesta de matrimonio de Capa. La Pequeña Rubia conoció entonces a muchos de los intelectuales que participaban en las Brigadas Internacionales que sabían que la lucha en España era muy importante porque los italianos y alemanes utilizaban a España como un laboratorio, como el caldo cultivo de algo mucho más grande como el resto del mundo habría de comprobar años más tarde.
Gerda y Capa trabajaron de nuevo juntos fotografiando la ofensiva republicana en Navacerrada.
Taro conoció a Hemingway, a George Orwell y a André Malraux. Tomó fotos de la derrota de las fuerzas de Mussolini en Guadalajara. Viajó a mediados de julio a Paris, celebró la toma de La Bastilla y rápidamente regresó a España. Había estado cubriendo el frente de Brunete que los franquistas habían declarado tener bajo su poder, las fotografías de Taro demostraron al mundo lo contrario. A su lado en ese tiempo se encontraba siempre el periodista canadiense Ted Allan. Sin embargo para finales de mes los franquistas lanzaron una ofensiva sobre Brunete que puso a las fuerzas republicanas en desbandada tras largas horas de batalla. Taro y Allan permanecieron en el pueblo documentando la fuerza de la batalla y llegado el momento se dispusieron a huir. Subieron al estribo de un carro y Taro iba tratando de tomar fotos, cuando un tanque republicano embistió el carro en el caos de la retirada. Gerda Taro fue lanzada al suelo y el tanque la arrolló. De inmediato ella y Allan fueron llevados a un hospital, Gerda sostenía sus intestinos entre sus manos. Fue operada en el hospital pero todo fue en vano, la joven fotógrafa que estaba a tres días de cumplir 27 años agonizó toda la noche y murió a la mañana siguiente. Se convirtió asi en la primera fotoperiodista en morir realizando su trabajo.



Sus últimas palabras de acuerdo con una enfermera fueron; ¿Alguién recogió mi cámara?
Lo cierto es que nadie nunca recuperó las últimas fotografías de la joven fotografa. Rafael Alberti y su esposa recogieron el cadáver de Taro y se encargaron de llevarlo a la frontera. El escritor francés Paul Nizan lo llevo hasta Paris y el partido comunista francés se encargó de hacerle un funeral digno de un héroe.
Unos días antes de su muerte en un momento sombrío Taro dijo:
-Cuando piensa en toda esa gente que conocimos y ha muerto en esa ofensiva, tienes el sentimiento de que vivir es algo desleal.
Además de su trabajo, la imagen de la pequeña rubia nos llega en diferentes fotografías, unas que tomadas por Capa y otras que alguien tomó de la pareja en diferentes momentos. Se ve una mujer entregada, apasionada, sonriente, sensual guiñando un ojo en una. Al lado de un miliciano ocultándose de las balas enemigas tras una pared o roca, mirando a los aviones que bombardean Córdoba, en otra. Una de las últimas fotos que existen de la fotógrafa la muestra dormida en pijama en la cama de un hotel. La última es la de su cuerpo inerte en una camilla en el Hospital Inglés El Goloso, cercano al Escorial donde la joven fotógrafa murió. 
Se dice que Capa jamás hablo de Taro. Que muchos años después Ted Allan escribió que habían sido amantes al momento de morir la fotógrafa.
En 2010 un hombre llamado Fernando Cambronero Tornero, contó al diario español que el conductor del tanque que atropelló a Taro fue un hombre llamado Aníbal González que había sido amigo y compañero de armas del tío de Fernando.
Capa murió en 1954, en la guerra de Indochina al pisar una mina. La figura de Taro fue confundiéndose por momentos con la del húngaro y por momento pareció desaparecer, hasta que a finales del siglo pasado aparecieron unas caja con negativos de Capa, Taro y Chim de la guerra civil, las cajas se conocen como La Maleta Mexicana, por haber aparecido en nuestro país, al que entraron en una valija diplomática, que ha hecho revalorar el trabajo de Gerda Taro.

Existe un documental mexicano llamado La Maleta Mexicana que cuenta como se encontraron estos negativos y nos cuenta la historia de los fotógrafos y de una España que aun hoy no sabe cómo enfrentar esa guerra en la que más 300,000 hermanos se mataron entre ellos.

Publicado en mamaejecutiva.net el 9 de febrero de 2015
imagenes:      state of fred stein.
                     es.wikipedia.org
                     icp.org