jueves, 29 de mayo de 2014

Ese extraño placer llamado lectura.





La lectura es algo que los mexicanos no practicamos, somos detractores del libro y lo que este objeto representa, sin embargo el poder acercarnos a este hábito podría cambiar los patrones de pobreza del país.

Armando Enríquez Vázquez

Los mexicanos leemos casi tres libros al año, de acuerdo con la más reciente encuesta nacional de lectura efectuada por la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (CANIEM), dada a conocer el pasado 30 de abril durante la exposición de la CANIEM en el WTC de la Ciudad de México.
El promedio anual de lectura apenas se incrementó en los últimos ocho años de manera insignificante. En 2006 los mexicanos leíamos 2.60 libros al año y ahora ese promedio es de 2.94 Otro índice del fenómeno lo dio a conocer la UNESCO el año pasado durante la celebración del día del libro que se celebra el 23 de abril, según el organismo mundial México ocupó el lugar 107 en lectura de 108 países estudiados.
En España se leen un promedio de 7.5 libros al año y en Alemania de 12. Suecia es el país que más lee en el mundo. El 91% de la población en Japón lee, 12% en Argentina, el 18% en Chile. En México sólo el 2%.
28%  de los mexicanos ha leído un libro en su vida. 19.7% ha comprado un libro al año, sólo el 35% de los mexicanos tiene más de diez libros en casa. El 33.5% de la población no lee y existe una librería por cada 85,000 habitantes.
Los números son fríos, duros, claros. Pero los libros no los son y en México desde las entrañas de nuestro muy deteriorado sistema escolar se han encargado de que los mexicanos no leamos. Que veamos el hábito de la lectura como algo inútil, tedioso, cuya única función es ayudar a los estudiantes a lograr una calificación aprobatoria y después olvidar para siempre en un cajón al libro y sobre todo su contenido.
En 1921, José Vasconcelos se convirtió en el primer Secretario de Educación Pública y durante su gestión se editaron varios de los clásicos de la literatura universal para ser repartidos a los nuevos mexicanos surgidos de la revolución, el problema como siempre en este tipo de asuntos es que a lo mejor Platón no es la mejor manera de invitar a todo mundo a adquirir el hábito de la lectura.
En las últimas décadas se han creado espacios y campañas que han intentado promover la lectura en especial entre los niños y jóvenes mexicanos. Desgraciadamente cuando asistimos a las ferias del libro muchas veces nos topamos con cientos de estudiantes, que una vez más fueron, enviados por los maestros y directores de las escuelas para poder lograr unos míseros puntos que los salven de reprobar la materia de literatura. Nadie los guía o les abre las páginas de un libro para invitarlos a convertirse en lectores. Las ferias también están llenas de padres que ven a los libros como curiosidades y prefieren comprarle al hijo un rompecabezas en el mejor de los casos, cuando no una Coca Cola, un sándwich y una bolsa de palomitas.
En cuanto a las campañas a veces exaltan puntos de la lectura que son un mito y no la hacen atractiva. Por ejemplo, esa patraña de que la lectura tiene como resultado una buena ortografía en el lector, si eso fuera cierto nadie escribiría manuales de ortografía. Es claro que un libro sobre la cultura maya, me hará entender mejor a los antiguos habitantes del sur del país, que uno de mecánica me ayudará a comprender el funcionamiento de las cosas e incluso a componerlas, pero la literatura no tiene ningún valor tangible y los mundos que abre al lector son únicos y personales. Leer, claro que no sólo se refiere a la literatura y mucho menos a que todos los niños o adolescentes deban leer a fuerza la Divina Comedia, El Quijote o la Iliada. Alguna vez Jorge Ibargüengoitia aclaró que a pesar de los mitos de la utilidad que le atribuyen a la literatura él jamás dijo al terminar de leer un libro, y ponía el ejemplo de Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós, que bueno que leí este libro por ahora si ya sé cómo enfrentar este problema.  
Por otro lado escuché alguna vez a Paco Ignacio Taibo II decir que el hecho de que una joven de Peralvillo se vuelva por unas horas una princesa turca medio puta, le cambia la perspectiva de vida y le saca de su realidad.
El mejor caso de promoción de la lectura que hemos visto en los últimos quince años sucedió en un principio no por un  fenómeno de publicidad si no por un libro que se empezó a ser leído por los jóvenes y niños ingleses que se llamó Harry Potter y la piedra filosofal, indudablemente que después estuvo apoyada por una gran campaña de mercadotecnia pero la saga de libros tiene algo que hizo a una generación, hoy de jóvenes volver a leer libros y separarse por un momento de los aparatos de televisión. La mejor promoción es clara poner en las manos de nuestros jóvenes un libro, sin fijarle ninguna obligación o tarea al finalizar de leerlo.
Promover la lectura es qué como padres nuestros hijos nos vean leer, que leamos lo que ellos leen y formemos parte de esas aventuras que a ellos emocionan y que les enseñemos que si es cierto que existe la literatura que es disfrutable y que existen otro tipo de libros que en los que podemos aprender, entender y saber de temas que nos gustan, nos llaman la atención o simplemente nos dan curiosidad.
Probablemente leer no sea un factor que por sí mismo detone la economía del país, aunque pensándolo del lado de un empresario promover la lectura en México de manera exitosa puede crear un mercado potencial de más de 100 millones de personas de las cuales algunas compran más de un libro al año, y si no habrá que preguntarle a los editores de libros de texto para le enseñanza media de nuestro país como les va.
Pero leer sí crea personas menos ignorantes y con ganas de vivir de mejor manera, que buscan como alcanzar mejores estándares de vida, aunque únicamente sea tener dinero extra para poder comprar más libros.

publicado en blureport.com.mx el 26 de mayo de 2014
imagen: imgfave.com