viernes, 15 de enero de 2016

Chistes y sentido del humor.



Cuando algo resulta gracioso repásalo a conciencia en busca de una verdad oculta.

George Bernard Shaw,

Hace ya muchos años un conocido decía; no cuento chistes porque ya me los sé. Para todos, el chiste carece de chiste tras un tiempo, cuando ha agotado su novedad. El chiste es entones sólo un factor de socialización, no tiene nada que ver con una verdadera muestra de ingenio de una persona o de su sentido del humor, a menos de que esa persona se la creadora del chiste. El chiste cuenta con la memoria de las personas para existir.
Existe una gran diferencia entre crear y contar un chiste. Entre un chiste y el sentido del humor. El creador del chiste tiene la capacidad de observar una realidad y trastocarla de manera que resulte graciosa, ya sea a partir de un tema realmente banal o profundamente crítico. Crear un chiste requiere cierta agudeza mental, pero sobretodo requiere que se trate de una situación que se pueda transpolar en el tiempo y el espacio, que sea capaz de aceptar algunas transformaciones para adecuarse a diferentes grupos sociales y étnicos. Por ejemplo, los chistes que en América contamos acerca de españoles, en España se regionalizan a los gallegos y en Estados Unidos se refieren a los polacos.
El chiste puede pasar con pequeñas modificaciones no sólo de un país a otro, sino a través de las décadas aun cuando a pueda tender a parecer ingenuo a los de mayor edad pero causando la misma risa entre los más jóvenes que lo desconocen, que causó en su momento a quienes lo cuentan. Contar un chiste poco o nada nos dice del ingenio de una persona, en el mejor de los casos nos habla de su memoria, de su capacidad de retención. Nos habla de su necesidad de ser el centro de atención, de tener una audiencia que lo escuche. Son los comediantes de las reuniones sociales. El que crea un chiste demuestra talento, ingenio pero no por eso necesariamente demuestra sentido del humor. Muchos comediantes y escritores de sketches trabajan con formulas que han demostrado funcionar con las audiencias. 
El que escucha un chiste únicamente busca ser entretenido. Para eso prende la televisión o paga por un espectáculo. El chiste se convierte en un lugar común y sin embargo todos en algún momento del día buscamos ese chiste que nos dístense con una buena carcajada.
La palabra humorista describe a un personaje dedicado buscar el entretenimiento de los demás a través de chistes, situaciones y parodias y está totalmente alejado de aquellos que tienen sentido del humor.
Mientras que el sentido del humor no se limita a una línea escrita, a un dialogo, o a la memorización de situaciones o textos. El sentido del humor se manifiesta en la vida diaria de los que lo tienen y se expresa no como una búsqueda de un aplauso o una sonrisa. Cuando Groucho Marx escribió al renunciando al Friars Club, su audiencia eran sólo él y quienquiera que haya recibido la carta, quien seguramente debe haber estado más desconcertado que sonriente. Tampoco se le ocurrió a Bernard Shaw que su comentario al rechazar la invitación a una cena de vegetarianos trascendería, el dramaturgo inglés se limitó a decir. La simple idea de dos mil personas masticando apio al mismo tiempo me horrorizó. El desconcierto que estas actitudes y frases provocan tal vez la sonrisa del que los emite y en ocasiones de nadie más.
La risa pareciera ser el fin de ambas expresiones, pero eso no resulta del todo cierto.
Henri Bergson, en sus ensayos acerca de la risa explicó  se produce al romper con una continuidad. Un ejemplo, de esta estructura sucede en un microbús de la Ciudad de México. Un par de hombres disfrazados o pintados como payasos abordan el transporte, cada uno de ellos se posiciona en uno de los extremos del pasillo. El primero le grita al segundo:
-¡Oiga! ¿Usted sabe cómo hacen las vacas?
-¡Claro! – Responde, el otro hombre – Muuuuuu
- ¿Y los perros?
- ¡Guau! ¡Guau!
- Muy bien. ¿Y las ratas?
- ¡Saquen todo lo que traen! ¡Estos es un asalto!
En ese momento ambos supuestos payasos han sacado un par de pistolas y se disponen a desvalijar a todos los usuarios del transporte. Esto podría ser un chiste, pero, por ser realidad se convierte en un acto de macabro sentido del humor por parte de los asaltantes.
En la publicidad requerimos de más personas con ingenio que humoristas.

publicado en roastbrief.com.mx el 5 de octubre de 2015