martes, 19 de enero de 2016

Milunka Savic la militar más condecorada de la historia.



En un ejército de hombres, peleando codo a codo contra las fuerzas enemigas a su país esta mujer logró engañar a muchos haciéndose pasar por hombre.

Armando Enríquez Vázquez.

Entre el 30 de junio y el 8 de julio de 1913 se llevó a cabo la batalla de Bregalnica, entre los heridos en batalla se encontraba un valiente soldado serbio que había sido reclutado unos meses antes, pero que son duda había mostrado su valor y coraje en las primeras batallas de la segunda guerra de los Balcanes ganándose un par de condecoraciones. El soldado fue herido de gravedad al estallar una granada y fue llevado al hospital, ahí al momento de llevar a cabo las curaciones el médico militar habría de hacer un descubrimiento sorprendente: el soldado en cuestión era una mujer. Su nombre era Milunka Savic y no sería esa la última vez que participaría en el campo de batalla.
Milunka nació en 1890, en comunidad rural de Koprivnica, que de acuerdo con Wikipedia hoy cuenta con alrededor de 12 habitantes. En 1912, su hermano fue reclutado por el ejército serbio para combatir en contra de los otomanos, pero alguna enfermedad tenía el chico que Milunka decidió cortarse el cabello y adoptar la personalidad del hermano. Otros dicen que fue una oportunidad que le dio la vida para huir de la metódica rutina que conlleva la vida rural. El hecho es que Milunka se uniformó y se destacó como un soldado valiente y osado. Milunka no vio acción hasta 1913 cuando estalló la segunda guerra de los Balcanes, en la que los búlgaros enfrentaron a Grecia y Serbia. Tras el descubrimiento de su género y una vez que sus heridas sanaron Milunka fue llamada por su oficial a cargo.
Estaba claro para el militar qué si bien la joven había usurpado el lugar de su hermano, y había formado parte de un grupo en el que en teoría no había cabida para mujeres, también tenía claro que sus acciones en batalla eran mucho más valiosas que las de muchos de los hombres que estaban y habían estado bajo su mando. Así que le ofreció a Savic la oportunidad de incorporarse a los cuerpos de enfermeras del ejército serbio. La joven rechazó la oferta del superior y le pidió mantenerla de en el ejército donde ella se encontraba tan agusto. El oficial entonces le prometió pensarlo y darle una respuesta al siguiente día. Savic en posición de firmes le dijo a su superior que esperaría la decisión ahí mismo. Una hora después y con la militar aun en posición de firmes el oficial le comunicó que seguía siendo miembro del ejército serbio.
Durante la I Guerra Mundial Savic se distinguió como una de las soldados más valientes y audaces del ejército serbio, durante la batalla de Kolubara, Milunka armada con tres cananas llenas de granadas y un rifle irrumpió en las filas del ejército austro-húngaro, logrando hacer a mas veinte enemigos prisioneros y causando innumerables bajas en el enemigo arrojando granadas a diestra y siniestra, neutralizando así, las ametralladoras de los invasores de serbia. Esta acción le valió una Estrella Karadjordje, la máxima presea otorgada a los héroes de guerra serbios. Milenka resultó herida por las esquirlas de una granada enemiga y estuvo algunos meses en recuperación, a su regreso al frente la osada mujer se ganó su segunda Estrella al distinguirse en la batalla de Crna Reka donde gracias a una táctica similar a la que le ganó el apodo de La bombardera de Kolubara, Savic logró capturar a 23 soldados búlgaros. Después, como muchos serbios y siendo parte de un ejército que había sido reducido a menos de la mitad, huyó a Francia y se integró a las fuerzas franco-británicas que recuperaron Serbia.
Por su valor y hechos en la Guerra recibió condecoraciones de Francia, Inglaterra, Rusia y por su puesto del gobierno de su país. Fue la única mujer a la que se le otorgó La Cruz de Guerra de Francia con palma de oro. Todo esto la convierte en la militar más condecorada de la historia.
Una vez terminada la I Guerra Mundial. Milunka rechazó la oferta del gobierno francés de vivir en aquel país con una muy buena pensión y regresó a Serbia, se instaló en Belgrado; se casó, tuvo una hija, se divorció y adoptó a tres huérfanas de la guerra, trabajó como empleada postal y encargada de la limpieza en un banco entre muchos otros trabajos. Durante la II Guerra Mundial, dirigió un pequeño hospital para milicianos, cuando Serbia fue invadida por los nazis se negó a asistir a un banquete que daban los altos mandos Nazis, por lo que fue arrestada y pasó una gran parte de la guerra en el campo de concentración de Banjica.
Al terminar la II Guerra Mundial, el gobierno comunista de la recién formada Yugoslavia le concedió una miserable pensión y se olvidó de ella, hasta que en 1972 un periódico hizo un reportaje de las penosas condiciones en las que vivía Milunka, la presión de la opinión pública obligo al gobierno a concederle un pequeño departamento en el que Milunka murió el 5 de octubre de 1973, a la edad de 84 años.

publicado en mamaejecutiva.net el 12 de enero de 2016
imagen: badassoftheweek.com