viernes, 15 de abril de 2016

Una televisión que no sabe mirar y definir su negocio.




La televisión abierta mexicana parece no comprender el tamaño de la crisis que enfrenta, como tampoco parece comprender la oportunidad que le brinda la televisión digital terrestre con la multiplexación.

Armando Enríquez Vázquez.

A finales del año pasado, desapareció Cadena 3, con la promesa al estilo del General McArthur de regresar este año como una cadena nacional, la tercera de hecho, y hasta el momento lo único que podemos ver es la construcción de un bunker en avenida Universidad sur, que alojará, en teoría, a todo el Grupo Imagen multimedia; televisión, radio, periódico e internet.
Por las mismas fechas TV Azteca decidió cancelar algunas producciones de la empresa y liquidar a personas.
Televisa finalizó el año, despidiendo a una gran cantidad de técnicos, con la idea de robotizar sus estudios, como ha venido sucediendo en muchos medios a nivel internacional y acabando con algunas de sus producciones, entre ellas el icónico programa de Chabelo. La suma de los desempleados en el medio es muestra de lo que los directivos de las empresas se empeñan en negar y es que la televisión como medio no sólo enfrenta una crisis en materia de contenidos, si no más grave en su concepción misma.
Hace ya más de una década que la tecnología y el multitasking han ocasionado una reducción considerable en el número de personas involucradas en la producción de la televisión. Mientras que noticias y entretenimiento parecen alejarse de los esquemas limitantes de la pantalla de televisión al encontrar nuevas y más versátiles plataformas.
Antes un reportero precisaba de un camarógrafo y de un editor, cuando menos, para realizar su nota. Hoy en muchas ocasiones una sola persona realiza todas las funciones; escribe la nota, la graba como camarógrafo y desde luego la edita. En ocasiones maneja una moto y en caso de empresas multimedios como Imagen realiza la nota para todos los medios por el mismo precio. El personal que se necesita en un estudio es cada día menor y cuando se habla de estudios con cámaras robots, ni camarógrafos se necesitan.
Sólo las producciones de series y programas de ficción, como las telenovelas, o los eventos deportivos siguen requiriendo de crews de mayor tamaño, y, de cualquier forma, estos también, se han ido reduciendo con el paso de los años. La falta de calidad en los contenidos de nuestra televisión y la caída cada año mayor de la inversión de las marcas en la televisión abierta son parte de un mismo fenómeno y forman un círculo vicioso del que al parecer los ejecutivos de los medios no parecen percatarse; pues sordos y ciegos a la realidad creen que la televisión sigue siendo la misma de hace cincuenta años.
En México la situación de la televisión y su negocio fueron sui generis por las condiciones que el gobierno estatista impuso. Con la entrega de la televisión abierta privada por parte del presidente Luis Echeverría a Emilio Azcárraga Milmo, Televisa se acostumbró a que los mexicanos no decidían lo que querían ver, si no consumían lo que Azcárraga consideraba adecuado, divertido y funcional para la televisora y el régimen político. Las audiencias, como los electores de aquellos días, sólo podían escoger de una sola sopa, aunque no les gustara la sopa.
La televisión abierta mexicana parece no comprender el tamaño de la crisis que enfrenta, no valora la experiencia de otros países, como tampoco parece comprender la oportunidad que le brinda la televisión digital terrestre con la multiplexación. Tampoco entiende que en la actualidad el área de mayor crecimiento en audiencias en la televisión abierta a nivel mundial, son los deportes. En México, lo eventos deportivos se reducen al futbol soccer y al box, pero no hay interés por parte de los dueños de la televisión de promover otras disciplinas que tienen audiencia como el béisbol, el futbol americano y el basquetbol. Curiosamente una cadena de televisión de paga; ESPN, transmite con éxito partidos de la Liga del Pacífico de béisbol. En Internet las propuestas y coberturas de Clarovideo, en materia deportiva, demuestran que hay un mercado casi virgen en el campo de los deportes. En México la historia de éxito del futbol soccer está ligada a la historia de Televisa y la visión prepotente del corrupto Emilio Azcárraga Milmo. Hoy son muchos los jóvenes que rechazan las transmisiones deportivas de Televisa y las malas decisiones de los encargados del área de la empresa se reflejan en los constantes cambios de dichos encargados como hemos visto en los últimos años. Televisa que alguna vez fue la favorita en transmisiones deportivas ha visto decrecer su presencia en los hogares mexicanos reducida.
Hoy gracias la televisión digital terrestre las cadenas de televisión abierta multiplicaron sus opciones para brindar una variedad de contenidos a los mexicanos, sin embargo, ni TV Azteca, ni Televisa, y mucho menos la televisión pública, parecen aprovechar la nueva realidad, a excepción del Canal Once, como ya había comentado en otro texto.
Televisa parece apostar a la televisión de paga con Izzi y sin embargo la empresa tiene igual o más quejas por su mal servicio, tanto en Internet como en telefonía como los directivos de la televisora insistían en imputar a Telmex. Se dice que pronto América Móvil tendrá su cadena televisión de paga y entonces si podremos ver si Izzi es capaz de enfrentar la competencia.
Al igual que sucede en la publicidad, la televisión enfrenta hoy una crisis que obliga a los miembros del sector a reinventar tanto los modelos de negocios, como los de producción a pesar de la reticencia y necedad de los directivos, productores y vendedores de las televisoras. El gran fracaso de Cadena 3 se debió a la incapacidad de hacer rentable una señal de televisión; una oferta mediocre de contenidos, copia de las principales televisoras y una nula estrategia de ventas, el peor de los mundos posibles. La nula rentabilidad de una cadena de televisión era un asunto que hace veinte años era difícil de imaginar. En ese entonces, la televisión era una mina de oro y por eso Televisa, convertida en monopolio se opuso a reformas legales y sufrió terriblemente con la llegada de TV Azteca que curiosamente en materia de telenovelas logró lo que Televisa aseguraba imposible, la reinvención del género.
Hoy Televisa se ha convertido en muchas ocasiones en simple maquiladora y productora de franquicias y géneros que a otros le salen mucho mejor, incluida las telenovelas. La crisis está en los creadores de contenidos que se ven acorralados por incapaces vendedores de tiempo aire que quieren seguir usando esquemas obsoletos a estas alturas.
La incapacidad de venta de tiempo aire esta ligada a un asunto que parece ser incomprensible a los directivos de las televisoras y que es muy sencillo. Son las televisoras las que deben adapatarse a las exigencias de los nuevos espectadores y no al revés, de esto dependerá que tan triste sea la agonía de la televisión. 
Televisa menosprecio su negocio en busca de poder político, hoy tiene una telebancada encabezada por un senador panista y una Procuradora General de República. Emilio Azcárraga Milmo era de acuerdo con sus palabras un soldado del sistema, su hijo y directivos crearon a un presidente que parece ser un soldado de Televisa. Sin embargo, la esencia del negocio creado por el abuelo parece hoy haber perdido sentido.
TV Azteca que parece llevar la batuta en cuanto a la preferencia de las audiencias a nivel nacional, gracias a la calidad de algunas de sus producciones, ciertas propuestas y riesgos que ha tomado desde que se convirtió en una empresa privada, así como a una mejor selección en la compra de series y programas. Pero igual que Televisa cuenta con un brazo político que los representa en el poder legislativo y cuida de sus intereses.
La televisión abierta en el mundo se encuentra en una encrucijada definitoria. Sólo la visión y la audacia podrá salvar a empresas tan tímidas como las mexicanas.

publicado en roastbrief.com.mx el 18 de enero de 2016