martes, 17 de mayo de 2016

Bárbara McClintock, el maíz y el Nobel.



La primera mujer en recibir el premio Nobel en medicina sin compartirlo con nadie tuvo que luchar en contra del escepticismo y las críticas de la comunidad científica.
Armando Enríquez Vázquez
Si sabes que estas en el camino correcta, si tienes esa certeza interior, entonces nadie, ni nada te apartará del camino… no importa lo que digan.
Bárbara McClintock
El camino que llevó a Bárbara McClintock al premio Nobel de medicina, no fue un camino fácil, enfrentó las críticas, el escepticismo y las descalificaciones de muchos de sus colegas, a tal grado que Bárbara McClintock decidió dejar de publicar los resultados de sus investigaciones durante lustros.
Fue un camino lleno de piedras desde un inició cuando su madre se opuso a que la joven se dedicara a una carrera científica, pues eso le restaba atractivo para ser candidata al matrimonio. Bárbara contó con el apoyo de su padre, por lo que la futura ganadora del Premio Nobel inició sus estudios en botánica en la universidad de Cornell en 1919. La universidad no permitía a ninguna mujer estudiar la recién creada carrera de genética, lo que la obligó a optar por la escuela de agricultura de la misma universidad.  
Bárbara McClintock había nacido 17 años antes, el 16 de junio de 1902 en Hartford, Connecticut. Su nombre verdadero era Eleanor, pero desde su infancia fue llamada Bárbara. Al momento de su entrada a Cornell, en la universidad se llevaban a cabo investigaciones de vanguardia en materia de genética tanto en las famosas de moscas de la fruta, como en el maíz. Bárbara se apasionó con la citogenética del maíz, o sea la genética de la célula. Tras finalizar la carrera, la maestría y el doctorado en Cornell y ante la fascinación y los retos que Bárbara encontró en la planta del maíz, el simple hecho de que cada uno de los dientes de una mazorca es el resultado de una fertilización diferente, Barbará dedicó su vida a estudiar la planta, haciendo contribuciones en el campo de la genética que revolucionaron nuestro conocimiento acerca de la evolución. Entre las cosas que McClintock descubrió está que en ocasiones los cromosomas intercambian información genética en el momento de la reproducción. A lo largo de su vida, McClintock, recorrió diferentes países de Latinoamérica, incluyendo el nuestro, estudiando las plantas de maíz y clasificando los diferentes y tipos y razas de la misma.
En 1934, con el apoyo de una beca de la fundación Guggenheim viajó a Berlín con la idea de estudiar bajo la tutela del afamado genetista Kurt Stern. Sin embargo, a su llegada a la capital alemana McClintock se enteró de que frente ante la ola antisemita del gobierno de Hitler, Stern había abandonado Alemania. Bárbara terminó estudiando en el Instituto Botánico de Friburgo, pero no tardó en regresar a Estados Unidos, con un muy mal sabor de boca acerca de lo que pasaba políticamente en Alemania y como esto impactaba en la poca conversación de altura en la investigación científica:
La moral de los científicos es todo menos alentadora, No hay estudiantes de otros países. La situación política y sus devastadores resultados son más que obvios.
Esto para una mujer que años después también declaró:
Nunca pensé en detenerme y odio dormir. No puedo imaginar una vida mejor.
Debe sin duda haber resultado una verdadera pérdida de tiempo. De regreso en Estados Unidos se centró en el estudio del maíz, a partir de 1941 y hasta el final de su vida Bárbara McClintock trabajó en los laboratorios de Cold Spring Harbor, durante la década de los cuarenta publico ensayos en los que hablaba de sus descubrimientos, acerca de como ciertos genes eran responsables de activar o desactivar características físicas en las plantas y los granos de maíz. Muchos de los colegas se mostraron escépticos de sus investigaciones y no tardaron en descalificarla por lo que la investigadora decidió dejar de publicar los resultados de sus investigaciones. Durante esos años de hermetismo y dura investigación Bárbara McClintock descubrió los procesos y mecanismos genéticos que hacían posible esa activación o desactivación de características e identificó a los que llamó elementos, por diferenciarlos de los genes comunes, responsables de estas funciones. A pesar del silencio de McClintock y de la forma en que fue ignorada por muchos de sus colegas e instituciones, los resultados de sus primeras investigaciones comenzaron a ser confirmadas por importantes genetistas.
Sin importar las críticas y la resistencia de los círculos de investigación, Bárbara McClintock fue la tercera mujer en ser admitida como miembro en La Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos en 1944 y al año siguiente fue electa para presidir la Sociedad Genética del mismo país, convirtiéndose en la primera mujer en hacerlo.
Para 1965, año en que optó por el título de investigadora emérita de Cold Spring Harbor, su labor era más que reconocida a nivel mundial, los premios de reconocimiento comenzaron a serle otorgados. Entre los más importantes, en 1970 le fue otorgada la Medalla Nacional de la Ciencia de Estados Unidos, el mismo presidente Richard M. Nixon se la entregó, además McClintock fue la primera mujer en recibir esta medalla. En 1981, la Medalla Thomas Hunt Morgan de la Sociedad de Genetistas de Estados Unidos, en 1982 el premio Louisa Gross Horwitz, que otorga la Universidad de Columbia y finalmente en 1983 el Premio Nobel de medicina. McClintock se convirtió en la primera mujer en recibir el Nobel de Medicina sin compartirlo con nadie.
Bárbara McClintock fue una mujer que siempre atacó su trabajo con el entusiasmo de un niño, alguna vez escribió que siempre despertaba con la emoción de una niña frente a lo que le brindaba el nuevo día. En su discurso de aceptación del Premio Nobel, Bárbara McClintock expresó:
Parece injusto premiar a una persona que se ha divertido tanto a lo largo de los años, investigando las plantas de maíz para resolver problemas específicos.
Bárbara McClintock murió a los noventa años el 2 de septiembre de 1992.

publicado el 9 de mayo de 2016 en mamaejecutiva.net
imagen: wikipedia.org