sábado, 16 de julio de 2016

Peor que los diputados.



Enrique Peña Nieto no sólo ha desgastado la figura presidencial, la hizo añicos al ponerla por debajo de los legisladores.
Armando Enríquez Vázquez.

Cuando Enrique Peña Nieto anunció las reformas que habrían de modernizar a México todos pensamos que el dinamismo y la agilidad que iba a tomar el país iba a ser muy similar a los saltos sin ton ni son en las azoteas de los edificios del centro de la Cuidad de México, con los que el PRI anunciaba su regreso a Los Pinos con un presidente igual de vacío que su comercial.
El Presidente no se cansó en alabar, y curiosamente aun lo hace, alienado de la realidad en la que vive el país, a los cuatro vientos los beneficios de las reformas.
No han pasado ni siquiera tres años y las dichosas reformas se han desmoronado por la fragilidad en la que fueron cimentadas y el destiempo con las que fueron planeadas.
Tener un Congreso de la Unión que jamás ha sido crítico, que sólo sabe responder de manera servil a las ordenes del presidente, si no basta ver como políticos de supuesta alcurnia como César Camacho o Emilio Gamboa se vuelven obedientes siervos del ejecutivo, el último ejemplo lo vimos con el artículo 32 de la ley de transparencia.  Olvidando de plano que los poderes de la nación son independientes uno del otro y funcionan en ámbitos diferentes que permiten, en teoría que el país funcione sin ser una dictadura o la tiranía como lo concibe el PRI.
Esa actitud poco propositiva y de total sumisión del poder legislativo, así como el fuero que los protege y los hace mexicanos de otra categoría violando la Constitución, las canonjías y dietas exageradas de la que gozan, los llevó a por lustros ser los menos populares entre funcionarios e instituciones ante la población, por debajo de los cuerpos policiales y de la extinta policía judicial que por años se han dedicado a extorsionar, robar y golpear a los ciudadanos.
Hoy, ese primer sitio entre los menos populares le ha sido arrebatado a los legisladores, y nada menos que por el Presidente. Enrique Peña Nieto no sólo ha desgastado la figura presidencial, Peña Nieto ha traicionado a esa minoría que voto por él, ha traicionado los postulados del PRI, las instituciones que su partido creo en sus inicios y ha traicionado y defraudado a todos los mexicanos, no sólo por el grado de corrupción que él, su esposa y los miembros de su gabinete han mostrado en estos años de presidencia, no sólo por su defensa de la impunidad y su sumisión a grupos empresariales como OHL o Televisa, sino porque sus tan cacareadas reformas se han desplomado aun estando él al frente del poder ejecutivo de la Nación, provocando todo lo contrario al bienestar prometido.
Hoy que los maestros de la CNTE ya le tomaron de nueva cuenta la medida al gobierno, los del SNTE comienzan a mostrar su desacuerdo y decepción frente a una reforma que de educativa no tiene nada. Obligando al Secretario de Educación a sentarse a negociar, algo que hasta hace un mes no estaba dispuesto a hacer el funcionario. Hoy Aurelio Nuño tendría que estar dejando la secretaria por no haber sabido defender la reforma del presidente. No existen mejores escuelas, ni más apoyo al sistema de educación pública, solo un polvorín que puede estallar en toda la nación. La reforma educativa es un total fracaso.
Ni que decir de una reforma energética, esa a la que los mismos priístas se opusieron cuando en su momento la propusieron Vicente Fox y Felipe Calderón, que lejos de fortalecer la postura del gobierno en materia de petróleo y generación de energía eléctrica ha debilitado ha PEMEX, ha sido un fracaso total en materia de licitaciones y lejos de frenar la inflación como lo prometió Peña Nieto está a punto de generar una inflación no vista desde los tiempos de Ernesto Zedillo.
La reforma en telecomunicaciones ha resultado un verdadero fracaso. Hasta hoy no tenemos otra opción que no sea el duopolio. Nadie habla de ya de una tercera cadena que tiene siete meses de retraso en sus transmisiones. El ataque de Televisa, ordenando al IFT y al gobierno federal en contra de las empresas de Slim, tampoco ha fructificado, pero si ha permitido ver como la transparencia en el IFT es total, son y hacen lo que la televisora de San Ángel les ordena.
Tal vez la reforma que más ha funcionad sea la hacendaria, el problema es que la mayor recaudación no se ve en calles, hospitales, escuelas, ni nada, solamente en políticos más voraces y arrogantes.
En el plano internacional la imagen del gobierno de Peña Nieto esta realzada por la corrupción, la impunidad pero sobre todo por la falta de respeto por los derechos humanos y los asesinatos de civiles a lo largo de un sexenio que está muy lejos de haber revertido las cifras de la violencia del sexenio de Calderón.
En menos de dos años y medio Enrique Peña Nieto habrá pasado a la negra galería de los últimos ex presidentes de su partido. La gente lo abucheará en las calles y a él le valdrá totalmente, porque no ha tenido el valor.
Sin embargo, el daño que Peña nieto ha hecho a las instituciones del país, iniciando por el que le ha hecho a la presidencia serán difíciles de resanar. No tengo memoria, ni en tiempos del PRI, ni del Pan donde un presidente se hubiera dejado insultar por un miembro menor de la grey católica, como el homófobo cura sinaloense que a manera de insulto llamo al presidente homosexual por la aprobación de los matrimonios gay, como tampoco recuerdo a un Presidente de México al que un presidente de Estados Unidos le mostrará su incultura y le dictara catedra de la forma tan elegante como lo hizo el Presidente Obama durante la pasada Cumbre de los tres amigos. Para ser presidente no basta con ser el guapito del pueblo, hace falta por lo menos la astucia para no demostrar lo palurdo que se es.

publicado en bluereport.com.mx el 12 de julio de 2016