miércoles, 6 de julio de 2016

El Dandy; un burdo Juan Orol del siglo XXI.



El Dandy tiene aciertos en la trama, no todo es malo, pero lo mismo sucede con las películas de Orol y es lo menos que se puede esperar en una pretenciosa serie de setenta horas de duración.

Armando Enríquez Vázquez

En el mundo de la creación de contenidos de entretenimiento nacionales Televisa siempre tendrá el toque de Midas al revés y una de las más recientes muestras se da en un híbrido pretencioso, divertido de manera involuntaria y uno de los menos pensado que he visto en los últimos tiempos.
Hoy que las series y novelas del mercado latino hablan en muchas ocasiones sobre los problemas del narcotráfico y se hacen desde Colombia hasta México, Televisa aborda el tema desde la perspectiva más norteamericana posible, adaptando como es su costumbre una historia exitosa en otras naciones.
Donnie Brasco fue una película norteamericana estelarizada por Johnny Deep y Al Pacino. Dirigida por Mike Newell y escrita por Paul Attanasio, quien a su vez se basó en la novela Donnie Brasco: My Undercover Life in the Mafia. La historia real de un policía del FBI infiltrado en la mafia neoyorquina. La película fue un éxito y fue nominada al Oscar como la mejor adaptación de un teto al cine en 1998.
La película de Newell dura dos horas, la serie setenta, lo que la convierte en un esperpento entre la telenovela y la serie. Este simple hecho supone un reto para crear una serie que sea atractiva y cuya esencia y tensión no vaya caer. Televisa acostumbrada a crear melodramas muy simplones con una trama circular que permite al espectador retomar sus producciones a pesar de haberlas dejado de ver meses enteros, no supo resolver esos retos que ella misma se impuso al proponer la producción de este ladrillazo.
El Dandy, no es una serie que este a la altura de otras telenovelas mexicanas o colombianas acerca del tema. El Dandy parece haberse inspirado y celebrar la tradición del cine mexicano de gangsters que dirigió Juan Orol o el argentino José Che Bohr, un melodrama muy ramplón con grandes secuencias, momentos y personajes de humor involuntario, que el libro de Attanasio o la película de Newell.
El principal problema de la serie es la superficialidad y gratuidad con la que se plantean y resuelven las situaciones a lo largo de 70 capítulos que por momentos se encuentran entre Lagunilla mi barrio y Charros contra gangsters. La historia que tendría que importar, es la de José Montaño, profesor de derecho infiltrado por lo que viene a ser en la serie la Procuraduría General de la República en las bandas de crimen organizado de la Zona Rosa, dicho sea de paso, jamás se ve la Zona Rosa como a tal, a no ser en un una serie de viñetas que enlazan las secuencias y Tepito, es lo suficientemente floja para que en ocasiones hasta los guionistas hayan decidido hacer valer más la pena a los personajes secundarios y terciarios, sin haberse por darles una progresión lógica a lo largo de la serie. Más allá de los valores de producción que tampoco son nada del otro mundo, pero son superiores a la mayoría de las producciones de Televisa, la serie a pesar de emular el Cine de Orol, jamás será como el original director español, en gran parte por su aires de pretensión.
El reparto encabezado por Alfonso Herrera en el papel de José Montaño / El Dandy, Damián Alcazar como El Chueco, el maleante que protege y apadrina a El Dandy. Itahisa Machado como Leticia la esposa de José Montaño, Dagoberto Gama como El Negro, el principal capo de la Zona Rosa y Hernán Mendoza como La Güera el amo de Tepito y ex socio del Negro. Dentro de lo gris de la serie vale la pena resaltar el trabajo de Hernán Mendoza que le imprime una gran personalidad a su personaje a pesar de lo malo del guión y la pésima evolución dramática de su personaje, lo mismo sucede con la actriz Fátima Molina, Deyanira la hija del Negro en la serie, a quien le debieron de haber enseñado a golpear porque esa parte si resulta no sólo hilarante, sino hasta patética y demerita el trabajo que hace a lo largo de la serie como hija del capo de la Zona Rosa. El último capítulo es sin duda la síntesis de todas las incongruencias de la serie; la secuencia de los hechos y su desarrollo no puede ser más inconexa y gratuita. No la cuento, no porque le arruine la serie a alguien, más bien quiero que rían y se indignen como me sucedió ante la improvisada y casi amateur forma de solucionar todo.
Actores tan mediocres y estereotipados repitiendo los personajes que han hecho toda su vida como Luis de Alba quien interpreta a un presidente municipal de la costa corrupto, poco ayudan a la serie. Y Así como el trabajo de Herrera, Alcázar, Mendoza, Molina, Julia Urbini, que hace el papel de la hija adolescente de Montaño, sobresalen e intentan imprimir credibilidad a la serie, la sobreactuación y miscasting de otros personajes de trascendencia en la serie nos regresan a Orol y sus diálogos. Por ejemplo, el actor Alejandro de Marino que interpreta a El Menonita, hijo de la Güera, hace un trabajo sobreactuado y malo que lleva lo que se supone un melodrama al extremo de la farsa de tan sobreactuado, lo mismo sucede con la actriz, Amorita Rasgado que interpreta a la hija de El Chueco, cuya mirada inalterable de sicópata la hace ver como algo totalmente diferente a lo que su personaje en la serie es. 
El Dandy tiene aciertos en la trama, no todo es malo, pero lo mismo sucede con las películas de Orol y es lo menos que se puede esperar en una pretenciosa serie cuya primera temporada tiene setenta horas de duración. La muerte de diferentes personajes que creemos principales a lo largo de la trama es algo que no siempre sucede en la pantalla de televisión nacional más acostumbrada a la autocomplacencia. El personaje y trascendencia de El Mayor, es sin duda una agradable sorpresa en una televisión acostumbrada a la censura y a la autocensura. Hablando de autocensura, esta se da en las escenas relacionadas con sexo; las bailarinas del table no salen desnudas, lo mismo sucede en la gran mayoría de las escenas de relaciones sexuales. Ese falso pudor con tintes de moralina tan deleznable y que sí tiene el tiempo para criticar a los demás por hacer lo que ellos no se atreven, pero plantean en sus guiones, eso que es realmente pornografía pues detrás de él se esconde una mente tergiversada y siniestra.
En las películas de Juan Orol no había sangre en los muertos, el director español argumentaba que para qué sangre si la gente sabía perfectamente que estaban muertos. Así, El Dandy, da por sentado que el espectador conoce perfectamente el mundo de las drogas y por lo tanto evita hablar del surgimiento de nuevas cabezas en las mafias, las venganzas parecen bromas y desenfundar un arma es tan sólo un pretexto, cuando los escritores necesitan subir la tensión de la secuencia, sin que esto represente una acción determinante.
El Dandy es sólo otra muestra más de que para los directivos de Televisa, las versiones light de las franquicias e ideas que compran son lo que a los mexicanos nos gusta consumir sin atreverse a darse cuenta que es lo que su deformada mente y actitud los tiene acostumbrados a ellos.

publicado el 4 de abril de 2016 en roastbrief.com.mx
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