martes, 27 de diciembre de 2016

Autocomplacencia, negación; lecciones para el futuro de la TV abierta en México.



El tema parece repetitivo y lo es, pero la gravedad del asunto es tal que no sólo afecta a Televisa, empresa, que por otro lado, no merece un mejor destino.

Armando Enríquez Vázquez.

Lo que alguna vez, fue una de las empresas de comunicación hispanohablantes más emblemáticas a nivel mundial, y sobre todo a nivel de los países del continente americano, se enfrenta en 2016 a los más sonoros fracasos desde su creación, debidos a la soberbia de sus ejecutivos, a la ceguera de sus directivos y la forma más burda de querer engañar a audiencias y clientes: cambiar, sin realmente cambiar nada.
El último gran golpe a Televisa vino de la compañía nacional de televisión por cable, Megacable que decidió cancelar la transmisión en su sistema de todos los canales de paga de Televisa. Esto de acuerdo con la información del diario El Financiero puede representar hasta 5% menos en las ganancias por contenidos para la empresa de Azcárraga Jean y hasta un 2.5% por contenidos para televisión, eso sin contar que las acciones de la empresa cayeron más del 7% en tan sólo una semana. Y como puntilla a la crisis, Televisa ya no sabe siquiera como hacer telenovelas; Univisión anunció que ya no le interesan los contenidos de las telenovelas de Televisa que ponen a la cadena americana en clara desventaja con Telemundo, su competencia, porque a nadie en Estados Unidos le interesan los temas idiotas de las telenovelas de Televisa y han amenazado a la empresa mexicana con cancelar sus contratos, lo que sin duda sería otro duro golpe a una empresa que arrogante y soberbia no convence a nadie hoy en día.
Los pasillos de los foros de la otrora empresa productora de contenidos más importante de Latinoamérica, se ven ahora a la mitad de su actividad, cuando no vacíos. Los recortes han afectado a casi todos los niveles de la empresa. La poca capacidad de reconocer como cambió el entorno solo los ha llevado a lo largo de los últimos años a perder audiencias y negocio, como ya he comentado en otras ocasiones.
El tema parece repetitivo y lo es, pero la gravedad del asunto es tal que no sólo afecta a Televisa, empresa, que por otro lado, no merece un mejor destino después de décadas de manipulación, soberbia y arrogancia, afecta a casas productoras y agencias de publicidad por igual. Afecta a productores actores y técnicos que han sido despedidos de la empresa y a todos aquellos que indirectamente dependen de la empresa. La soberbia y sapiencia entre los directivos de medios de comunicación es lo que asusta pues hasta el momento ninguno de los tres principales generadores de contenidos de televisión de nuestro país ha logrado ser eficiente y triunfador. Baste recordar que hace un año a señal del Cadena3 salió del aire después de siete años de no dar una en la programación y por lo tanto no poder generar ingresos para mantener la señal al aire.
Pero por otro lado Televisa hace muchos años dejó de competir. En las oficinas y cubículos de la empresa la palabra se desconoce. A Televisa no le interesaron durante muchos años las audiencias, pues al ser un monopolio no tenía problemas de anunciantes. Durante décadas el famoso plan francés fue una forma autoritaria y unilateral de explotar a los anunciantes y de tener ganancias de la manera más burda y jodida en la que un medio puede obligar a sus clientes. La llegada de TV Azteca los sacudió en un principio, pero el contubernio entre las dos empresas para tener programaciones calcadas una de la otra, regresó a Televisa a sentirse invencible. Lo cierto es que hoy, sí Televisa es incapaz de generar contenidos atractivos, a nadie le interesa anunciarse entonces en esas señales. Lo cual es algo increíble para los directivos de la empresa.
Esa mentalidad impidió a Televisa desarrollar y buscar a buenos generadores de contenidos para sus espacios, a creativos verdaderos, lo único que la empresa supo desarrollar fue un aparato burocrático autocomplaciente que perdió la objetividad sobre las toneladas de basura y vulgaridad producidas en sus señales. Un aparato burocrático que terminó sin preocuparse de los chistes de género, la apología del machismo de sus programas, la discriminación social y el clasismo de sus contenidos. Un equipo de noticias más papista que el papa y ante cuyo sesgo informativo, aquel periódico del gobierno que se llamaba El Nacional se hubiera ruborizado de tanta impudicia.
Así que el hecho de que Televisa, sus ejecutivos, sus productores y sus informadores paguen hoy su ceguera, su incapacidad por anticipar el futuro, su falta de visón de su propio negocio, está más que merecida. Lo malo es como la crisis del, una vez, gigante de los medios de comunicación repercute en otros negocios que durante más de treinta años vivieron a merced de las imposiciones y disparates de los directivos de la empresa. Cómo afecta en la mentalidad y el ánimo de muchos que no están dispuestos a reconocer que es el momento de salir de su zona de confort.
De las señales de televisión abierta, ni canal 9, ni ForoTV deben ser rentables para Televisa, y de sus señales de paga parece que ninguna, pues no hubo queja alguna entre los clientes de Megacable por la desaparición en sus televisores de canales como Bandamax o Telehit, verdaderos vertederos de la estupidez que ha permitido Televisa a lo largo de décadas.
No sé si Televisa este condenado a desaparecer. No sé si Azcárraga Jean tiene algo de sentido común y la voluntad para deshacerse de los vicepresidentes que han dañado a su empresa en los últimos años, lo que queda claro es que o no parece importarle o es incapaz de ver que su barco está haciendo agua a niveles que otros empresarios de otras regiones estarían alarmados por su falta de respuesta eficiente.
Tanto TV Azteca como la no nata Imagen TV deben aprender de los errores cometidos por lo que alguna vez y gracias a lo dadivoso de Luis Echeverría fue el más imponente medio de comunicación y deberían estar centrados en hacer propuestas que sean realmente atractivas para las audiencias porque cada día estas son más exigentes y menos complacientes.
Productores, escritores y creadores deben comenzar a ver más allá de las historias de sirvientas que llegan a ricas potentadas por el amor de un mirrey.
¿Las agencias de publicidad, las casas productoras y las marcas están listas para buscar nuevas oportunidades para llevar a cabo su actividad? o como la televisión abierta estén listos para dejar el camino a otros más eficientes, más propositivos, los mercadólogos, por ejemplo.


publicado en roastbrief.com.mx el 19 de septiembre de 2016