miércoles, 19 de abril de 2017

Una lección de relaciones públicas.




Si en lugar de Presidente Peña Nieto fuera una marca hace ya muchos años que habría desaparecido.

Armando Enríquez Vázquez.

No me voy a meter en un asunto político, o tal vez sólo un poco, ya que como decía Aristóteles: El Hombre es un animal político. De lo que sí se trata es de una cuestión de mercadotecnia política, de imagen y de relaciones públicas.
Por un momento pensemos en Enrique Peña Nieto, no como político, ni siquiera como Presidente, si no como una marca y en sus asesores como sus publicistas. Al final de cuentas hay mucha verdad en esta sencilla relación. Tomando en cuenta los índices de rechazo al presidente basta decir que alguien está haciendo muy mal su trabajo y al final el producto no está vendiéndose de manera óptima entre los compradores, en este caso entre los ciudadanos.
No es un problema de que el producto haya sido mal recibido desde un principio. Para muchos Peña Nieto era el candidato ideal. Es más, como ejemplo contrario, recordemos como en los años ochenta el caso de Carlos Salinas de Gortari resultaba desde el inicio un pésimo producto; con acusaciones de fraude electoral y de usurpación de la presidencia. Sin embargo, a la mitad del sexenio todos los mexicanos eran salinistas y se percibía al producto (Carlos Salinas de Gortari), como un producto fuerte, asociado al éxito y crecimiento de México; un presidente que proyectaba al país hacía un futuro sin igual. Las cosas cambiaron una vez que dejó el cargo, pero los niveles de aceptación en la segunda parte de su gestión eran muy altos. Sus asesores hicieron un excelente trabajo y vendieron al personaje de la mejor manera. Incluso a los trajes del entonces presidente se le ponían hombreras y sus zapatos tenían tacones interiores para tratar de evitar la visión de un presidente de baja estatura y sin mucho garbo.
Eso no ha sucedido en los cuatro años próximos-pasados en nuestro país. Nunca un presidente de la República ha tenido tanto rechazo entre la ciudadanía como Enrique Peña Nieto. ¿Por qué? En parte debido a los pésimos asesores que tiene a la mano, por esos publirrelacionistas que pensaron que cualquier idea era brillante para vender a un presidente que no tiene una situación sencilla frente a él. Un presidente que se ha esforzado por no hacerse cercano a los mexicanos, porque sus asesores o él así lo han decidido. Un presidente al que desde hace muchos años al interior de su partido y desde Televisa se le impuso la figura de un modelo de comercial y a quien siguen diciéndole que sonreír desde un carrito para jugar golf lo hace popular y cercano a los mexicanos.
Pongamos el caso del presidente norteamericano. Barack Obama es en muchas cosas un caso contrario, el hecho que desde el principio la absurda política de lo políticamente incorrecto, lo convirtiera en un target casi imposible de crítica, porque a la primera de cambio se podía gritar racismo, solo hay que recordar el escándalo que se intentó hacer con la figura de Memín Pinguin. Ser negro lo convirtió en el producto ideal y poco vulnerable, le permitió poner en marcha mucho de lo que se propone Donald Trump en materia de política exterior en contra de los mexicanos y que lo hace tan impopular, sin que casi nadie se atreviera a levantar la voz en su contra. Incluso fue Obama quien permitió la venta de armas de todo tipo a los grupos criminales mexicanos.
En materia de política interior Obama al querer acercarse a los más radicales electores blancos, se sentaba a comer hamburguesas y no le dio ninguna vergüenza el mostrar a una de sus hijas trabajando como cualquier adolescente en un restaurante.
Aquí los asesores del presidente han demostrado su nula sensibilidad política y peor aún su desconocimiento de la realidad social mexicana. En los últimos discursos de Enrique Peña Nieto, pareciera que el pueblo de México tendría que ser empático con un presidente víctima, al más puro estilo de Francisco Labastida en la campaña del 2000 cuando el entonces candidato priísta a la presidencia se quejaba patéticamente que lo habían insultado. Peña Nieto parece estar acosado constantemente por su puesto. Discursos tan mal escritos y tan poco pensados que Enrique Peña Nieto parece un hombre perdido que necesita el consejo de la ciudadanía en lugar de ser el estadista que durante décadas ha requerido el país. No, los asesores de Peña Nieto han preferido mostrar a un hombre pusilánime y muy pequeño frente a los grandes retos que enfrenta México hoy y por consiguiente únicamente consiguen la molestia de los ciudadanos.
Quienes escriben los discursos de Peña Nieto prefieren que parezca un hombre lleno de pretextos, que un dirigente claro que puede explicar de manera desglosada y didáctica, sin mentiras, ni demagogia las medidas tomadas por el gobierno y que no parezcan un mero capricho, por el que no se tienen que resolver las dudas y el malestar de la ciudadanía.
La imagen de un político no se puede basar en un peinado, un traje y una dizque cara bonita, por lo menos hoy en México, eso ya no parece ser suficiente, el empaque necesita tener un contenido sustancioso, no estar lleno de solo aire.
No queda la menor duda de que en unos años cuando en un salón de clase acerca de manejo de imagen y de relaciones públicas de los políticos el caso Peña Nieto será sin duda uno ejemplo clásico de lo que no se debe hacer nunca para manejar y hacer popular a un político frente a sus gobernados. 

publicado el 9 de enero de 2017 en roastbrief.com.mx