miércoles, 19 de julio de 2017

El thriller político y la exageración al absurdo.



Tras la decepción del primer capítulo, decidí aceptar la premisa de la serie y continué viendo en espera de un giro de tuerca que me sorprendiera, pero no fue así.

Armando Enríquez Vázquez 

Contiene spoilers, seguir adelante es decisión del lector. Están advertidos.
En los últimos meses la imagen de nuestro país en las series extranjeras como uno gobernado por el narcotráfico y la impunidad ha llegado al límite entre lo grotesco y el humor involuntario. En la serie sueca Innan vi dör (Antes de que estemos muertos), el líder de la mafia serbia en Suecia lleva tatuado en el torso la cara de un supuesto narcotraficante mexicano que es su ídolo y probablemente haya sido amante del serbio. O la absurda serie canadiense, producida por CBC, titulada Pure, en juego de palabras entre la cocaína y las comunidades menonitas donde se desarrolla la acción, donde los miembros de esta religión que habitan en Chihuahua en nuestro país son narcotraficantes que esconden los paquetes de droga en los famosos quesos menonitas.
 No es raro que la imagen alcanzada gracias a la nota roja, pone a México en la mente de otros países, y de la ignorancia de escritores y productores en este caso de los canadienses, termine por crear estas sui generis por decir lo menos, llenas de un humor involuntario, acerca de nuestra lacerante realidad. Lo que si resulta extraño y hasta insultante es que una de las productoras más importantes de nuestro país se sume a la frivolización de la realidad política de nuestro país.
Me refiero a Argos y su nueva serie Ingobernable, título que apela a la situación rebelde de la primera dama del país Emilia Urquiza (Kate del Castillo) por un lado, y por el otro, a la situación real de México que parece vivir una ingobernabilidad planeada. Según lo planteado por la serie, esto ocurre desde los más oscuros rincones del poder.
En diciembre, Netflix y Argos lanzaron el primer tráiler de la serie, en el cual el presidente Diego Nava (Erik Hayser) en compañía de su esposa lanzaban un mensaje de año nuevo a las familias mexicanas, al final de la grabación, Emilia furiosa abandona la escena mientras el presidente como un verdadero imbécil se queda parado, los técnicos apagan las luces del set, siendo testigos de la impotencia y la poca fuerza del presidente. La analogía con la personalidad del verdadero presidente de México era clara. En el segundo tráiler se incluyó la presencia de Adela Micha y la idea que deja el promocional es la misma que el primero. Ingobernable prometía ser un drama inteligente sobre el poder en México. La visión mexicana de House of Cards. Los espectadores fueron engañados desde esos primeros bocadillos que se dieron de la serie. La idea de intrigas palaciegas y manipulaciones maquiavélicas terminó en una propuesta menos radical y más absurda, no sé si para bien, en mucho para mal: Una primera dama que es un híbrido entre heroína de Marvel y personaje descastado de la picaresca mexicana. Millones de espectadores se sintieron traicionados, entre ellos yo, al terminar de ver el primer capítulo de Ingobernable, cuya premisa es volver a Emilia Urquiza en nuestra muy mexicana Jack Bauer, dispuesta a aclarar y vengar la muerte del presidente Diego Nava, de la cual es injustamente acusada.
Tras la decepción del primer capítulo, decidí aceptar la premisa de la serie y continué viendo en espera de un giro de tuerca que me sorprendiera, pero no fue así, además de predicible y absurda Ingobernable terminó por divertirme y llamar mi atención, por lo maniqueo, lo absurdo de la trama y a pesar de innumerables incongruencias, un guión que a trompicones mantiene la acción, pero no logran opacar muchos momentos de buena actuación de Kate del Castillo, Eréndira Ibarra, Alberto Guerra, Marco Treviño, Tamara Mazarrasa y Fernando Lujan.
La receta trillada de uno contra el mundo funciona si pensamos por un instante que la narrativa de la serie intenta mostrar a una primera dama de la nación que creció en el seno de la oligarquía mexicana y que sin ninguna dificultad se adapta a la realidad de ser fugitiva y vivir en Tepito sin que la mujer parezca resentirlo con no ser por el hecho de no tener a sus hijos a su lado.
Los habitantes de Tepito de acuerdo a la visión de Ingobernable son personas duras, a las que las condiciones y la represión del gobierno ha vuelto hoscos y contestatarios, pero en el fondo son buenas personas, bueno casi todos. La metáfora de los desaparecidos de Ayotzinapa y las cárceles clandestinas son reflejo de una realidad que está acabando con México, pero todo se desdibuja cuando los personajes y el país se convierten en esas víctimas de conspiraciones secretas y planeadas más allá de la frontera norte y que sitúan al espectador lejos de todo lo que se prometía en el tráiler y muy cerca de la clase media chaquetera de nuestro país. Porque, por increíble que suene, una vez que la serie avanza hasta el presidente está lleno de buenas intenciones. Rodeado de agentes de la CIA y militares traidores. México, de acuerdo con la visión simplista de Epigmenio Ibarra, es víctima de la oligarquía, el ejército y Estados Unidos, no de los actos de los mexicanos. Para la serie ni siquiera es válido plantearse la responsabilidad que los mexicanos tenemos de nuestra propia realidad y para colmo quienes vienen a rescatar el país son Emilia Urquiza, miembro de esa oligarquía y una agente de la CIA arrepentida. ¿En serio, Sr. Ibarra? 
Es ese maniqueísmo de melodrama barato, de telenovela de Televisa, otro de los factores destruye a Ingobernable, donde la rudísima y déspota asesora y amante del Presidente Nava y agente de la CIA, Ana Vargas West (Eréndira Ibarra), de la noche a mañana resulta ser una ingenua jovencita burlada por los buitres que la contrataron y le entra de la nada el amor por México. El apellido mestizo del personaje también refleja esa bipolaridad. La serie está llena de secuencias de humor involuntario al más puro estilo de Juan Orol; La primera dama acompañada por cuatro civiles del barrio de Tepito y un hacker español acaban con una prisión clandestina dirigida por militares y paramilitares. Ana Vargas West, acaba con los mercenarios que trabajan para los oscuros intereses de empresarios americanos y militares mexicanos para liberar a la primera dama. El General Aguirre engatusado en un burdel por una mujer que se hace pasar por puta y la primera dama.
La serie tiene, también, aciertos; la duración de los capítulos, algunos momentos de las actuaciones, el ritmo de la narración y la dirección, que intentan hacer al espectador de la incongruencia y fragilidad del guión, pero no son suficientes para ocultar las fallas más obvias de la narrativa y de la evolución de algunos de los principales personajes. Epigmenio Ibarra apostó en esta ocasión a una campaña promocional que nada tiene que ver con la serie, a una mejor ejecución que a un guión sólido y verosímil. Llena de tramas menores totalmente estúpidas como la relación lesbiana de la hija del presidente con una abogada muy X interpretada de la manera más gris por Marianna Burelli, el abuso de los flashbacks, para aclarar cosas que no necesitan ser aclaradas, hacen de Ingobernable uno de las producciones más intrascendentes y malas de Argos.  
La importancia de Argos en la televisión mexicana en las últimas décadas es innegable, el camino que ha abierto a otras empresas tampoco puede negarse, ni la apertura de ciertos temas que se creían prohibidos en la televisión mexicana, como también es cierto que ingobernable es una de sus producciones más desafortunadas, menos congruentes, menos pensadas y deja un sabor de boca semi amargo muy extraño. Si hay o no segunda temporada de la serie la verdad es irrelevante y la habrá.

Publicado en roastbrief.com.mx el 3 de abril de 2017
imagen. netflix.com