martes, 18 de julio de 2017

Hermila Galindo feminismo ignorado por los diputados.




No existió una sola mujer que formara parte del constituyente de 1917, Hermila Galindo que había redactado la Doctrina Carranza, apeló en vano a los sordos oídos de los diputados a favor de los derechos de la mujer.
Armando Enríquez Vázquez.
Sí bien la Revolución Mexicana representó en lo general mejoras para la vida de los mexicanos, lo cierto es que dentro de los revolucionarios casi todos fueron unos machos que ignoraron a la mujer y sus derechos.
Las mujeres mexicanas tuvieron mayores avances en cuanto a libertad y derechos en los tiempos de Porfirio Díaz que en las primeras décadas del triunfo de la Revolución, existen aún aquellos que desde la ignorancia hablan de las mujeres revolucionarias limitándose a las abnegadas Adelitas y peor aún quienes dicen que las Adelitas eran una especie de prostitutas que viajaban en los trenes dando servicios y divirtiéndose con la soldadesca.
Muchos son los ejemplos de mujeres que desde su derecho a la libre expresión y su libertad a escoger una profesión lucharon contra la sociedad machista decimonónica, en algunos casos contra Porfirio Díaz y que más tarde fueron olvidadas y despreciadas por los ganadores de la revolución y los que oficialmente escribieron la Historia de México. Militares, historiadores, cronistas y machos mexicanos parecen haber hecho una revolución para un género y no para todos los mexicanos.
Entre esas grandes mujeres que prefirieron enfrentarse a la discriminación de género se encuentra una duranguense nacida en Villa Lerdo el 2 de junio de 1886. Su nombre Hermila Galindo. A los tres días de nacida Hermila quedó huérfana de madre. Parte de su infancia transcurrió en su poblado natal, mientras que otros, la niña y adolescente vivió en la Ciudad de Chihuahua, donde finalmente estudió y se graduó como telegrafista en la Escuela Industrial para Señoritas de Chihuahua. Cuando tenía trece años de edad murió su padre y Hermila comenzó a trabajar dando clases particulares de taquigrafía, mecanografía y español en Torreón, Lerdo y Gómez Palacios, más tarde comienza a trabajar como profesora en diferentes escuelas de Torreón.
Se sumó a la causa maderista y en 1911 se instaló en las Ciudad de México, donde trabajó como secretaria del General de División Eduardo Hay, uno de los hombres que iniciaron el movimiento al lado de Madero. Hay perdió un ojo en la Batalla de Casas Grandes y cuando Madero, finalmente ocupo la silla presidencial, Hay fue diputado.
Hermila se adhirió a un grupo político llamado Club Abraham González, y sus integrantes tras la caída de Victoriano huerta la nombran oradora para recibir a Venustiano Carranza a su entrada a la capital del País. Carranza quedó impresionado por el discurso de Hermila y la invitó a trabajar con él.
A partir de su trabajo con Carranza Hermila comenzó a publicar en diferentes diarios y a mostrar su ideología a favor del voto femenino y de los derechos de igualdad de la mujer. Hermila se convirtió entonces en conferencista y una de las voceras más destacadas de la propaganda del régimen constitucionalista. En 1915, el 16 de septiembre, apareció la revista semanal La Mujer Moderna, que fundó Galindo. En ella se abordaban no sólo temas calificados como femeninos como cuidados del hogar, moda y cocina sino temas políticos y columnas de opinión escritas por mujeres periodistas que rompieron con los roles típicos asignados a hombres. De 1919 a 1921 fue corresponsal en México de la revista feminista argentina Nuestra Causa. El 16 de septiembre de 1919, la revista La Mujer Moderna desapareció, tras cuatro años de publicación.
Durante los años del carrancismo Hermila Galindo habló en México y el extranjero en diferentes conferencias y congresos de corte feminista. Hermila no sólo abogaba por la igualdad de la mujer y por el voto femenino, temas controvertidos y satanizados en la época, también luchaba por la educación sexual y el derecho de la mujer a reconocer y valorar su cuerpo y sus instintos sexuales, lo que era mucho más controvertido en las primeras décadas del siglo XX.
El 16 de enero de 1917, Hermila Galindo presentó un texto ante el constituyente acerca de las leyes que debían hacer iguales a hombres y mujeres. Su trabajo para promover sus iniciativas comenzó en los meses finales de 1916. De acuerdo con Rosa María Valles Ruiz, quien publicó una extensa biografía de la pensadora y feminista titulada: Hermila Galindo. Sol de Libertad, Hermila declaró en una entrevista a un diario queretano llamado La Opinión, en un viaje que hizo en noviembre de 1916 para convencer a diputados de su propuesta, su optimismo en que el Constituyente daría a su iniciativa el valor de ley, a pesar de la oposición de los sectores más conservadores de la sociedad incluida la iglesia católica.
En su iniciativa Hermila Galindo declaraba: “Sería una injusticia grave, cometida por el Congreso Constituyente, que dejara a la mujer en el mismo grado de infelicidad en que hasta hoy se ha encontrado en lo que respecta a sus derechos políticos.”
De manera un tanto premonitoria también observo en caso de que su iniciativa no fuera tomada en cuenta por los legisladores: “…ellos se encargarán de justificar que la revolución no se ha hecho por ideales sino, como casi siempre, para favorecer los intereses de las castas y los sexos privilegiados.
Pero pudo más el machismo de los diputados constituyentes que la idea de reconocer la igualdad de la mujer y el derecho de las mujeres a votar y ser votadas. Habrían de pasar 36 años para que la mujer tuviera derecho universal a voto en México. Lo curioso es que la propuesta de Hermila no sólo encontró rechazo en parte de la mayoría de los diputados, sino también en algunas mujeres que pensaban que la Constitución no debía otorgar el voto a las mujeres. Pero tras la promulgación de la Constitución de 1917, la lucha de Hermila no cejó.
Quince días después de la proclamación de la independencia y haciendo uso de esos huecos de ley que no otorgaban la calidad del voto a la mujer, pero si al ciudadano definiendo a este como el mayor de edad con una forma honesta de ganarse la vida, Hermila Galindo se convirtió en candidata a diputada federal por el octavo distrito del Distrito Federal. Hermila perdió la elección y lo reconoció, y al hacerlo se promovió como censor del ganador, convirtiéndose en la primera censor legislativa, como se autodefinió, en México. También fue la persona que redactó lo que se conoce como la Doctrina Carranza y que marca los puntos de la política exterior del Presidente Constitucionalista.
Hermila Galindo fue una mujer de un carácter fuerte y que luchó por sus ideales y sus principios. Carranza para Hermila es el gran artífice de la legalidad de la Revolución y a pesar de ser leal siempre al coahuilense éste al final se sintió traicionado cuando percibió el apoyo de Hermila Galindo por Pablo González en lo que debería ser la transición democrática del país y que Carranza traicionó a su vez queriendo olvidar el principio de la no relección. El asesinato de Carranza en mayo de 1920 dejó a Hermila sumida en la depresión, la ira y con la sensación de indefensión.
A partir de ese momento renunció a la vida política. En 1923 se casó con Miguel Enríquez Topete un hombre aficionado al canto y adverso a la política. Las fotografías, publicadas en el libro de Valles Ruiz, de la época la muestran resignada, tal vez, hasta molesta, con gesto adusto y nada sonriente. Relegada y a pesar de que intentó publicar un par de libros Hermila desapareció por completo de la escena política, para reaparecer al final de su vida y gracias a su amistad con el presidente Adolfo Ruiz Cortines pronunció discursos y formó parte de la lucha que vería por fin en 1953 el reconocimiento del voto universal de las mujeres.

Hermila Galindo murió 19 de agosto de 1954 en la ciudad de México. Tenía 58 años.

publicado en mamaejecutiva.net el 11 de julio de 2017
imagen: elsiglodetorreon.om.mx