lunes, 23 de julio de 2018

Fascismo disfrazado de democracia.




Nada se interpone frente a la ambición de poder y los gobiernos fascistas parecen estar de regreso disfrazados de democracia. 

Armando Enríquez Vázquez

Tras leer una entrevista del periodista Andrew Rawnsley con la ex secretaria de estado de Estados Unidos, Madeleine Albright, publicada en The Guardian la semana pasada acerca del más reciente libro de la política norteamericana Fascism: a Warning.  Una idea Albright me llamó la atención.
El fascismo no es una ideología.” le confiesa a su entrevistador, “Creo que es un método, un sistema.”(1) En la entrevista y como extensión de su libro Albright habla de sus experiencias con el fascismo desde su infancia, la ex secretaria de estado nació en Praga en 1937 y en dos ocasiones sus padres huyeron de sistemas totalitarios migrando a países occidentales, con la invasión de Hitler a Checoeslovaquia se refugiaron en Inglaterra y tras el final de la II Guerra Mundial la familia regresó a Praga sólo para tener que huir de nueva cuenta esta vez del comunismo y pedir asilo en Estados Unidos. La ex secretaria sabe de lo que habla cuando escribe sobre el fascismo y como este está presente entre nosotros aún hoy en regímenes como el Nicaragua, Venezuela, Turquía, Corea del Norte y su incipiente llegada a Estados Unidos con Trump.
En la entrevista Albright dice al periodista inglés: “Trump es inteligente en verdad, con una inteligencia malévola, eso es lo que pienso.” (1) y habría que añadir que muchos de los jueces y políticos que lo acompañan en su presidencia son sólo los típicos malvados sin carisma y títeres acomplejados que sumados a Trump están llevando a Estados Unidos a convertirse en el peor país del mundo.
A la luz de la lectura de la entrevista con Albright, acerca de cómo sirviéndose de la democracia Donald Trump se ha convertido en uno de los mayores peligros para la libertad y para el mundo entero, tenemos que ver los videos y las fotografías de los pequeños niños sin abogados defensores y con audífonos para la traducción simultánea, solos en una enorme y agresiva sala de juzgado, con un juez frente a ellos y un fiscal que los acusa de cruzar la frontera. No existe una imagen más brutal y real de cómo el gobierno que se cree policía del mundo, hoy trata a los menores de edad de la misma manera que a terroristas. De Trump y sus servidores públicos a la Italia de Mussolini, la Alemania de Hitler, la Venezuela de Maduro no existe mayor diferencia y el silencio de los ciudadanos, que en teoría rechazan la administración de Trump, los convierte en ese cómplice que todo dictador busca para poder seguir actuando en contra del país. De la mano con el silencio de los ciudadanos americanos va el silencio aun más criminal de gobiernos como México, Guatemala, Honduras y El Salvador que se callan por unos dólares y canonjías.
La imagen de esos pequeños no puede ser más desgarradora. Un menor indefenso que no habla inglés y por su edad no entiende ciertas palabras en español en su concepto final siendo acosado por dos cobardes sujetos que amparados por su envestidura se siente con el derecho de intimidarlo preguntándole acerca de términos legales como sí el pequeño supiera que es un abogado, o si tiene uno que lo represente, cuando ese niño debería estar con sus padres disfrutando del calor familiar, no de la frialdad de dos barbajanes disfrazados de la ley, que lo instigan.
Qué Trump no cree en la democracia es obvio, de la misma manera que muchos líderes totalitarios y asesinos, pero además no puede creer en la democracia pues él no fue electo democráticamente debido al complicado y tramposo proceso electoral de Estados Unidos que anuló los votos de la mayoría de los ciudadanos.
Lo peor es que a pesar de las serias que sean las críticas al mandatario norteamericano en noticieros o talk shows nocturnos, él mismo se encarga de minimizar estas críticas al atacar a los medios y acusarlos de sus famosos fake news, lo que parece excesivo en un presidente que les ha mentido a los norteamericanos desde su campaña. Trump parece un nuño, no un presidente, arremetiendo contra los comediantes, que sin importar lo ácido y crítico que sean sólo logran arrancar una carcajada fácil a sus audiencias que parecen incapaces de juzgar la brutalidad del actual presidente de Estados Unidos. Otra de las características de los sistemas fascistas y totalitarios.
Separar familias, perder infantes, juzgarlos en solitario no es la imagen de una nación inteligente, justa, ni democrática y mucho menos humanitaria, puede ser el inicio de uno de los regímenes más inhumanos de los que podamos imaginar.
Fascismo puede parecer un arcaísmo, algo que nos remite a una cultura de lucha política del pasado. Fascismo puede parecer una fantasía que no tiene cabida dentro de la democracia, pero es a partir de la democracia, del voto de una mayoría irracional o esperanzada en cambios fáciles, rápidos y sin inversión de ningún tipo que han surgido los regímenes más despiadados, más inhumanos, menos justos que hemos visto en los últimos 100 años. La democracia como la conocemos sólo ha ayudado a crear un sistema de injusticias y caprichos personales sustentados en la frágil idea de las decisiones de la mayoría, aunque en casos como en México esa mayoría, con excepción de la elección pasada, lo que tampoco libra a López Obrador de las tentaciones del poder absoluto que va a tener, han servido para que las arbitrariedades de una minoría paupericen al país. Los argumentos de populismo tan usados en contra del presidente electo son veraces también en muchas de las políticas de los gobiernos de Fox y Calderón, pero sobre todo en el sexenio represor, autoritario y populista de Enrique Peña Nieto y sus secuaces.


(1)    Rawnsley, Andrew. Madeleine Albright: “The things that are happening are genuinely, seriously bad” The Guardian. Julio 8 2018. https://www.theguardian.com/books/2018/jul/08/madeleine-albright-fascism-is-not-an-ideology-its-a-method-interview-fascism-a-warning



publicado en blureport el 12 de julio de 2018

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