viernes, 27 de julio de 2018

López Obrador y los sindicatos una relación de la que pocos hablan.




Una relación perniciosa en materia del poder han sido desde hace décadas la que se establece entre el gobierno federal y los sindicatos. ¿Seguirá esto igual?

Armando Enríquez Vázquez

A lo largo de la campaña y tras las elecciones una de las relaciones que más ha interesado al público en general, articulistas, periodistas, politólogos e inversionistas es la que el futuro presidente de México mantiene y mantendrá con los empresarios, la verdadera fuerza motora del crecimiento del país. Poco énfasis se ha hecho en la relación que López Obrador tiene y tendrá con las fuerzas mas retrogradas y corruptas en México, principal fuerza del retroceso nacional; los sindicatos.
Por décadas esos nichos de riqueza malhabida y poder desmesurado y transexenal han sido una de las fuerzas con las que han tenido que pactar candidatos y presidentes. El último ejemplo de un golpe a un poderoso sindicato fue cuando Enrique Peña Nieto encarceló a Elba Esther Gordillo líder sindical de los maestros pero careció de la contundencia con la que Carlos Salinas de Gortari ordenó crear un caso en contra de Joaquín Hernández Galicia, alias “La Quina” poderoso líder de los Petroleros, por haberse opuesto a su candidatura a la presidencia.
Los gobiernos de Fox y Calderón fueron sumisos y permisivos con Elba Esther Gordillo, mientras que Enrique Peña Nieto lo ha sido con el líder del sindicato petrolero Carlos Romero Deschamps.
López Obrador como supuesto hombre de la izquierda siempre se ha preciado de tener una buena relación con los sindicatos radicales y en teoría independientes del país, en su momento apoyó y se fotografió al lado del corrupto líder de la desaparecida Compañía de Luz y Fuerza, Martín Esparza, quien después se alió con Peña Nieto y hoy sus representados, curiosamente existe el sindicato, pero la empresa ya no, le piden a Andrés Manuel afuera de su casa de campaña que lo destituya del organismo sindical, de la misma manera para las pasadas elecciones López Obrador se alió con el CNTE y con otro líder sindical corrupto que será senador plurinominal Napoleón Gómez Urrutia.
Si por un lado el presidente electo Andrés Manuel López Obrador ha decido hacer cambios no sólo en cuanto a la ubicación geográfica de las secretarias y organismos del gobierno, de modificar los sueldos de los servidores públicos a la baja, de eliminar funciones que se duplican en el gobierno, creando por ejemplo sólo un área de adquisiciones y otra que se dedique a la comunicación social de todo su gobierno, lo extraño es que hasta ahora haya hablado de la eliminación de las plazas de confianza que por lo general son las menos burocráticas y las más ejecutivas de las dependencias de gobierno y no se haya manifestado acerca de los sindicatos, sus aviadores, la corrupción al interior de los mismo y la impunidad de la que gozan estos miembros de los sindicatos.
El barrido de escaleras de arriba hacia abajo como lo ha prometido el próximo presidente debe incluir a los sindicatos y a sus líderes. ¿Permitirá Andrés Manuel, “un luchador social”, que los clásicos líderes corruptos emanados del PRI y del sistema que creó la “Mafia del Poder” se perpetúen durante “La Cuarta Transformación de México”? Baste recordar que durante su jefatura de gobierno en el Distrito Federal nada hizo para limpiar los sindicatos.
La relación que habrá a futuro con los sindicatos no es clara. Ya en campaña mientras coqueteaba con la Coordinadora de Trabajadores de la Educación en Oaxaca, el entonces candidato bailaba en la capital al son que el Sindicato de Trabajadores de la Educación le pedía. Y es que hay que reconocer que el PRI creó a partir de represión y asesinatos sindicatos fieles al poder que no permitieron la disidencia y se consolidaron como enormes máquinas clientelares en tiempos de elecciones, músculo en sus días para intimidar a la oposición y que gracias a las canonjías y excepciones legales de las que disfrutaron y disfrutan sus lideres son arma de presión para políticos y candidatos. Las clientelas de las tribus nacidas en el PRD y que hoy son parte de la estructura de Morena son una pálida réplica de ese sistema creado por el PRI y que ese partido llamó sectores.
López Obrador habrá de lidiar en un principio con personajes de la talla y talante de Carlos Romero Deschamps, Joel Ayala líder del sindicato de burócratas que ya pide vivienda digna para los trabajadores del estado que sean afectados por el traslado de secretarías. Víctor Flores Morales líder de los ferrocarrileros, y otros vivales quienes, olvidando la representación laboral, han creado nichos de poder y corrupción que cualquier luchador social de izquierda debe despreciar y tratándose del presidente de la nación en teoría resultan intolerables. El problema es que el presidente y sus allegados se pueden ver tentados a reemplazar a estos líderes en su mayoría de filiación priísta con nuevos vivales simpatizantes de Morena.
Esta relación será clave para poder definir si López Obrador encabezará realmente La Cuarta Transformación o sólo revolcará en el polvo de su ideario y ambición secreta a la mula intentando perpetuar a su partido en el poder.  

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