lunes, 30 de julio de 2018

Un presidente ya inútil



¿Por qué los mexicanos debemos soportar a un presidente que no tiene ninguna función ya pero sí representa un peligro para México y su estabilidad económica?

Armando Enríquez Vázquez

A partir del primer minuto del 2 de julio de 2018 la relevancia de Enrique Peña Nieto desapareció. Se convirtió en peso muerto para el Estado Mexicano, para los ciudadanos y curiosamente para lo que quedó del PRI, también.
Sin Embargo, y a pesar de que su autoridad como presidente se ha visto nulificada ante los ojos de los mexicanos y las primeras planas de los diarios, Enrique Peña Nieto quiere seguir endeudando al país seguramente con el fin de enriquecerse él y sus colaboradores. Su voracidad no tiene límites a pesar de que su poder es casi nulo ya. En estos meses ociosos que le restan de mandato está dispuesto a hacer el mayor daño a México y a los mexicanos, tal vez, como venganza por haber rechazado su propuesta electoral, tal vez como simple estrategia de presidente saliente del PRI.
Pareciera también, que las transas que quiere seguir cometiendo Enrique Peña Nieto y su gabinete son clara consecuencia del pacto de inmunidad que López Obrador le extendió al priísta y sus colaboradores.
¿Cuál será para López Obrador considerado el día cero para tomar en cuenta la corrupción e impunidad que va a combatir? ¿Por qué los actos de Peña Nieto y su gente, como inaugurar una nueva sede para la PGR, que continua acéfala, que generará una deuda de 12 millones de pesos mensuales por concepto de renta, no deben tener consecuencias legales?
A López Obrador le preocupa el Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México, que al final de cuentas puede ceder a empresarios y de esta manera no frenar el futuro del país, pero no el despilfarro federal. Algo está muy podrido en México y en sus políticos.
Pero lo primero que lo mexicanos debemos exigir al presidente electo es que frene la voracidad de Peña Nieto que en los próximos meses puede dejar al país al borde de una verdadera crisis económica, como a las que nos tenían acostumbrados los voraces ladrones del PRI que desgobernaron México como Echeverría, López Portillo y Carlos Salinas y que sin duda los viejos dinosaurios a la hora de señalar culpables apuntaran sus garras en contra de López Obrador, como lo hicieron con Ernesto Zedillo.
López Obrador se erige a sí mismo como émulos de Madero, pues que aprenda de los errores del coahuilense que le perdonó la vida al traidor de Victoriano Huerta, lo que al final le costó la vida y que no perdone a Peña Nieto por la corrupción desmedida que ha permitido en México.
El presidente electo, que cacarea la cuarta transformación en México, debe ser consciente de que esta no es una transmutación alquímica que comprende su llegada al poder y la felicidad inmediata de los mexicanos. Tiene que estar dispuesto a ensuciarse las manos destapando la cloaca que deja Peña Nieto y metiendo a la cárcel a quien la deba, porque eso es a lo que se comprometió.
Pero esto nos debe obligar a reflexionar que en México la ley debe cambiar, no podemos tener dos presidentes por tanto tiempo, El presidente saliente bien puede en un mes empacar sus cosas y dejar el puesto al nuevo mandatario. No necesitamos los casi seis meses que transcurren del día de la elección a la ceremonia donde se ciñe la banda presidencial al ganador. López Obrador se ha dedicado en dos semanas a nombrar a su gabinete a hacer cambios en él y a dictarle a Peña Nieto y a Videgaray los lineamientos de la relación con Estados Unidos. La prensa lo sigue a todas partes y sus declaraciones dictan la agenda del día y de los siguientes. El presidente electo perfila en sus apariciones lo que será su gobierno. Entonces ¿Por qué tenemos que seguir escuchando a Peña Nieto y sufriendo las arbitrariedades de un presidente que la gran mayoría de los mexicanos repudiamos?
Recuerdo que en 1989 cuando los argentinos manifestaron con su voto la preferencia por el opositor Carlos Saúl Menem y no por el partido del presidente Raúl Alfonsín, este decidió adelantar por más de 5 meses la entrega del poder, por incapacidad, por poca popularidad y para dejar al nuevo gobierno maniobrar a su gusto durante la crisis económica que sufría Argentina. Hoy México no sufre una crisis económica, al menos de manera oficial, aunque lo precios y la paridad del Peso – Dólar se han depreciado a lo largo de la administración de Peña Nieto como con ningún otro presidente de este siglo. Si Peña Nieto tuviera dignidad alguna y sabiendo que más del 80% de los mexicanos rechazamos su administración y a su candidato debería haber cedido la banda presidencial a López Obrador ya. Por lo menos adelantado la fecha a septiembre para evitar un sexto informe de gobierno que a nadie le importa ya. La mayoría de los mexicanos declaró su preferencia por uno de los candidatos de manera contundente y mayoritaria por primera vez en el siglo y así lo debe entender el presidente saliente.


publicado en blureport.com.mx el 22 de julio de 2018

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