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miércoles, 29 de agosto de 2018

Rosa Torre González la primera autoridad electa en México.




Dentro de la historia que los lobos sonorenses y los que los siguieron borraron de mexicanas ejemplares antes y durante los días de la Revolución está la de esta gran yucateca.

Armando Enríquez Vázquez

En México de principios del siglo XX, la lucha ideológica se libró muchas veces al sur de la República, del noroeste llegaron los bárbaros que la terminaron a punta de traiciones, de balazos y una ambición desmedida, pero quienes también por su machismo acabaron hacer a un lado y minimizar a las mujeres que en muchos ámbitos brillaron antes, durante y después de la lucha armada y todo lo que el género había logrado durante el Porfiriato, fue anulado por los “generalazos” de Sonora.
Entre estas brillantes mujeres se encuentra una Yucateca de la que casi nadie ha oído hablar; Rosa Torre González.
El barrio de Santa Ana en Mérida es uno de los cuatro barrios históricos que formaron la ciudad en sus inicios, durante mucho tiempo vivieron en él jornaleros y artesanos, Hoy se distingue por un famoso mercado y la iglesia en honor de Santa Ana. En ese histórico barrio nació Rosa Torre González el 30 de agosto de 1890. Estudió en el famoso Instituto Literario para Niñas que dirigió la famosa maestra yucateca Rita Cetina Gutiérrez, de la que otro día escribiré, y que fue fundamental en la educación de las mujeres en Yucatán a lo largo del siglo XIX. Más tarde estudió en la Escuela Normal de Profesores.
Cuando Madero viajó a Mérida durante su campaña presidencial en 1909 Rosa Torre González fue de acuerdo con algunas fuentes, una de las dos mujeres que recibió al coahuilense en la capital de Yucatán. También se dice que fue espía a favor de las fuerzas de Constitucionalistas durante la dictadura de Victoriano Huerta, así como enfermera en las batallas de Rosa Blanca, Pocboc y Halachó en la península yucateca que comandó el general constitucionalista Salvador Alvarado, quién fuera gobernador del estado de 1915 a 1917. Es en el curso de esas batallas cuando Rosa Torre conoce a Elvia Carrillo Puerto, hermana de Felipe y conocida como La Monja Roja. Alvarado fue uno de los pocos revolucionarios convencido que la liberación de la mujer de sus roles convencionales era de vital importancia para llevar a cabo una verdadera revolución.
Rosa Torre fue docente de la normal estatal y desde su lugar en el aula promovió la participación de la mujer en la vida política y social, en enero de 1916 formó parte de las organizadoras del Primer Congreso Feminista en Yucatán y en nuestro país, celebrado en Mérida, a él acudieron más de 600 mujeres del estado del sureste. A finales de ese mismo año se llevó a cabo el Segundo Congreso Feminista en Yucatán y en esa ocasión solamente acudieron 250 mujeres, en ambos congresos las mujeres hicieron hincapié en sus derechos, en la necesidad de obtener derechos constitucionales similares a los de los hombres, entre ellos el poder ejercer su voto y del fracaso de la revolución por lograr condiciones de igualdad. En estos congresos la representante del gobierno de Venustiano Carranza y principal promotora de ambos congresos fue Hermila Galindo, cuya ponencia sobre la sexualidad de la mujer causó escandalo entre las participantes conservadoras del Congreso quienes pidieron que la ponencia de Galindo no fuera leída en público. En el segundo, Torre González fue la representante de Galindo.
En 1919, Rosa Torre González participó en la fundación de la Liga de Mujeres “Rita Cetina Gutiérrez”, nombrada así en honor de la educadora y cuyos ideales socialistas empatizaban con los del líder yucateco Felipe Carrillo Puerto.
Como el gobernador Felipe Carrillo Puerto y su hermana, Rosa era militante del Partido Socialista del Sureste, que la postuló como regidora del municipio de la capital yucateca.
En noviembre de 1922 Rosa fue electa como regidora de Mérida, esto la convirtió en la primera mujer en el país en ser electa para un puesto público, lo más relevante de la elección de Rosa es que en esos momentos en México la mujer no tenía derecho a ejercer su voto, por lo que su elección nos habla de la mentalidad de los votantes yucatecos de esa época quienes además al año siguiente habrían de elegir a Elvia Carrillo Puerto, Beatriz Peniche y Raquel Dzib como las primeras tres diputadas en el país cargo que les fue revocado con el asesinato de Felipe Carrillo Puerto, gobernador de Yucatán y hermano de Elvia. Siendo las funciones de los regidores puestos de rotación en cuanto a responsabilidades, tal vez para evitar la corrupción que se lleva a cabo hoy en día con los diferentes encargados por años de puestos de elección, Rosa Torre ocupó la Regiduría de Prensa y Beneficencia, la de Espectáculos, Salubridad e Higiene, la Comisión de Nomenclatura de Calles y Padrón Municipal. Rosa Torre ejerció su cargo hasta la caída de Carrillo Puerto.
Durante su gestión como regidora Rosa Torre publicó El Boletín Municipal, dedicado a hacer del conocimiento público las actas de sesiones y los avisos públicos. Actuó como censora de películas y conforme a un texto que escribió titulado: Mi actuación en el H. Ayuntamiento de Mérida en el año de 1923, también se encargó desde la parte de la beneficencia a dotar de servicios de emergencia médica a los pueblos del municipio de Mérida. Con el derrocamiento de Carrillo Puerto y su posterior asesinato, Rosa Torre como todos los funcionarios leales a Carrillo Puerto dejo el puesto y fue víctima de los hombres de Juan Ricárdez Broca, el de la huertista que se autonombró gobernador de Yucatán, quienes como ella misma describió catearon su casa.
El resto de la vida de Rosa Torre González transcurre desde ese silencio al que fueron obligadas desde el olvido la gran mayoría de las importantes mujeres de la Revolución Mexicana, se sabe que regresó a su labor como profesora y en 1947 participó en el Primer Congreso Interamericano de la Mujer celebrado en Guatemala. Fue miembro del Ateneo Mexicano de Mujeres que presidía Julia Nava de Ruisánchez.
Fue una de las pocas feministas reconocida como veterana de la Revolución Mexicana.
Rosa Torre González murió el 13 de febrero de 1973 en la Ciudad de México.


publicado en mamaejecutiva.net el 20 de agosto de 2018
imagen, wikipedia.org

lunes, 4 de diciembre de 2017

Julia Nava Ruisánchez revolucionaria, feminista, defensora del voto de la mujer.



En la muy dura lucha que muchas maestras y periodistas mexicanas nacidas en el siglo XIX iniciaron en busca de la equidad de género Julia Nava fue una de las que luchó más tesón.

Armando Enríquez Vázquez.

Hoy que el empoderamiento de la mujer es uno de los temas más importantes y visibles, no está por demás honrar a quienes desde diferentes trincheras lograron asegurar la equidad de género o por lo menos la pusieron a la vista de la sociedad machista de Occidente.
Entre la gran pléyade de periodistas y activistas que fundaron periódicos, lucharon y denunciaron las arbitrariedades de Porfirio Díaz y más tarde el machismo disfrazado de las huestes de sonorenses que proclamaron el triunfo de la Revolución y a las que los historiadores oficiales que decidieron contar la pugna y sus consecuencias desde el punto de vista de los caudillos, generalazos y demás soldadesca misógina que acaparó el poder, decidieron obviar, se encuentra Julia Nava de Ruisánchez.
Julia Nava nació el 2 de febrero de 1893 en Galeana, Nuevo León. Estudio y se graduó como maestra en la Escuela Especial para Maestros de Nuevo León y para 1900 era ya directora de la escuela Superior en el poblado de Tula, en Tamaulipas. Tula, fue fundada en 1617, es considerada la ciudad más antigua de Tamaulipas y hoy es uno de los muchos pueblos mágicos en el país. Julia se casó en 1906 con José Ruisánchez y se mudó a la Ciudad de México, tuvo dos hijas y conoció a intelectuales y políticos importantes de la época, entre ellos a los hermanos Serdán. También, es a principios del siglo XX que Julia Nava Ruisánchez comienza a desarrollarse como periodista colaborando en el Diario del Hogar, así como en la revista La Mujer Mexicana.
En 1910 junto con Dolores Jiménez y Muro, entre otras mujeres maderistas, fundó el club antirreleccionista Hijas de Cuauhtémoc, desde donde apoyó la candidatura de Madero, realizó labor proselitista en el estado de Morelos, en especial en ciudades como Cuautla y Cuernavaca. Ahí conoció a otras mujeres que lucharon en contra de Porfirio Díaz desde la trinchera de la tinta y las ideas en un principio como Elisa Acuña Rosetti y Juana Belén Gutiérrez. A la presidenta del club, Dolores Jiménez y Muro, la había conocido antes. Todas ellas fueron muy activas en las protestas en contra de la detención de Madero y el fraude electoral de 1910.
Tras la muerte de Madero Julia Navarro publicó junto con Dolores Jiménez y Muro un panfleto en contra de Victoriano Huerta, Félix Díaz y Aureliano Blanquet que le valió ser aprendida con las pruebas impresas del panfleto, denunciada por el editor del panfleto fue acusada de sedición, Julia escapó rumbo a Morelos y se unió a Zapata quien le encomendó la comunicación con las fuerzas que operaban en Teziutlán, Puebla. También trabajó para los Constitucionalistas y recaudó fondos para las fuerzas tanto de Zapata como de Carranza.
Pero además, como otras de su generación como Hermila Galindo, Elvia Carrillo Puerto y Atala Apodaca Anaya, entre otras, escribió y luchó por los derechos de las mujeres. Desde 1915 y hasta 1920 no sólo publicó artículos sobre el tema, si no que participó de manera activa en los diferentes congresos feministas que se realizaron en el país, comenzando por el 1916 en Mérida, Yucatán que fue el segundo de su tipo en Latinoamérica.
En 1920 se fundó el Consejo Feminista Mexicano, cuyas demandas incluían mejores salarios para las mujeres, la creación de comedores y guarderías para las mujeres obreras y sus hijos, el derecho a votar y ser votadas. Entre 1921 y 1924 el Consejo tuvo dos revistas que funcionaron como medios de difusión de las ideas del CFM, La Mujer y después La Vida, ambas fueron dirigidas por Julia. También, formó parte de otras organizaciones feministas a nivel nacional e internacional como el Ateneo Mexicano de la Mujer, el Club Internacional de Mujeres y la Unión Internacional de Madres, todas ellas de corte socialista.
Fue en esa época que fue llamada por José Vasconcelos para formar parte de la cruzada educativa y a partir de 1921 dirigió la Escuela Nacional de Enseñanza Doméstica de la Universidad Nacional de México donde fundó las carreras de Trabajo Social y Auxiliar de Enfermería.
Fue reconocida por el gobierno como veterana de la lucha revolucionaria.
Julia Nava de Ruisánchez fue además autora de cuentos infantiles, novelas, ensayos y obras de teatro. Murió en la Ciudad de México el 2 de mayo de 1964.

publicado en mamaejecutiva.net el 21 de noviembre de 2017
imagen:loc.gov

martes, 18 de julio de 2017

Hermila Galindo feminismo ignorado por los diputados.




No existió una sola mujer que formara parte del constituyente de 1917, Hermila Galindo que había redactado la Doctrina Carranza, apeló en vano a los sordos oídos de los diputados a favor de los derechos de la mujer.
Armando Enríquez Vázquez.
Sí bien la Revolución Mexicana representó en lo general mejoras para la vida de los mexicanos, lo cierto es que dentro de los revolucionarios casi todos fueron unos machos que ignoraron a la mujer y sus derechos.
Las mujeres mexicanas tuvieron mayores avances en cuanto a libertad y derechos en los tiempos de Porfirio Díaz que en las primeras décadas del triunfo de la Revolución, existen aún aquellos que desde la ignorancia hablan de las mujeres revolucionarias limitándose a las abnegadas Adelitas y peor aún quienes dicen que las Adelitas eran una especie de prostitutas que viajaban en los trenes dando servicios y divirtiéndose con la soldadesca.
Muchos son los ejemplos de mujeres que desde su derecho a la libre expresión y su libertad a escoger una profesión lucharon contra la sociedad machista decimonónica, en algunos casos contra Porfirio Díaz y que más tarde fueron olvidadas y despreciadas por los ganadores de la revolución y los que oficialmente escribieron la Historia de México. Militares, historiadores, cronistas y machos mexicanos parecen haber hecho una revolución para un género y no para todos los mexicanos.
Entre esas grandes mujeres que prefirieron enfrentarse a la discriminación de género se encuentra una duranguense nacida en Villa Lerdo el 2 de junio de 1886. Su nombre Hermila Galindo. A los tres días de nacida Hermila quedó huérfana de madre. Parte de su infancia transcurrió en su poblado natal, mientras que otros, la niña y adolescente vivió en la Ciudad de Chihuahua, donde finalmente estudió y se graduó como telegrafista en la Escuela Industrial para Señoritas de Chihuahua. Cuando tenía trece años de edad murió su padre y Hermila comenzó a trabajar dando clases particulares de taquigrafía, mecanografía y español en Torreón, Lerdo y Gómez Palacios, más tarde comienza a trabajar como profesora en diferentes escuelas de Torreón.
Se sumó a la causa maderista y en 1911 se instaló en las Ciudad de México, donde trabajó como secretaria del General de División Eduardo Hay, uno de los hombres que iniciaron el movimiento al lado de Madero. Hay perdió un ojo en la Batalla de Casas Grandes y cuando Madero, finalmente ocupo la silla presidencial, Hay fue diputado.
Hermila se adhirió a un grupo político llamado Club Abraham González, y sus integrantes tras la caída de Victoriano huerta la nombran oradora para recibir a Venustiano Carranza a su entrada a la capital del País. Carranza quedó impresionado por el discurso de Hermila y la invitó a trabajar con él.
A partir de su trabajo con Carranza Hermila comenzó a publicar en diferentes diarios y a mostrar su ideología a favor del voto femenino y de los derechos de igualdad de la mujer. Hermila se convirtió entonces en conferencista y una de las voceras más destacadas de la propaganda del régimen constitucionalista. En 1915, el 16 de septiembre, apareció la revista semanal La Mujer Moderna, que fundó Galindo. En ella se abordaban no sólo temas calificados como femeninos como cuidados del hogar, moda y cocina sino temas políticos y columnas de opinión escritas por mujeres periodistas que rompieron con los roles típicos asignados a hombres. De 1919 a 1921 fue corresponsal en México de la revista feminista argentina Nuestra Causa. El 16 de septiembre de 1919, la revista La Mujer Moderna desapareció, tras cuatro años de publicación.
Durante los años del carrancismo Hermila Galindo habló en México y el extranjero en diferentes conferencias y congresos de corte feminista. Hermila no sólo abogaba por la igualdad de la mujer y por el voto femenino, temas controvertidos y satanizados en la época, también luchaba por la educación sexual y el derecho de la mujer a reconocer y valorar su cuerpo y sus instintos sexuales, lo que era mucho más controvertido en las primeras décadas del siglo XX.
El 16 de enero de 1917, Hermila Galindo presentó un texto ante el constituyente acerca de las leyes que debían hacer iguales a hombres y mujeres. Su trabajo para promover sus iniciativas comenzó en los meses finales de 1916. De acuerdo con Rosa María Valles Ruiz, quien publicó una extensa biografía de la pensadora y feminista titulada: Hermila Galindo. Sol de Libertad, Hermila declaró en una entrevista a un diario queretano llamado La Opinión, en un viaje que hizo en noviembre de 1916 para convencer a diputados de su propuesta, su optimismo en que el Constituyente daría a su iniciativa el valor de ley, a pesar de la oposición de los sectores más conservadores de la sociedad incluida la iglesia católica.
En su iniciativa Hermila Galindo declaraba: “Sería una injusticia grave, cometida por el Congreso Constituyente, que dejara a la mujer en el mismo grado de infelicidad en que hasta hoy se ha encontrado en lo que respecta a sus derechos políticos.”
De manera un tanto premonitoria también observo en caso de que su iniciativa no fuera tomada en cuenta por los legisladores: “…ellos se encargarán de justificar que la revolución no se ha hecho por ideales sino, como casi siempre, para favorecer los intereses de las castas y los sexos privilegiados.
Pero pudo más el machismo de los diputados constituyentes que la idea de reconocer la igualdad de la mujer y el derecho de las mujeres a votar y ser votadas. Habrían de pasar 36 años para que la mujer tuviera derecho universal a voto en México. Lo curioso es que la propuesta de Hermila no sólo encontró rechazo en parte de la mayoría de los diputados, sino también en algunas mujeres que pensaban que la Constitución no debía otorgar el voto a las mujeres. Pero tras la promulgación de la Constitución de 1917, la lucha de Hermila no cejó.
Quince días después de la proclamación de la independencia y haciendo uso de esos huecos de ley que no otorgaban la calidad del voto a la mujer, pero si al ciudadano definiendo a este como el mayor de edad con una forma honesta de ganarse la vida, Hermila Galindo se convirtió en candidata a diputada federal por el octavo distrito del Distrito Federal. Hermila perdió la elección y lo reconoció, y al hacerlo se promovió como censor del ganador, convirtiéndose en la primera censor legislativa, como se autodefinió, en México. También fue la persona que redactó lo que se conoce como la Doctrina Carranza y que marca los puntos de la política exterior del Presidente Constitucionalista.
Hermila Galindo fue una mujer de un carácter fuerte y que luchó por sus ideales y sus principios. Carranza para Hermila es el gran artífice de la legalidad de la Revolución y a pesar de ser leal siempre al coahuilense éste al final se sintió traicionado cuando percibió el apoyo de Hermila Galindo por Pablo González en lo que debería ser la transición democrática del país y que Carranza traicionó a su vez queriendo olvidar el principio de la no relección. El asesinato de Carranza en mayo de 1920 dejó a Hermila sumida en la depresión, la ira y con la sensación de indefensión.
A partir de ese momento renunció a la vida política. En 1923 se casó con Miguel Enríquez Topete un hombre aficionado al canto y adverso a la política. Las fotografías, publicadas en el libro de Valles Ruiz, de la época la muestran resignada, tal vez, hasta molesta, con gesto adusto y nada sonriente. Relegada y a pesar de que intentó publicar un par de libros Hermila desapareció por completo de la escena política, para reaparecer al final de su vida y gracias a su amistad con el presidente Adolfo Ruiz Cortines pronunció discursos y formó parte de la lucha que vería por fin en 1953 el reconocimiento del voto universal de las mujeres.

Hermila Galindo murió 19 de agosto de 1954 en la ciudad de México. Tenía 58 años.

publicado en mamaejecutiva.net el 11 de julio de 2017
imagen: elsiglodetorreon.om.mx

lunes, 26 de septiembre de 2016

Policarpa Salavarrieta; otras latitudes, el mismo anhelo.




Esta mujer también conocida como La Pola, es la heroína emblemática de la independencia colombiana.
Armando Enríquez Vázquez.
Los españoles llamaron a lo que hoy conocemos básicamente como Colombia; la Nueva Granada. La independencia de Colombia a diferencia de la nuestra constó de etapas en las que los españoles contra atacaron y recuperaron los territorios libres. Mientras en México, tras la aniquilación de los primeros Insurgentes, la guerrilla por la Independencia sobrevivió gracias a la obstinación y la entrega de algunos de los cabecillas Insurgentes y se consumó por así convenir a la iglesia católica y cierto grupo de criollos, encabezados por Agustín de Iturbide, que no estaban ya de acuerdo con la corona.
En Colombia la primera etapa de Independencia inició en 1810 y duró cinco años, estos primeros años de Independencia de Colombia se conocen como La Patria Boba. El ejército español recuperó a fuerza de las armas el territorio del virreinato entre 1816 a 1819. Una vez reconquistado el virreinato por las fuerzas de Fernando VII, se estableció un régimen de terror y represión en todo el territorio de la Nueva Granada, que sólo contribuyó a fortalecer los anhelos de los colombianos por su libertad.
Es en esa época que se libra una guerra de guerrillas contra las fuerzas españolas que surge una mujer cuya actividad como espía, correo y vocera de la causa independentista la habrá de convertir en una de las principales heroínas de la Independencia de Colombia.
Policarpa Salavarrieta a pesar de su importancia y el reconocimiento como una de las principales heroínas de la Independencia colombiana, es también una figura envuelta por el misterio y la leyenda.
Para empezar, no se sabe, si su verdadero nombre era Policarpa, pues en el testamento de su padre y la constancia eclesiástica del mismo se le nombra Polonia. Sin embargo, su hermano Bibiano y muchos dentro del movimiento rebelde la conocieron y la llamaban Policarpa. Tampoco, su lugar de nacimiento y fecha quedan claros, pues no se ha descubierto una fé de bautismo que confirme ese dato. La mayoría sitúan como lugar de nacimiento el pueblo de Guaduas, que es donde transcurrió su primera infancia. Otros ubican como lugar de nacimiento de La Pola Bogotá y otros más un poblado llamado Mariquita. Su nacimiento sucedió entre 1791 y 1795.
Lo cierto es que, Salavarrieta perteneció a una familia acomodada, y pasó sus primeros años en Guaduas, donde su padre se dedicaba al comercio. La familia se mudó a Bogotá y en 1803 debido a una epidemia de viruela fallecieron los padres de Policarpa. Su hermana mayor de nombre Catarina se hizo cargo de Policarpa y su hermano menor de nombre Bibiano y regresaron a Guaduas. Otros dos de sus hermanos decidieron a la muerte de sus padres dedicarse a la vida eclesiástica.
 Si bien no está documentada participación alguna de Salavarrieta en actividades políticas durante los años de la Patria Boba, en 1817 y bajo el terror infligido por los representantes de la corona española en Nueva Granada, Policarpa existe mucha documentación que la retrata como participante muy activa de la insurgencia.
En esa época, Policarpa y Bibiano habían regresado a Bogotá, Policarpa empleada como costurera de las damas de la alta sociedad neo granadina, se enteraba en las conversaciones de sus clientas de las estrategias y movimientos de los realistas, información que La Pola hacía llegar a los líderes de las diferentes guerrillas insurgentes los Llanos que intentaba liderar Francisco de Paula Santander.
Policarpa hacía llegar también periódicos a los guerrilleros, servía como correo, así como recolectaba fondos para la causa y conseguía armas.
La Pola, además, sonsacaba a los militares realistas a pasarse a las fuerzas de la independencia colombiana. Ayudo a planear la fuga de algunos insurgentes encarcelados.
La detención de otros miembros de la conspiración independentista en Bogotá y su delación, llevó a la captura de Policarpa quien había logrado pasar inadvertida por los realistas.
En cuanto fue capturada en noviembre de 1817, se ordenó su ejecución. Policarpa Salavarrieta fue fusilada de espaldas como era el trato a los traidores y de rodillas a petición de ella, el 14 de noviembre, se dice que entre sus últimas palabras la patriota colombiana exclamó: Muero por defender los derechos de mi patria. Dios Eterno, ved esta justicia.
Al momento de su muerte Policarpa Salavarrieta contaba con menos de 27 años de acuerdo con las diferentes fechas posibles de su nacimiento y puede haber tenido 22.
En 2010, la cadena de televisión colombiana RCN transmitió una telenovela de 200 episodios, llamada La Pola en la que se contó los años más conocidos de historia de la heroína.

publicado en mamaejecutiva el 26 de septiembre de 2016
imagen: es.wikipedia.org 

lunes, 4 de julio de 2016

Lucrecia Toriz, precursora de la Revolución.




Entre un grupo de obreros en huelga y un conjunto de rurales armados se interpuso una valiente mujer que impidió una masacre.
Armando Enríquez Vázquez
Todos hemos oído hablar de la huelga de Río Blanco como uno de los antecedentes de la revolución de 1910. Las condiciones de trabajo de los empleados textiles en el país eran vergonzantes y con un movimiento de huelga que a finales de 1906 abarcaba a la Ciudad de México, Puebla, Tlaxcala, el Estado de México, Querétaro y Veracruz entre otros estados, el régimen de Porfirio Díaz se empeñó en defender a empresarios nacionales y extranjeros y sus propuestas por jornadas de trabajo de dieciséis horas, el cierre de cantinas, el volver los días sacros en laborables y el emplear mano de obra infantil, apoyando una esclavitud disfrazada que durante el mandato del oaxaqueño prevaleció tanto en el campo como en las fábricas de la nación.
Los primeros días de enero de 1907 la situación se polarizó en Orizaba, Veracruz. Los obreros unidos bajo El circulo de obreros libres. que ideológicamente se identificaba con Ricardo Flores Magón y el anarquismo, se lanzaron hacía las puertas de la empresa para evitar la entrada de esquiroles y continuar con sus reclamos laborales. Durante la marcha, sucedió un incidente con un español dueño de una de las tiendas de raya y sus empleados, uno de los empleados o el español, disparó en contra de los obreros, matando a uno de ellos lo que provocó la ira de los demás que saquearon y quemaron la tienda.
La respuesta de la autoridad fue enviar a un batallón de la policía rural a acabar con los huelguistas. Fue entonces cuando surge el personaje que nos interesa en este texto: Lucrecia Toriz. Poco, muy poco se sabe de esta mujer que se enfrentó al grupo que representaba al Estado. Lucrecia enarboló una bandera y exhortó a los rurales a evitar llevar a cabo una masacre. Lucrecia fue amenazada en un principio por los rurales; agredida verbal y físicamente, pero la valiente mujer no desistió y continuó hablando a las fuerzas del gobierno. Las palabras de Toriz se perdieron en la negra noche del oficialismo y el machismo que se afianzó con el triunfo de la Revolución de nuestro país que tantos pasos dio para atrás en materia de equidad de género que muchas mujeres durante el porfiriato y los primeros años de la Revolución habían conseguido dar, pero fueron de tal magnitud que, lograron hacer a los rurales bajar las armas y regresar a dar parte de lo sucedido. Una vez que los rurales bajaron las armas, decidieron regresar a rendir su informe los obreros continuaron con su marcha, no sin antes haber apresado a Toriz.
Al parecer la valiente mujer que hizo frente a los rifles de las fuerzas armadas nació alrededor de 1867 en Orizaba, Veracruz. Era obrera en la fábrica de Río Blanco y existen fuentes que dicen que era parte de los magonistas del Círculo de Obreros Libres.
El Informe de los rurales no satisfizo, ni a los dueños de las fábricas textiles, ni al gobierno que entonces decidió mandar a un grupo de militares al mando del Coronel Rosalino Martínez, quien pasó a la historia como El Verdugo de Orizaba, siendo el responsable directo de una matanza de hombres mujeres y niños que junto con la huelga de Cananea el año antes y los levantamientos ciudadanos que seguirían sentaron las bases para la Revolución encabezada por Francisco I Madero.
Lucrecia, fue encarcelada durante seis meses, al parecer, antes de que los magonistas pudieran sacarla bajo fianza. Después de eso Lucrecia desaparece, aunque algunos biógrafos dicen que permaneció en la lucha obrera en los siguientes años. Su muerte ocurrió en 1962 en la ciudad de Río Blanco.

Lucrecia Toriz no fue la única mujer en demostrar su valor frente a las injustas condiciones del régimen de Porfirio Díaz en referencia a obreros y campesinos, junto a su nombre en la huelga de Río Blanco se menciona a Filomena Pliego y Margarita Martínez.

publicado en mamaejecutiva.net el 15 de junio de 2016
imagen: destinoveracruz.com

martes, 31 de mayo de 2016

María Arias Bernal mujer de ideas tomar.




Conocida popularmente como María Pistolas, esta maestra defendió la tumba donde fue enterrado Francisco I. Madero.
Armando Enríquez Vázquez
En muchas ocasiones la historia nacional esconde en breves anécdotas, historias de personas que sin llevar una vida donde disfrutaron de las mieles de la victoria militar, económica o política de muchos de los llamados Héroes y que, desde estatuas oficiales erigidas por amigos, discípulos o que ellos mismos han colocado en su honor volviéndose próceres de una nación.
En México desde tiempos de la independencia, los historiadores oficiales se han encargado de contarnos pasajes ficticios de nuestra historia con personajes ficticios, mientras que otros personajes de carne y hueso, y con un valor mayor al de los héroes oficiales de papel, han sido olvidados por nuestra historia, relegándolos a una pequeña viñeta en el voluminoso libro de nuestra historia.
Uno de estos personajes es conocido gracias a su encuentro con Álvaro Obregón, cuando este llegó a la Ciudad de México, tras derrotar a Carranza. El general victorioso se encontró de frente con una mujer llamada María Arias Bernal. El sonorense le obsequió su pistola a la mujer reconociéndola como El único hombre en la Ciudad de México durante la decena trágico y la presidencia del traidor Huerta.
¿Quién era esta mujer? Y ¿Qué hizo para ganarse el reconocimiento de Obregón?
María Arias Bernal, fue otra de las destacadas maestras que se formaron a finales del porfiriato, no sólo entregadas a la vocación educativa, si no comprometidas con las causas sociales y sobretodo con las causas de las mujeres. María Arias Bernal nació en la Ciudad de México en 1884. Poco se sabe de su infancia, pero María Arias Bernal se hija de una familia modesta. A los dieciocho años, a diferencia de la mayoría de adolescentes de su generación, María se graduó como maestra, un camino que muchas mujeres tomaban para hacerse de una profesión, pero también un semillero de grandes talentos y valores del pensamiento y más tarde de la revolución en nuestro país.
María trabajó como maestra y como muchas mexicanas de principios del siglo XX simpatizó con las ideas del Madero, a pesar de ser subdirectora de la Vocacional Corregidora del Querétaro, una escuela técnica y de oficios dedicadas a jóvenes mujeres y que formaba parte del sistema educativo instituido por Porfirio Díaz y su Secretario de Educación el famoso Justo Sierra.
Tras el asesinato de Francisco I Madero y su vicepresidente José María Pino Suárez, María Arias Bernal fundo el Club Femenil Lealtad cuyo objetivo era preservar la ideología del coahuilense, asimismo se dedicó a defender la tumba de Madero y intentar derrocar al usurpador Huerta con discursos y panfletos que editaba en un mimeógrafo que compro específicamente para editar sus ideas contra el régimen del dictador.
Semanalmente ella y un grupo de mujeres se reunían en la tumba de madero para pronunciar incendiarios discursos. En más de una ocasión piso las cárceles del régimen Huertista, una de ellas por haber atacado y enfrenado a Jorge Huerta, hijo del traidor Victoriano cuando intento destruir la tumba de Madero.
En agosto de 1914 se dio el célebre encuentro con Obregón, por lo que la prensa y el pueblo la bautizaron como María Pistolas a pesar de que la mujer en su lucha revolucionaria jamás empuñó un arma.
María Arias Bernal murió en 1923, de acuerdo con algunas fuentes en el mes de noviembre.
En 1962 el director de cine René Cardona usó el apodo de la revolucionaria para hacer una película llamada María Pistolas que nada o muy poco tiene que ver con la figura real del María Arias Bernal.

publicado el 23 de mayo de 2016 en mamaejecutiva.net
imagen: Wikipedia.org