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miércoles, 26 de mayo de 2021

Censura de la izquierda democrática.

 


El gobierno de Andrés Manuel López nació del ejercicio democrático del voto. Hoy desde una visión simplista y stalinista el presidente quiere acabar con el México que todos creamos. 

Armando Enríquez Vázquez.

Quienes tienen memoria para recordar el México de la década de los años setenta, incluso el de los ochenta, somos conscientes que vivimos en esas décadas el resabio de la represión y absolutismo dictatorial del PRI que tuvo su climax aquel 2 de octubre de 1968 cuando una parte de la juventud, así como hombres y mujeres fueron masacrados por el Presidente Díaz Ordaz y sus floreros como Luis Echeverría que años después, quien siendo ya presidente encabezó esa Guerra Sucia en nuestro país de la que muy pocos hablan, pero que incluyó no sólo a los jóvenes que buscaban la libertad, si no a todos aquellos que se opusieron al chacal burócrata que inspira a López Obrador; empresarios y líderes de izquierda fueron encarcelados y asesinados por igual bajo las órdenes de un ególatra que acabó con el país y con medios libres críticos y opositores como El Excélsior.

Fue  a partir de aquel nefasto 1968 y la persecución desatada por todo el país que poco a poco millones de mexicanos iniciaron el camino hacía el cambio democrático que tanto necesitaba México, cada quien desde su trinchera y los hombres, mujeres, políticos de izquierda y derecha, lideres y luchadores sociales, escritores, pero sobre todo ciudadanos que ejercieron su derecho a votar con libertad fueron acorralando al PRI, hasta que 32 años después de la noche Tlatelolco, por primera vez en su historia el Partido Revolucionario Institucional, fue expulsado de la presidencia por el voto popular.

Pasaron tres décadas y murieron cientos de mexicanos buscando la libertad y la democracia en el país. La campaña fraudulenta de 1988 fue también una de las más sangrientas en la historia moderna del país, el fraude fue sustentado desde la secretaría de Gobernacion por el entonces secretario Manuel Bartlett Díaz quien podemos suponer también supo de muchas de las agresiones a los democratas, hay que recordar que desde aquellos años el poblano es buscado por la justicia de Estados Unidos por su presunta participación en el asesinato del agente de la DEA Kiki Camarena.

Desde julio de 2018 la muy mal llamada izquierda mexicana ocupa el poder gracias a ese sistema democrático que se construyó con la sangre de muchos hombres de la verdadera izquierda, de la derecha, del centro, gracias a votos y vetos al gobierno priísta que fue rebasado por las ciudadanas y ciudadanos. Gracias a instituciones independientes y sólidas que se crearon gracias a la oposición como el INE y los tribunales electorales federal y locales.  

Pero tres años después el gobierno encabezado por López Obrador, el presidente está empeñado en acabar con los logros que tanto costaron a los mexicanos; buenos, malos, pobres, ricos, de izquierda, de derecha y de centro. Intelectuales, científicos, artistas, ingenieros, contadores, oficinistas y locatarios de mercados que en los últimos 20 con sus matices estamos felices y conscientes de nuestra democracia.

Hoy con la intolerancia y la falta de espíritu democrático del presidente que se muestra cada mañana cuando se sube a su púlpito el intento por regresar al camino del totalitarismo y la intransigencia es claro.

Y lo peor se demuestran en los esfuerzos por amagar las voces de periodistas y someter a los medios de comunicación como en el pasado hizo el PRI. Las nuevas leyes que pretende pasar el gobierno tienen como objetivo controlar y manipular los contenidos, sobre todo en materia informativo para contar sólo las historias y Historia que el presidente y su círculo cercano quieran contar. No es que en los tiempos recientes de los gobiernos del PAN y del PRI de Peña Nieto no hayan existido ejemplos de censura, lo que pasa en este momento es que en la destrucción de México, López Obrador y Morena tienen en la mente un modelo más parecido a las dictaduras cubana, venezolana o nicaragüense. En el peor de los casos Lòpez Obrador es un émulo de Stalin, todos estos ejemplos son de aquellos que en nombre de una supuesta izquierda han creado gobiernos igual de represivos e intolerantes a los que derrocaron acusándolos de dictaduras de derecha.

Son ya diferentes y muchos los personajes que al dar su opinión o análisis en algún medio que no complace al presidente, por orden de Palacio Nacional han sido despedido de sus espacios, la antigua ley del garrote y la zanahoria es totalmente vigente este sexenio. Mientras algunos medios, sobre todo impresos son atacados a diario y medios como Notimex han vivido bajo el autoritarismo y represión de su directora Sanjuana Martínez, a la que la inútil y maniquea CNDH de la 4T pide defender sin voltear a ver a los trabajadores de la institución que son las verdaderas víctimas del poder de la señora Martínez. Francisco Aguirre en su momento y ahora su hijo Juan Aguirre de Radio Centro han sido serviles chayoteros del presidente y como premio se les otorgó su canal de televisión, ese que años atrás no podían comprar de manera legal, pero ni el periodista Julio Astillero toleró la agenda impuesta al medio por el gobierno federal.

Los pasos y los hombres encargados de crear las puntas de lanza de la intolerancia y radicalismo autócrata que habita en Palacio Nacional son muy fáciles de detectar y curiosamente van desde aquellos que sin asco se han aliado y beneficiado con diferentes sistemas políticos y partidos como Epigmenio Ibarra que ha sido amigo florero de personas tan dispares como Carlos Salinas, Vicente Fox y ahora Andrés Manuel López, hasta personajes que se creía que eran críticos y demócratas como el caricaturista de La Jornada que firma como El Fisgón. Pero los más peligrosos como implementadores de una política de censura y control de los medios y de la ciudadanía están en los escaños y curules del poder legislativo.

Desde el vociferante Gerardo Fernández Noroña, hasta el oscuro y siniestro Ricardo Monreal que sueña con ser presidente omnipotente de los mexicanos, como López Obrador y claro con más posibilidades y recursos que el ridículo petista de barba hirsuta. El intento de atentar en contra de las diferentes libertades de los mexicanos para volver a dominar las verdades absolutas de su muy particular punto de vista, incluye el atentar contra el Internet, sin siquiera poder diferenciar entre redes sociales e internet, pero es claro que el objetivo es silenciarnos a todos a la brevedad, porque sólo así podrán legitimar el golpe que se planea desde Palacio Nacional y con el apoyo de todos sus funcionarios y allegados en contra de la democracia.

Lo peor es que aun así y frente a hechos que no se pueden refutar, hay quienes todavía creen que este gobierno censor y represor es ejemplo de una izquierda de vanguardia, cuando ni siquiera izquierda es.

Otra vez estamos en un momento de definición del país que queremos ser. Yo al menos quiero un país incluyente y diverso en el que todas las voces puedan ser escuchadas y todos lo medios tengan la oportunidad de hablar de lo que quieran, a pesar de que no todos estemos de acuerdo, en el que los políticos no sean los protagonistas y sean los que menos hablen, mejor se dediquen a trabajar, no a dar discursos demagógicos todas las mañanas.

lunes, 1 de abril de 2019

Víctimas.




Nuestra mejor excusa es que nosotros no somos culpables, somos victimas de las situaciones, de los planes macabros de otros.

Armando Enríquez Vázquez

A principios de la década de los años setenta, había unas camisetas de algodón rojas con un diseño en blanco de un dibujo de Rius en la que el personaje denunciaba: “Hace un chingo de años, llegaron un chingo de españoles y nos chingaron…” el texto continuaba en ese contexto de como los pobres de México siempre han sido víctimas del poder. La camiseta era parte de la propaganda del Partido Mexicano de los Trabajadores que dirigía el extraordinario ingeniero Heberto Castillo, un hombre de una inteligencia superior y uno de los verdaderos líderes de izquierda que tuvo nuestro país.
A lo largo de los poco más de 200 años de iniciado el proceso de independencia, en México ver de manera maniquea y poco seria la relación con España, y el surgimiento de una nación mestiza que le gusta ser víctima, es sin duda uno de los mayores factores que impide forjar la verdadera identidad nacional.
Hace muchos años, también, escuche una historia la cual conforme pasa el tiempo creo apócrifa pero que ilustra perfectamente nuestra mentalidad. Se dice que estando juntos el escritor y filósofo español Miguel Unamuno y Diego Rivera, el último le dijo al español: “Cuando sus antepasados nos conquistaron…” a lo que el salamantino rápidamente refutó: “Habrán sido los suyos porque los míos jamás han salido de Salamanca.” Como nación nos reconforta el haber sido afrentados, vejados y destruidos cuando cronológicamente ni siquiera éramos el país que hoy se dibuja en los mapas. Hoy esta visión de perdedores sojuzgados es la que le conviene a un presidente que durante 18 se ha visto a sí mismo como una víctima.
Al terminar la conquista española, la Nueva España era un enorme territorio que iba desde el norte de los que es hoy la costa oeste de los Estados Unidos hasta el sur en donde empieza hoy Colombia. La cantidad de pueblos originales, no se limitaba a Mexicas, Mayas, cuyo esplendor había pasado. Nadie habla de la importancia del Imperio Purépecha el segundo más importante a la llegada de los españoles en el territorio de lo que es hoy México y que juró lealtad a la Corona española en 1525.
Pero en México por alguna extraña razón elegimos a la Malinche como símbolo de como los españoles se cogieron a nuestras mujeres cuando, la indígena fue víctima del machismo maya y fue un regalo al conquistador que también era machista. Nosotros, los que hoy habitamos México, no somos en la gran mayoría ni españoles, ni miembros de los pueblos originarios, somos el resultado de la mezcla de ambos y la sangre de ambas estirpes corre por nuestras venas, claro por algunos correrá sangre mexica, por otros purépecha, chichimeca, apache, maya, lacandona, seri, otomí, tarahumara, yaqui, huichol, cucapá, tzotzil, entre otras. Pero además hay en quienes corre sangre alemana, francesa, inglesa, norteamericana, argentina, japonesa, chilena, china, libanesa. ¿Dónde pretendemos agrupar a tantas nacionalidades que hoy forman lo que somos los mexicanos? Lo ideal sería en una idea de unidad nacional.
No en el racismo y el odio que tanto defiende y anuncia el presidente López Obrador quien a hace tan sólo tres mese nos presumía a los mexicanos sus lazos familiares y su origen cantábrico, para ahora sentirse víctima y querer que otras naciones pidan perdón.
Lo que promueve el presidente con ese discurso bipolar, pero además inconsistente es la eterna necesidad de los mexicanos de sentirnos víctimas. De la división, de clasismo y de racismo. Dividir a los mexicanos siempre le ha funcionado a los gobernantes.
Perdemos el empleo por culpa de otros, perdemos en el futbol por el mal arbitraje, somos jodidamente pobres, pero muy honrados (hoy se dice somos “pueblo bueno”, “animalitos” bien cuidados) los mexicanos somos incapaces de hacernos valer sin la ayuda del gobierno, o al menos eso quisieron hacer creer muchos gobiernos demagogos del PRI que saquearon al país, justo de la misma manera que lo hace hoy el presidente López Obrador emérito heredero de las políticas de Estado de Luis Echeverría y José López Portillo, como lo demuestra no sólo su actuar y decir sino patéticamente el origen de muchos de sus colaboradores.
A lo largo de un siglo de adoctrinamiento, el pueblo mexicano prefiere verse víctima y apelar a la ayuda de un gobierno que jamás lo ha ayudado, siempre lo ha comprado y sobornado con sus dádivas, que siempre les da atole con el dedo. El regreso de la demagogia a México nos hará retroceder en el mundo justo de la manera que al grupo en poder encabezado por un hombre que ha hecho de la victimización un discurso político y una forma de vida. El discurso de odio de López Obrador, no está nada alejado del de Trump o el de Bolsonaro, el desprecio que tienen lo tres por la cultura y el sector con cierta educación, los obliga a dividir y enfrentar a sus gobernados para ganar.
Ser y sentirse víctimas implica creer que Juárez fue el mejor presidente y se quedó a la mitad de su gran labor debido al ataque de angina de pecho, cuando muy probablemente el oaxaqueño hubiera sido el dictador mexicano en lugar de Porfirio Díaz. Si Colosio no hubiera muerto, muy probablemente nada habría cambiado. Pero lo importante es ser víctima, porque al convertirnos en víctimas, aunque sea del Destino mismo, nos da los pretextos necesarios para mantenernos pasivos.
A principios de este siglo la caída del PRI en las elecciones del 2000 cambió el ánimo de muchos mexicanos y las nuevas generaciones comenzaron a darse cuenta de lo importante de ser competitivo, de olvidarse, por un momento, de los factores externos y confiar en las capacidades propias y su energía. La culpa no la tiene nadie, lo importante es ser responsable de actos y acciones. Pero la hoy muy mal llamada izquierda mexicana, fundada por dos bribones como Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo al ser desplazados por la nomenclatura del PRI en las elecciones de 1988, fue la que reivindicó la figura de la víctima al plañir desde ese año el fraude electoral. Más tarde, cuando el PRI le negó la candidatura al gobierno de Tabasco se unió López Obrador a esta “izquierda” y no tuvo empacho llegado el momento en apuñalar por la espalda a Cárdenas. Pero desde ese momento en que no obtuvo la candidatura para gobernar a su estado, el discurso de víctima es central en la argumentación política del tabasqueño. Las dos últimas elecciones y todavía como parte de la campaña del 2018 López Obrador jugó la carta de la víctima de un poder superior, al que de manera maniquea y sin fundamentos anuncia haber derrotado, aunque existen aún agentes de ese mismo poder omnipotente que intentan desestabilizar su gobierno y por eso, en su condición de víctima, el presidente denuncia a diario a sus supuestos enemigos, que jamás serán sus gobernados. Como en los Expedientes X; El enemigo está allá afuera.

lunes, 12 de noviembre de 2018

Maniobras totalitarias desde el disfraz de izquierda.



La demagogia, el populismo y las promesas de crecimiento con mejoras sustanciales en los niveles de vida son promesas comunes a los sistemas totalitarios que amenazaron con acabar con países el siglo pasado.

Armando Enríquez Vázquez

Mucho se ha hablado de los orígenes priístas del Presidente Electo, de su falta de visión democrática, de su autoritarismo y de como se ha permitido todos los lujos que ha criticado en otros en su quehacer diario y el de su familia, con un hijo que compra departamentos de 12 millones de pesos sin problemas o viaja por Europa de la misma manera y visitando los mismos lujares que la llamada mafia del poder.
El problema no está en el pasado y presente de nuestro propio Trump, si no de lo que se prepara a hacer en un país sustentado en una frágil democracia como el nuestro.
Claro que existen puntos que también desde la oposición al futuro gobernante se exageran, como la ya despreciada marcha fifí; la decisión acerca del NAICM, no tendría ningún problema, si López Obrador hubiera hecho su santa voluntad como presidente, sin disfrazarla con una consulta a todas vistas sesgada y tramposa. Cualquier presidente ha tomado decisiones que lesionan intereses del pueblo, el FOBAPROA por ejemplo, sin que nadie pueda hacer nada y de una manera disfrazada de legal con el apoyo de su mayoría servil en el Congreso de la Unión.
Pero lo peligroso de López Obrador, quién si conoce la historia, es que prepara repetir acciones que hicieron que surgieran las más terribles dictaduras del siglo XX; La Alemania Nazi, La Italia Fascista, España de Franco, Cuba de Fidel Castro o la dictadura más cruel del siglo XXI Nicolás Maduro en Venezuela.
La creación de milicias juveniles tiene como claro propósito adoctrinar a jóvenes en la ideología distorsionada de López Obrador y el grupo de empresarios y políticos chapulines que lo respaldan. Además de adoctrinarlos, los jóvenes al ser parte de una milicia serán adiestrados en tácticas militares y paramilitares para reprimir a los opositores y amedrentar a la población. Un poco o un mucho como camisas pardas o camisas negras. Los nuevos halcones de hombre que desde su militancia aprobó las acciones de Luis Echeverría en los años setenta.
El nuevo presidente habrá de operar desde el odio clasista y racista que muchos en el país sienten frente a una clase política nacida en el PRI y el PAN que siempre los desprecio en todos los sentidos, en contra de una clase media desprotegida que nunca apoyo a López Obrador, pero tampoco aprobaba del todo a los otros dos partidos gobernantes. “Un pueblo sabio” que ahora cree que tiene el poder sin darse cuenta qué son y serán sólo un instrumento de control del estado. Las milicias paramilitares pagadas en otras décadas por empresarios, latifundistas y terratenientes y permitidas por gobernadores y autoridades federales, hoy serán pagadas desde las arcas del gobierno con el disfraz de programas sociales y acciones en pro de grupos en desventaja. El hambre satisfecha con fondos del gobierno hará a estos hombres y mujeres que habrán de integrar a las milicias represoras, militantes fieles a López Obrador.
El círculo se cerrará gracias a uno de los programas más interesantes y necesarios planteados por el Presidente Electo, pero que en el fondo creará un grave problema en la sociedad mexicana. Es cierto que el aparato burocrático de este país es enorme y no reporta mayor beneficio al crecimiento del PIB y si promueve la corrupción. Corrupción que va desde aviadores en las dependencias de gobierno, mordidas por trámites, trámites en exceso y duplicidad de funciones. A esto debemos sumar la gran cantidad de seres humanos concentrados en una zona del país; la Ciudad de México y la zona metropolitana. La descentralización es una medida que ningún ex presidente se atrevió a tomar. El INEGI fue un experimento del que ninguno replicó pero que fue exitoso, para todos.
La idea de López Obrador es magnífica y requiere sólo un estudio de impacto en las ciudades que recibirán a la burocracia nacional para crear una logística para descentralizar de una manera ordenada lógica y que no dañe los intereses ni de aquellos que llegaran a habitar las ciudades, ni de aquellos que residen en ellas.
Pero planteada como lo propone el Presidente Electo la propuesta puede tener una serie de efectos colaterales que deben ser estudiadas, la primera es que tal vez existan personas que por diferentes razones no estén de acuerdo con el traslado de su fuente de trabajo y decidan quedarse en la capital por diferentes razones, si por un lado esto promoverá el empleo en las ciudades a las que llegue la dependencia creará problemas de desempleo en la capital del país a menos que exista un programa de promoción de creación de empleos para estas personas. La otra es que a la larga y una vez lograda la descentralización de todas las dependencias de gobierno ¿óomo se solucionarán los problemas que quedarán en una Ciudad de México? que tendrá muy probablemente una sobreoferta de oficinas y departamentos para vivienda que tal vez se solucione con los habitantes de los municipios aledaños del Estado de México, entidad a la que se trasladaría el problema, eso sin contar el déficit de empleos y la posible alza de la criminalidad. El primero se soluciona volviendo al punto de las milicias simpatizantes del gobierno y el segundo también.
López Obrador, como Fox en su momento, no se da cuenta que no necesita a nadie del pasado para legitimar su presidencia, el permitir la presencia de personajes nefastos como Elba Esther Gordillo, Carlos Romero Deschamps durante su gobierno, sólo habla del regreso a los tiempos del corporativismo que aseguren que su discurso de odio y demagógico será escuchado y apoyado al menos en apariencia por miles y millones de mexicanos. Con las que llenará plazas y el Zócalo demostrando ese músculo que necesita para amedrentar a la sociedad civil, que tanto desprecia, una táctica del fascismo, del Nazismo, de Castro y Maduro.
Por eso López Obrador no va actuar contra los verdaderos lastres de la productividad de México y su gobierno; los sindicatos. Los despidos que planea afectan a millones de mexicanos que trabajan como personal de confianza y free lance en las dependencias que no son representados por nadie que pueda ofrecer millones de votos a Morena. La aprobación de libertad de afiliación de trabajadores al sindicato de su elección, sólo es una táctica para crear la versión morenistas de la CTM y poder deshacerse de ese sector del PRI.
Su perdón a los corruptos de este sexenio es una forma de congraciarse con su antiguo partido, con muchos de los discípulos de sus maestros y sobre todo con Carlos Salinas de Gortari a quien no se atreve a tener como enemigo. La cuarta transformación requiere la validación de quien tiene aun la mayoría de los hilos del poder en el país, con el tiempo y las estrategias de López Obrador y su equipo a lo mejor esto cambie.
Las consultas opacas y sesgadas a las que está acostumbrado Andrés Manuel, porque ya las sufrimos cuando como Jefe de Gobierno del Distrito Federal hizo la primera farsa de una consulta de revocación del mandato, con una supuesta encuesta telefónica. A las mentiras populistas como en la que quiso involucrar del gobierno francés que el mismo presidente Macron desmintió más rápido de lo que el Presidente Electo tardó en formular su respuesta.
La creación de los llamados virreyes estatales, quienes incluso parece que decidirán cual estado merece recursos federales y cual no, basado en la militancia, obediencia y servilismo al tlatoani tabasqueño, es otro de los graves problemas que habremos de enfrentar y cuya idea está dirigida a acallar a gobiernos de otros partidos que puedan ser críticos del gobierno federal. Esto será aun peor en los gobiernos estatales que encabece Morena porque los recursos se gastarán en crear bases leales al partido.
Grupos empresariales de los que hoy sobresale Rioboo, al que López Obrador como Jefe de Gobierno del Distrito Federal blindó con la opacidad de no hacer pública la información acerca de los costos del segundo piso, o la presencia de Alfonso Romo, y su proyecto de árboles frutales y maderables en el sureste del país, tienen ese aire de la derecha que al igual que Higa y OHL controlaron las decisiones de Peña Nieto.
López Obrador tiene algunas buenas ideas, lo que no significa que estén basadas en buenas intenciones, México ha comenzado a ver el cambió porque ha cumplido las primeras promesas de su campaña; la cancelación del aeropuerto, el fin a las onerosas pensiones de ex presidentes, la nueva ley de ingresos para servidores públicos que Peña Nieto se ha rehusado a firmar, pero tristemente su actitud y su discurso de odio no dejan de tener el tufillo perturbador de quien planea más que una cuarta transformación erigirse en el tercer dictador de México.


publicado en blureport.com.mx el 4 de noviembre de 2018

lunes, 10 de septiembre de 2018

La Izquierda mexicana como se parece a la derecha mundial.



La postura de López Obrador y sus correligionarios raya en acciones que lo unen más con la derecha que con la izquierda moderna y actual que él como stalinista desconoce.

Armando Enríquez Vázquez

Existen más de un detalle que nos dice que el primer gobierno llamado de Izquierda en nuestro país está muy lejos de serlo, en cambio sí esta cercano a emular a las derechas mundiales, históricas y actuales.
Una de las pifias menores que Andrés Manuel López Obrador ha cometido desde el día que fue electo por la mayoría de los mexicanos que esperan de él un cambio para ser nuestro próximo presidente fue, desde mi punto de vista, el haberse comparado con Donald Trump. Sí bien en el papel más ingenuo podríamos pensar que ambos líderes buscan lo mejor para sus gobernados y sus países por más que no simpatice con las ideas y la forma demagoga de ser de López Obrador, no lo puedo comparar con nefasto, siniestro e ignorante presidente de Estados Unidos. Ni creo que él en el fondo se imagine a sí mismo como El Trump de este lado de la frontera y sin embargo a pesar de lo que yo quiera creer puede que el próximo presidente del país vea realmente algo en el presidente norteamericano común en ambos.
El hecho de que desde su presidencia electa López Obrador pida la ayuda de la iniciativa privada para resolver problemas de inversión y de gasto del gobierno federal en diferentes terrenos, tampoco lo hace el presidente de la Izquierda que muchos de sus seguidores estaban esperando. La cercanía de Alfonso Romo y la lejanía de sus aliados históricos y simpatizantes de una izquierda estatista y stalinista como lo son Paco Ignacio Taibo II, John Ackerman o el mismo Gerardo Fernández Noroña al que se mando a la bancada del PT.
A diferencia de Lázaro Cárdenas que buscó la cercanía con el pueblo para poder dirigir mejor el país mientras se apoyaban los desarrollos agrícolas, tecnológicos y sociales, López Obrador quiere al pueblo cerca para que hagan de él a su ídolo, a su líder máximo de la misma manera que en su momento hicieron Benito Mussolini o el mismo Hitler, un fascismo demagógico disfrazado de Izquierda. Él no es un presidente al servicio de México, él es un hombre al que el pueblo bueno y sabio tiene la obligación de proteger y cuidar. No quiero decir, o no por el momento que las ideas de menosprecio por las clases medias y las clases altas que tanto le gusta manifestar al Presidente Electo nos vayan a llevar a una catástrofe social y económica, al fin de cuentas no le ha sucedido aun a Trump. Pero si debe alentarnos en cuanto a un discurso que puede causar una división mayor a la ya existente entre los mexicanos y la forma que tenemos de ver al otro connacional.
Y es en ese mismo sentido que una de las visiones que más preocupa del régimen que entrará en funciones el próximo mes de diciembre es su visión maniquea y religiosa del comportamiento de la sociedad.
La moral es algo vivo y cambiante, para una muestra un botón en la Ciudad de México y las otras grandes urbes del país convivimos aceptando la diversidad de ideas y de posiciones radicales algo que no sucede en comunidades más pequeñas y devotas del país. La moral de un habitante de la Ciudad de México, Monterrey, Guadalajara, Puebla o Querétaro no tiene nada que ver con la de los habitantes de Zitácuaro, los Altos de Jalisco o de Parral en Chihuahua.
La idea de Andrés Manuel López Obrador de crear una “Constitución Moral” para México es por mucho la idea más retrogradas de las muchas que tiene el Presidente Electo y lo acerca directamente a los dictadores y miembros de la clase más de derechas que conocemos en la historia de la humanidad.
Para elaborar esta constitución, como en muchas otras de las decisiones del López Obrador, el presidente electo ha seleccionado a personajes de la tercera edad que La gerontocracia aprobada por López Obrador para redactar y poner en marcha esta disparatada idea, fue presentada por López Obrador. ¿Por qué necesitamos los mexicanos una Constitución Moral? Y ¿desde cuándo es función de un gobierno ser vigilante de la moralidad de sus gobernados? ¿Quién nos ha demostrado a los mexicanos que esos hombres y mujeres nombrados por López Obrador para llevar a cabo tan inquisitorial labor sean los adecuados? y ¿cuál es la “curricula moral” de los “Elegidos” del Señor Presidente Electo (Así con mayúsculas todo por ser el Omnipotente posible forjador del próximo desastre en México)? pero entonces desde ese punto de vista protestante, religión que práctica el Presidente Electo, el gobierno que encabezará está muy lejos de esa izquierda a la que dice pertenecer y mucho más cercano a una derecha evangélica, cómo el mismo reconoce al compararse con Trump. Es parte de la idea de la constitución moral del Presidente Electo el favorecer un comportamiento falto de ética o de compromiso como el que demostraron los senadores de Morena al votar en dos sentidos opuestos en el caso de la licencia de Manuel Velasco en menos de cuatro horas. ¿O los políticos afines a él están exentos de cumplir La Constitución del país y la moral que pretende imponer, doblándolas a gusto y conveniencia?
No me molesta que un hombre como Gerardo Fernández Noroña viaje en primera clase, me molesta que ahora que va a ser parte del gobierno se comporte como un pequeño tirano stalinista cuestionando lo que hace una empresa como Bimbo y no lo que hace su partido el PT engañando a los mexicanos. Me molestan que se erijan en jueces “morales” a sabiendas que fueron él antes quien cuestionó la condena moral de los grupos del poder. No me molesta que exija sus derechos como legislador, me enoja que ahora pretenda mantener el fuero para actuar de manera déspota.
Me molesta que la izquierda se entienda como el empobrecimiento de espíritu y material de un pueblo, el enriquecimiento de los políticos de la misma manera que cualquier partido de derecha en el resto del mundo se ve a sí y a su forma de gobernar.


publicado en blureport.com,mx el 5 de septiembre de 2018
imagen: DeathToStock.com.mx

miércoles, 29 de agosto de 2018

Rosa Torre González la primera autoridad electa en México.




Dentro de la historia que los lobos sonorenses y los que los siguieron borraron de mexicanas ejemplares antes y durante los días de la Revolución está la de esta gran yucateca.

Armando Enríquez Vázquez

En México de principios del siglo XX, la lucha ideológica se libró muchas veces al sur de la República, del noroeste llegaron los bárbaros que la terminaron a punta de traiciones, de balazos y una ambición desmedida, pero quienes también por su machismo acabaron hacer a un lado y minimizar a las mujeres que en muchos ámbitos brillaron antes, durante y después de la lucha armada y todo lo que el género había logrado durante el Porfiriato, fue anulado por los “generalazos” de Sonora.
Entre estas brillantes mujeres se encuentra una Yucateca de la que casi nadie ha oído hablar; Rosa Torre González.
El barrio de Santa Ana en Mérida es uno de los cuatro barrios históricos que formaron la ciudad en sus inicios, durante mucho tiempo vivieron en él jornaleros y artesanos, Hoy se distingue por un famoso mercado y la iglesia en honor de Santa Ana. En ese histórico barrio nació Rosa Torre González el 30 de agosto de 1890. Estudió en el famoso Instituto Literario para Niñas que dirigió la famosa maestra yucateca Rita Cetina Gutiérrez, de la que otro día escribiré, y que fue fundamental en la educación de las mujeres en Yucatán a lo largo del siglo XIX. Más tarde estudió en la Escuela Normal de Profesores.
Cuando Madero viajó a Mérida durante su campaña presidencial en 1909 Rosa Torre González fue de acuerdo con algunas fuentes, una de las dos mujeres que recibió al coahuilense en la capital de Yucatán. También se dice que fue espía a favor de las fuerzas de Constitucionalistas durante la dictadura de Victoriano Huerta, así como enfermera en las batallas de Rosa Blanca, Pocboc y Halachó en la península yucateca que comandó el general constitucionalista Salvador Alvarado, quién fuera gobernador del estado de 1915 a 1917. Es en el curso de esas batallas cuando Rosa Torre conoce a Elvia Carrillo Puerto, hermana de Felipe y conocida como La Monja Roja. Alvarado fue uno de los pocos revolucionarios convencido que la liberación de la mujer de sus roles convencionales era de vital importancia para llevar a cabo una verdadera revolución.
Rosa Torre fue docente de la normal estatal y desde su lugar en el aula promovió la participación de la mujer en la vida política y social, en enero de 1916 formó parte de las organizadoras del Primer Congreso Feminista en Yucatán y en nuestro país, celebrado en Mérida, a él acudieron más de 600 mujeres del estado del sureste. A finales de ese mismo año se llevó a cabo el Segundo Congreso Feminista en Yucatán y en esa ocasión solamente acudieron 250 mujeres, en ambos congresos las mujeres hicieron hincapié en sus derechos, en la necesidad de obtener derechos constitucionales similares a los de los hombres, entre ellos el poder ejercer su voto y del fracaso de la revolución por lograr condiciones de igualdad. En estos congresos la representante del gobierno de Venustiano Carranza y principal promotora de ambos congresos fue Hermila Galindo, cuya ponencia sobre la sexualidad de la mujer causó escandalo entre las participantes conservadoras del Congreso quienes pidieron que la ponencia de Galindo no fuera leída en público. En el segundo, Torre González fue la representante de Galindo.
En 1919, Rosa Torre González participó en la fundación de la Liga de Mujeres “Rita Cetina Gutiérrez”, nombrada así en honor de la educadora y cuyos ideales socialistas empatizaban con los del líder yucateco Felipe Carrillo Puerto.
Como el gobernador Felipe Carrillo Puerto y su hermana, Rosa era militante del Partido Socialista del Sureste, que la postuló como regidora del municipio de la capital yucateca.
En noviembre de 1922 Rosa fue electa como regidora de Mérida, esto la convirtió en la primera mujer en el país en ser electa para un puesto público, lo más relevante de la elección de Rosa es que en esos momentos en México la mujer no tenía derecho a ejercer su voto, por lo que su elección nos habla de la mentalidad de los votantes yucatecos de esa época quienes además al año siguiente habrían de elegir a Elvia Carrillo Puerto, Beatriz Peniche y Raquel Dzib como las primeras tres diputadas en el país cargo que les fue revocado con el asesinato de Felipe Carrillo Puerto, gobernador de Yucatán y hermano de Elvia. Siendo las funciones de los regidores puestos de rotación en cuanto a responsabilidades, tal vez para evitar la corrupción que se lleva a cabo hoy en día con los diferentes encargados por años de puestos de elección, Rosa Torre ocupó la Regiduría de Prensa y Beneficencia, la de Espectáculos, Salubridad e Higiene, la Comisión de Nomenclatura de Calles y Padrón Municipal. Rosa Torre ejerció su cargo hasta la caída de Carrillo Puerto.
Durante su gestión como regidora Rosa Torre publicó El Boletín Municipal, dedicado a hacer del conocimiento público las actas de sesiones y los avisos públicos. Actuó como censora de películas y conforme a un texto que escribió titulado: Mi actuación en el H. Ayuntamiento de Mérida en el año de 1923, también se encargó desde la parte de la beneficencia a dotar de servicios de emergencia médica a los pueblos del municipio de Mérida. Con el derrocamiento de Carrillo Puerto y su posterior asesinato, Rosa Torre como todos los funcionarios leales a Carrillo Puerto dejo el puesto y fue víctima de los hombres de Juan Ricárdez Broca, el de la huertista que se autonombró gobernador de Yucatán, quienes como ella misma describió catearon su casa.
El resto de la vida de Rosa Torre González transcurre desde ese silencio al que fueron obligadas desde el olvido la gran mayoría de las importantes mujeres de la Revolución Mexicana, se sabe que regresó a su labor como profesora y en 1947 participó en el Primer Congreso Interamericano de la Mujer celebrado en Guatemala. Fue miembro del Ateneo Mexicano de Mujeres que presidía Julia Nava de Ruisánchez.
Fue una de las pocas feministas reconocida como veterana de la Revolución Mexicana.
Rosa Torre González murió el 13 de febrero de 1973 en la Ciudad de México.


publicado en mamaejecutiva.net el 20 de agosto de 2018
imagen, wikipedia.org

lunes, 14 de mayo de 2018

¿Dónde quedaron el piloto y la izquierda en México?




Con la pátina del absurdo y la incoherencia continúan las campañas electorales sin rumbo y sin pasado.

Armando Enríquez Vázquez

Después de una semana más en las accidentadas y patéticas campañas presidenciales, sí podemos decir y pensar qué en el circo de la política mexicana contemporánea lo que impera es el humor involuntario, la improvisación y la estupidez.
Miércoles 2 de mayo, conforme fue avanzando el día un rumor se acrecentaba entre columnistas, periodistas y los medios de información quienes a fuerza de tuitazos querían ganar la primicia de la información: La inminente salida de Enrique Ochoa Reza de la dirigencia nacional del PRI y la llegada de un viejo dinosaurio y priísta de cepa a ocupar el lugar del favorito de Peña Nieto para tratar de minimizar, o de por lo menos de implementar un control de daños al partido; recatar lo que se pueda del fracaso total de Peña Nieto y sus amigos. La campaña de José Antonio Meade es insalvable, pero no así curules y escaños para ciertos priístas que necesitan ver como salvan a su partido de la extinción.
Lo que es claro y obvio es que la decisión no salió de Los Pinos, ni de la conciencia de Peña Nieto; Luis Videgaray. Al contrario, la orden vino del interior del partido, de los enemigos del Peña Nieto, de aquellos a los que a lo largo de su sexenio humilló y menospreció. Miguel Ángel Osorio Chong y Claudia Ruiz Massieu entre otros celebraron la llegada de uno de sus allegados, René Juárez. Un día antes el candidato del partido en el Poder había declarado que no había plan B en su campaña cuando la encuesta de Reforma hizo evidente como sigue hundiéndose su campaña. ¿Entonces qué sucedió al día siguiente? ¿Estaba ya planeada la salida de Ochoa Reza desde que inicio la campaña, sin importar el mensaje de debilidad y caos existente al interior del PRI? ¿En serio Señor Meade, o el plan B provino de los que nunca creyeron que usted fuera la mejor opción para el PRI; los priístas? Lo peor es que el candidato declaró un día después de la llegada de René Juárez Cisneros a la dirigencia del PRI que la decisión del relevo había sido de él. Otra vez ¿En serio? Ahora resulta que el menos priísta de los que forman ese partido, es más, el único que no es priísta está por encima de la militancia y los viejos cuadros del PRI. Las cosas entonces están peor de lo que parecen y la herencia de Peña Nieta. Luis Videgaray y Enrique Ochoa es la de un trío de arrogantes traidores que desmantelaron a su partido ignorado a los miembros y bases que lo apoyaron a llegar a ser el presidente del país.
Pero sí lo que sucede al interior del PRI no tiene pies ni cabeza, lo que demostró Andrés Manuel López Obrador una vez más fueron su intolerancia, su poca idea de la política, su incapacidad, como Donald Trump, de contenerse y su espíritu, como Francisco Labastida, de exponerse como víctima. Lo que es peor en su ira desatada contra empresarios que no simpatizan con sus ideas, se llevó entre las patas a Peña Nieto al que tácitamente llamó títere de los empresarios y por extensión víctima y caso curioso terminó sin darse cuenta defendiéndolo y justificándolo. En otro caso de la política como fuente del humor involuntario en México.
La postura de Andrés Manuel muestra un hecho claro. Hace muchos años que la Izquierda Mexicana desapareció del escenario de la política mexicana. Hombres y mujeres que lucharon por un México equitativo, moderno, incluyente con ideales claros de izquierda han sido traicionados por una runfla políticos oportunistas que desmantelaron al PSUM para crear esos Frankensteins sin ideología que son el PRD y Morena. El desmoronamiento de la Izquierda Mexicana se remonta a Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo, Ifigenia Martínez y sus pupilos Rosario Robles, Andrés Manuel López Obrador, Alejandro Encinas, quienes terminaron por desmantelarla con sus minions sin escrúpulos que los rodean y alaban como si fueran paladines de las ideas. Scheinbaum, Bejarano, Monreal, Padierna, Polevnsky, viles y serviles mezquinos con miras a enriquecerse como lo hacen sus similares en el PRI y el PAN. Acomodaticios personajes a los que los mexicanos hemos permitido existir al interior de un sistema político que hemos tolerado en aras de una mal entendida pluralidad democrática a lo largo de este siglo.
La triste historia de eso que nos quieren hacer creer que es Izquierda culmina, no sólo con López Obrador aliándose con el Partido Encuentro Social y la latente posibilidad del retroceso en las libertades individuales de grupos como los homosexuales y el derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo, si no con Ricardo Anaya como orador en la celebración del aniversario 29 de la fundación del Instituto Político que acabó con la Izquierda Mexicana.
Finalmente, no deja de preocupar el tuit de un opinólogo lleno de odio y frustraciones que creció este sexenio a la sombra y tolerancia del en otros casos intolerante Peña Nieto. Ricardo Alemán tuiteó el fin de semana lo que parece una invitación a asesinar a López Obrador. Más allá de lo deleznable y poco ético de un mensaje así en una persona que se cree comunicador, nos obliga a dos puntos de reflexión en la pervertida y bárbara democracia mexicana. Por un lado, la falta de acción inmediata de las autoridades cuando realmente se necesita. Por otro ese papel, que muchos se niegan a aceptar de Andrés Manuel como factor importante en la división y odio entre diferentes sectores de la población. Hace uno meses cuando el tabasqueño habló y amenazó con las posibilidades de “despertar al tigre”, prefirió ignorar el hecho de que en México existen varios tigres y que es mejor ser mediador, no sea que el tigre que se despierte sea otro, como podría resultar de los llamados insensatos y criminales de Alemán.
El gran escritor y pensador mexicano José Revueltas escribió en 1958 el ensayo México: Una democracia bárbara, en él Revueltas concluye que el estado, entonces una maquinaria perfecta del PRI, tenía como base de falacia democrática, lo que hoy llamamos clientelas y en prologo a la segunda edición casi veinte años después de su publicación Revueltas escribió: “El Estado mexicano a través de numerosas vicisitudes internas y externas, y de una serie de pruebas y contrapruebas derivadas de su inicial acto de origen, como acto ideológico que le impedía estatuirse como diametral negación de la sociedad porfiriana, se ha ido afinando cada vez más, hasta llegar a su máxima expresión contemporánea como Estado ideológico total y totalizador…” y cuya evolución está formada por esas mafias del poder, una la denunciada por López Obrador, la otra la que el mismo ha creado y que bien caben en las palabras de Revueltas: “…este es el mecanismo con el que funciona la democracia bárbara en México: la democracia ideal, puramente invocativa, como el traje de etiqueta con que se viste al chimpancé para su grotesca actuación en el circo de la política mexicana.” 


publicado en blureport.com.mx el 7 de mayo de 2018

viernes, 14 de octubre de 2016

El Mejor Postor.



Pero la corrupción en la capital del país es rampante ahora con Miguel Ángel Mancera, a quien lo que menos le importa es el ciudadano de a pie. 

Armando Enríquez Vázquez

Miguel Ángel Mancera es sin lugar a dudas la máxima expresión de como el PRD ha ido a lo largo de más de dieciocho años en control de la Ciudad de México, vendiendo la capital de la República al mejor postor.
Desde tiempos del PRI, la ciudadanía chilanga era lo que menos importaba a los gobernantes de la Ciudad y lo realmente trascendente era mantener a grupos de ambulantes, ladrones disfrazados de taxistas ambulantes y grupos de choques contentos para poder utilizarlos en los momentos de tensión o en a lo largo de las elecciones. Marcelo Ebrard fue un artífice del control de esos grupos cuando desde su puesto de secretario de gobierno de Manuel Camacho Solís controló a ambulantes del Centro Histórico y puso a los microbuseros en su lugar, o mejor dicho bajo su mando. Desde esos años del salinismo, el después jefe de gobierno de la Ciudad de México ya estaba en oscuras negociaciones con grupos de choque de la Ciudad, los cuales vendió como capital político a los siguientes Jefes de Gobierno Perredistas.
Si quisiera creer que a lo largo de todos estos años de una Ciudad de México perredista existió un Jefe de Gobierno interesado por la ciudadanía, tal vez tendría que pensar en Cuauhtémoc Cárdenas, pero tampoco puedo ser tan ingenuo tras todos los corruptos que le heredó a la Ciudad de México y con quienes, queda claro desde el momento el llamado El Ingeniero, para diferenciarlo de los otros licenciados surgidos del PRI, formó parte de la comisión que redactó ese adefesio que Miguel Ángel Mancera presentó como borrador de la Constitución de la Ciudad y que promueve una serie de estupideces y barbaridades, sigue aliado.
Es claro que desde la jefatura de gobierno del PRD se han ido cometiendo cada administración peores fechorías, desde los favoritismos de Rosario Robles por el empresario Carlos Ahumada, el respaldo a la corrupción de López Obrador al defender a personajes como René Bejarano, a quien dio trato preferencial en una prisión de mentiritas, o las sospechas de corrupción que mantienen a Marcelo Ebrard fuera del país, huyendo de órdenes de aprehensión.
Pero la corrupción en la capital del país es rampante ahora con Miguel Ángel Mancera, a quien lo que menos le importa es el ciudadano de a pie. Le importa cubrir a los miembros corruptos de su gabinete, le preocupa vender proyectos a empresarios y le importa hacer de la CDMX (Marca Registrada) una de las más injustas, menos amigables, más contaminada y más opacas ciudades del país. Así como López Obrador, negaba la existencia de la inseguridad en una ciudad que llenó de familias de todas las clases sociales vestidos de blanco del Ángel de la Independencia hasta el Zócalo y a los que el tabasqueño con esos aires de superioridad que se da, calificó de pirruris burlándose de la ciudadanía, así Miguel Ángel Mancera se ha empeñado en negar la existencia de crimen organizado en la Ciudad, cuando todos los días desde que inició su gobierno los hechos se empeñan en demostrarle lo contrario.
El borrador de la Constitución que firmaron personajes siniestros del México moderno como Porfirio Muñoz Ledo o Alejandro Encinas propone estupideces como permitir y proteger a los ambulantes y a los ciudadanos en situación de calle, en este último caso, permitiendo que el gobierno de la tan cacareada CDMX (Marca Registrada) se desentienda de la protección de estos descastados quienes en teoría, sólo en teoría, deberían ser protegidos y cuidados por una importante de política social de cualquier partido de izquierda tiene entre sus propuestas. Un borrador que discrimina a sectores de la población, favoreciendo a otros y que no reconoce en su modernidad leyes para implementar el desarrollo y crecimiento económico para la entidad.
Poco a poco, los diferentes gobiernos del PRD han vendido la capital del país al mejor postor. Grupos de ambulantes, constructoras, concesionarios del transporte público, dueños de verificentros, taxistas piratas, etc. Y si el gobierno central de la capital permite toda esta corrupción que ha enriquecido a muchos miembros del PRD que son dueños de flotillas de taxis, de grúas, de departamentos, ni que decir de los enanos delegados de todos colores, que han hecho de sus delegaciones feudos y un PRD que temeroso de perder más de lo que ya ha perdido en confianza ciudadana los protege a la más patética usanza priísta. Y ese es el último postor al que un hombre sin escrúpulos, ni postura ideológica como lo es Mancera, ha vendido la CDMX (Marca Registrada); al PRI. Porque no hay otra manera de explicar el actuar de Mancera al permitir que una asamblea constituyente, que a ningún chilango nos importa, que sólo es un asunto de corrupción y politiquería barata, esté compuesta por una gran cantidad de priístas, un partido que en la Ciudad de México no es querido, ni votado. Pero para Mancera eso no importa, no protestó por este hecho como ahora lo hace por el recorte presupuestal que le impide seguir su cadena de corrupción.
Habría que decirle a Mancera que nuestra Ciudad, siempre desde su fundación se ha llamado Ciudad de México, qué además de descubrir el hilo negro, él no ha hecho nada más que vender la ciudad y sus espacios. El sólo ha promocionado la ilegalidad y el ecocidio. El sólo ha funcionado como escudo de funcionarios corruptos y punta de lanza de un grupo de empresarios de la construcción. Incapaz o indolente para actuar en problemas de la seguridad en la ciudad, de mejorar el transporte público, de crear una verdadera infraestructura para la ciudadanía, Mancera se ha limitado a decirnos cuanto trabaja por sus amigos y a llorar lágrimas de cocodrilo frente al SCHP, pero nos gustaría verlo sacar la casta y pelear por sus gobernados, por la ciudad y no doblar las manos ante las condiciones de Peña Nieto, con tal de tener dinero en las arcas de la Ciudad.
¿Dónde quedó la Izquierda mexicana? ¿Sí esa que con mayúsculas enfrentaba y denunciaba los excesos del poder priísta? No se trata de una pregunta retórica o nostálgica acerca de líderes o ideólogos que fueron devorados por la avaricia y ambición de personajes resentidos que vieron en la oposición una forma barata disfrazar sus frustraciones. Si no de un cuestionamiento que debemos hacernos acerca de la política mexicana. Nuestra izquierda no evolucionó, pero tampoco se estancó en ideas comunistas, simplemente desapareció devorada por oportunistas como Porfirio Muñoz Ledo, un priísta amargado, que hoy juega a ser de izquierda y que no tuvo empacho en el 2000 con jugar de lleno con Vicente Fox en la derecha. O López Obrador, un stalinista trasnochado que señala con dedo flamígero a los corruptos que como él defienden a otros corruptos y se rodea de golpeadores como Martí Batres, Ricardo Monreal o Gerardo Fernández Noroña. ¿Dónde quedó esa facción ideológica necesaria en cualquier país que proponga verdaderas políticas sociales? ¿Qué abogue por el bienestar de todos en la sociedad, no sólo de grupos clientelares y minorías facciosas? ¿Qué tenga dignidad y no se venda al mejor postor?

publicado en blureport.com.mx el 4 de octubre de 2016