jueves, 15 de junio de 2017

Medios sin dinero y en crisis.



Los sistemas de radiodifusión del Estado deben ser contraparte en contenidos a la producción comercial, pero no por eso debemos mantener las mismos formatos y contenidos obsoletos hace más treinta años.

Armando Enríquez Vázquez

Hablar de competitividad está muy bien, hablar de calidad y variedad en los contenidos esta mejor, hablar de un estado que promueve esto y además cuenta con estaciones de radio y televisión es algo que sucede en casi todo el mundo. Hablar de un estado hundido en una profunda crisis económica y de credibilidad con un enorme sistema de radiodifusión a su cargo que no produce, ni funciona a siquiera al 20% de su capacidad es la realidad de los medios a cargo del Estado mexicano.
Tan sólo, en cuanto a televisión abierta se refiere, el estado cuenta con más señales que cualquiera de las cadenas nacionales grandes, llámese Televisa o TV Azteca. Canal 11, Canal 22, Una voz con todos (Canal 30), Canal del Congreso y Canal Judicial son las señales del gobierno federal y sus diferentes poderes que pagamos todos nosotros de nuestro bolsillo y las cuales en el mejor de los casos no vemos y en el peor ni siquiera sabemos de su existencia, pero además, hay toda una serie de canales que produce un área de la Secretaria de Educación Pública llamada Televisión Educativa, y producción de otras dependencias como PROFECO, eso sin contar que casi todos los gobiernos estatales cuentan con señales de televisión abierta que únicamente sirven para saquear las arcas locales y en el mejor de los casos tienen una pequeña producción, que en muy pocas ocasiones a ser digna, pero que de nada sirve pues esta son totalmente desconocidas a nivel local, y mejor ni hablar de la audiencia nacional, pues no tienen promoción alguna.
Algo similar sucede con Una voz con todos, nombre de por sí patético y pretencioso para un canal de televisión que la gran mayoría de los mexicanos desconoce a pesar de que la señal opera desde tiempos de Felipe Calderón, y en tiene repetidoras en casi todo el país, y al que en teoría Enrique Peña Nieto quería volver la joya de la corona de la radiodifusión publica y que sólo es una erogación más para el bolsillo de los mexicanos a lo que no importa el canal y mucho menos los áridos y poco creativos contenidos de la señal, que además no cuenta con el presupuesto para hacer contenidos que sean atractivos y mucho menos que sean capaces de cumplir con la idea del discurso gubernamental de la competitividad.
Los sistemas de radiodifusión del estado deben ser la contraparte en discurso y contenidos a la producción netamente comercial, pero no por eso debemos mantener las mismas ideas, formatos y contenidos que ya eran obsoletos hace más treinta años; la mesa redonda y el talk show.
Los mejores contenidos de Canal Once son aquellos en los que participan casas productoras y productores externos al canal y para los que el presupuesto asignado es cada día menor gracias a los recortes que son necesarios para mantener la estabilidad del gobierno. Desde el año pasado con el recorte presupuestal anunciado, los estrenos del 2017 regresan a la línea de la televisión barata y poco atractiva de hace 25 años, basada en puros talk shows y producciones grabadas sobre lugares comunes. Esta crisis de contenidos es mayor al hablar del Canal del Congreso o el Canal Judicial, dos verdaderos hoyos negros para nuestro bolsillo. Estoy de acuerdo que en el ejercicio de la transparencia y la democracia ambos canales son hasta cierto punto necesarios. Conocer y difundir en detalle las sesiones del poder legislativo y las decisiones que los magistrados de la Nación toman y que afectan al rumbo de la nación es importante, pero como ambos poderes no trabajan todo el año, no existe una razón para que estos canales transmitan todo el año. Son organismos del gobierno llenos de burócratas y de programas que a nadie le importan y que sólo generan un gasto más para los contribuyentes, eso sin hablar de las transas que sus directores, líderes sindicales y miembros de los poderes legislativo y judicial que se sienten encargados y con ciertos privilegios para tomar decisiones llevan a cabo. En el caso de estos últimos hasta se encargan de censurar al interior de estos canales los contenidos por no corresponder a los intereses de los partidos, cuando en teoría la razón de existir de estos canales es promover la democracia y la transparencia en nuestro país.
La solución que veo posible para que nuestros medios públicos sean competitivos y produzcan contenidos atractivos y de calidad tampoco es tan difícil. Las propuestas van desde trabajar como lo hace la BBC a partir de una cuota que paga aquel que quiere tener acceso a la televisora o en otro caso a partir de incentivos a la iniciativa privada, incluyendo la mención del patrocinador por unos segundos en pantalla, para que aporte recursos para la producción de los canales.
En México siempre entre una izquierda puritana y los mojigatos que creen que la participación de la iniciativa privada en los asuntos públicos corromperá el sistema. Como si no estuviera corrupto ya. Se ha negado la participación de patrocinios y comercialización de los canales del Estado desde la ley. Mientras que por otra parte trabajadores, mandos medios y altos de los canales tienen pánico de que la llegada de un capital que exija calidad y efectividad de los contenidos evidencie la ineptitud de la mayoría de sus trabajadores que se limitan a ser mediocres burócratas encargados de ganar un sueldo, y en el caso de las coproducciones generadas por el Canal Once, sólo hacen refunfuñar a sindicalizados y burócratas que hablan siempre mal del trabajo generado desde casas productoras y de los sueldos que estas producciones generan, sin poder ver y aceptar su mediocridad y falta de especialización para llevar a cabo un trabajo similar.
Hoy frente a la crisis de recursos que enfrenta el Estado mexicano, así como los gobiernos estatales, aunada a la crisis de creatividad y de propuestas al interior de las empresas de radiodifusión del estado, ya sea televisión o radio, las opciones son claras; modificar la ley y permitir la participación de patrocinios y dinero de la industria privada o ir apagando las señales una por una, conforme vayan resultando incosteables y poco atractivas a los ojos y oídos de las audiencias. 

publicado en roastbrief.com.mx el 6 de marzo de 2017