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martes, 21 de julio de 2020

El Más Antiguo Galván, el almanaque que nació con México.




La primera edición de este calendario se remite a 1826 cuando el país que iniciaba su vida independiente.

Armando Enríquez Vázquez.

Hace ya más de treinta años que me mostraron el Más Antiguo Galván por primera vez, la persona que me enseñó este calendario lleno de información impreso en forma de libro, me comentó que era un texto esencial para los productores de cine, pues en sus páginas se encuentra un muy acertado pronóstico del tiempo a lo largo del año, más acertado en esos años que los servicios meteorológicos de noticieros y programas de radio y televisión. A lo largo de algunos lustros lo compré religiosamente al iniciar el año, pero debo aclarar que nunca lo he visto en la estantería o escritorio de productores de televisión o de cine. Hace mucho tiempo que no me hago de uno, pero este calendario que tiene diferentes usos prácticos se sigue publicando de manera anual.
Entre la información que el Calendario del más antiguo Galván se encuentra además del pronóstico de tiempo, los fenómenos astronómicos del año, mapas de la bóveda celeste y la visibilidad de las diferentes constelaciones a lo largo del año, el santoral diario, las eras y ciclos cronológicos, las estaciones del año y las fechas santas del catolicismo. A lo largo del siglo XIX y parte del siglo XX el Más Antiguo Galván era indispensable para los agricultores del país. Aunque de acuerdo con una cita de la obra de Artemio del Valle Arizpe Calle vieja y calle nueva que aparece en sitio de Internet de la Librería y Ediciones Murguía que edita el calendario desde 1854 el escritor mexicano menciona que el calendario era tremendamente popular en los hogares mexicanos y servía como una pequeña enciclopedia, además de que al incluir todo el “martirologio” católico ayudaba a los padres para seleccionar el nombre de sus futuros hijos.
Mariano Galván Rivera nació en Tepoztlán alrededor de 1791. de acuerdo con el historiador Joaquín García Icazbalceta lo identifica como el fundador del negocio de librero en la Ciudad de México en el México independiente. En 1826 se publicó el calendario del Más Antiguo Galván por primera vez lo que significa que este año llegó a su edición 194, lo que lo hace el calendario más antiguo en México que continúa imprimiéndose.
La empresa editora y librería de Mariano Galván se encontraba en los portales de los Agustinos, lo que es hoy la Plaza de la Constitución, mejor conocida como Zócalo y la Avenida 16 de septiembre. En un inicio el calendario se llamó Calendario Manual, dada la existencia de otro Calendario Manual editado por otro famoso editor de la época de apellido Ontiveros, por lo que el calendario, se nombró Calendario Mariano Galván Rivera. En 1858 una versión que podríamos llamar pirata salió al mercado con el mismo nombre por lo que los editores decidieron volver a cambiar el nombre por el Calendario del más antiguo Galván. Las ediciones de 1845 y 1848 fueron impresas en el extranjero la primera en Nueva York y la segunda en Hamburgo.
En 1846 Manuel Murguía y Romero fundó el 11 de junio una librería y editorial, el negocio de Murguía se encontraba en el llamado Portal del águila de Oro. Hoy la Librería y Ediciones Murguía se encuentra en la calle de 16 septiembre número 54, a unos metros de su local original, que fue demolido en 1896. Desde esa fecha la empresa ocupa ese edificio construido para alojarla. La empresa sigue siendo propiedad de los descendientes de Manuel Murguía y Romero. A lo largo de 88 años de 1854 a 1942 el calendario se imprimió con los mismos tipos de la imprenta que se guardaban cuidadosamente.
Galván Rivera fue responsable de otro calendario que no fue tan exitoso al que llamó Calendario de las Señoritas Megicanas, que tenía como texto de dedicatoria: A las señoritas megicanas, cuyas virtudes forman el honor de su sexo: Su ternura. El consuelo del hombre; su belleza, el más brillante ornamento de su patria. Ofrece este leve obsequio Mariano Galván Rivera.
Además, Galván, fue uno de los promotores del libro y lo escritores más importantes de su época. Publicó El Periquillo Sarniento de Joaquín Fernández de Lizardi, La primera Biblia Mexicana, El Quijote de la Mancha además de editar los periódicos como El Observador de la República Mexicana y El indicador de la Federación Mexicana, junto con Don José María Luis Mora.
Miembro del grupo conservador que apoyo la llegada de Maximiliano y después fue arrestado y encarcelado, por su avanzada edad fue liberado y murió en la Ciudad de México el 28 de abril de 1876 a los 94 años.
El Calendario del Más Antiguo Galván se puede encontrar en todos los puestos de periódicos del Centro Histórico de la capital mexicana a principios de cada año.




publicado en thepoint.com.mx el 13 de julio de 2020

martes, 5 de noviembre de 2019

Anna Atkins botánica y fotógrafa.




El primer libro con cianotipias en el mundo fue creado por una brillante y creativa botánica, convirtiéndose así en la primera mujer en crear un libro fotográfico.

Armando Enríquez Vázquez

En el inicio de la fotografía la experimentación y la investigación llevó a los pioneros de la fotografía por muchos caminos para descubrir y utilizar materiales fotosensibles. Uno de estos investigadores fue John Herschel, hijo del astrónomo Friedrich Wilhelm descubridor de Urano. Como su padre John fue matemático y astrónomo, pero también fue un entusiasta del nuevo arte de la fotografía y el desarrollo de telescopio, Herschell acuño el término fotografía y en 1842 inventó un método para captar luz en papel a través de Ferricianuro de potasio y Citrato de amonio y hierro al que llamo cianotipia y que creaba imágenes de tipo fotográficas en la gama entre el blanco y el azul.
Quién se benefició de la técnica fue la botánica Anna Atkins, y la utilizó para retratar cientos de plantas inglesas convirtiéndose en la primera persona en crear un libro con puras ilustraciones fotográfica. Muy poco se sabe de esta mujer que se interesó en la botánica de Inglaterra y en preservarla en descripciones que fueron más allá de la clásica representación en dibujos detallados y realistas de cada especie.
Anna Atkins nació el 26 de marzo de 1799 en Tonbridge, quedó huérfana de madre a muy temprana edad, fue su padre John George Children quien la educó. Children, a su vez fue científico y quien alentó a su hija en el camino de la ciencia. John G, Children proveyó a su hija con una educación científica que era difícil para una mujer sin la posición de ventaja de Anna. El primer gran trabajo de Anna fue encargado por su padre que hizo una traducción sobre el trabajo del francés Jean-Baptiste Lamarck sobre invertebrados. Anna realizó 250 dibujos de moluscos que son detallados e impresionantes. Anna Tenía 23 años en ese momento.



Después realizó un trabajo de identificación de 1500 plantas, lo que le valió el ingreso a la Botanical Society of London. Anna se casó en 1825 con John Pelly Atkins, un comerciante. Nunca tuvieron hijos y Anna pudo dedicarse de lleno a sus investigaciones.
Anna y su padre conocían a Herschel y a otro hombre llamado William Henry Fox Talbot quienes la enseñaron a realizar trabajos de cianotipia. A partir de ese momento Anna se dedicó hacer impresiones de las algas de las costas británicas y en 1843 publicó lo que se conoce y reconoce como el primer libro con impresiones fotográficas de la historia que se llamó: British Algae: Ciyanotype Impressions.
En los siguientes siete años Atkins realizó 12 nuevas partes para su obra a manera de fascículos que la final alcanzaron casi cuatrocientas imágenes, El trabajo era meticuloso; implicaba poner las plantas sobre el papel con las mezclas químicas, exponerlas al sol por unos quince minutos y finalmente revelarlas. Existen alrededor de doce copias de esta obra que se publicó como una obra de autor que iba firmada A.A. y que algunos investigadores décadas después quisieron creer y hacer creer que era una obra anónima.
Atkins entonces inició un proyecto más ambicioso junto con una amiga Anne Dixon, otra botánica aficionada a las cianotipias, incluía un registro de todas las plantas nativas y extranjeras que había en las Islas británicas, así como los helechos, que se llamó Cyanotypes of British and Foreign Plants and Ferns. Publicado en 1854.
Anna Atkins es para muchos quien inventó la fotografía científica, lo que es cuestionable, pues la fotografía nació como una curiosidad científica.
El trabajo de Atkins tiene además un valor estético y artístico, Anna se preocupó como muchas de las mujeres ilustradoras de plantas y aves por balancear su trabajo entre la veracidad de lo científico, al crear representaciones exactas de lo representado con un balance artístico en la composición de su obra.



Oculto durante más de cien años, por el machismo de las sociedades históricas interesadas en posicionar a Fox Talbot como el creador de la fotografía científica a partir de la cianotipia, los libros de Atkins permanecieron en el fondo de una biblioteca. Hoy la figura e importancia de Anna Atkins se ha rescatado y una serie de exposiciones dando a conocer su trabajo, así como libros y las imágenes distribuidas en Internet la han puesto en lugar que le corresponde.
Anna Atkins murió en Holstead, Inglaterra el 9 de junio de 1871 a los 72 años.

Publicado el 30 de octubre en mamaejecutiva.net
imagenes wikipedia.org

martes, 1 de octubre de 2019

Soledad Acosta de Samper la prolífica escritora del siglo XIX.




Una de las verdaderas glorias de la literatura colombiana vivió y escribió en una época en que las mujeres no tenían muchos campos en los que desarrollarse.

Armando Enríquez Vázquez

En la sociedad de la naciente Colombia, como en la de México algunas de las profesiones donde muchas de las mujeres más brillantes de finales del siglo XX, se desarrollaron estaban relacionadas con la literatura y el periodismo. Dentro de la cultura colombiana una de estas mujeres fue Soledad Acosta de Samper, una de las prolíficas autoras de aquella nación y sin duda la de mayor producción durante el siglo XIX y principios del siglo XX. Acosta incursionó en todos los géneros literarios.
Soledad Acosta nació el 5 de mayo de 1833 en Bogotá, su padre Joaquín Acosta era, en el momento de nacer la escritora, subteniente del Batallón de Cazadores de Nueva Granada, había sido nombrado directamente por Simón Bolívar. Acosta fue además geógrafo, historiador y discípulo de Alexander von Humblodt. La familia se mudó a Paris cuando Soledad era pequeña, ciudad a la que llegaron en 1846. Antes vivieron en Nueva York y Soledad junto con su madre Carolina Kembel un año en Halifax, Canadá. La misma estancia en la Ciudad Luz no fue muy larga pues con las revueltas en Francia de 1848, el militar decidió regresar con su familia a Colombia. El militar se estableció entonces en la caribeña ciudad de Santa Marta. En 1852 fue nombrado General y un año después murió. Soledad conoció en unas fiestas regionales a su futuro esposo el periodista y político José María Samper, el matrimonio tuvo lugar en 1855. En 1857 Soledad regresó a París, esta vez con su esposo quien ostentaba un cargo oficial del gobierno colombiano. Desde Europa, Soledad comenzó a colaborar con diferentes publicaciones colombianas como El Mosaico y La Biblioteca de Señoritas, que fue la primera revista dirigida al público femenino en Colombia. Soledad trabajó como corresponsal, también colaboró en la publicación peruana El Comercio de Lima. Acosta de Samper escribió reseñas, críticas y análisis de arte. Estos periódicos y revistas no sobrevivieron por mucho tiempo, en parte por el público al que iban dirigidos y los altos costos de producción.
En 1864 publicó su primer cuento titulado La perla del valle. En 1867 publicó Dolores la primera de más de veinte novelas que escribió a lo largo de su vida. Entre ellas Una holandesa en América, que narra el viaje de una joven holandesa a Colombia para reencontrarse con sus padres que cuando zarparon rumbo a Colombia con la idea de hacer la América, prefirieron dejar en su país a su hija al cuidado de una tía. El personaje creado por Acosta es una antítesis de las mujeres de las novelas románticas escritas por los anquilosados escritores del mundo que gustaban de mujeres pálidas, débiles y listas para morir de amor. Lucía la holandesa viaja sola a Colombia, es letrada y no necesita de un hombre para crear su plan de vida.
Soledad Acosta Samper también escribió novela histórica y sin duda una de las más atractivas, al menos para mi atención es Los piratas de Cartagena, en el que la colombiana narra algunas historias de una ciudad que sufrió de manera intermitente la visita, asedio y asalto de diferentes piratas que se escondían el Caribe y Las Antillas patrocinados por Francia e Inglaterra como Robert Bahal y Francis Drake. Como novelista histórica no podía faltar en la obra de Soledad una biografía de su propio padre el General Joaquín Acosta.
Acosta de Samper fue también la primera colombiana en dirigir, editar y financiar una revista en aquella nación. La revista La mujer, se publicó de manera quincenal de 1878 a 1881.
Soledad Acosta de Samper continuó escribiendo durante el resto del siglo XIX y la primera década del siglo XX, escribió además de la prosa y poética, cuatro obras de teatro.
Murió el 17 de marzo de 1913 casi a los ochenta años.
2013 fue declarado por el Ministerio de Cultura de Colombia el año de Soledad Acosta de Samper conmemorando de esta manera el centenario de la muerte de la brillante escritora y excepcional mujer.  


publicado en mamaejecutiva.net el 23 de septiembre de 2019
imagen wikipedia.org

martes, 3 de septiembre de 2019

Mathilda d’Orozco compositora sueca del siglo XIX.




Esta aristócrata de origen italiano-español compuso e interpretó canciones para la corte sueca durante la primera mitad del siglo XIX y es reconocida en aquella nación por ello.

Armando Enríquez Vázquez

¿Cuántas veces no hemos leído en obras literarias o visto en las pantallas grande, chica o XS del celular imágenes que representan las tertulias y convivios de la aristocracia europea? Siempre hay alguien que canta o toca un instrumento, esta es la historia de una de estas personas. Una bellísima mujer que conquistó a la aristocracia y a la corte sueca de las primeras décadas del siglo XIX.
Su nombre Mathilda d’Orozco, ese fue nombre de nacimiento y a lo largo de su vida su apellido cambió en tres ocasiones pues tuvo tres matrimonios.
Mathilda Valeria Beatrix María della Trinita nació el 14 de junio de 1796 en Milán, Italia era hija del embajador español ante la corte de Tuscana, el Conde Nicolás Blasco de Orozco y Gómez. Su madre la baronesa Sabina Lederer. Mathilda creció en Italia, en especial en Florencia, fue ahí donde en 1811, a los quince años, conoce a un grupo de nobles jóvenes viajeros suecos que se encuentran conociendo Europa y educándose. Dos de ellos Frederick Ridderstolpe y Josias Montgomery-Cederhielm se enamoran de la adolescente, pero no se atreven a pedir su mano, una al creer que no tendrán el dinero suficiente para mantener a la joven y dos porque temían la negativa de la joven y sus padres ante el clima de Suecia. Aún así los suecos se encontraron con la italiana en diferentes ciudades, Josías Montgomery-Cederhielm al escribir sobre Mathilda la describe como; la rosa del sur, con estatura angelical y la más encantadora de las voces. Ya desde ese entonces, Mathilda fascinaba a los congregados en las reuniones aristocracia con la tesitura de su voz.
Con el tiempo los suecos regresaron a casa, pero en especial Montgomery-Cederhielm se mantuvo en contacto con la familia d’Orozco. Matilda se casó en 1813, con un hombre mucho mayor que ella llamado Bartolomeo Cenami, quien era el encargado de los caballos de la Gran Duquesa de Toscana; Elisa Bonaparte, hermana menor de Napoleón. En 1815 enviudó y Montgomery-Cederhielm al enterarse, envió sus condolencias a la familia y tras un periodo razonable en otra misiva pidió permiso para cortejar a Mathilda, ante la respuesta afirmativa y después de unos meses pidió la mano de la joven. Dice una historia que Mathilda había olvidado cuál de los suecos era cual y que hasta la llegada de Montgomery a Florencia ella vivió con la idea de que era Ridderstolpe con el que ella se casaría, por lo que la llegada de Montgomery tuvo en un principio un impacto desfavorable en la viuda. A pesar de esto, si es que es cierto, la pareja se casó en 1817 en Viena por la iglesia católica y al llegar a Suecia se casaron de nuevo esta vez como luteranos. El matrimonio se estableció primero en Sejersjö a las afueras de Örebro, desde un principio Mathilda se distinguió por ser una excelente anfitriona de tertulias y al poco tiempo la joven, que rápidamente aprendió sueco, también esta ofreciendo sus convites a la aristocracia de Estocolmo.
Mathilda y Josías Montgomery-Cederhielm tuvieron 4 hijos, a principios de la década de 1820 compraron una mansión cercana a Estocolmo, que aún existe y se llama Stora Frösunda. Esta propiedad era la residencia de invierno de la familia y las veladas de Mathilda se ofrecían en ella. En esos años conoció al famoso escritor sueco Esaias Tegnér, quien se volvió en asiduo a la casa y a Mathilda, ella cantó y musicalizó algunos textos del escritor. En 1825 el conde Montgomery-Cederhielm murió y Mathilda quedó viuda por segunda vez, en esos años comenzó su gran producción musical y algunas de sus composiciones dedicadas a miembros de la aristocracia y del poder político de Suecia se publicaron y se hicieron populares.
Fueron años en que en Suecia muchas grandes mujeres manifiestaron sus talentos y habilidades en diferentes campos del quehacer humano. Mathilda conoció y fue amiga de muchas escritoras como Fredrika Bremer, compositoras como ella, de la misma manera que de los grandes hombres de la literatura sueca de ese momento además de Tegnér, C.V. Bottiger y Carl Gustav von Brinkman, visitaban las veladas de Mathilda y compartían con ella sus trabajos e ideas.
Existe un cuadro del pintor Axel Johan Fägerplan donde se ve a Mathilda sentada frente a un piano, aunque existen otras imágenes de Mathilda esta es excepcional pues muestra la riqueza de la mujer sólo en lo esplendido de su vestimenta.
En 1839 Mathilda se casó por tercera vez, en esta ocasión con un hombre 18 años más joven que ella, un Barón y oficial de la caballería llamado Carl Alexander Gyllenhaal , la familia se estableció en el oeste del país den Ölanda a casi 500 km de Estocolmo. Mathilda continuó componiendo, pero su música se transformó en marchas militares, valses, canciones enalteciendo a Suecia. También se involucró en la creación de escuelas especializadas para las niñas pobres de la región y se dedicó conforme pasaron los años a la jardinería. Mathilda escribió y publicó un libro de manera anónima, que contenía aforismo y canciones de su autoría en 1854.
Mathilda murió en Stora Ekeby el 19 de octubre de 1863.


publicado en mamaejecutiva.net el 27 de agosto de 2019
imagen wikipedia.org

jueves, 14 de marzo de 2019

El Globo una antigua pastelería mexicana.




El Globo la centenaria empresa que ha cambiado de manos para ser un icono sin historia propia.

Armando Enríquez Vázquez.

En diversas fuentes la historia de la Pastelería El Globo se limita a datos muy escuetos y básicos. La empresa fue fundada por una familia de apellido Tenconi en 1884. Ese año se establecía Porfirio Díaz en el poder por los siguientes 26 años. Al parecer el nombre proviene de la afición de Celestino Tenconi, cabeza de la familia, por volar en globo aerostático y probablemente a esa gran atracción que representaban para la gran mayoría de los mexicanos.
A la usanza de los salones de café europeos en los que además de las bebidas calientes se ofrecía panadería y pastelería El Globo abrió sus puertas en la capital mexicana. El local del globo se ubicaba en lo que es hoy Isabel La Católica y Francisco I Madero, a finales del siglo XIX las calles mencionadas recibían los nombres de San Francisco y Coliseo Viejo. Con la paz porfiriana y la calidad de los pasteles la empresa era muy popular. El siguiente hecho relevante fue la contratación de un pastelero italiano en 1900 llamado Giovanni Laposse, quien nació en 1879 en Corio y que trabajó en la pastelería a lo largo de 10 años, se dice que al morir su esposa Giovanni regresó a Italia, pero las fechas también sugieren que Laposse pudo prevenir tiempos difíciles pues regresó a México en 1923. La panadería se vendió a otra familia de origen europeo apellidada Comell. La situación caótica obligó al cierre de la pastelería en 1918.
Con su regreso a México, Laposse reabrió el negocio al que llamó El Nuevo Globo que se ubicó detrás del Palacio de Bellas Artes, en la avenida Hidalgo. Laposse hizo un cambio importante en el concepto, desapareció el salón de té para convertirlo sólo en una pastelería que vendía sus productos en mostrador. En 1925 El Globo se encontraba en la calle de Abraham González. En los años 30, El Globo se muda a la colonia Roma, a la calle de Jalapa, el local al parecer desapareció con el terremoto de 1985, aunque un sitio en Internet aseguraba en 2016 que aún estaba en pie.
Lo cierto es que los Laposse fueron los dueños de la pastelería hasta la década de los noventa del siglo pasado. Durante los años en que la familia Laposse se dedicó a la empresa esta creció de una manera constante y acorde con el crecimiento mismo de la ciudad. Su primera sucursal se abrió en los años sesenta en uno de los primeros centros comerciales de la ciudad llamado Minimax que se ubicaba al sur de la Ciudad de México, sobre la avenida de Los Insurgentes donde se encuentra hoy Plaza Inn. La segunda se localizaba Aurrera Universidad, donde hoy esta Walmart y Sam’s al lado de Plaza Universidad. En esa época se inauguró también la sucursal que aun se encuentra en la calle de Holbein y avenida de Los Insurgentes, que durante mi infancia y adolescencia me llamaba la atención con las puertas eléctricas que se accionaban al pisar los tapetes de rombos que se encontraban antes de llegar a la puerta.
Esos rombos que durante décadas se volvieron referencia de la marca eran los mismos que ostentaba la fachada de la planta de la pastelería ubicada en avenida Popocatépetl. Nada se sabe del resto de la vida de Giovani, quien heredó el negocio a su hijo Juan y este al propio. En los noventas con un crecimiento desmedido, la crisis económica que sufrió el país en 1994 y una mala apuesta comercial de Alberto Laposse, nieto de Giovanni, al intentar poner una sucursal en Miami, con todo y su planta y fallar estrepitosamente, El Globo dejó de pertenecer a la familia Laposse al entrar en la bolsa de valores en 1995 y en 1999 fue adquirida por Grupo Sanborn’s de Carlos Slim quien a su vez la vendió a Grupo Bimbo en 2005, que permanece siendo su dueño en 2019. El Globo cuenta hoy con una red de más de 170 sucursales en toda la república. ´
El logo de la pastelería es un globo aerostático estilizado en beige con el nombre de la pastelería abajo. La historia de El Globo es confusa y se pierde en esa forma que tienen los grandes corporativos de borrar la historia de sus marcas, como si ellos las hubieran inventado y hecho florecer, cuando la realidad es que a partir del dinero y la necesidad de los dueños toman en sus manos un producto probado y posicionado.
Alberto Laposse es hoy hotelero y restaurantero en San Miguel de Allende e incluso tiene una panadería en la próspera y de moda ciudad guanajuatense.  


imagen:elglobo.com.mx

martes, 5 de febrero de 2019

Mary Kingsley una inglesa victoriana en África.




Una mujer que en ocho años hizo tres viajes a África Occidental y recolectó peces e insectos para el museo británico sin dejar de ser una dama victoriana.

Armando Enríquez Vázquez

Mary Henrietta Kingsley enfundada en un vestido largo negro como lo dictaban las reglas de la sociedad inglesa de finales del siglo XIX, se embarcó en un viaje rumbo a África que cambió su vida pero nunca su visión de mujer inglesa de esa época acerca de la vida y el papel de la mujer en la sociedad.
Esta mujer de 31 años que sin nadie que la acompañara, zarpó con rumbo primero a las Islas Canarias y después continuó su viaje a África Occidental conocida en esos días como “La tumba del hombre blanco” por la cantidad de enfermedades y vicisitudes que acababan con la mayoría de los europeos que llegaban en busca de fama y riqueza, hizo historia, se convirtió en leyenda entre caníbales y en una rareza para una sociedad europea que ni siquiera consideraba a las mujeres aptas para elegir a sus gobernantes.
Intrépida, poseedora de un espíritu aventurero y valiente, Mary Henrietta Kingsley nació en Londres el 13 de octubre de 1862. Hija de un médico que acompañaba a diferentes miembros de la aristocracia inglesa en sus viajes alrededor del mundo de nombre George Kingsley, a pesar de ser educada en la forma tradicional de la época, o lo que es lo mismo, sin una verdadera educación formal de ningún tipo, George Kingsley comenzó a darse cuenta que su hija era diferente; inteligente y curiosa. Kingsley contrató un maestro de alemán para Mary y le dio acceso a la niña a su biblioteca. En la medida de lo posible cuando su padre se encontraba en Londres, Mary pasaba horas con él ayudándolo a traducir textos, a redactar sus memorias de viaje y sus hallazgos, George Kingsley viajó principalmente a América del Norte y se volvió un experto en la cultura de los Sioux.
En 1890, con diferencia de semanas, los padres de Mary murieron. Su hermano menor, también viajero, emprendió un viaje a China. Mary se vio entonces sola en Londres y sin nadie a quien recurrir, decidió hacer cuentas de lo que era su herencia y como distribuirla de manera mensual para permitirse viajar a África. Para preparar su viaje consultó a diferentes amigos de su padre de los que sólo escuchó palabras de desaliento. Uno de ellos le dijo: “Sí quieres marchar a África tienes que planear el viaje a la perfección, prepararlo todo y cuando lo tengas todo listo, irte de viaje a Escocia”. A pesar de los sarcasmos y burlas Mary Higgins realizó su primer viaje del que regresó en diciembre de 1893.
En diciembre de 1894, un año después de haber regresado, con maletas llenas de frascos y formol que le había dado el zoólogo Albert Günther, director del Museo de Historia Natural británico y miembro de la Royal Society como forma de patrocinar su viaje y las cuales ella tenía que llenar con especies de insectos y peces, Kingsley se embarcó por segunda vez con rumbo a África. Este segundo viaje fue un viaje lleno de hazañas. Al llegar a África le fue negada la entrada al continente por las autoridades de la aduana británica por no estar acompañada de un hombre, tras breve discusión con el jefe de la garita, se le permitió el paso, quedó advertida que ninguna autoridad le ayudaría y que se encontraba sola en África.
Mary Kingsley no fue amedrentada por el machismo inglés y junto con sus maletas llenas de frascos se adentró en África, se contactó con los mercaderes en busca de guías que la adentraran en el territorio de lo que hoy es Gabón y la Guinea Ecuatorial. Acompañada de guías de diferentes grupos étnicos, decidió que una de las mejores formas de internarse en la selva era navegar a través del río Ogowe. Este río es el principal de Gabón y atraviesa dicha nación africana, además algunos de sus afluentes se internan en Camerún.
Mary Kingsley aprendió a remar y en más de una ocasión durante ese aprendizaje volcó la canoa cayendo al río y sobreviviendo a pesar de usar sus oscuros vestidos victorianos con enaguas y medias gruesas de lana, a este forma de vestir Kingsley atribuyó el evitar piquetes y mordidas de diferentes insectos y de las sanguijuelas que infestaban los lodos de río. La mujer blanca que surcaba el río se convirtió en una leyenda y atractivo para las diferentes comunidades que habitaban en la ribera del río las cuales salían a ver a aquella forastera de piel blanca.
En sus diferentes aventuras en el río, Kingsley se topó de frente con un feroz hipopótamo, de acuerdo con sus relatos el asunto terminó cuando Mary le rascó detrás de las orejas al animal con su sombrilla pasando al lado de la criatura sin crear una tragedia. En otra ocasión se deshizo con un remo de un cocodrilo. Y refugiándose en la maleza de una tormenta tropical, se encontró junto a un leopardo que también se resguardaba del mal clima.
Kingsley documentó las costumbres de diferentes grupos nativos de África Occidental, su religión y también plantas que tenían diversos usos. Los Ajumba le enseñaron a navegar en el río y los Fang a caminar por entre la maleza de la selva. De hecho, ella relata que para ganarse el respeto de ambos grupos en una de sus caminatas disparó un rifle en contra de una manada de elefantes, sin haber disparado antes en contra de ningún animal y mató a uno de ellos lo que le ganó de inmediato el respeto de los hombres que la acompañaban.
Convivió con grupos de caníbales, como los Fang, y en un momento de su texto refiere que no temía ser comida por los antropófagos que no se interesaban por la carne de los blancos, sino que le preocupa el bienestar de sus guías quienes si podían ser devorados por alguno de los diferentes grupos de caníbales de la zona.
En 1895, Mary Kingsley logró una hazaña hasta ese momento no realizada por una mujer y el único occidental que lo había logrado había sido el gran explorador inglés Richard Burton, uno de los descubridores de las fuentes del río Nilo y que era admirado por Mary; conquistar la cima del Monte Camerún, una montaña de 4,040 metros de altitud. Acompañada por un grupo de seis guías que la fueron abandonando conforme se acercaban a la cúspide debido a la idea de que dioses malignos habitaban la montaña. Kingsley llegó sola a la cumbre de la montaña convirtiéndose en la primera mujer europea en lograrlo y una vez más ataviada con la ropa menos indicada para esa labor.
A finales de 1895 Mary Kingsley regresó a Inglaterra, en sus frascos llevaba 65 especies diferentes de peces de las cuales 7 eran desconocidas, convertida en una celebridad se le invitó a redactar una serie de conferencias para la Royal Society que fueron leídas por hombres. A las mujeres no estaba permitido hacerlo y Mary se sentaba entre el público a escuchar sus propias aventuras e impresiones de viaje. A pesar de su valentía e independencia, Mary Kingsley observó las reglas de la sociedad conservadora y jamás se opuso al ser relegada como en el caso de las conferencias, es más su posición en temas como el voto femenino en boga en esos momentos en Gran Bretaña, era opuesta a las sufragistas y así lo expresó por escrito.
Mary había quedado prendada por África y su apartamento londinense estaba totalmente decorado por máscaras y otros recuerdos que había llevado del continente. Ella decía que esa decoración la inspiraba para escribir sobre su experiencia.
En 1900 al enterarse del inicio de la guerra boer en Sudáfrica, vio la oportunidad de regresar a África y se enlistó como enfermera del ejército inglés. Curiosamente en esa ocasión sus vestidos no la salvaron del diminuto virus del Tifo y Mary Kingsley murió el 3 de junio de 1900 a los 37 años.
Mary Kingsley escribió y publicó “Viajes al África Occidental” y “Estudios sobre África Occidental”. Tres especies de peces de las que llevó a Inglaterra fueron bautizadas con el nombre de la exploradora.


publicado en mamaejecutiva.net el 28 de enero de 2019
imagen wikipedia.org

martes, 11 de septiembre de 2018

Zsofía Torma la desconocida arqueóloga húngara.




La importancia de esta mujer que descubrió y trabajó en el sitio arqueológico más importante de Transilvania apenas está siendo revalorada.

Armando Enríquez Vázquez

La historia del descubrimiento de uno de los sitios arqueológicos más importantes del este de Europa está relacionado íntimamente con la vida de esta olvidada mujer que lo descubrió y al final de su vida donó toda su colección de piezas encontradas al Museo Nacional de Historia de Transilvania ubicado en la actual ciudad de Cluj-Napoca.
No cabe duda los años de un comunismo destructor de la identidad popular en aras de construir identidades nacional e ideológica correctas afectaron el conocimiento de la historia y los personajes que habitaron muchos de los países detrás de la cortina de acero. Pero también la división geográfica y el surgimiento de nuevas naciones olvidando a las antiguas, contribuyó a esa manipulación de la historia. Tampoco en Occidente sabemos mucho acerca de la historia de estas naciones y el conocimiento de su pasado también nos ha sido negado. Una importante cultura antigua habitó en lo que hoy conocemos como Serbia y parte de Rumania, en específico en la región de Transilvania que asociamos directamente con la leyenda del Conde Drácula. Uno de los mayores asentamientos de esta cultura fue descubierto y estudiado por una singular mujer llamada Zsofía Torma quien fue autodidacta y gran promotora entre los científicos de la época de sus hallazgos.
Zsofía nació el 26 de septiembre de 1832 en la aldea de Cristestii Ciceului en lo que es hoy Rumania y en aquellos años era el imperio Austriaco. Su familia era una de las familias de la aristocracia de Transilvania. Su padre tenía un gran interés por la historia antigua y fue durante sus excavaciones de una fortaleza romana conocida como Arcobara a las que llevaba a Zsofía y su hermano Karoly que estos desarrollaron su interés por la arqueología, esto de acuerdo con los testimonios dejado por Zsofía y rescatados por la investigadora rumana Laura Coltofean quien se ha dedicado a investigar a fondo y dar a conocer la biografía de Zsofía.
En su primera etapa la educación de Zsofía Torma se llevó a cabo en su casa, en 1844 a los doce años ingresó en una escuela para mujeres. En 1850 murió su madre y dos años después una de sus hermanas mayores. Las pérdidas sumadas al ambiente de incertidumbre que vivió previamente durante la llamada época de las revoluciones cuando por unos años Hungría logró independizarse la marcó, pues cayó en una fuerte depresión, algo que se acrecentó once años después cuando murió su padre y a pesar de ser una mujer adulta Zsofía sólo logró salir de ella cuando su hermana la llevó a vivir con ella y juntas se hicieron cargo de la educación de los hijos de la hermana.
En 1871 Zsofía se mudó a la ciudad de Orastie, los hijos de su hermana habían crecido y Zsofía ya no era necesaria. Esto puso a prueba su propensión a la depresión, pero Zsofía supo canalizar sus problemas emocionales dedicándose primero a la paleontología y a la geología. Aunque se desconoce realmente en lo que consistieron sus trabajos en estas dos áreas, se sabe que recolecto una gran cantidad de fósiles algunos de los cuales envío a paleontólogos y uno de ellos en especial, un molusco de concha cónica, que envío a Gyula Halaváts, uno de los más reconocidos geólogos y paleontólogos húngaros de la época, era de una especie hasta ese momento desconocida y Halaváts lo bautizó científicamente Terebra sophiae en su honor.
Pero la vida de Zsofía Torma tomó un giro hacía la arqueología en septiembre de 1876 cuando atendió al 8º Congreso Internacional de Historia Antigua y Arqueología que se llevó a cabo en Museo Nacional de Hungría en Budapest. Zsofía que pertenecía desde años antes a diferentes organismos científicos en materia de paleontología, pero la arqueología se convirtió a partir de ese momento en su prioridad. En 1875 Zsofía comenzó a visitar la región de Turdas donde descubrió evidencias de la existencia de una antigua cultura, su informe apareció ese mismo año en los principales diarios de arqueología de Hungría.
Los descubrimientos de Zsofía Torma en Turdas demostró que el pueblo que habitó Turdas y la región cercana se trataba de la antigua cultura Vinca. En el congreso Zsofía logró hacer una serie de contactos que se interesaron por sus hallazgos. Al no ser una profesional, en sus papeles hacen falta detalles como la capa estratigráfica en que se encontraron las piezas que halló en sus investigaciones. Pero la importancia de sus descubrimientos, tanto del número de piezas como de sitios arqueológicos la convierten sin duda en la primera arqueóloga rumana.
La importancia de su obra es innegable, pero se ha minimizado desde los mismos tiempos en los que vivía cuando su género y sus raíces rumanas y en especial transilvanas la convirtieron en blanco fácil de la indiferencia de sus colegas húngaros, pero ella gracias a esos contactos internacionales que hizo durante el Octavo Congreso pudo hacer llegar sus hallazgos a estos investigadores a los cuales incluso regaló piezas, también publicó artículos sobre sus hallazgos y sus teoría en las que proponía que los más antiguos habitantes de la región de Turdas fueron los tracios que venían de Troya por la similitud entre los artefactos encontrados por ella y otros de origen troyano, asimismo llegó a proponer la continuidad de la cultura de la antigua Mesopotamia que se habría de acuerdo con características de sus hallazgos y tradiciones que aun se conservaban en los pastores de Transilvania, perpetuado de una manera directa en aquella región del este de Europa. Algo contrario a la opinión de los arqueólogos húngaros que pretendían encontrar nexos entre las antiguas culturas de la región con las culturas germánicas. Algunas de sus obras fueron publicadas y tuvieron una buena recepción entre los arqueólogos alemanes e ingleses. Desgraciadamente el libro que tenía preparado dando a conocer las conclusiones de sus investigaciones nunca fue publicado.
Zsofía Torma murió el 14 de noviembre de 1899. Unos meses antes, en mayo, la Real Universidad Húngara Franz Joseph, la segunda más importante del Imperio Austro-húngaro le concedió el doctorado Honoris Causa. Título que no recibió pues murió antes de la ceremonia de entrega. Gran parte de su colección arqueológica forma parte del Museo Nacional de Historia de Transilvania.



publicado en mamaejecutiva.net el 5 de septiembre de 2018
imagen wikipedia.org

lunes, 22 de mayo de 2017

Caterina Scarpellini documentando cometas y lluvias de estrellas.



Entre las mujeres que se dedicaron a la observación del cielo y tomar datos sobre lo que en el firmamento ocurría se encuentra esta astrónoma y meteoróloga autodidacta del siglo XIX.

Armando Enríquez Vázquez

En el pequeño y milenario pueblo de Foligno en la provincia de Perugia, en el centro de Italia, nació el 29 de octubre de 1808 Caterina Scarpellini.  Se sabe que a la edad de dieciocho años viajo con su tío, el astrónomo Feliciano Scarpellini a Roma. El tío acababa de ser nombrado director del observatorio de la Universidad de Roma La Sapienza. Caterina viajó en calidad de asistente de Feliciano.
Es en la universidad donde conoció a un destacado alumno de su tío, de quien se enamoró y con el que se casó; Erasmo Fabri. Fabri al momento de desposar a Caterina renunció a su apellido y adoptó el de su mujer, por tener ella una mejor posición social que él. En 1840, murió Feliciano, pero el matrimonio Scarpelllini permaneció en sus puestos de trabajo bajo el nuevo director, Ignazio Calandrelli, también astrónomo.
Caterina era muy apreciada por su gran conocimiento acerca del sistema solar y de las constelaciones. Scarpellini era reconocida gracias a los artículos que publicaba en la revista Corrispondenza scientifica, que fundó su esposo en el año 1847 y que promovía la divulgación y discusión entre los científicos italianos y su colegas ingleses y franceses. La publicación tenía además de artículos, dos suplementos, uno de los cuales llamado Bulletino delle osservazioni ozonometriche-meteorologiche, era dirigido por Caterina.
A pesar de no tener una formación académica, los conocimientos de Caterina eran tan buenos como los de el mejor de los egresados de las universidades, sus publicaciones constantes en la revista de su marido, le permitieron no sólo dar a conocer sus hallazgos, sino a darse a conocer y mantener una relación y dialogo con la comunidad astronómica europea del siglo XIX.
En 1854, anunció haber descubierto un cometa, aunque unas semanas después se retractó, reconociendo que el descubrimiento había tenido lugar unos días antes por otro astrónomo. En 1856 publicó el primer catálogo de una lluvia de estrellas en Italia. También escribió acerca de la existencia del ozono, del eclipse solar del 18 julio de 1860, acerca de la influencia de la Luna sobre los terremotos. Los fenómenos meteorológicos atraían su atención y también escribió artículos sobre las tormentas de arena en el desierto del Sahara y las comparó y relacionó con una que tuvo lugar en Roma en 1863, incluso escribió acerca de otros temas científicos como la epidemia de viruela que hubo en Roma en 1861, o lo inocuo del arsénico para tratar cualquier tipo de fiebre. Así como una biografía de Ignazio Calandrelli y otra en honor de los cien años del nacimiento de Humboldt.
En 1856 creó al interior del Observatorio Capitolino en Roma, una estación meteorológica y de medición del ozono.
El talento y los conocimientos que demostró Caterina Scarpellini le valieron el reconocimiento de la comunidad científica italiana; fue nombrada miembro ordinario de la Accademia dei Quiriti en Roma, miembro de la Società dei Georgofili en Florencia y también de la Academia de Historia Natural en Dresde, así como de la Sociedad Imperial de Naturalistas de Moscú por nominación directa del Zar. En 1872 el gobierno italiano le otorgó una medalla de oro, en reconocimiento a su trabajo.
Caterina Scarpellini murió el 28 de noviembre de 1873, a la edad de 65 años. Un enorme cráter, de 27 kilómetros de diámetro, en la superficie de Venus lleva el nombre de esta extraordinaria astrónoma y meteoróloga italiana.

publicado en mamaejecutiva.net el 15 de mayo de 2017
imagen, es.wikipedia.org

martes, 9 de mayo de 2017

Lovisa Ahrberg la primera médica sueca.




A principios del siglo XIX esta notable mujer aplicó tratamientos médicos de diferente índole a los habitantes de Estocolmo a pesar de que estaba prohibido que una mujer ejerciera como médica.
Armando Enríquez Vázquez.
El camino de las mujeres en el campo médico ha sido muy difícil a lo largo de la historia de occidente católico, acusadas de hechiceras, de brujas, de mujeres con desvíos sexuales por querer ver los cuerpos desnudos, sobre todo de los hombres. A pesar de todo esto han existido casos a lo largo de la historia de Occidente de notables mujeres médicas.
En Suecia a finales del siglo XVIII y principios del XIX, nacieron dos extraordinarias mujeres que con sus conocimientos de medicina tradicional fueron capaces de pasar a la historia. La primera de ellas, María Jaensson, mejor conocida como Kisamor, vivió entre 1788 y 1842. Sin duda fue digno ejemplo de lo que es un médico naturalista, utilizando los conocimientos aprendidos desde su infancia. Kisamor fue reconocida a lo largo de su vida y sobre todo por ejercer en las zonas rurales de Suecia, donde su conocimiento y práctica tradicional de la medicina era aceptada al suplír la falta de doctores.
No sucedió lo mismo con Lovisa Ahrberg que nació en Upsala el 17 de mayo de 1801. Upsala es una ciudad al norte de Estocolmo, que hace ya 1500 años era el centro de poder de los suecos y donde estaba uno de los principales templos de adoración de los dioses paganos y que alberga a la Universidad más antigua de Escandinavia; la Universidad de Upsala fundada en 1477.
Aunque el padre de Lovisa era uno de los cuidadores de la universidad, es claro que la familia no podía aspirar a que ninguno de sus miembros estudiara en ella y menos Lovisa, pues la enseñanza de la ciencia médica estaba prohibida en esa época a las mujeres. Su madre y su abuela habían ejercido como enfermeras, aunque más bien se cree que sabían de medicina tradicional.
Al llegar a la edad adulta, María Lovisa Ahrberg, se mudó a la ciudad de Estocolmo donde empezó a trabajar como sirvienta en la casa de una familia rica. Sus tiempos libres los utilizaba para atender a personas de escasos recursos y recetarles medicinas naturales, así como a hacer curaciones de diverso tipo que le fueron ganando fama en la ciudad.
Lovisa comenzó a convertirse en celebridad en Estocolmo que en esos años contaba con una población menor de 160,000 habitantes. En una ciudad tan pequeña, Lovisa, llamó la atención de la toda la sociedad, incluso miembros de la clase pudiente comenzaron a visitar a la joven. Los médicos profesionales sintieron amenazada su profesión y se confabularon para acusar a Lovisa de charlatanería.
Los médicos de la ciudad se encargaron de que se le hiciera una prueba formal a Lovisa para que demostrara sus conocimientos médicos. Lovisa pasó la prueba y el gobierno sueco le permitió seguir ejerciendo para enojo de los médicos egresados de la universidad. Lovisa siguió atendiendo a todo tipo de pacientes y en especial a pacientes de pocos recursos, muchas veces de manera gratuita.
De hecho, los conocimientos y servicios que Lovisa Arhberg prestó a la sociedad de Estocolmo le valieron el reconocimiento del mismo rey Oscar I de Suecia, quien le otorgó una medalla en 1852.
Lovisa Ahrberg murió en 1881 en Estocolmo. Once años antes la carrera de medicina en Suecia abrió sus puertas a mujeres.

publicado el 1º de mayo de 2017 en mamaejecutiva.net
imagen: wikipedia.org