domingo, 28 de abril de 2013

Las revolucionarias de Chihuahua


Este es un breve recuento, de algunas mujeres que lucharon en nuestra gesta revolucionaria y por muchos años han permanecido a la sombra de una historia oficial machista y más retrograda de lo que intentan hacernos creer que fue el Porfirismo.
 Armando Enríquez Vázquez

Nunca dejare de sorprenderme ante la mirada retrograda y machista de los historiadores oficiales al final de la revolución, porque la participación de las mujeres fue desde un principio vital en la gesta, desde la actuación de Carmen Serdán, hasta las valientes generalas Zapatistas, Villistas y las comunistas Yucatecas.
Es curioso que Don Porfirio estuviera más a favor de los derechos de las mujeres, que los lobos de Sonora, o el vetusto Venustiano Carranza. La excepción como siempre fueron Villa y Zapata. Es una vergüenza que más páginas de nuestra historia estén dedicadas a personajes ficticios como “El Pípila” o el niño artillero de Cuautla, que a las mujeres que pelearon al lado de Zapata, Villa, Ángeles y otros.
La historia de “La Adelita”, ha tratado de ser borrada haciendo del nombre de Adela Velarde Pérez un nombre común a las valientes soldaderas, tratando de borrar su personalidad y banalizándola con un corrido que según los machos de la historia habla de aquellas humildes mujeres que seguían a sus consortes a la guerra por no tener nada más que hacer, por lealtad o simplemente porque para eso están las mujeres y no de la belleza singular de una joven enfermera de las tropas de Villa.
Poco sabemos de la mayoría de ellas porque en México, hasta hace poco, más allá de los discursos oficiales, no cabía pensar que los logros revolucionarios también se deben a la sangre y lucha de muchas mujeres, que no andaban cargándole la escopeta al amante, ni a la pareja sino que estaban comprometidas con la lucha.
Adela Velarde Pérez, nació el 8 de septiembre de 1900, en Ciudad Juárez. Al parecer desde los trece años militó con las fuerzas de la División del Norte bajo el mando del General Carlos Martínez, como enfermera, y participó en las acciones del ejercito villista en Torreón, Aguascalientes, el Distrito Federal y Morelos. Se dice que era hija de un rico comerciante de Juárez y que desafió a su padre para unirse a la causa, también se dice que su abuelo de nombre Rafael Velarde, era amigo de Benito Juárez y le dio alojamiento al Presidente cuando llegó a Paso del Norte, antiguo nombre de Ciudad Juárez. Lo cierto es que no fue reconocida como veterana de la Revolución hasta 1941 y como miembro de la Legión de Honor Mexicana, lo que sea esto, en 1962. Por su servicio a la Patria y a la revolución Adela Velarde Pérez murió, como otras valientes mujeres de principio del siglo pasado, en la miseria en Estados Unidos.
Otro caso similar es el de dos maestras que sin duda no andaban cargándole el 30/30 a ningún soldado; Carmen Parra Alanís, conocida entre la tropa como la Coronela Alanís y Mariana Gómez Gutiérrez.
Carmen Parra nació en Casas Grandes en 1885, se incorporó a las filas de la División del Norte a los 25 años y formó parte de los ejércitos comandados Marcelo Caraveo, Antonio I Villareal y Lázaro Alanís, durante la batalla de Conejos, hasta hace unos veinte años al pie de la carretera entre Torreón y Aldama aun estaba la estación de tren de Conejos, Carmen Parra se encargó de enlistar hombres para las fuerzas villistas, alcanzó el grado de Coronela. Participó, también, de manera activa en la toma de Ojinaga e intervino en la Convención de Aguascalientes. Se sabe que fue detenida en 1915 en Perote, Veracruz al llevar correo de Emiliano Zapata al general Gildardo Magaña. Al finalizar la Revolución fue periodista y activista de varias causas proletarias. El 18 de Diciembre de 1941 murió. Al año siguiente el gobierno mexicano, siempre generoso con sus mujeres, la reconoció como veterana de la lucha armada.

De Mariana Gómez Gutiérrez, sabemos menos, sólo que era maestra, que hay quienes la hacen hija de un sacerdote que por un tiempo huyo de Chihuahua, que se incorporó a las fuerzas de Villa, quién al parecer la presentó a la tropa diciendo: Esta profesora será la que escriba nuestra historia. Participó activamente en la toma de Ojinaga y se cree que alcanzó, también el grado de Coronela. En 1914 se exilió en Texas y permaneció en Estados Unidos hasta 1955, cuando pidió ser regresada a México, para morir en Chihuahua.
Sin embargo, la historia que más me gusta es breve, pero muy importante para la historia de nuestro país. La protagonizó una mujer que por la foto que encontré en el portal del estado de Chihuahua debe haber sido una mujer de esas, que por su belleza paraba el tráfico, aunque sólo hubiera tres carros en Parral en esa época.
Su nombre fue María Elisa Martiniana Griensen Zambrano. Nació en Hidalgo del Parral en 1888. De Griensen, se sabe un poco más, hija de un francés y una chihuahuense, octava de nueve hermanos. El 12 de Abril de 1916 mientras, Elisa, estaba de vacaciones en su natal Parral, observó la llegada del ejército americano, compuesto por unos 150 hombres comandados por el Mayor Frank Tompkins, que buscaban a Villa por su ataque a la población de Columbus. La famosa Expedición Punitiva que Carranza impunemente dejó pasar y pisar suelo nacional. La población molesta no actuaba. Pero se reunía en el centro de la población, mientras los americanos se paseaban por el pueblo. Elisa recurrió al indolente Presidente Municipal, José de la Luz Herrera, a quien tres años después Villa ejecutó, junto con dos de sus hijos, por traidor, que al parecer se burló de la joven de 27 años. Entonces Elisa recurrió a los alumnos de quinto grado de la primaria local, quienes con vítores a Villa y México comenzaron a encarar a los americanos, las mujeres del pueblo apoyaron a Elisa y los muchachos, Elisa se hizo de una arma y amenazó al oficial americano, quien viendo la rabia de los habitantes de Parral optó por la huida, sin embargo era demasiado tarde y se dice que la misma Elisa disparó en contra de los soldados americanos, el pueblo la apoyó arrojando piedras y otros proyectiles a los invasores que desaparecieron dejando atrás a dos militares muertos y varios heridos, incluyendo a Tompkins, quien posteriormente en un libro trató de sanar su orgullo, negando el incidente y hablando de una emboscada militar, que al parecer él fue el único en percibir.
Hay quienes ven en este acto un factor decisivo en el fracaso de la expedición de Pershing en nuestro país. Francisco Villa le hizo entrega de una medalla por su acto heroico y ella se limitó a decirle al General, que lo había hecho porque alguien tenía que hacerlo. Elisa vivió hasta los 84 años y murió en Ciudad Juárez en 1972.
Estas son solo algunas de las mujeres chihuahuenses que formaron parte de una revolución social que tardó décadas después de finalizar su lucha armada en reconocer los derechos de la mujer y que ha tardado muchos más en reconocer la participación de las mujeres más allá de calentar los frijoles, cuidar rifles y servir de acompañamiento a los soldados.

A la memoria de mi padre. Armando Enríquez Fernández 1936-2013.

Publicado en thepinkpoint.com.mx el 25 de abril de 2013. 
Imagenes: parralalinstante.com
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