lunes, 16 de febrero de 2015

Gerda Taro, testimonio congelado.




La primera fotoperiodista en retratar la guerra desde la línea de fuego. Una valiente mujer con un ojo de oro y apasionada vida.
Armando Enríquez Vázquez.
Hay imágenes que una vez vistas son difíciles de borrar de la memoria y del alma. Así es para mí la fotografía de la miliciana de las fuerzas de la República Española que entrena en una playa cercana a Barcelona, durante la Guerra Civil captada por el ojo de aquella “pequeña rubia” como la llamaban, que se paseaba en el frente de la guerra civil española capturando las imágenes que contaran al mundo los horrores y las alegrías de un conflicto armado entre hermanos.
La fotografía tiene la sencillez que la hace enorme, es sólo el perfil de una mujer vestida de color oscuro, con una rodilla en tierra y mirando al horizonte mientras apunta su pistola, pantalones con un enorme dobladillo y unos zapatos de pequeño tacón, que muestran su condición de mujer armada. La fotografía está tomada al ras de la arena. Femineidad y determinación, la fotografía define no sólo a la miliciana sino a la mujer del otro lado de la cámara.
El primero de agosto de 1910 en Stuttgart nació Gerta Pohorylle. Su familia de origen judía pertenecía a la clase media y ella atendió a una escuela privada suiza. Al final de su adolescencia en 1929, la familia se mudó a la ciudad de Leipzig, tanto Gerta como sus hermanos se manifestaron en contra del creciente movimiento del nacional-socialismo y en marzo de 1933 fue detenida y encarcelada por repartir propaganda comunista. El nazismo había llegado al poder en enero de ese año y cautelosamente liberó a prisioneros que en el futuro serían enviados a los campos de exterminio. Gerta salió de prisión y de Alemania a finales de septiembre de 1933 y se instaló en Paris.



Nunca volvió a ver a su familia que con el paso de los años murió víctima del Nazismo.
En Paris, Gerta comenzó a trabajar como asistente y secretaria del psicoanalista René Spitz y se relacionó con los grupos antifascistas franceses donde se dice conoció a otros exiliados alemanes como Walter Benjamin y Joseph Roth. En el círculo de artistas e intelectuales antifascistas Gerta conoció al fotógrafo Fred Stein y a su esposa Lisolette con los que vivió y de los que obtuvo sus primeras lecciones en el arte de la fotografía,
En 1935 conoció a un joven húngaro que lo mismo que ella abandonó su país huyendo de una dictadura, su nombre es Endre Ernö Friedmann, un fotógrafo de origen judío también.
Ruth Cerf amiga de Gerta conoció al fotógrafo que le pidió posar para unas fotos que el joven debía hacer para un brochure publicitario de una compañía suiza de seguros. Como Ruth no confiaba en el húngaro decidió pedirle a Gerta que la acompañara a la sesión fotográfica. Gerta y Endre se enamoraron. Gerta trabajó al mismo tiempo como asistente de Friedmann y de la fotógrafa María Eisner. Endre y Gerta vivían juntos cuando a principios de 1936 Gerta consiguió su acreditación oficial como fotoperiodista trabajando para la agencia holandesa ABC Press- Service.
La pareja ideó una manera de poder posicionar su trabajo, en un mercado que era muy competitivo, decidieron crear a un personaje; un fotógrafo norteamericano viejo y que desconocido en gran parte de Europa, ambos firmaron su trabajo con aquel nombre de Robert Capa. El ficticio personaje logró vender su trabajo por tres veces el precio que Endre lo hacía. La impostura no duró mucho, ellos mismos se encargaron de develarla, pero Endre decidió adoptar el seudónimo y es con el nombre de Robert Capa con el que pasó a la historia. Gerta, por su parte, decidió buscar también un seudónimo para ella y adoptó el de Gerda Taro, en honor a un artista japonés al que conoció en sus años en Paris; Taro Okamoto. Algunas fuentes también especulan que el sinónimo además del artista japonés estuvo inspirado en la actriz Greta Garbo.
A mediados de ese año estalló el conflicto civil en España y la pareja no tardó mucho tiempo en acreditarse y viajar a España. De ese viaje es la fotografía de la miliciana española entrenando en la playa. También en ese primer viaje los fotógrafos sintieron el vientecillo que deja el paso de la muerte, cuando el avión en el que viajaban se estrelló en las cercanías de Barcelona. Ambos junto con el también fotógrafo David Seymour conocido como Chim resultaron con heridas muy menores. Capa y Taro trabajaron en un principio para la agencia VU. En los dos meses siguientes la pareja recorrió gran parte de España documentando la guerra con sus cámaras y firmando sus fotos como Capa & Taro. La pareja regresó a Francia y Gerda viajó a su vez a Nápoles para visitar a un amigo.
Capa y Taro regresaron a España a principios de 1937. Gerda comenzó a cobrar independencia en su trabajo y a ser reconocida de manera individual e independiente a Capa, por lo que también comenzó a firmar sus fotos con su nombre, como Taro Photo. En marzo de 1937 Capa regresó a Paris y Taro permaneció en España por su cuenta. Gerda rechazó la propuesta de matrimonio de Capa. La Pequeña Rubia conoció entonces a muchos de los intelectuales que participaban en las Brigadas Internacionales que sabían que la lucha en España era muy importante porque los italianos y alemanes utilizaban a España como un laboratorio, como el caldo cultivo de algo mucho más grande como el resto del mundo habría de comprobar años más tarde.
Gerda y Capa trabajaron de nuevo juntos fotografiando la ofensiva republicana en Navacerrada.
Taro conoció a Hemingway, a George Orwell y a André Malraux. Tomó fotos de la derrota de las fuerzas de Mussolini en Guadalajara. Viajó a mediados de julio a Paris, celebró la toma de La Bastilla y rápidamente regresó a España. Había estado cubriendo el frente de Brunete que los franquistas habían declarado tener bajo su poder, las fotografías de Taro demostraron al mundo lo contrario. A su lado en ese tiempo se encontraba siempre el periodista canadiense Ted Allan. Sin embargo para finales de mes los franquistas lanzaron una ofensiva sobre Brunete que puso a las fuerzas republicanas en desbandada tras largas horas de batalla. Taro y Allan permanecieron en el pueblo documentando la fuerza de la batalla y llegado el momento se dispusieron a huir. Subieron al estribo de un carro y Taro iba tratando de tomar fotos, cuando un tanque republicano embistió el carro en el caos de la retirada. Gerda Taro fue lanzada al suelo y el tanque la arrolló. De inmediato ella y Allan fueron llevados a un hospital, Gerda sostenía sus intestinos entre sus manos. Fue operada en el hospital pero todo fue en vano, la joven fotógrafa que estaba a tres días de cumplir 27 años agonizó toda la noche y murió a la mañana siguiente. Se convirtió asi en la primera fotoperiodista en morir realizando su trabajo.



Sus últimas palabras de acuerdo con una enfermera fueron; ¿Alguién recogió mi cámara?
Lo cierto es que nadie nunca recuperó las últimas fotografías de la joven fotografa. Rafael Alberti y su esposa recogieron el cadáver de Taro y se encargaron de llevarlo a la frontera. El escritor francés Paul Nizan lo llevo hasta Paris y el partido comunista francés se encargó de hacerle un funeral digno de un héroe.
Unos días antes de su muerte en un momento sombrío Taro dijo:
-Cuando piensa en toda esa gente que conocimos y ha muerto en esa ofensiva, tienes el sentimiento de que vivir es algo desleal.
Además de su trabajo, la imagen de la pequeña rubia nos llega en diferentes fotografías, unas que tomadas por Capa y otras que alguien tomó de la pareja en diferentes momentos. Se ve una mujer entregada, apasionada, sonriente, sensual guiñando un ojo en una. Al lado de un miliciano ocultándose de las balas enemigas tras una pared o roca, mirando a los aviones que bombardean Córdoba, en otra. Una de las últimas fotos que existen de la fotógrafa la muestra dormida en pijama en la cama de un hotel. La última es la de su cuerpo inerte en una camilla en el Hospital Inglés El Goloso, cercano al Escorial donde la joven fotógrafa murió. 
Se dice que Capa jamás hablo de Taro. Que muchos años después Ted Allan escribió que habían sido amantes al momento de morir la fotógrafa.
En 2010 un hombre llamado Fernando Cambronero Tornero, contó al diario español que el conductor del tanque que atropelló a Taro fue un hombre llamado Aníbal González que había sido amigo y compañero de armas del tío de Fernando.
Capa murió en 1954, en la guerra de Indochina al pisar una mina. La figura de Taro fue confundiéndose por momentos con la del húngaro y por momento pareció desaparecer, hasta que a finales del siglo pasado aparecieron unas caja con negativos de Capa, Taro y Chim de la guerra civil, las cajas se conocen como La Maleta Mexicana, por haber aparecido en nuestro país, al que entraron en una valija diplomática, que ha hecho revalorar el trabajo de Gerda Taro.

Existe un documental mexicano llamado La Maleta Mexicana que cuenta como se encontraron estos negativos y nos cuenta la historia de los fotógrafos y de una España que aun hoy no sabe cómo enfrentar esa guerra en la que más 300,000 hermanos se mataron entre ellos.

Publicado en mamaejecutiva.net el 9 de febrero de 2015
imagenes:      state of fred stein.
                     es.wikipedia.org
                     icp.org