sábado, 18 de abril de 2015

Una etiqueta para el lobo.



Los buenos deseos por acabar con la esclavitud parecen solo eso buenos deseos.¿Sabes cuantos esclavos trabajan para tí?
Armando Enríquez Vázquez

No hay nada más indignante que la explotación del hombre por el hombre, pero sin lugar a dudas también no existe una práctica más común y más extendida a lo largo de la historia de la humanidad.
El hombre es el lobo del hombre, escribió Thomas Hobbes, importante filosofo político autor del libro llamado Leviatán o la materia, forma y poder de una república eclesiástica y civil, refiriéndose precisamente a esa característica tan humana de convertirse en el depredador en todos los sentidos de la su misma especie. La frase fue tomada por el inglés del escritor de comedias latino Plauto.
El caso de los jornaleros agrícolas en México es un escándalo, algo imperdonable para las autoridades del trabajo de México y para nosotros mismos que hemos con nuestro silencio sido cómplices de algo así de criminal a lo largo de tantos años. El gobierno y las empresas afectadas intentan a toda costa acallar y borrar las manifestaciones de estos hombres y su llamado a boicotear empresas estadounidenses como Driscoll, entre otras, que comercializan los productos cosechados en el campo baja californiano en condiciones de explotación similares a la esclavitud.
No sé si una acción así tenga un resultado que beneficie a los trabajadores, no sé incluso sí esto sea realmente la medida a seguir. ¿Acaso no es una obligación del Secretario del Trabajo y de los gobiernos municipal, estatal y federal asegurarse que las condiciones de trabajo en territorio nacional se apeguen a nuestra Constitución? Más allá de la discusión por el salario mínimo y la oposición de los ambiciosos líderes de los organismos empresariales y los tibios políticos, ¿no es un asunto de los más elementales derechos humanos?
Actualmente las campañas en contra de la explotación humana, se quedan en eso solamente en campañas, a veces ingeniosas, que pretenden hacer conciencia en la gente, en los consumidores acerca del origen de sus productos. ¿Hace cuántos años sabemos de la explotación infantil de la que dependen marcas como Apple, Nike, Nestle, GAP? Sin embargo las marcas siguen teniendo grandes utilidades, por maquilas que se dan en condiciones de semi esclavitud o de plano de trata de humanos como en el caso de las minas de coltán en la República Democrática del Congo, o en los campos agrícolas de nuestro país.
La semana pasada llamó mi atención una campaña iniciada por la una organización preocupada, no por la explotación de seres humanos, si no por las condiciones de un comercio justo para las marcas canadienses que intentan competir de manera correcta en el mercado de ropa y textil, junto con una agencia de publicidad. La campaña consiste en fotografías de al menos tres prendas de vestir que además de la etiqueta habitual muestran una enorme etiqueta en la que se lee la historia de la persona que confeccionó la prenda.
Los casos narrados en las etiquetas son los de una niña de nueve años en Camboya, un padre de familia en Sierra Leona y  el de otra niña esta vez de doce años en Bangladesh. Desgraciadamente esto se vuelve un círculo vicioso, concientizar y lograr la mejor respuesta de los consumidores probablemente se traduzca en el cierre de las plantas maquiladoras y en peores condiciones de vida para los trabajadores. Lo importante no es crear una conciencia hipócrita de actuar políticamente de manera correcta, sino interceder para que las condiciones laborales de estos millones de seres humanos logren cambiar para mejor sin perder sus empleos; mejorar su calidad de vida.
No se trata de un asunto acercas de condiciones igualitarias a nivel comercio entre diferentes mercados laborales, más allá de ese tema trivial se debe de hablar de condiciones igualitarias en los satisfactores de vida de los trabajadores alrededor del mundo. Que ese avariciosos 1% de la población que se hace con la el 99% de la riqueza permita un poco más de ganancias para la mayoría de los habitantes del planeta. No se trata de si no de condiciones de justicia social.
Los invito a hacer un ejercicio y entrar en la página www.slaveryfootprint.org y contestar a la encuesta de la página para saber cuantos esclavos trabajan para que uno de ustedes viva de la manera en que lo hace. El resultado no deja de ser revelador. Pero lo más importante son las preguntas que esto no deja, mientras en la oficina, la casa, leemos esto en un teléfono, en una tableta o computadora, ¿cuantos seres humanos en el mundo, en nuestro país, tienen que obligados por la necesidad aceptar tratos inhumanos y denigrantes de su naturaleza humana para poner un pedazo de pan en su casa y una cajita de fresas en la nuestra?

No cabe duda que los seres humanos somos en esencia contradictorios y muchas veces triviales, ¿Cómo es posible que alguien se preocupe por los derechos de los perros y otras bestias, cuando los derechos de millones de seres humanos aun siguen siendo violados minuto a minuto? 

Publicado en blureport.com.mx el 13 de abril de 2015
imagen;shrm.org