miércoles, 6 de mayo de 2015

Racismo.




El racismo persiste y es una de las lastras que llegan a este siglo, sobretodo en sociedades como la de Estados Unidos que presumen de democráticas.

Armando Enríquez Vázquez

Las revueltas de lunes y martes de la semana pasada en Baltimore sólo confirman algo que muchos en el mundo, incluso a algunos norteamericanos, nos queda claro, no hay sociedad más racista, más separatista y más prejuiciosa que la sociedad de los Estados Unidos. El papel que muchos medios en aquel país es cuestionable por lo sesgada y prejuiciosa que ha sido.
Desde el año pasado los incidentes donde los policías, por lo general caucásicos, abusan de sus poder y de sus armas en contra de ciudadanos pertenecientes a grupos raciales minoritarios se ha vuelto más notorios gracias a las crecientes y cada vez más violentas manifestaciones en contra de este racismo disfrazado de ejercicio de la ley permitido y aprobado por buena parte de los gobiernos locales, estatales y federal de Estados Unidos y no porque sean algo nuevo dentro de la sociedad norteamericana.
Han sido anglosajones que aprovechan la posición de poder que una placa les confiere para utilizar sus armas en contra de la población civil. Pero lo cierto es que esto puede cambiar en cuanto otro grupo racial, étnico o religioso se haga con este poder.
Cada grupo cree tener la razón, los motivos y las justificaciones para discriminar y ultrajar a otros. Ese es el único factor de unidad entre la población norteamericana. Algo que se les inculca desde la cuna; la desconfianza y la violencia contra el otro. Un odio con profundas raíces en los agravios que durante siglos han sufrido los diferentes grupos.
En un país que eligió a un presidente negro y la presidencia de este hombre se ha querido vender a la comunidad internacional como la demostración per se de la existencia de la igualdad y tolerancia en la supuesta mayor democracia, la verdad es que en los tiempos modernos no han existido más demostraciones de odio racial en ese país que durante la presidencia de Barack Obama, iniciando con el racismo oficial expresado en las deportaciones de migrantes y continuando con los discursos de odio difundidos y promovidos por los algunas de las principales cadenas de televisión informativa que poseen los grupos más radicales de la extrema derecha, por lo general blancos, que desembocan en la justificación de esos policías asesinando seres humanos sólo por el color de su piel.
Los blancos que se creen dueños de una tierra, que como muchos han señalado, les robaron a los nativos aquellos territorios a los que masacraron. Entre esas voces está la del campeón de ajedrez Bobby Fischer, su opinión le costó una persecución oficial por parte de un gobierno que supuestamente promueve las libertad de expresión, que lo dejo sin nacionalidad y sin patria en una celda en Japón hasta que el gobierno de Islandia le concedió una nueva nacionalidad y un país donde murió.
Los negros bajo el pretexto de ser víctimas por haber sido llevados por la fuerza desde África a un territorio hostil,  atacan y discriminan a blancos, asiáticos, mexicanos y otras minorías.
Mexicanos y centroamericanos que después de sufrir las vejaciones de blancos y negros por igual hoy son la primera minoría de esa nación practican esa misma discriminación.
A las divisiones raciales debemos añadir los elementos religioso, de género y preferencias sexuales y entonces tenemos grupos minoritarios de todo tipo atacándose unos a otros. Todos tratando de demostrar su supremacía. Lo que en alguna época se llamó con orgullos el Melting Pot, hoy se ha convertido en algo así como un tazón de leche cortada. Un país dividido, subdividido y secuestrado por minorías elite.
Pero para autoengañarse y pensar que todo está bien la sociedad norteamericana en su conjunto tiene un código moralista al que llama ser políticamente correcto y que lo único que promueve como todo canon moral son la hipocresía y la intolerancia.
Recuerdo aquella caricatura en la que un perro ovejero y un coyote se pelean durante toda la jornada laboral; uno tratando de robarse una oveja del rebaño y el otro protegiéndola, únicamente para que a las cinco de la tarde al sonar el silbato que marca el final del trabajo conversen por un instante y se despidan amigablemente.
Fue la imagen de esos dos personajes de caricatura la que vino a mi mente al ver al Jefe de Policía de Baltimore junto con cabecillas de las pandillas criminales en una rueda de prensa oponiéndose a las manifestaciones de repudio en contra de la violencia policiaca. Conclusión: Lo que no se puede permitir es que las ovejas, o sea los ciudadanos, justificación de ambos grupos para existir, se revelen.
El racismo parece ser sin duda una de las grandes lastras sociales que perviven en el siglo XXI. Nada, ni nadie que no pertenezca a la tribu es bienvenido. El racismo va muchas veces de la mano de la migración, lo vemos en estos días con la muerte de los migrantes en el Mediterráneo y la discusión surgida en el seno de la Unión Europea, tiene como origen el racismo que hoy crece en países como Suecia que nunca había albergado una población de migrantes tan grande como ahora. Un continente que muere se niega a compartir su riqueza con aquellos que llegan de otras partes del mundo: El color de la piel, la nacionalidad, religión, son los motivos reales aunque nos quieran hacer creer que se trata de contingencias económicas.
¿Y cuántas veces las economías locales no se benefician con la mano de obra barata de migrantes? Salarios que de otra manera no mantendrían una economía interna sana, al menos ese es el pretexto de toda explotación.

Ese es el caso de los jornaleros en San Quintín, Baja California quienes únicamente por pertenecer a etnias nativas de nuestro país, por no hablar bien el español son discriminados y explotados. San Quintín es sólo la punta del iceberg de un problema que se extiende por muchos estados de la República y que se basa en algo que la mayoría de los mexicanos somos incapaces de reconocer; nuestro racismo. Basado no solo en el color de la piel, sino en el estrato socio-económico de nuestros conciudadanos.

publicado el 30 de abril de 2015 en blureport.com.mx
imagen: newsweek.com