martes, 5 de mayo de 2015

Ching Shih, la pirata dueña del Mar de China.



De prostituta a pirata, Ching Shih fue sin duda una de las más poderosas piratas de la historia y una de las pocas que se retiró de la profesión de manera pacífica.
Armando Enríquez Vázquez.
…y han rendido
sus pendones
cien naciones
a mis pies.
José de Espronceda.
La canción del Pirata.
No hay historias más fascinantes de bandidos y bribones que aquellas de los piratas, corsarios que llenos de valor surcaron los mares imponiendo su ley a fuerza del sable. Los buenos piratas incluso eran representantes de gobiernos que saboteaban a las naciones más poderosas del planeta como Sir Walter Raleigh y Sir Francis Drake que en nombre de su majestad Isabel I de Inglaterra se hacían de las riquezas de la corona española.
Pero también existieron valientes y osadas mujeres que dirigieron flotas piratas; Grace O’Malley, dolor de cabeza de la corona inglesa, que platicó en latín con la reina Isabel I.
Malika Fadel ben Salvador, temible pirata andaluza del siglo XIV, a quien su abuelo enseñó las artes de la navegación es otro ejemplo.
Sin embargo ninguna de estas dos mujeres, ni ninguna otra capitana de barcos logró tener el poder y la flota que comandó en su momento Ching Shih.
Ching Shih nació alrededor de 1775, se deduce que su infancia y adolescencia fueron muy duras pues en 1801 trabajaba en un burdel flotante en Cantón. Ahí fue donde la conoció y se enamoró de ella el poderoso pirata Zheng Yi. Cuenta una leyenda que Ching Shih, era una de las pocas mujeres en china y la única en el prostíbulo en no tener los pies atados como dictaba la tradición china, lo cual provocó en el pirata una cierta curiosidad fetichista que desembocó en enamoramiento y después Zheng Yi, desposó a la prostituta.
El grupo de embarcaciones que comandaba Zheng Yi era conocido como la Flota Roja y sembraba terror en las costas de China a tal grado que en la narración que Jorge Luis Borges hace de la vida de la temible pirata china en la Historia universal de la infamia, cuenta que el emperador chino obedeciendo las súplicas de los pescadores de las costas azoladas por Zhen Yi, les ordenó que abandonaran sus villas y se internaran en el territorio chino para dedicarse a la agricultura.
Zhen Yi no sólo se dedicaba a la piratería, sino que era un mercenario. Participó con su flota y acompañado de su mujer en la rebelión Tay-son en Vietnam, su poder fue tal y la imposibilidad del Imperio Chino de derrotarlo tal, que el emperador decidió que la única manera de terminar con el enemigo era ofrecerle un importante cargo dentro del enorme y complicado aparato burocrático del Imperio, por lo que le ofreció a Zhen Yi el puesto de encargado de los establos imperiales. El pirata estaba dispuesto a aceptar esta especie de armisticio-soborno cuando sus aliados se enteraron y decidieron acabar con él. De acuerdo con el relato de Borges, Zhen Yi fue envenado con un suculento plato de arroz y orugas. Las cuales sin que el pirata lo supiera habían sido sustituidas por una especie ponzoñosa. Esto sucedió en 1807.  
La viuda entonces, a través de la manipulación y la seducción, pues terminó casandose con el heredero de Zhen Yi, se hizo cargo de la enorme flota y se convirtió en el azote de barcos chinos, portugueses e ingleses que pasaban por la zona. Los ingleses incluso la llamaban El terror del sur de China. Los piratas de Ching Shih además atacaban y saqueaban las aldeas a lo largo de la costa china de Macao a Canton. Ching Shih impuso a todos los asociados enérgicas leyes que incluían al ser violadas la pena de muerte.
Bajo su mando la flota roja prosperó y creció, en su mejor momento la flota comandada por Ching Shih constaba de mil ochocientas embarcaciones y alrededor de setenta mil hombres, divididos en seis diferentes grupos, cada uno a cargo de un lugarteniente de Shih. Cada una de estas escuadras de la flota se distinguía de las otras por el color de la bandera que ostentaban en su mástil; negra, amarilla, verde, morada, roja y una que ostentaba una serpiente
Ching Shih fue además una mujer extremadamente organizada y hasta podríamos decir con una visión empresarial o al menos de negocios. Mantenía de manera minuciosa la lista de todo aquello que ingresaba en las bodegas donde se almacenaban los botines, El reparto del mismo beneficiaba a toda la flota y hasta de una manera ingenua prohibió el uso de la palabra saqueo, en su lugar se utilizaba “bienes reubicados”.
Gracias a las reglas impuestas por la pirata, que incluían el pago del arroz y el vino a los campesinos, sus fuerzas siempre se encontraban bien abastecidas. En 1808 el emperador chino mandó a la flota imperial al mando del almirante Kwo-Lang, para acabar con la pirata. Ching Shih demostró su valor como estratega y al llegar la flota imperial la atacó con un pequeño número de embarcaciones mientras que la parte importante de la flota permaneció escondida hasta que rodeó por completo a los barcos de Kwo-Lang.  De esta manera la pirata logró destrozar a la armada imperial. Kwo-Lang se suicidó al no soportar la vergüenza de su fracaso. Entonces el emperador comandó al General Lin-Fa para destruir la enorme flota de Ching Shi. Sin embargo, con sólo contemplar el tamaño de la flota que la pirata comandaba, Lin-Fa intentó la retirada pero los piratas no se lo permitieron, se apoderaron de gran cantidad de embarcaciones imperiales, degollando a sus tripulantes incluido Lin-Fa.
Un año después el emperador ordenó una nueva expedición para acabar con Ching Shih. Esta vez al frente de la expedición se encontraba el Almirante Tsuen-Mow-Sun, En un principio parecía  que la victoria por fin sonreía al bando imperial, incluso se capturó a uno de los lugartenientes de Shih, pero esta haciendo gala de osadía reagrupó a su flota persiguió a la armada china y venció a Tsuen-Mow-Sun, logrando rescatar a su lugarteniente.
Invencible, Ching Shih, comenzó a azolar las poblaciones que vivían en las márgenes de los principales ríos de China, finalmente la única manera que encontró el gobierno imperial para acabar con el poderío de la flota pirata fue negociar un indulto a Ching Shih. Uno de sus capitanes de nombre O-Po-Tae y comandante de la flota que ostentaba la bandera negra fue el primero en pactar con el gobierno imperial. Obtuvo un título dentro de la burocracia china y el perdón para él y sus hombres.
Las negociaciones para la rendición de Ching Shih fueron largas, pero al final la mujer consiguió que se le permitiera mantener sus riquezas y poder operar una casa de juego y prostíbulo por el resto de sus días. Sus hombres fueron compensados con cerdos y dinero.

Ching Shih murió en 1844, se cree que tenía cerca de 70 años.

publicado en mamaejecutiva.net el 27 de abril de 2015
imagen en.wikipedia.org