martes, 18 de agosto de 2015

Patsy O’Connell repeliendo los estándares de sus tiempos



Por un accidente la química norteamericana descubrió uno de los materiales más importantes del siglo XX y una enorme fuente de ganancias para 3M.
Armando Enríquez Vázquez
El condicionamiento social de las mujeres fue durante siglos la mejor de las estrategias para impedirles brillar dentro de los esquemas sociales judeo cristianos de Occidente. A mediados del siglo pasado una joven preparatoriana en Estados Unidos, tomó un examen de aptitudes para estudiantes mujeres y de esta forma saber cuál era el mejor perfil para su futuro, el resultado: Ama de casa. La adolescente molesta pidió entonces que se le aplicara el examen que se aplicaba a los muchachos preparatorianos, el resultado la ubicó como una persona con interés por la ciencia, o en su defecto por ser dentista. Así que aquella adolescente decidió dedicarse a la ciencia y fue ahí donde hizo uno de los descubrimientos revolucionarios del siglo XX. El nombre de esta mujer: Patsy O’Connell Sherman.
Patsy nació el 15 de septiembre de 1930, en Minneapolis, en el estado de Minnesota en el norte de Estados Unidos. Tras tomar la infame prueba de aptitudes se inscribió en la Universidad Gustavus Adlphus en Minnesota donde se graduó como química y matemática. Siendo, además, la primera mujer en hacerlo en dicha universidad.
Inmediatamente consiguió empleó en el corporativo 3M, un contrato temporal, pues en 1952 se especulaba que emplear a una mujer era un negocio que terminaba cuando esta se casaba y se dedicaba al hogar.
Patsy era a principios de la década de los años cincuenta en Estados Unidos una de las pocas químicas y pertenecía a un puñado de científicas que trabajaba para empresas privadas. Junto con su compañero de trabajo Samuel Smith, se le encomendó investigar materiales para las mangueras de combustible de aviones que resultaran más resistente a la corrosión, ésta investigación fue financiada por el ejército norteamericano. Un día, uno de los asistentes de O’Connell tropezó y provocó que uno de los líquidos que estaban siendo desarrollados salpicara los zapatos tenis de lona de la científica, para sorpresa de tanto de O’Connell como de Smith la parte del zapato que resultó afectada por el líquido con el paso de los días, ni cambiaba de color, y repelía el polvo y el agua. Entonces O’Connell se dedicó a investigar las propiedades de la sustancia y así nació una de los compuestos químicos que más ganancias le ha dado a 3M y que fue bautizado con el nombre comercial de Scotchguard. O’Connel y Smith recibieron la patente por su descubrimiento en 1972.
Otro hecho de la cultura machista que tuvo que sufrir O´Connell fue el hecho que ciertas áreas en las que se realizaban muchas de las pruebas a los textiles que la química ideó para las sustancias que investigaba, la entrada a las mujeres estaba prohibida por lo que se veía obligada a esperar afuera los resultados de las mismas. 
Patsy O’Connell continuó investigando los polímeros fluorados, base de su descubrimiento desarrollando sustancias con las mismas cualidades pero que se utilizaban en prendas de vestir de lino, vestiduras de automóvil, piel y alfombras. Patsy O’Connell recibió a lo largo de su vida diecisiete patentes, trece de las cuales comparte con Smith, por sustancias basada en polímeros fluorados y los procesos para su fabricación.
El contrato temporal de Patsy O`Connell con 3M se prolongó por cuarenta años, O’Connell alcanzó un nivel gerencial dentro de la empresa. O’Connell se retiró en 1992.
Patsy O’Connell se casó y tuvo dos hijas a las que contagió su pasión por la ciencia y terminaron dedicándose a ella; una química y la otra bióloga. Murió el 11 de febrero de 2008.  

publicado en mamaejecutiva.net el 10 de agosto de 2015
imagen; en.wikiedia.org