lunes, 8 de agosto de 2016

Ángela Peralta conquistando el mundo de la ópera en el siglo XIX.




La primera voz mexicana que resonó en el escenario de La Scala de Milán fue una mujer que maravilló al mundo con sus interpretaciones de ópera. 
  
Armando Enríquez Vázquez.

El 13 de mayo de 1862, tan sólo ocho días después de que el General Ignacio Zaragoza derrotara al ejército francés en las cercanías de Puebla, para azoró de los mismos franceses, de Napoleón III y del clero mexicano que se preparaba a darle la recepción a los franceses, en Milán en el histórico Teatro de La Scala diseñado por el arquitecto Giuseppe Piermarini y que había abierto sus puertas ochenta y tres años antes, el 3 de agosto de 1778, la cantante mexicana Ángela Peralta conquistó al público italiano con su interpretación de Lucía, el papel principal, de la ópera Lucía de Lammermoor de Gaetano Donizetti y repitió su éxito por 23 noches, iniciando una carrera llena de éxitos.
Ángela Peralta nació en la Ciudad de México el 16 de junio de 1845. A los seis años se descubrió su maravillosa voz de soprano y a pesar que su familia no tenía los recursos suficientes, lo que había obligado a la niña a buscar empleo como sirvienta, su padre Manuel Peralta, se esfuerzó por ponerle a la niña un maestro de canto. A los ocho años Ángela cantó en público, en una tertulia de la Ciudad de México, La cavatina de la Opera Belisario de Gaetano Donizetti. Su interpretación causó una grata sorpresa entre los concurrentes y Ángela cambió de maestro por Agustín Balderas, un connotado músico mexicano que había formado parte del jurado en el concurso del himno nacional. Balderas además de educar la voz de la niña, la instruyó en el piano y la composición.
En México la ópera no sólo era una de las grandes atracciones de la sociedad mexicana, sino que, a mediados del siglo XIX, los músicos académicos mexicanos componían ópera. Existían cantantes que eran grandes ídolos populares y en 1854 llegó de Alemania Henrriette Sontag, soprano afamada mundialmente. Se dice que Sontag quiso conocer a esa niña maravillosa de la que los mexicanos hablaban, cuando le presentaron a la niña, el aspecto y fealdad de esta provocó una risa de burla en la soprano alemana, que no tuvo más que callar asombrada al oírla cantar. Incluso se dice que la alemana propuso llevar Ángela a Italia para hacerla triunfar. Pero Henriette Sontag no habría de abandonar el suelo mexicano, ese mismo año tras una excursión a Tlalpan, la cantante enfermó de cólera y murió.
Ángela por su parte si habría de viajar a Europa y conquistar las principales capitales de la ópera europeas. Pero antes debutó en el Teatro Nacional de la Ciudad de México que se encontraba en lo que es hoy la avenida 5 de mayo. En 1861 Ángela y su padre zarparon del puerto de Veracruz rumbó a España. Tras una presentación en Cádiz, un periódico local reseñó la actuación de Ángela terminando de la siguiente forma:
En el aria de La Sonámbula ejecuta tales pasajes que a veces llega a dudarse si es voz humana o de un pajarillo.  … y no dudamos que si va a Italia o a Milán a completar sus estudios y se dedica al teatro, su nombre será, por dondequiera que vaya el de “Ruiseñor Mexicano”.
Viajó después a Italia y tomó clases con Francesco Lamperti, quien la llamó: Un ángel del cielo y la tierra. Vino su exitosa presentación en La Scala y emprendió entonces una gira por Italia, cantó en Turín, donde tras la interpretación de La Sonámbula de Vicenzo Bellini, el público la obligó a salir 32 veces al escenario en una interminable ovación. Continuó por Bolonia, Reggio y llegó a Bérgamo, la tierra de Donizetti, se dice que uno de los hijos del autor al oírla cantar lamentó que su padre no estuviera vivo para haber presenciado la actuación de la joven mexicana de tan sólo 17 años de edad, a la que llamó la mejor intérprete de la obra de su padre. Además de la emoción del heredero del compositor, la gente enardecida desenganchó los caballos de su carruaje y tirando hombres de la carreta llevaron a la diva hasta el lugar en que se hospedaba.
La gira de Peralta por Europa finalizó casi cinco años después de iniciada, cuando el Emperador de México; Maximiliano la invitó a cantar en el Teatro Nacional, que había sido rebautizado como Teatro Imperial. Ángela Peralta llegó a México en noviembre de 1865, la recepción de los mexicanos fue espectacular, se dice que la gente hizo una cadena humana desde Iztapalapa donde vivía la cantante hasta el teatro, en el centro de la ciudad. La cantante se presentó antes de finalizar el mes y tal fue el éxito que Maximiliano la nombró Cantarina de Cámara del Imperio, nombramiento que le valió el desprecio de los juaristas y en especial de Ignacio M. Altamirano, quien comentó; que toda la frescura de los laureles que consiguió y había traído la diva en su éxito en Europa se había marchitado al aceptar el cargo de una corte bufa y oprobiosa. Y sin embargo el pueblo embelesado ante el canto del Ruiseñor mexicano opinaba noche a noche de manera distinta llenando el Teatro Nacional. El éxito de Ángela Peralta la llevó a una nueva gira por Europa, también cantó en La Habana y Nueva York.
Cinco meses después de su regresó a México Ángela Peralta se casó con su primo hermano Eugenio Castera. El matrimonio resultó un mal para Ángela porque Castera abusaba de ella y lo peor, con el tiempo se convirtió en una carga para la cantante pues el hombbre perdió la razón y tuvo que recluirlo en un hospital psiquiátrico en Paris. De regreso a México Ángela realizó una gira por el interior del país. En 1867 parte de nueva cuenta a Europa anticipando la caída del II Imperio mexicano. Regresó a Europa y la situación de Castera empeoró, fue entonces cuando decidió internarlo.
Ángela regresó en 1871 a México después de haber formado su propia compañía. Estrenó la ópera mexicana Guatemotzin de Aniceto Ortega, obra que habla de la presentación encadenado de Cuauhtémoc frente a Hernán Cortés. Pero su fortuna estaba por terminar, Ángela se enamoró del administrador de su empresa un hombre llamado Julián Montiel. La gente se dio cuenta y comenzaron los rumores y el chismorreo en una sociedad que pregonaba una moral casi victoriana. La gente comenzó a dejar de ir a los conciertos de la diva, pero lo que es peor durante sus actuaciones era abucheada en el mejor de los casos, en otras ocasiones la insultaban y hasta le aventaban cosas al escenario. Ángela Peralta juró no regresar a la Ciudad de México y salió a dar un penoso tour a provincia porque en todos lados la trataban igual. Finalmente llego a Mazatlán sin ya mucho dinero de aquella invaluable fortuna que había tenido en otros tiempos. Después de tramitar los permisos correspondientes, la compañía se dispuso a ensayar para su presentación. En esos mismos días un barco, había bajado a tierra el cuerpo de un norteamericano enfermo de fiebre amarilla y lo enterró en Mazatlán. Ángela Peralta contrajo la enfermedad y murió antes de poder actuar frente a los mazatlecos. Montiel aprovechó los últimos minutos de vida de Ángela para casarse con ella, la vistieron con un vestido dela compañía y se dice que un hombre de apellido Lemus, y que fungió como testigo, sostuvo a Ángela por la espalda e incluso le movió la cabeza en señal de aceptación de Montiel como esposo ante la pregunta del Juez, pero la realidad es que Ángela Peralta estaba muerta al casarse y como declaró su hermano; ni siquiera se dio cuenta del acto tan importante en el que estaba.
Ángela Peralta murió el 30 de agosto de 1883. Tenía 38 años de edad y había logrado la fama que ninguna otra mexicana había alcanzado en el bel canto hasta ese momento.
Como compositora Ángela Peralta dejo algunas obras y en 1875 publicó un libro con 19 piezas compuestas por ella que se llamó: Álbum musical de Ángela Peralta.

publicado en mamaejecutiva.net el 1º de agosto de 2016
imagen: es.wikipedia.org