lunes, 6 de febrero de 2017

Doña María Bartola una historiografía en los inicios de la Nación.



Otra de las mujeres ejemplares que documentó Laureana Wright en su libro fue una nativa de México que escribió la visión indígena de la conquista.

Armando Enríquez Vázquez

Nadie nos enseña que tras la conquista existieron grandes cronistas indígenas de los acontecimientos, esa visión de los vencidos que ha sido tan poco difundida porque en muchas ocasiones la historia oficial no ha sabido integrar el proceso del nacimiento de la nación mexicana al maniqueo mensaje de que fuimos, en dolorosa remembranza, un imperio que tras ser subyugado renació de las cenizas con el supuesto sacrificio que en el falso altar de la patria realizaron Hidalgo y sus seguidores, y también en la gran mayoría de los casos porque los españoles se encargaron de borrar muchos de los vestigios y testimonios de los indígenas a fin de escribir una historia a modo de los vencedores, algo que sucede siempre.
A finales del siglo XIX, un gran movimiento que buscó las raíces de la Nación se dio entre los intelectuales, artistas y muchos mexicanos orgullosos de su país. Al igual que la lucha por la igualdad de las mujeres, la reivindicación de lo mexicano y la búsqueda de las raíces indígenas, se dio con mayor ahínco y naturalidad durante los años de Don Porfirio, que después, cuando los intelectuales revolucionarios buscaron una forma muy revanchista legitimarse culturalmente ignorando por conveniencia o desprecio todo lo que se había sucedido antes de la Revolución.
En ese caso y regresando al libro Mujeres notables mexicanas de Laureana Wright, escritora y periodista menospreciada por la historia de nuestro país, y peor por las llamadas mujeres liberales de México, descubrí el nombre de una indígena que narró la historia de la conquista. Laureana Wright, escribió sobre diferentes mujeres de gran importancia en la época prehispánica y de la Colonia. Entre este grupo de mujeres que sobresalieron en los momentos del nacimiento de la nación se encuentra Doña María Bartola.
De Doña María Bartola se desconoce no sólo su nombre indígena, si no el cuerpo de su obra, en tiempos de Laureana Wright no quedaba nada de su obra más que menciones. Por un lado, Wright y Francisco Sosa establecen que esta mujer, era descendiente directa de Cuitláhuac; su nieta y fue una mujer líder en Iztapalapa. El mérito de Doña María Bartola fue el hacer una crónica de las batallas de los mexicas y españoles, así como descripciones acerca de los chichimecas y de los toltecas, obras que al parecer conoció Fernando de Alva Ixtlixóchitl, quién menciona a la cronista indígena en su propia obra. Al parecer Alva Ixtlixóchitl convivió con doña María Bartola y gracias a diferentes pláticas que tuvo con ella enriqueció sus escritos en especial Las relaciones históricas.
La fecha del nacimiento de esta primera historiógrafa mexicana, Doña María Bartola, que escribió en náhuatl y español, se data alrededor del año 1500, por lo que la joven tendría un poco más de veinte años cuando la caída de la Gran Tenochtitlán. Otro escritor que utilizó los textos de Doña María Bartola fue Antonio de Saavedra Guzmán en su obra Peregrino Indiano, un poema épico acerca de la conquista española. De acuerdo con la Obra de Carlos Hernández, Mujeres celebres de México, editado en San Antonio, Texas en 1918, la vida de María Bartola fue un melodram; una mujer que nació en un humilde hogar y fue parte de una muy humilde familia. Hernández hace de la indígena un portento de virtudes que de manera autodidacta aprendió a leer y escribir en español. Una visión diferente a la que dan sus otros biógrafos. De acuerdo con este texto el libro que escribió Doña María Bartola y compila no sólo sus experiencias sino todas las experiencias de un gran número de indígenas que sobrevivieron a las batallas de la conquista se tituló: Historia de la conquista y entrada de los españoles a la Ciudad de México.
El afán de los españoles por acabar con los testimonios indígenas de la época, se encargaron de acabar con la obra de Doña María Bartola de la que sólo sabemos, básicamente por el historiador texcocano Fernando de Alva Ixtlixóchitl, su contemporáneo y por los mencionados intelectuales del siglo XIX y principios del siglo XX que rescataron su persona. Una vez después de la revolución, Doña María Barola, parece haber vuelto a perderse en la noche de los tiempos de la siempre despreciada historia de las mujeres mexicanas.

publicado en mamaejecutiva.net el 23 de enero de 2017