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lunes, 13 de mayo de 2024

El pantano permanece.



Parecería que una tercera entrega de esta serie polaca es excesiva y sin embargo por muchos momentos vale la pena verla.

Armando Enríquez Vázquez

¿Hasta donde se puede estirar una historia sin que se convierta en un pastiche artificial? ¿Cuándo parar y dejar a los personajes en paz?  Cuando una serie se vuelve exitosa todo mundo en el lado de producción se emociona y se intenta mantener la historia viva a costa de cualquier incongruencia o acciones que no tienen ya lógica alguna.

El viaje final de Don Drapper, en Mad Men, para regresar al mundo impostor de la publicidad resulta un tanto cuanto lento, para llegar a la gloriosa secuencia final con sus implicaciones y referencia triunfal.  Juego de tronos, para disgusto de la gran mayoría tuvo un final contundente y lógico. No feliz, pero al estilo del autor de la historia; veraz, sin exagerar en el optimismo y dándole la vuelta a un fácil final feliz. Hijos de la Anarquía es otra serie con una gran lógica interna y un final acorde al desarrollo de la serie.

El pantano, una serie polaca cuya primera temporada fue estrenada en 2018. La acción se sitúa en un pueblo ficticio de aquella nación en los días que antecedieron al fin del comunismo; abuso de poder de los líderes políticos, policiacos y sindicales, la injusticia social del comunismo y una serie de asesinatos. La más reciente temporada fue estrenada a principio de este año por Netflix, desde el primer capítulo aparecen ya los personajes y los arcos dramáticos que unen tres temporadas que recorren más de 20 años en la historia de Polonia y los cambios sociales que esas décadas representaron con la caída y desaparición de la Europa comunista y la permanencia de la condición humano; explotación, corrupción y poder, como también de la mano de la culpabilidad autoinfligida va el eterno intento de la expiación de pecados o cuando menos de la justificación.

Esta por finalizar el siglo XX Piotr Zarzycki, aquel ambicioso periodista que protegido desde el nepotismo de los altos círculos del poder sobrevivió a la primera temporada y en la segunda regresa al pequeño diario después de 10 años, sólo para enfrentar una serie de verdades que destruyen su vida y su seguridad pero los tiempos han cambiado y ya nada lo puede salvar por lo que no hay vuelta atrás; Zarzycki queda estancado en el pueblo al finalizar la temporada. Ahora Piotr Zarzycki encerrado en casa, traumado por los sucesos de la segunda temporada, con una nueva relación sentimental y una hija adolescente que se siente rechazada desde la muerte de su madre y la huida de la amante de su madre habrá de enfrentar su mayor temor; su pasividad y entrar en acción.

A la par la historia del periodista Witold Wanycz (Andrzej Seweryn) quien hastiado de la vida y de la mediocridad del periodismo de estado en Polonia inicia esta serie en un momento cuyo único objetivo es huir de Polonia y reencontrar al amor de su juventud y de la vida en Alemania, al final de la primera temporada el viaje se aplazará en un sacrificio que podría definirse humanitario, pero que también admite que el amor real sobrepasa al platónico.

Con el pasar de las décadas, Wanycz vive de manera tranquila retirado del diario pero constantemente obligado a investigar nuevas y las mismas atrocidades. En la segunda temporada el regreso de una amiga a Polonia lo lleva a sentar cabeza sin dejar de pensar en el amor pasado que vive en Alemania y en la tercera la promesa de una carta perdida en el tiempo detona todo.

Pero el gran hilo conductor de la serie son los crímenes que se van descubriendo enterrados en los pozos de brea y lodazales del pantano cercano a la ciudad. Crímenes de odio, de guerra, genocidios o simples asesinatos. La oscuridad del pantano no solo está en los personajes de la serie, si no ese pantano que se ha vuelto fosa siniestra. El hotel central del pueblo es un personaje más de la serie de centro social donde la prostitución, las reuniones políticas y arreglos corruptos se llevan a cabo permanece casi intacto en las tres temporadas, y por intacto no me refiero a que los estragos del tiempo no hayan mellado el edificio, ni que los muebles y paredes no parezcan ya fuera de lugar conforme avanzan las temporadas, pero en el sentido clandestino y de centro de poder el Hotel se niega a morir. Es un emblema de ello a pesar de la llegada de nuevos grupos criminales con la llegada del nuevo milenio.


Y el mayor negocio criminal del mundo, el más redituable, la trata de personas está presente a lo largo de los 17 episodios de la serie y es sin duda un tema que pasa de un personaje incidental a uno de los protagonistas de la serie.

Al iniciar la tercera temporada, llamada El pantano milenio por Neflix, Wanycz recibe una llamada del eterno gerente del hotel central con la promesa de entregarle una carta que no espera y que viene del pasado. Pero cuando Wanycz llega al hotel, el gerente ha sido asesinado.

El descubrimiento de nuevos cuerpos en la ciénega, junto con la necesidad del procurador por hacer de los restos más victimas de los soldados Nazi y la II Guerra Mundial, a pesar de que los estudios forenses demuestran que los restos son de los años sesenta. Mientras su asistente, molesta por la actitud oficial, decide revelar la verdad y además es su manera de expiar culpas del pasado.

La tercera temporada ata cabos sueltos que nadie estaba consciente de su existencia, y sin embargo, no parecen haber sido incrustados a fuerza, aunque se tuvieron que crear tramas en el pasado para explicar la existencia de algunos personajes y su relevancia en la historia, como el padre de Anna Jass (Magdalena Roczczka), la detective de armas tomar que aparece a partir de la segunda temporada y es la amante de Teresa Zarzycka (Zofía Wichlacz) esposa de Piotr. La misma asistente del procurador entra sutilmente y de manera tímida como su personalidad a cumplir su papel en la historia del pueblo.

 Anna Jass regresa en la tercera entrega con la insensatez impuesta por la muerte de Teresa que la obliga a cometer acciones suicidas y la culpabilidad que siente. Convaleciente en el hospital del pueblo, su viejo compañero el policía Adam Mika (Lukasz Simlat) la involucra en la investigación que esconde trata de jóvenes rumanas. El caso se complica con la desaparición de Wanda Zarzycka, la hija de Piotr.

Si, bien El pantano no ha recibido los reflectores merecidos en este lado del mundo, la primera temporada ganó el premio nacional en Polonia a la mejor serie, es una serie que vale la pena ver. Muchos podrían argumentar ciertas deficiencias narrativas sobre todo en la segunda de temporada, pero la trama la que nos hace verla de principio a fin. La congruencia de los personajes con el paso de los años, el pequeño pueblo como personaje de la serie con su pantano, sus multifamiliares, la alberca pública del comunismo, lugar de abusos sexuales y redes trata ahora parte abandonada y otra convertida antro y burdel.

Reflejo de diferentes momentos de la historia y de la hipocresía oficial sin importar la ideología del gobierno, la serie, como la vida, abandona al ciudadano a su suerte frente a la corrupción y el crimen organizado.

imagenes netflix.

viernes, 12 de agosto de 2022

Tokyo Vice, reminiscencias del pasado.

 


Una nueva historia de mafiosos japoneses, con fuerza y una narrativa poderosa.

Armando Enríquez Vázquez

Advertencia: Zona de Spoilers en los siguientes párrafos. Mejor ve primero la serie que vale mucho la pena y después vuelve, le mi reseña y pon tus comentarios.

HBO Max estrenó este año Tokyo Vice, una serie que por nombre nos recuerda la famosa Miami Vice y no es casualidad. Es una serie de mafiosos y drogas, sólida, bien escrita, y con un sabor a series y una película del pasado. Producida por Michael Mann, entre otros incluido el periodista Jake Adelstein en cuyo libro homónimo se basa la serie, con guiones supervisados por el mismo Adelstein y un pool de escritores estadounidenses y japoneses.

La primera temporada consta de 8 episodios, donde vemos el ascenso o descenso profesional de Jake Aldestein (Ansel Elgort), el primer norteamericano contratado por el principal diario japonés Yomiuri Shimbum. Adelstein es asignado a la nota roja japonesa casualmente al inicio de una guerra entre bandas de Yakuza por la capital nipona.

La visión norteamericana de las puedo todas y de justicia, clásica en el imaginario gringo, está dibujada en los dos personajes estadounidenses principales de la serie; Jake Aldenstein y Samantha (Rachel Keller) una joven con un pasado religioso que decide abandonar la misión en Japón para dedicarse a vivir su vida mundana y convertirse en una hostess japonesa que es a la vez animadora y acompañante al interior de un bar japonés.

Emprendedora, testadura, desconfiada Samantha pretende abrir su propio bar, pero surge un problema cuando su amiga, la también hostess Polina (Ella Rumpf) adicta y novia de un proxeneta japonés desaparece y Samantha hará todo lo posible por encontrarla.

Al lado de estos gringos idealizados, adalides de la democracia, la equidad y la libertad de expresión, se encuentra el hampa japonesa, los Yakuza y un policía que se niega a aceptar cualquier tipo de crímenes al interior de la sociedad japonesa. Pero sobre todo un sistema corrupto que está entrelazado con la tradición centenaria de la forma de vida del japonés.

Hiroto Katagari (Ken Watanabe) es el policía recto frente a una poderosa fuerza del crimen organizado que corrompe a la mayoría de los miembros del cuerpo policiaco y que como sabemos en muchos países esta confabulado con ministros, secretarios de estado, jueces y hombres de poder. Jin Miyamoto (Hideaki Ito) es el lado opuesto de la moneda, el policía corrupto capaz de hacer todo para proteger al grupo Yakuza dirigido por Tozawa (Ayumi Tanida) que intenta tomar el control de Tokio. Miyamoto fue comprado por el crimen que se encarga de las cuentas del hospital de su hijo menor de edad, que necesita un costoso tratamiento.

La mafia japonesa está perfectamente retratada y contrasta por la tradición y el supuesto honor con la actitud “caótica” en la vida de los norteamericanos. La llegada del grupo moderno que dirige Tozawa y busca imponer el mercado de la droga, sobre el clásico de la extorsión, que maneja el clan de Ishida (Shun Sugata) es el argumento central de esta subtrama de la serie. Lo que de alguna manera recuerda al Padrino y ese dilema que representan las ganancias de las drogas y la decadencia social a la que conlleva la adicción.

Sato (Sho Kasamatsu), un hampón al alza, encargado en un principio en recolectar las extorsiones del grupo de Ishida, su jefe inmediato es un traidor que al ser descubierto se suicida, Ishida en ese momento asciende a Sato. Sato esta enamorado de Samantha, una gaijin con la que no puede aspirar a una relación seria si quiere mantenerse dentro de la tradición Yakuza y a quien todas las noches observa en el bar y los celos surgen al llegar Aldestein al bar y comenzar a interactuar de manera muy occidental con ella.

Son las dos visiones del mundo, la trama y la causa de todo lo que sucede en la serie, y a pesar de que existe un policía honrado y una sufrida jefa de redacción de la nota roja, la contundente realidad aplaca la visión romántica de los gringos y la esperanza de cambio de los japoneses. Y tanto por el personaje de Samantha, como por la trama de norteamericanos entrometidos en el mundo del hampa japonés, es inevitable recordar la gran película de Ridley Scott de 1989 Black Rain estelarizada por Michael Douglas, Andy García, Ken Takakura y Kate Capshaw en el papel Joyce, que 33 años después da pie a Samantha, en la que dos policías norteamericanos llegan a Japón en busca de un Yakuza  

La cultura japonesa en su rigidez, machismo y misoginia está claramente representada en los periodistas, Eimi (Rinko Kikuchi), la jefa de redacción de la nota roja del diario es maltratada y despreciada por su jefe y su reportaje sobre la violencia familiar contra las mujeres, desdeñado a las páginas menos importantes del diario. Pero no es el único caso; el dueño del bar donde trabaja Samantha, la visión de los Yakuza sobre las mujeres, pero al final no esta tan alejada de la propia visión y forma de ser de los occidentales.

Mención aparte merece la secuencia inicial de los créditos de la serie, una de las mejores que he visto en los últimos años y que merece un lugar frente a otras entradas de series de este siglo como Mad Men, Game of Thrones y Banshee creada a partir de un cuerpo con tatuajes de estética japonesa y habituales entre los Yakuza.

Maniquea ideológicamente como todas las series norteamericanas Tokyo Vice sin embargo, es una serie de gran fuerza y una ficción que nos absorbe. Espero ya la segunda entrega de la serie.

imagen HBOMAX

martes, 2 de febrero de 2021

Símbolos. Segunda temporada, la sequía de contenidos.




Las plataformas están buscando maneras de satisfacer a las audiencias que demandan constantemente nuevos y atractivos contenidos no siempre con buenos resultados.

Armando Enríquez Vázquez.

Todos sabemos que los medios como la radio o la televisión devoran contenidos, el aire no admite pretextos, ni excusas. Lo que vamos descubriendo en los tiempos del confinamiento global es que en el caso de los contenidos On demand, que tanto elogiamos y preferimos, esta necesidad de una oferta mayor de contenidos a la medida de diferentes y millones de espectadores la demanda del monstruo por ser alimentado es aún mayor.

Las plataformas están buscando maneras de satisfacer a las audiencias que demandan constantemente nuevos y atractivos contenidos, en el caso de Amazon Prime el hecho de ir liberando un capítulo a la semana de The Boys nos demuestra que la plataforma no tiene los contenidos que le gustaría para sus suscriptores. La producción de las nuevas temporadas de Marvelous Mrs. Maisel y Carnival Row se vieron interrumpidas por la pandemia, ante este panorama las dos plataformas de contenidos de video más populares se han visto obligadas a llenar sus catálogos, para fortuna de muchos y conocimiento de otros, con cintas y series de décadas pasadas. A mi parecer esto debieron haber hecho hace mucho y no esperar la emergencia sanitaria. No todo lo nuevo es bueno y como ejemplo basta un botón, aunque existen muchos en ambas plataformas.  

Hace apenas un mes reseñé la primera temporada de Símbolos la serie polaca producida por AXN en 2018 y distribuida a nivel mundial por Netflix este año. Tal vez por ese frenón en la producción del que hable al inicio, esta semana Netflix estrenó la segunda temporada que como anoté ya en el primer texto se estrenó en abril de este año en AXN, algo que no suele suceder en la plataforma de Internet.

¿Por qué ver la segunda temporada, sí la primera es bastante incongruente? Por lo general tengo la manía de ver las continuaciones de historias que veo y no me gustan sólo por morbo, podría decir por curiosidad, pero no, es morbo puro por saber como se intenta reparar los daños argumentales y narrativos. En este caso también tiene que ver la falta de nuevas series que me llamen la atención. Además, se trata de una temporada breve. Símbolos consta de sólo 8 capítulos en cada una de sus temporadas.

En la segunda temporada lo que sucede es que a partir de mantener a un puñado de personajes que ya conocemos se cuenta una historia que, aunque quiere parecer continuación, es otra totalmente diferente.

Sabemos por la primera temporada que: en las Montañas del Búho, en las que estás enclavada la villa de Sowie-Doly, donde se desarrolla la historia, los Nazi intentaron desarrollar un arma secreta cuyos planos están en manos de dos diferentes habitantes del pueblo; el falso pastor del pueblo Jonasz (Andrezj Mastalerz) y un coleccionista que termina en manos del primero al final de la primera temporada. Sabemos también que el oficial de policía Krzysztof Sobczyk (Piotr Trojan) es un asesino en serie en desarrollo y que al final de la primera temporada secuestró a Nina Trela (Magdalena Zak) la hija del comisario que llega Sowie-Doly en el inicio de la serie. Sabemos que el nuevo cura del poblado, el padre Roman (Rafal Cieszynski) es tan sociópata como Krysztof. Que el pueblo esta lleno de personas con severos problemas mentales.

Para la segunda temporada el comisario Michal Trela (Andrzej Konopka) ha regresado al alcoholismo con la desaparición de Nina, continúa viviendo en la posada de su subalterna Ada (Helena Sujecka) quien se ha separado de manera definitiva de su marido Blazej (Michal Czernecki) que en esta temporada competirá por la alcaldía de la aldea en contra del corrupto y ahora discapacitado alcalde, Antoni Pazske (Miroslaw Kropielnicki), quien tras el accidente en el bunker está en silla de ruedas además de haber sido inhabilitado por corrupción. No quiero entrar en los detalles telenovelescos que inundan la segunda temporada, me voy a detener un momento en los nuevos personajes que incorpora la serie y los hilos narrativos erráticos con los que nos envuelve. Dos personas que viajan desde Bratislava a Sowie-Doly en busca del arma secreta; la nave que parece un platillo volador. Eliza (Ewa Jakubowicz) y su esposo quienes para construir el misterio necesario para hacer interesante la serie desaparecen en el primer capítulo abandonando su vehículo y a su bebe. Así como Twerski (Mariusz Ostrowski) y la siniestra Kaja (Barbara Wypych) que apoyan, pagan la candidatura de Blazej, Kaja incluso se casa con él en busca de un nunca claro apoyo pero que tiene que ver con el arma secreta Nazi. Pero además esta la historia de un hombre demonio que ayudo a los Nazi de la zona y que en teoría oculta un tesoro y un guardian de los bosques de la región. La historia que quiere rodearse con halo de misterio y extrañeza no logra del todo su objetivo, pero lo peor desgraciadamente es que logra caricaturizar y despersonalizar a los personajes que nos presentaron en los primeros ocho capítulos, jamás se nos explica porque Agata la hija del alcalde ya no va a la escuela, ni cómo es que el comisario Trela se recupera tan rápidamente de su alcoholismo.

La historia más importante; la desaparición de Kasia (Bianka Pilitowska), la adolescente hija de la amiga de Ada asesinada en la primera entrega y la abulia de su alcohólico padre, parece por momentos prescindible. La culpabilidad de Trela tampoco es importante. Lo parcialmente relevantes es que al final, la historia que nada tiene que ver con la primera es sólo un pretexto para intentar de crear un universo similar al de otras series que tienen más que ver con lo sobrenatural y lo misterioso al más puro estilo de Los expedientes secretos X, que con el thriller y el enigma criminal que se nos planteó en un inicio, y aunque desde la primera entrega están presentes los planos del arma secreta o nave nazi el giro de tuerca obligado en el caso de la serie con una llave inglesa, no resulta verosímil.

Aun no se sabe si habrá una tercera temporada, AXN o Netflix no se han manifestado al respecto, pero no parece lógico que la haya más que interés o incógnitas el final resulta tan predecible y soso como el resto de la serie. Peor lo que todos debemos reflexionar en los tiempos del democrático Internet y la maravilla del On demand, es si los contenidos pueden seguir siendo tan mediocres como muchas veces lo son en los medios tradicionales ante la demanda de tener materiales al aire.

publicado el 28 de septiembre de 2020 en roastbrief.com.mx

imagen netflix.com

jueves, 24 de diciembre de 2020

Símbolos… ¡No me hagan eso!



 

La serie polaca de lento desarrollo engancha poco a poco al espectador, para finalmente hacernos gritar… de enojo.

Armando Enríquez Vázquez

Nunca sobra la advertencia, zona de spoilers adelante.

Nada peor en una serie con un cliffhanger forzado para crear una segunda temporada. Eso sucede con la serie Símbolos originalmente producida por AXN en 2018 y estrenada recientemente en Netflix.

Cómo otras de las producciones de crimen del norte de Europa; Simbolos, Znaki en polaco que también significa señales, cuenta la historia de un jefe de policía de un poblado casi deshabitado, de Polonia en este caso, que debe enfrentar un asesinato que terminará por revelar el infierno que se esconde, como dice el dicho de las abuelas, en toda comunidad pequeña, así como la corrupción que vive en todos los hombres avariciosos y sin escrúpulos sin importar la nacionalidad o el lugar, enormes ciudades o diminutos poblados, que tienen el poder político o económico.

El comisario Michal Trela (Andrezj Konopka) llega a un pueblo en la región de las Montañas del Búho en el sureste de Polonia, es su castigo por su alcoholismo, la idea es que lleve una vida más tranquila y alejado de las tentaciones que tenía en Cracovia, al menos eso piensan él y sus superiores que lo han enviado como castigo, pero lo espera un crimen que sacude a la comunidad. Trela es acompañado por su hija Nina (Magdalena Zak), padre e hija viven en la posada que es propiedad de la oficial de policía Adrianna Nieradka (Helena Zujecka), subalterna de Trela y su esposo Blazej (Michal Czernecki). Justo un poco después de la llegada de Trela sucede el asesinato que recuerda a los habitantes del pueblo otro similar ocurrido 10 años antes.

La muerta es la mejor amiga de Adrianna y amante de Blazej. Trela lo sabe porque fortuitamente descubre el affair. El crimen revive en el pueblo temores e incertidumbres de antaño justo en el momento menos indicado, el pueblo está a punto de celebrar su aniversario anunciando una inversión gigantesca que llevará prosperidad al pueblo con una mina y un hotel, en los terrenos donde se encuentra el mineral se encuentra una especie de bunker donde durante la II Guerra Mundial los Nazis asesinaron y torturaron a prisioneros polacos y judíos, al mismo tiempo que intentaban desarrollar un arma especial. Lo que es ignorado en un principio tanto por el alcalde, Antoni Paszke (Miroslaw Kropielnicki), de la población como por el pseudo empresario que encabeza la iniciativa hasta que vuelan la entrada del bunker y quedan al descubierto restos humanos y objetos de los soldados alemanes que los socios deciden desaparecer pagando a los camioneros para que tiren todo en el rio cercano, ellos solo piensan hacerse ricos con la mina y el hotel, sin importarles nada más.

La constante aparición del anterior comisario, al que un joven policía con características que nos hacen sospechar que puede ser un asesino serial en ciernes, es devoto y siempre cuestiona lo que hace Trela comparándolo con el viejo policía local, tratando de averiguar cómo va la investigación, el joven policía pueblerino solo actuara en favor de Trela cuando este es sustituido por una nueva comisaria que coludida con el alcalde decide dar carpetazo al caso, en un clásico ejemplo de miedo al cambio. Otro personaje es un pastor que dirige una secta que vende a los seguidores botellas de agua bendita adulterada con anfetaminas y que resguarda la parte vergonzante de la familia del alcalde y a una idiota violenta llamada Dorota (Paulina Galazka) que pasea por el pueblo y parece ser la principal testigo de los crímenes. El impostor de clérigo maneja una granja en la que sus seguidores producen diferentes alimentos. La madre de la primera víctima es una fanática de la secta que se volcó de lleno a la religión y bebe el agua bendita a diario.

La absurda manera de deshacerse de los restos óseos y artefactos Nazi, incita a uno de los camioneros a la venta clandestina de los objetos de los alemanes y su hijo descubre los planos para un arma secreta que pueden ser muy valiosos de estar completos, el tiene una parte de los papeles y otra es descubierta por el pastor en la casa de la madre de la primera víctima.

También está presente en la serie el catolicismo ferviente de ciertos sectores de la sociedad polaca, la muerte del viejo pastor del pueblo y la llegada de otro forastero para sustituirlo deja uno de los hilos narrativos más importantes para una segunda temporada.

Finalmente, la historia de Nina Trela es una trama alterna que se une al final a la trama principal. Nina, es una adolescente que entra en la preparatoria del pueblo donde se hace amiga de la sociópata hija del alcalde Agatha Paszke (Helena Englert) que participa en peleas clandestinas y que es la clásica junior consciente del poder de su padre y gozando de la protección de él, como lo ha hecho otro hijo del alcalde que vive en la granja. Nina descubre su homosexualidad y se enamora de Agatha quien al descubrir la orientación sexual de Nina reacciona de manera violenta a la confesión de la hija del comisario.

A lo largo de ocho capítulos de la primera temporada, la serie como la vida en el pueblo tiene un ritmo lento, previsible en muchos puntos y los escritores se notan más preocupados crear hilos verosímiles o no para una segunda temporada. Algunos de los personajes y situaciones son a mi gusto totalmente gratuitas y no aportan nada a la serie. Al final no sabemos que pasara con los planos de la nave/arma, ni con las tendencias sociópatas de Agatha, mientras Nina despechada camina por la carretera antes de ser secuestrada y en lugar de solucionar algo, los guionistas y el productor deciden llevarnos a una especie de callejón sin salida al plantear una situación que en principio parece ilógica y que se vuelve frustrante porque no tiene solución hasta la siguiente temporada.

La serie polaca de lento desarrollo engancha poco a poco al espectador, para finalmente hacernos gritar… de enojo. Sigo creyendo que existen muchas series que si se quedaran en miniseries serían perfectas.

AXN estrenó ya la segunda temporada de Símbolos en Europa, por lo que será el año que entra cuando la estrene Netflix.


publicado en roastbrief.com.mx el 17 de agosto a 2020

imagen: AXN

viernes, 17 de mayo de 2019

Karppi, El Nordic Noir vivo y sano.



Entre las series brillantes del Nordic Noir se encuentra la finlandesa Karppi. Con referencias claras a las obras fundamentales del género en video.

Armando Enríquez Vázquez.

Acabo de ver en Netflix la primera temporada de Karppi, una serie finlandesa que esta muy cerca en factura, calidad y en guión de las excelentes series Forbrydelsen (Dinamarca 2007 – 2012) y Bron/Broen (Dinamarca / Suecia 2011 - 2018). Algo que demuestra que el Nordic Noir y sus personajes complejos, obsesivos están vigentes y este tipo de historias continúan atrayendo a las audiencias.
Sofía Karppi (Pihla Viitala) regresa Alemania a Helsinki tras la muerte de su esposo, para reincorporarse a su profesión de policía, de la que ha estado alejada. De ella dependen la Henna, la hija del primer matrimonio de su esposo, una adolescente preparatoriana y su hijo Emil Karppi. Al llegar se le asigna un caso de asesinato: Una mujer joven ha sido encontrada enterrada en la zona donde habrá de construirse un complejo habitacional que resalta por sus ideas de generar energía de manera amigable por medio de molinos de viento con un material revolucionario creado por uno de los dueños de la empresa constructora y diseñadora del proyecto habitacional, el talentoso millonario finlandés Alex Hoikkala (Tommi Korpela). La mujer asesinada Anna Bergdahl (Pamela Tola) resulta no sólo asesora de la empresa de Hoikkala si no su amante, a pesar de estar casada y con dos hijas pequeñas, lo que hace suponer a Karppi que el crimen esta relacionado con el ambiente laboral de Bergdahl a pesar de las protestas de su compañero Sakari Nurmi (Lauri Tilkanen), un policía que trabajó en la sección de delitos financieros y es todo un millenial sibarita que gusta de apegarse a las reglas y normas de cuerpo policiaco y prefiere pensar que el asesinato sucedió en el círculo interno y familiar de Anna.
Sofía Karppi, como las protagonistas de las dos series mencionadas arriba; Sara Lund y Saga Noren, es una mujer obsesiva, terca, impulsiva e incapaz de escuchar a los demás. Sus conflictos personales; el duelo que no ha terminado de cumplir, la relación con Henna y los reclamos de Emil por no ser tan buena como su padre, hacen que la detective se encierre en su trabajo, por lo general sin la humildad de dar dos pasos atrás para revisar lo que ha hecho.
Karppi cuenta muchas historias y muestra que la reconstrucción de una vida para entender o resolver un crimen no es lineal y superficial. Karppi hace de los personajes un ensamble de historias de traiciones, ambición, mezquindad, amor, soledad y sobre todo acerca de la justicia que en ocasiones se sustenta más en ideas o corazonadas que en hechos. La historia no es autocomplaciente, los personajes siguen el curso de sus decisiones y sufren las consecuencias sin decisiones tontas o bien intencionadas de los escritores y productores.
A diferencia de la otra serie finlandesa que podemos ver en Netflix, Sorjonen, que sigue el modelo norteamericano de las series que tienen varios casos a resolver por temporada al menos cada caso se lleva dos capítulos, mientras que la complejidad de la historia de Karppi no permite un final cien por ciento feliz. Lo que queda es el sabor agridulce de una estupenda serie.
Pihla Viitala hace un trabajo extraordinario con un guión que no tiene desperdicio. Algo que resultaba llamativo de la ejecución y planteamiento visual y narrativo de Karppi son las similitudes con Forbrydelsen y Broen /Bron, la música al final de cada capítulo creando la tensión para el cliffhanger final. Las tomas aéreas de la ciudad al estilo de Broen  / Bron. Quiero verlo más como un homenaje que como plagio, porque la creatividad y las vueltas de tuerca de la serie muestran que los escritores y productores de la serie son lo suficientemente creativos.
La segunda temporada de Karppi se encuentra ya en proceso de producción y espero que pronto podamos disfrutarla.

imagen: Netflix

miércoles, 17 de abril de 2019

Case la siniestra serie islandesa.



Case es una serie oscura, siniestra, que muestra desde los pequeños criminales hasta las grandes víctimas de un negocio que se aprovecha y alimenta de adolescentes.

Armando Enríquez Vázquez

Entre las series que en estos días ofrece Netflix como novedad se encuentra una serie islandesa titulada Case, perteneciente al género de las series de crímenes y asesinatos que tan bien les salen hoy a los autores de países nórdicos. Aunque la serie no es de reciente producción, se estrenó en 2015 y es un spin off de otra exitosa serie islandesa llamada Réttur que en español significa “La Corte”.
La historia que en un principio se limita a una simple investigación policíaca cuando una adolescente bailarina aparece colgada de una viga en un teatro islandés, lo que lleva a los investigadores a deducir rápidamente la chica con una vida normal y en cierta forma alegre se suicidó. La única que no parece convencida del todo con la solución simplista es la inspectora de policía Gabriela (Steinunn Olina Thorsdeindóttir) quien insiste en investigar más. Sin saber bien a bien por qué tiene un mal presentimiento acerca de la muerte de la joven. Pronto averigua que se trata de una joven que es hija adoptiva. Sus padres biológicos un par de drogadictos que fueron vetados de ver a su hija por sus adicciones, pero se les permitió mantener a la hija mayor, sufren la pérdida de la joven a la que no han visto en años de la misma forma que los padres adoptivos quienes educaron a la joven, o al menos eso parece. La hija mayor Hanna (Birna Run Eiriksdóttir) es también adicta, pero además es victima de otros problemas aun más graves.
Esta también un oscuro personaje Logi (Magnús Jónsson), un ex abogado, alcohólico y dispuesto hacer investigaciones ilegales para ayudar a la ley que se cumpla. Su pareja sentimental y en negocios una hacker de nombre Ilmur (Elma Stefania Áugústdóttir) quien sospecha que Logi le es infiel en especial con su antiguo amor Brynhildur (Jóhanna Vigdís Arnadóttir) una abogada de causas familiares que trabaja en un importante bufete que dirige Benedikt (Arnar Jónsson), un poderoso y prestigioso litigante de edad.
Además de haber también un proxeneta, un ambicioso maestro de ballet que obliga a las estudiantes a tomar sustancias prohibidas y analgésicos, mafiosos y el compañero policía de Gabriela, ingredientes que ayudan al ir y venir de la trama mostrándonos la complejidad del escenario donde se desarrolla la historia y lo complejo de los involucrados y de la historia en sí.
La serie como nos han acostumbrado los productores y escritores escandinavos tiene una serie de giros de tuerca que nos llevan del presunto suicidio de una adolescente al más lucrativo de los negocios del crimen organizado en la actualidad; la trata de personas. De cómo se tejen redes entre los diferentes personajes de la serie, vidas que se entrecruzan, que ocultan subrepticias relaciones entre los personajes más opuestos. En una clásica trama de poder y corrupción, los depredadores de la serie se esconden y se encuentran camuflajeados en sectores que acercan al victimario con su presa.
Case es una serie oscura, siniestra, que muestra desde los pequeños criminales hasta las grandes víctimas de un negocio que se aprovecha y alimenta de adolescentes volviéndolas adictas y objetos de las peores y más perversas vejaciones. La incapacidad policial, que lleva a particulares sin experiencia a intentar resolver los problemas de una sociedad llena de personas decadentes que se sirven de criminales para llevar a cabo sus turbios deseos y fantasías sexuales, con consecuencias terribles para los involucrados y sus círculos cercanos.
Pero también nos muestra esa otra cara de la corrupción que surge del desinterés oficial por investigar los crímenes a fondo, la incapacidad y la desidia de las instancias del Estado por mejorar a la altura que están muchos de los criminales para poder enfrentarlos, la mediocridad imperante en la fuerza del orden que siempre se ve rebasada por los criminales.
A diferencia de otras series, la moraleja de Case parece ser que la única esperanza de la sociedad se encuentra en personajes marginales o en aquellos que empatizan con las víctimas, porque no es el profesionalismo, ni la capacidad, ni la buena voluntad a lo que se puede apelar para frenar a los criminales. ¿Cuándo la exhortación a la competencia y la intensión de comprender a los más jóvenes se convierte en una forma de presión que los invita a alienarse y huir de los mayores para caer en las peores manos? es también otro de los planteamientos que se hace en Case, ¿Cuándo el vengarnos de otros que no han herido acarrea las peores consecuencias para terceros?
La serie estruja el alma y no se trata de personajes principales que nos conmuevan como sucede en el caso de Bron / Broen, no en esta serie se trata de un asunto de sociedad al borde de la indiferencia y de la insensibilidad. La falsa sonrisa y el poco involucramiento de la jefa de policía que urge a cerrar el caso, es la misma con la que felicita a Gabriela por, a pesar de desobedecer sus órdenes, descubrir un crimen más allá de lo que parecía un simple suicidio. La misma vida de Gabriela y la forma en que es vista por su compañero y por los demás miembros de la policía nos revela que todos los pequeños secretos que las personas guardan sirven para alimentar chismes y fantasías de los demás. Esa falta de interés o capacidad de entender al otro sin meterlo en las casillas en las que forman nuestra propia de visión de la vida, eso que le sucede a Gabriela cuando es invitada por su compañero a cenar a casa obligado por su esposa, para de la manera más cordialmente irrespetuosa ver invadida su privacidad, otro de esos crímenes de la sociedad moderna.
Muy bien escrita y dirigida, Case no necesita de estruendo, ni de amarillismo o exceso de escenas estridentes, en la mejor tradición de la narrativa europea de cine y tele, son los largos respiros, los breves guiños, los gestos y los silencios los que matizan de la mejor, o peor manera la historia y lo que le da fuerza. Case es mucho más que una serie de crímenes abyectos, es un estudio de una sociedad que no se entiende a sí misma.
Case es una serie que vale la pena verse y es sin duda una de las series más perturbadoras que hay, pues no plantea situaciones extraordinarias, solamente es la parte más sórdidamente siniestra y real de la cotidianidad de la sociedad contemporánea.

publicado en roastbrief.com.mx el 14 de enero de 2019 

miércoles, 7 de noviembre de 2018

La tregua la receta nórdica para una serie pasable.



Lo que sucede a lo largo de los 10 capítulos de la serie está sin duda basado en la receta de las series danesas y suecas.


Armando Enríquez Vázquez


Si algo nos enseñaron las extraordinarias series Broen/Bron y Forbrydelsen fue que entre más sospechosos existen en una serie y se van revelando uno a la vez, más inocentes existen también y que el giro de tuerca final nos regresa a los primeros cuadros y círculos de la investigación.
De los mejores aprendices de esta fórmula han resultado los belgas quienes produjeron la tétrica y oscura Beau Séjour, Tabula Rasa y La Trêve. Una historia que ocurre en uno de esos idílicos pueblos que bajo la superficie de tranquilidad es un verdadero museo de excentricidades y monstruos. Y de la misma manera que en las series nórdicas las vueltas de tuercas, nuevas teorías y sospechosos con motivos más que suficientes para cometer un crimen mantienen al espectador enganchado en la serie. En ese mosaico de culpas, secretos, pequeños y grandes delitos, el descarte de sospechosos obliga a que la vuelta de tuerca final no resulte tan sorpresiva sobre todo cuando la comunidad donde suceden los hechos resulta es tan pequeña.
Al igual que Beau Séjour, La Tregua se estrenó en 2016 en Bélgica, pero este año Netflix la lanzó en su plataforma en español, sin duda como parte de la estrategia de presentar materiales europeos, tras el éxito de La Mantis, Colateral, Dark, The Fall y otras series extraordinarias producidas allende los Pirineos que han estrenado en el último año. Porque todos sabemos que la serie con más éxito este año en Netflix es también europea, pero es hispana: La casa de papel.
Desgraciadamente la historia al final deja de sorprendernos por lo lugar común de la resolución y lo poco extraordinario de la misma. Lo que vale la pena de La Trêve, o La Tregua, es que está llena de temas y subtemas interesantes y de actualidad; El futbol soccer, la migración africana a Europa, el racismo, la corrupción, el crimen organizado, el arreglo de juegos, el machismo, la cultura global, entre otros y que las actuaciones son buenas. Las sesiones entre la psiquiatra y el inspector Peeters llegan a tener una tensión desesperante y los conflictos internos del inspector Drummer y el choque por tratar de entender que está bien y que está mal, su inocencia y su franqueza lo hacen un personaje muy atractivo de la serie que al final queda mal resuelto por los guionistas de la serie.
Yoann Peeters (Yoann Blanc) es un policía de Bruselas que llega a la pequeña localidad de Heiderfeld, su decisión por abandonar la capital se debe a un operativo que condujo y terminó en tragedia, la pérdida de su esposa y asuntos personales por resolver en el pueblo en el que vivió parte de su infancia y adolescencia y en el que su padre enloqueció. Algunos de los locales lo recuerdan y el recuerda a otros en especial la relación que nunca concluyó con Inés Buisson (Anne Coesens), pero Peeters llega acompañado por su hija Camille (Sophie Breyer) una adolescente que también habrá de conocer la realidad de estos pueblos donde detrás del bucólico paisaje se esconden los mismos vicios con los que se enfrentan los jóvenes de la ciudad.
La llegada de Peeters coincide con el descubrimiento en el río del cuerpo de un futbolista africano Driss Assani (Jérémy Zagba) que juega en el equipo local de tercera división. La investigación de la muerte de Driss será el detonador para mostrar la galería de seres humanos que viven en el pueblo. Y quien en un principio parece el aliado de Peeters su subalterno el inspector Sebastián Drummer (Guillaume Kerbush) se tornará en su contra al suceder otra muerte y al sentir que Peeters no confía en él, además con la aparición de un amargado y rencoroso personaje, el inspector De Baets (Philippe Résimont), padre de uno de los policías muertos en el operativo fallido de Peeters y que esté empeñado en demostrar la culpabilidad de Peeters.
La serie es en gran parte un flashback, como sucede con muchas series actuales, que inicia con Peteers internado en clínica mental donde es entrevistado por una psiquiatra (Jasmina Douieb), quien intenta averiguar si el policía esta cuerdo y si es capaz de recordar un crimen que él mismo cometió o no y del que es el principal sospechoso.
Las dos máximas de Peeters; “Las personas nunca cambian” y “nunca conoces realmente a nadie”, se prueban falsas al mismo Peeters en los casos menos importantes y totalmente ciertas en lo esencial. Pero estas frases que son las premisas sobre las que se crea la personalidad actual de Peeters se enredan al final de la serie lo que curiosamente no parece afectar a Peeters ni para bien, ni para mal. El personaje actuará de la manera más lógica, sin que esa haya sido la norma a lo largo de la serie.
Lo que sucede a lo largo de los 10 capítulos de la serie está sin duda basado en la receta de las series danesas y suecas, desgraciadamente tiene un par de fallos garrafales en la narrativa final que nos dejan pensando en la incapacidad de los guionistas para hacer llegar la serie a puerto de la mejor manera. Cuando todo la perfilaba a ser una gran serie, se queda en una serie simplemente pasable.


publicado en roastbrief.com.mx el 6 de agosto de 2018
imagen Netflix

miércoles, 16 de mayo de 2018

Apocalipsis, traiciones y detectives.



Un thriller, una serie de Ciencia Ficción, una historia de traiciones, personajes sólidos, una trama vertiginosa resultado una extraordinaria serie.


Armando Enríquez Vázquez
¿Qué pasaría sí los científicos del mundo tuvieran conocimiento de un fenómeno catastrófico que amenazara con destruir la vida en nuestro planeta? Algo así como un meteorito o una llamarada solar, algo contra lo que no existiera ni defensa, ni tiempo para contrarrestar sus efectos devastadores.
¿Qué pasaría si un hacker se hiciera con esa información y abrumado por el peso de su descubrimiento quisiera hacer público este informe? ¿Qué pasaría sí en su desesperación compartiera su información con otro hacker, pero este segundo personaje viera un beneficio económico en la distribución del material y decidiera asesinar a su amigo? ¿Y si además el MI5 consciente de la existencia del hackeo intentara impedir sin importar los medios, ni las consecuencias inmediatas, la difusión de este material?
Esa es la premisa inicial de Hard Sun, la primera serie que la BBC produce para una plataforma de Internet, en este caso Hulu. Pero las cosas no son tan sencillas ni maniqueas como parecen, el grupo de policías de homicidios que tiene a su cargo la investigación del asesinato del hacker es encabezado por el detective Charlie Hicks (Jim Sturgess) tiene severos problemas, otro de los detectives principales y mejor amigo de Charlie fue asesinado un año antes de una balazo en la cabeza, sin que se sepa quien fue el asesino, la llegada al grupo de la investigadora Eleine Renko (Agyness Deyn) como imposición del jefe de Hicks y su nueva pareja no parece ser motivadora. Eleine es una descastada; sobrevivió un ataque en su domicilio donde fue apuñalada por su hijo. Eleine tiene además una misión secreta, demostrar que el asesino de Alex Butler, el ex compañero de Hicks, fue el propio Hicks, a cambio Daniel, su hijo no será encarcelado, sino encerrado en un hospital psiquiátrico. Lo que pareciera la clásica historia de policía bueno y carismático contra policía alienado por el trabajo y poco simpático, es en realidad una historia donde las complejidades fundamentadas en un dudoso código moral de ambos personajes se entrecruzan demostrándole a ambos que cualquier crimen se puede justificar desde un punto de vista muy personal.
Creada y escrita por Neil Cross, creador de la exitosa Luther, Hard Sun es una serie de criminales con placa, criminales sin placa y criminales patrocinados por el estado. De personajes llenos de secretos y vidas ocultas. Personajes cómo Eleine Renko que lo único que tiene que perder es el amor incondicional, como de madre mexicana del melodramático de la época de oro, por su hijo, o Charlie Hicks que esta formando una familia, a pesar de estar acostándose con la viuda de su ex compañero. O la oscura, fría e implacable investigadora del MI5 Grace Morrigan (Nikki Amuka-Bird) en un papel que la hace no solo abominable, sino aterradora, que sin embargo tiene también su lado humano.
La historia habla de la insoportable carga de mantener un secreto, por nimio que este parezca, de no herir a los seres queridos, de mantenerlos con una falsa esperanza que en diferentes grados afecta a su cotidianidad y a su estilo de vida. Habla de lo que esta uno dispuesto a hacer para mantener la “normalidad” y habla de venganzas racionales e impulsivas que van en contra desde el acoso, hasta la intromisión en la intimidad de los personajes.
Hard Sun es una serie llena de inteligentes giros de tuerca, de personajes muy complejos, humanamente contradictorios, solidarios por momentos, solitarios e impulsivos en otros y de un estado implacable que como madre sobreprotectora esta dispuesto a todo, hasta devorarse a sí mismo con el fin de evitar un caos que significaría la perdición de algo paradójicamente insalvable.
Las actuaciones de Agyness Deyn, llena de todos los demonios de un pasado que puso fin a su vida como adolescente y su papel como madre de un infante que fue abandonado al sistema de protección infantil creciendo en hogares orfanato, una mujer con muchas culpas, fiel a sus ideas ante todo y la de Jim Sturgess, quien intenta compaginar una vida familiar con la vida secreta que lleva con su amante y la lealtad con su grupo de trabajo. Su compromiso verdadero con los suyos y su entorno que no se refleja en su vida personal.
Hard Sun es una serie de ciencia ficción por la premisa misma de la serie, aunque este ambientada en Londres de hoy. Pero es también una serie clásica de detectives por los crímenes que Eleine y Charlie tiene que resolver en equipo y una serie de intriga por la lucha que los dos detectives establecen entre ellos para descubrir los verdaderos propósitos del actuar de su pareja al tiempo que como policías en contra del crimen tienen que confiar en su compañero de trabajo.



Hard Sun plantea el peligro que puede encerrar la verdad, si esta es descubierta a la sociedad y como dentro de la misma verdad, existen verdades a medias. La serie me recuerda el texto final de la gran película Barry Lyndon de Stanley Kubrik acerca de la futilidad de las pasiones y personalidades en el enorme esquema que es la vida y el universo. Como la muerte nos rasa a todos y nos hace un mismo polvo sin sentido. Hard Sun es una miniserie con seis capítulos que bien vale la pena ver en este inicio de año tan lleno de nuevas propuestas.

publicado el 22 de enero de 2018 en roastbrief.com.mx 
imagen bbc.uk

jueves, 22 de febrero de 2018

Mindhunter más de lo mismo, ahora a profundidad.



En materia de series policíacas aun existen historias inteligentes y provocativas que no se regodean únicamente en un criminal y su sádico comportamiento.


Armando Enríquez Vázquez

En el clásico texto Amor y Occidente escrito por Denis de Rougemont y publicado por primera vez en 1938, el autor inicia con la frase: “Caballeros, ¿os gustaría oír un bello cuento de amor y muerte?... “, a lo que el autor responde de manera afirmativa para dar paso a uno de los ensayos literarios más importantes del siglo pasado. Sin embargo, pareciera que en esta segunda década del siglo XXI nos interesa mucho más oír una muerte y más muerte.
Nada ha cambiado más en nuestro gusto por las historias que la atracción a las narraciones oscuras y hasta pervertidas. Del cine de horror y monstruos, al cine gore lleno de sangre y del gore hemos pasado en las últimas dos décadas a confundir el terror con el sadismo y el masoquismo. De las historias de la inteligencia policiaca, a la de los casos extremos a la normalidad de un asesino serial y la brutalidad que ejerce en sus víctimas. De la barbarie anónima de los universos zombie a las historias de asesinos seriales, de asesinos solitarios a bandas criminales las pantallas de cines y dispositivos portátiles ofrecen una gran cantidad de estas historias. Las librerías y periódicos exhiben también gran número de historias relacionadas con la muerte, novelas policiacas, novelas criminales, nota roja y nota realmente splatter. 
Y dentro de los asesinos seriales no hay serie más exitosa que Criminal Minds que se estrenó en 2005 y llegó ya a su treceava temporada, la serie narra las aventuras de una unidad del FBI dedicada a los crímenes y criminales seriales.
Netflix acaba de estrenar Mindhunter la respuesta a esta exitosa serie, basada en un libro del mismo nombre escrito por un ex agente del FBI y uno de los creadores de las investigaciones que ayudan a crear los perfiles de los asesinos en serie desde una perspectiva científica. John Douglas junto con Mark Olshaker escribieron este libro, aunque la estrella es Douglas quien en la vida real se entrevistó en los setenta con diferentes asesinos seriales dando paso a una nueva unidad dentro del FBI dedicada a analizar a través de la psicología y la sociología el comportamiento de estos criminales. De hecho, todo aquello que hoy se reproduce en las novelas de corte policiaco y criminal como base de las sesudas conclusiones del detective o en el preámbulo de que el asesino ponga cuchillos y navajas en obra está directamente relacionado con las investigaciones de Douglas.
La serie de Netflix producida por David Fincher productor y director también de House of Cards, Seven y Fight Club, narra a manera de ficción entrelazando a personajes reales, los inicios y creación de esta unidad especializada del FBI.
Oscura y gráfica la serie se construye a partir de dos personajes; Holden Ford (Jonathan Groff) y Bill Tench (Holt McCallany) agentes de diferente edad y origen que se unen para crear nuevos y más efectivos métodos de enseñanzas para los agentes del FBI y que ante la curiosidad y más tarde terquedad y perseverancia de Holden Ford terminarán creando una nueva unidad para el FBI.
En el primer capítulo Ford escucha a otro instructor del FBI, hablar acerca de cómo los tiempos han cambiado, de cómo los asesinos y sus formas de operar han cambiado también. Al mismo tiempo conoce a una estudiante de maestría en sociología de la Universidad de Virginia que le habla de otras realidades. Ford decide entonces pedir permiso y entrar a la Universidad de Virginia a tomar clases de sociología. La gran revolución social de los sesentas ha terminado, Vietnam es la primera gran guerra que Estados Unidos pierde, la resaca de volver a la realidad de un gobierno ineficiente y burocrático con pretensiones autoritarias, incluso la incertidumbre sobre la realidad y veracidad de la democracia son puntos clave en la transformación de sociedad que comienza a ver crímenes aberrantes y que está a punto de descubrir que estas aberraciones son más comunes de lo que quisieran creer y pueden caer dentro de patrones sociales comunes a muchos norteamericanos. Una sociedad que comienza a desconfiar de su gobierno y a sentirse desamparada.
Esta primera temporada se desarrolla a través de diez capítulos de manera brillante. Mindhunters crea personajes memorables por la frialdad con la que se conducen, aunque su mundo interno sea el de la desolación, construidos a partir de los asesinos seriales reales que existían en los años setenta en Estados Unidos. Edmund Kemper interpretado de manera magistral por Cameron Britton, lleva una serie de secuencias con Ford que son memorables, asimismo Happy Anderson interpreta a otro asesino serial llamado Jerry Brudos, también crea un personaje cínico y repulsivo.
Con la llegada de una académica al grupo; Wendy Carr (Anna Torv) se intenta estructurar de una manera racional el estudio de las mentes criminales, lo que muchas veces es inaceptable para la rebelde mente de Ford. Interesante resulta como la personalidad de Ford se va transformando hasta llegar a ser un hombre egocéntrico, arrogante y terco que lo hace despreciar las reglas que han creado al interior de la unidad y las mismas reglas del FBI.
Mindhunter es una muy buena serie qué va más allá del simple universo perversamente lógico de un asesino y acerca al espectador pero sobre todo a los policías asépticos y clínicos de otras series de manera tangible con la caótica existencia de nuestros días, infiltrándose en la mirada, torciendo la lógica de la ley y el orden de la arquetípica sociedad democrática que pretendemos habitar.

publicado en roastbrief.com.mx el 23 de octubre de 2017
imagen: Netflix