domingo, 3 de febrero de 2013

Desaparecer



 A principios de Septiembre de 2011 me convertí en números de diversas estadísticas acerca de la inseguridad que vivimos:

Armando Enríquez Vazquez

A principios de Septiembre de 2011 me convertí en números de diversas estadísticas acerca de la inseguridad que vivimos: Asaltos sin uso de violencia, adultos mayores de 45 años asaltados, víctimas de robo en el sistema de transporte público de la Ciudad de México.  Calvos sin cartera en la bolsa. El hecho fue muy sencillo, alguien con gran habilidad sacó mi cartera del bolsillo de mi pantalón. Cuando me di cuenta ya estaba lejos de la estación del Metrobús, así que no me quedó otra que parar un taxi y pedirle que me llevara al banco para cancelar tarjetas y solicitar un repuesto de mi tarjeta de nómina: No sin antes advertirle que no le podía pagar hasta salir del banco con dinero, pues me acababan de robar.
Al principio el taxista, un hombre gordo, cacarizo, de canosa cola de caballo se me quedó viendo como si no entendiera lo que le estaba diciendo.
-¿Dónde?- Preguntó con cierta desconfianza.
- En el Metrobús.- contesté
-¿Cómo?
- Me sacaron la cartera del pantalón.
La mirada de desconfianza se mantuvo un segundo más y abrió la puerta del carro. Después de darle la dirección del banco se limitó a decir.
-¡Qué bonito asalto!
Lo miré con la misma desconfianza que él me había visto, pensando que ahora iba yo a saber lo que era un asalto feo.
- A mí cuando me asaltan, me ponen una pistola aquí.- Y apuntó a su sien con dos dedos, a manera de cañón de pistola. – O un cuchillo acá.- Señaló las costillas.- Lo que le pasó a usted es arte, ya no se ve, lo robaron, ni cuenta se dio, hay que agradecerlo y celebrarlo. Cuando me han apuntado a la cabeza con la pistola y cortan cartucho, veo a través del parabrisas, pienso que voy a morir y hasta los árboles me hablan. Lo que le pasó, es algo que ya no existe, es escuela, son ladrones de los buenos. Yo que usted ni lo contaba en el trabajo porque se van a burlar de usted.  ¿A quién le pasan esas cosas hoy en día? Yo llego con una historia así a mi casa y mi vieja me parte la madre, me acusa de mentiroso y me dice que me lo gasté todo en tragos y putas.
Creo que le hice el día al taxista y él me lo hizo a mí, pues nos fuimos carcajeando todo el camino. Pero más allá de la anécdota, había que regresar a la realidad; cancelar tarjetas y reemplazar identificaciones. Para cancelar nunca hay problemas.  Todos están dispuestos a cancelar las tarjetas. Para obtener los repuestos es donde comienzan…
La mirada del ejecutivo del banco que me conoce, el cual tiene una copia de mi IFE en su computadora, de algunos trámites que hice unos meses atrás en esa misma sucursal, es la de quien ve por primera vez a alguien.
-¿Tienes una identificación oficial?
- Se la llevaron con mi cartera.
-No te puedo dar tarjeta de repuesto. Necesito una identificación oficial. Aunque sea  una copia.
-Imprime la que estoy viendo en tu computadora.
-No se puede, porque si sale borrosa ya no es válida.
-¿Entonces?
-Necesito una identificación oficial. Pídela en recursos humanos a lo mejor ellos tienen una y me la traes.
Salí de la sucursal sintiendo que por un momento yo había desaparecido de la faz de la tierra. Que era un fantasma vagando por las calles de la ciudad. De regreso al taxi, de ahí a la oficina y un préstamo para pagarlo.
Al otro día temprano al IFE a sacar la credencial.
- Acta de nacimiento. Correcto. Comprobante de domicilio. Correcto. Identificación oficial.
- Me la robaron, pero traigo mi pasaporte que venció hace unos meses.
- No sirve.
-La cartilla militar.
-Le faltan resellos. No sirve.
La empleada me mira. Como si fuera transparente y entonces en su afán por dar un buen servicio me pregunta.
-¿Hace cuánto que tramitó su credencial del IFE?
-Hace seis meses.
-A lo mejor el sistema aun tiene sus huellas digitales y no hay problema, pase, haga el trámite.
Todo va bien, toman la foto, corroboran mis datos, y de pronto la cara del hombre del otro lado del escritorio se pone seria y yo vuelvo a desaparecer.
-No, el sistema no tiene ya sus huellas dactilares. Va a tener que traer una identificación oficial.
Vuelvo a la muestra de las identificaciones que llevo. No, ninguna sirve. Solución.
- Traiga a dos testigos que tengan credencial del IFE y que sean de la misma delegación que usted, de preferencia del mismo sector.
Regresé a casa pensando en la ineficiencia del IFE, a seis meses de distancia de haber tramitado una credencial ya no existen los datos en sus archivos para reponer la credencial, por lo que cualquiera puede sacar una credencial falsa. Si no existe una base de datos para cruzar las huellas dactilares de la persona que está solicitando una nueva credencial,  entonces ¿quién es capaz de poner la mano en el fuego ante tal debilidad del sistema?, no nos sorprendamos cuando  en las próximas elecciones, como siempre, voten los muertos y se hagan carruseles de votantes comprados.
Si en ese momento, por causas naturales o no, hubiera tenido un accidente, a pesar de llevar un pasaporte vencido y la cartilla militar, al no tener una identificación oficial  vigente, ¿qué habría sido de mí? ¿Hubiera sido calificado como desconocido?
En cuanto al banco, solicité al área de recursos humanos  de mi empresa una copia de mi IFE, la cual se iban a tardar en buscar y ver si la tenían, para mandármela a mí correo electrónico. Entonces solicité una carta en la que estableciera que yo era yo, que laboraba en la empresa, que es al mismo tiempo dueña del banco con fecha del día en que se expidió. Me dirigí al banco carta en folder.
Al llegar a la sucursal la carta no era buena, ni suficiente, a fuerza tenía que ser el IFE. Pregunté qué pasaría si el área de recursos humanos tuviera en efecto una copia de mi credencial para votar, porque en ese caso sería de una credencial vencida y sustituida a principios de año. En ese caso el banco no tenía problema, pero a fuerza tenía que tener una copia de la credencial a pesar de que estuviera o no vencida. Para mi suerte, antes de regresar a mi oficina a esperar el correo de si tenían o no mi credencial, surgió un ejecutivo sensato que dio validez a la carta y reconoció que mi cuenta estaba abierta en esa sucursal. Tuve mi tarjeta de nómina una vez más y con ello aparecí un poco por lo menos para subsistir, aunque oficialmente siguiera desaparecido.
Felizmente, conseguí a los dos testigos sin mayor dificultad y al otro día regrese a la oficina del IFE, para recuperar mi identificación oficial y con ella aparecer en el mundo de nuevo a partir del mes de Octubre.


Publicado en la revista online palabrasmalditas.net Junio de 2012
Imagen:bw-color.com