martes, 7 de julio de 2015

Perfume para necrófilos y para otras narices exigentes.



Katia Apalategui, creó la idea de hacer perfumes con la esencia aromática de aquellos que han muerto para no olvidarlos y Christoper Brosius tiene años cubriendo de aromas singulares a los humanos.
Armando Enríquez Vázquez.
¿Qué pasaría si al abrazar a una persona descubrieras que huele a salón de funeraria o a flor de cannabis?
Al parecer en el mundo de las fragancias nada esta escrito y el olfato y los aromas pueden ser un mercado prometedor para los intrépidos.
En este mundo en el que se nos repite hasta el cansancio que aprendamos a vivir el presente, ya que ni el pasado ni el futuro existe. Millones de personas pretenden aferrarse al pasado de una manera que incluso parece obscena.
Me topé hace unos días con la nota de una mujer en Francia llamada Katia Apalategui, quien a partir de observar como su madre olía la funda de la almohada de su difunto esposo, el padre de Katia, para tener el aroma del ser querido, decidió comenzar a investigar si la fragancia de un muerto podía ser sintetizada en un perfume. Tras siete años de que le cerraran la puerta en las narices por su idea, la vendedora de seguros encontró respuesta en la Universidad de la Havre en el norte de Francia.
La nota no deja de ser una curiosidad más perdida en un monto de notas desinformativas con las que los diarios llenan planas para un lector que cree que de esta manera está haciéndose de datos valiosos.
 Sin embargo hay ideas tontas que pueden ser más peligrosas de lo que nos podemos imaginar.
Apalategui fundará ahora una empresa que utilizando las investigaciones de la Universidad ofrece al consumidor el aroma de su muerto más extrañado.
La esencia se consigue gracias a una técnica en la que a partir de la ropa del muerto se recolectan las moléculas responsables del aroma específico del difunto y los científicos de la universidad en cuatro días lo convierten en un perfume.
Este producto que puede hacer a los zombis entrañables comenzará a comercializarse en septiembre. Por el momento la señora Apalategui se la pasa recorriendo los lugares ideales para conseguir clientes; las funerarias y les ofrece a los deudos una cajita con un frasquito con la esencia de sus muertos, previo permiso de los deudos para obtener muestras de la ropa del difunto.
El precio al que pretende vender el frasco de perfume es de unos 560 euros. Habiendo empezado por el lado mórbido del negocio, Apalategui ahora piensa que este producto tiene un potencial desarrollo en aromatizar también a amantes, para recordar al ser querido cuando este no se encuentra cerca, o para aquellos padres y madres obsesivos que tienen hijos de viaje.
El desarrollo de nuevos productos avalados por los avances científicos, no siempre son prometedores o realmente bien pensados por aquel que cree haber encontrado una mina de oro. ¿O sí? ¿Qué sucede si una persona que compra uno de estos perfumes con esencia de su muerto decide permanecer olfateando pegado a un trozo de tela al que cada cinco minutos rocía con el perfume? ¿No se podría estar agravando los casos de depresión aguda que suceden cuando un ser querido muere? ¿No es este perfume un caso también para las autoridades de salud? ¿Y qué pasa en el caso de los amantes que rompen el compromiso, si de por si el helado y los kleenex no parecen ser suficientes? Un perfume que evoca ese amor perdido, que ahora quien sabe por dónde andará puede ser un arma de doble filo, ¿No está el fabricante tentando a los suicidas a potenciar su capacidad de acabar con su vida? ¿O a los amantes celosos y despechados a vaciar una pistola sobre la persona antes amada y acto después a olisquear el trocito de tela que llevan en la otra mano como chavo que aspira con fuerza la mona para perderse en esa extraña droga que es el despecho?
Pero en caso de los consumidores siempre existen gustos que rompen géneros, en 2013 la empresa Demeter Fragance Library puso a la venta un perfume con olor a zombi, aunque la fragancia existía con aroma para él y para ella, no parece haber tenido un buen resultado, pues ya no se encuentra en el catálogo de la empresa, pero existe una fragancia llamada Elvira’s Zombie. De una línea digna de cualquier darketo llamada Elvira Mistress of the Dark, personaje principal de una serie de programas de televisión de los años setenta del siglo pasado de la ciudad de Los Ángeles que servía para presentar películas de terror y que se convirtió en un personaje icónico de este tipo de programas. La gama de productos de Elvira Mistress of the Dark incluye además de la fragancia de zombi otras dos; Elvira`s Vamp y Elvira’s Black Roses.
Esta empresa promociona fragancias muy particulares como malvavisco, gin & tonic, helado de fresa, langosta, gasolina, pegamento y otros aromas que seguramente pueden volver a alguien en inolvidable y no precisamente en el mejor sentido de la palabra.
El fundador de Demeter Fragance Library, Christopher Brosius, piensa que el repertorio de fragancias de una persona no debe limitarse a los perfumes de diseñadores, lo que es similar a tener un solo tipo de ropa, las fragancias como la ropa deben incluir prendas que sean confortables y sencillas.

Salir o encontrarse con una persona que huele como champiñón, crayola, lombriz, martini o carbón de mezquite, creo que nos puede decir mucho acerca de esa persona, lo que no sé es que tan agradable pueda llegar a ser.

publicado el 29 de junio de 2015 en the point.com.mx
imagen: aforadio.com