sábado, 4 de julio de 2015

Macrópolis.



Una forma de vida congruente y unificada en la Ciudad de México y la zona conurbada, capaz de generar bienestar y certeza en los ciudadanos, es lo que menos le importa a los partidos políticos.

Armando Enríquez Vázquez

La semana pasada el bloque morenista, que encabezará la mayoría en la próxima Asamblea Legislativa de la Ciudad de México hizo pública en voz de su presidente nacional, su agenda para  los próximos tres años, en la cual resaltan las ideas populistas y electoreras que caracterizan a los miembros de la cofradía encabezada por Andrés Manuel López Obrador, como por ejemplo acabar con el doble no circula. ¿Por qué acabar con el doble no circula en una ciudad en la que los niveles de contaminación son cada vez mayores? La respuesta es fácil, beneficiar a muchos comerciantes que viven en la zona conurbada del Estado de México para así empezar a promover el voto de Morena en el Estado de México.
En el Valle de México vivimos más de veinte millones de personas, muchas de las cuales cruzan a diario la Ciudad de México, utilizando los servicios de la Ciudad y generando necesidades de infraestructura que para algunos de los ocho millones de habitantes de la capital del país no les beneficia pero si obstaculiza su diario ir y venir. Lo mismo sucede con los contribuyentes de la zona conurbada que no necesariamente entran a la Ciudad de México, pero se ven afectados por las necesidades de aquellos capitalinos que a diario van a su municipio.
A lo largo de los últimas cinco décadas el crecimiento de la mancha urbana aledaña a la Ciudad de México no ha disminuido. No se ha tratado de controlar, ni de legislar al respecto, principalmente porque durante gran parte de ese tiempo el llamado Regente de la Ciudad dependía del presidente y de sus caprichos pues la ciudad de México carecía del derecho de elegir a su gobernante. Hoy son dos entidades federativas independientes las que se ven involucradas en el gobierno de la gran zona metropolitana de la Ciudad de México, cada una con su propia agenda política desde 1997 cuando la Ciudad de México dejó de ser un apéndice del gobierno federal. Incluso el gobierno federal trata de jalar agua a su molino con esta situación.
Conocemos muchos casos, y se ventilan a diario acerca de cómo la corrupción policiaca en el Estado de México afecta de manera directa a los conductores y ciudadanos del Distrito Federal. Cruzar de cualquiera de las delegaciones de la Ciudad a los municipios conurbados del Estado de México con los que colindan, es siempre un albur, la seguridad, las leyes y las reglas cambian de manera radical de una cuadra a la otra.
Los taxis de la Ciudad de México se ven obligados a cobrar más por cruzar la línea imaginaria entre el Distrito Federal y El Estado de México y viceversa. Las peseras mexiquenses que tienen una regulación diferente entran en las calles de la ciudad cobrando más y contaminando peor.
En muchos países cuando estos asuntos geopolíticos suceden con el crecimiento de las ciudades las soluciones son de dos tipos. La primera creando una ley común a toda la mancha urbana, la segunda anexando los suburbios a la Ciudad para crear una unidad en la administración, desarrollo y políticas de la urbe y aligerando los gastos de una doble administración.
Claro en México esto implicaría un problema en los cotos de poder político; ya sea el PRI, o el PRD, y por extensión hoy Morena podrían perder sus bastiones políticos. Sí Ecatepec pasara a ser una delegación más de la Ciudad de México, tal vez la capital del país volvería a ser priísta, pero sí sumamos Nezahualcóyotl, entonces la llamada izquierda reafirmaría su control. Eso sin contar que sin la zona industrial de Cuautitlán y Tlanepantla el Estado de México tendría unas finanzas menores y carecería de los muchos recursos con los que se compran votos.
 Lo cierto es que una forma de vida congruente y unificada en la Ciudad de México y la zona conurbada, capaz de generar bienestar y certeza en los ciudadanos, es lo que menos le importa a los partidos políticos, la cara socarrona de Martí Batrés, el día de la presentación del pomposamente llamado decálogo de Morena en la asamblea así lo demuestra. Los próximos tres años serán insufribles para la certeza de la ciudadanía de la Ciudad de México, puesto que las metas de Morena nada tienen que ver con el bienestar de los ciudadanos que votaron por ellos, sino por la agenda personal de sus dirigentes de joder a Mancera y al PRD a como dé lugar.
Nada propone el decálogo, solo restricciones, combatir a capa y espada al gobierno de Miguel Ángel Mancera y al PRD, que ahora en la nueva telenovela del los líderes de Morena, son los malos malísimos, peores que el PRIAN que complotó contra ellos desde que Fox arribó a la presidencia. Promesas de no subir impuestos y mantener un sistema de transporte público malo pero eso sí muy barato. Austeridad republicana, lo que sea que esta frase demagógica quiera decir, pero nada de eliminar el fuero. Acabar con el abuso de la construcción que no respeta las zonas residenciales de la ciudad, sin recordar que el principal promotor de la construcción sin sentido y avariciosa en la Ciudad fue Andrés Manuel López Obrador con sus bandos revanchistas en contra de las delegaciones que no votaron por él o por el PRD en ese entonces. No a todo. Porque nunca desde que se le demostró a Andrés Manuel que los capitalinos no estábamos de acuerdo con su plan de seguridad y nos llamó a todos una bola de pirrurris, ha sabido ser más que un político negativo, sin propuestas tangibles a favor de la ciudadanía.
En 1830, Tlalpan era la capital del Estado de México, su cercanía con la Ciudad de México obligó al gobierno a cambiar la capital de la entidad a Toluca, Tlalpan pasó a ser parte de la capital del país. De esa misma forma la ciudad podría integrar a los municipios mexiquenses conurbados. No haría a todos a tener reglas claras y definidas para el bienestar de 23 millones de mexicanos que habitamos la zona y que independiente de los diferentes partidos y sus agendas enfrentamos muchos problemas en común cuya solución debe estar dada por acciones ciudadanas en conjunto, no en la manera personal y revanchista de todos los partidos de enfrentar al vecino de emblema diferente. La idea parece una utopía, pero lo mismo parecía que un Estado del tamaño y la importancia de Nuevo León tuviera un  gobernador independiente derrotando a las famosas estructuras clientelares de los partidos políticos.

Lo mismo sucede en las otras grandes urbes del país Monterrey, Guadalajara, Puebla, donde la desaparición de los municipios que forman la zona metropolitana ayudaría a una mejor y más clara forma de gobierno. Una administración lineal y más barata. De otra forma estamos condenados no solo a los intereses personales de los diferentes presidentes municipales y a sus cabildos, sino a personajes revanchistas como los líderes de Morena y que lo único que habrán de hacer desde la asamblea legislativa del Distrito federal, será imponer una agenda con miras a las elecciones del 2018, impidiendo cualquier acto del Jefe de Gobierno que no les parezca, que no los beneficie. La ciudadanía una vez más no importa.

publicado en blureport.com.mx el 29 de junio de 2013