lunes, 13 de mayo de 2019

Las malditas redes sociales.



La intolerancia de la derecha y la ultraderecha es proporcional y de la misma magnitud que la intolerancia de los simpatizantes y seguidores del presidente. El campo de batalla y de odio son las redes sociales.


Armando Enríquez Vázquez

A lo largo de la campaña política del año pasado el actual presidente de México; Andrés Manuel López Obrador alabó a las redes sociales y las calificó como “Benditas”, hoy las cosas parecen haber cambiado y ese voto “masivo” que falazmente asegura el presidente haber recibido, también le muestra a la nueva clase política que no siempre las tienen de todas a su favor. Durante la primera semana de mayo el presidente en su conferencia matutina acuso a la ultraderecha de usar las redes sociales y es cierto, pero en ese sentido ni él, ni sus operadores políticos están libres de culpa.

El pasado 2 de mayo un grupo de bots de la ultraderecha se encargaron que Youtube bloqueara un video del periodista Julio Astillero simpatizante del presidente, en el que se hablaba de los youtubers y de Alfredo Jalife, vale la pena mencionar que Astillero es una de las voces más inteligentes y críticas de “la mal llamada” izquierda mexicana, a diferencia de otras voces que actúan con las mismas artimañas que tanto se critican hoy entre los simpatizantes del presidente de los pseudo periodistas de los gobiernos pasados.
La aparición el viernes 3 de mayo del Hashtag “TwitterNoCensuresAMéxico” mostró la magnitud de esta batalla de palabras y odios en la red social; Los bots de López Obrador acusaron a la red de respaldar a los bots de la derecha censurando cuentas de seguidores del presidente. Este hashtag se convirtió en trending topic e incendió las redes pues la red se convirtió en el ring de las peores expresiones de la derecha y de la izquierda. Para avivar las protestas de los seguidores de López Obrador, la esposa del presidente, Beatriz Gutiérrez Mueller, abandonó la red social después de no aguantar el golpeteo de la derecha y sus bots, valiéndose de ese argumento de víctimas inocentes que desde hace dieciocho años es el plañir diario de López Obrador, su equipo y seguidores y que solo demuestra que al mismo tiempo que tienen un discurso de odio y rencor también tiene una piel demasiado delgada cuando se trata de los epítetos que reciben ella y su esposo.
La semana cerró con una marcha que reclama al presidente sus mentiras y falta de acción para trabajar con todos los mexicanos por un México mejor.
La intolerancia de la derecha y la ultraderecha es proporcional y de la misma magnitud que la intolerancia de los simpatizantes y seguidores del presidente. Uno de estos admiradores de López Obrador de nombre Nacho Rodríguez se atrevió a lanzar un tuit racista denostando a los participantes de la marcha como de “piel blanca” lo que es preocupante, pero lo irónico de todo es que él sin ningún problema entra en la categoría racial que desprecia. Los bots y fanáticos de López Obrador son combatidos en las redes sociales por los bots y fanáticos de la derecha con la misma fuerza y falta de reflexión. Es enfrentamiento diario en las redes sociales confirma algo que ha sido el tema de los últimos meses: El discurso de odio de López Obrador. Que ha logrado polarizar a la sociedad mexicana.  
El origen de la discordia entre los mexicanos, no es el presidente. Él es solamente un excelente catalizador. Odio y rencores entre mexicanos nacen en el clasismo y el racismo de siempre, en el revanchismo y en la pedantería de todos los involucrados. En la arrogancia. Es innegable que Andrés Manuel ganó por el voto de la mayoría de quienes acudieron a las urnas el 1º de julio de 2018, lo que no es lo mismo a haber ganado de manera masiva como afirma el presidente, un nada despreciable 43% de los mexicanos que no votamos por el tabasqueño representa a 23 millones de mexicanos que como buenos perdedores debemos aceptar al presidente elegido por la mayoría, pero no por eso podemos aguantar ese discurso despectivo e incendiario del presidente. No por eso podemos aceptar su discurso sin cuestionarlo. También es innegable que cinco meses no son suficientes para ver resultados de su estrategia y plan de gobierno, lo que preocupa es que en aras de querer demostrar lo que no es hasta el momento el presidente se empeña en cada mañana ser un demagogo lleno de odio comparable a dictadores que han destruido a sus países a lo largo de la historia.
Al presidente que tanto le gusta manosear la historia para dar datos falsos de la misma, se le debe recordar que el General Lázaro Cárdenas recibía a todos los que lo buscaban en su oficina de Palacio Nacional, tal vez por eso el General no daba una conferencia mañanera diaria, ni maiceaba a las benditas redes sociales e “influencers” que se acercan al poder con la misma actitud servil que otros medios y periodista lo hacían ante los presidentes del PRI o del PAN, en busca de “un pesito” que les lance el presidente después de formular las preguntas más idiotas y a modo de la mañanera. López Obrador debe entender que fue la democracia la que lo llevó a la presidencia, no un golpe de estado y por lo tanto no puede pretender manejarse como un autócrata como Santa Anna y proclamarse frente a los ciudadanos un demócrata como Madero.
La llamada democracia es un mosaico de ideas, de opiniones, diferencias. Lo que se nos ha enseñado nombrar “democracia” contempla la tolerancia y el debate. La libertad de expresión es parte esencial de ella. Lo que tratan ambos mandos radicales azuzados por el discurso de un presidente lleno de rencor es imponer y justificar una dictadura como la del PRI del siglo pasado donde todos tenemos que pensar de la misma manera.
López Obrador no ha comprendido, después de cinco meses, que este no es el México de Echeverría, mucho menos el de Madero o el de Juárez, que su labor como presidente de todos los mexicanos en llevarnos a todos a buen puerto y no a su versión tropicalizada de Foxilandia llamada la 4 T.

publicado el 7 de mayo de 2019 en blureport.com.mx
imagen: DeatTo Stock.com

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