lunes, 7 de enero de 2013

Tombuctú y el verdadero fin del mundo




El fin del mundo no tiene por que ser una catástrofe global inmediata, basta con que día a día vayamos perdiendo las cosas y sitios que nos  identifican como raza humana.
Armando Enríquez Vázquez
 Existen nombres de ciudades que nos evocan misteriosos lugares, permanecen localizadas por muchos años de nuestras vidas en una geografía fantástica que abarca no sólo la sonoridad del nombre del lugar, sino las historias que escuchamos y leemos aquí y allá, y ante todo lo que evocan en nuestra imaginación, eluden situarse en un lugar físico y sin embargo un día las circunstancias nos las revela aun más mágicas a pesar de ser reales.
Eso me pasa con Tombuctú. Tombuctú está en África y aunque supuestamente pertenece a la República de Malí, de facto, la ciudad hoy, pertenece a un país a las fuerzas rebeldes que han llamado al territorio Azawad,  gobernado por las fuerzas islamistas de Ansar Dine, un grupo extremista cercano a Al Qaeda y a los talibanes de Afganistán y desde Abril de 2012 controlan más de la mitad de lo que supuestamente es Malí.
Cuando los europeos llegaron a Tombuctú en el siglo XIX, su esplendor y grandeza ya habían pasado y sin embargo la ciudad construida con el barro del desierto sorprendió a los viajeros por su belleza y los tesoros que en ella guarda. Tombuctú fue fundada en 1100 por los Tuareg como un punto de comercio. Tombuctú última ciudad antes de entrar en el desierto del Sahara, era el punto de encuentro y comercio entre diferentes grupos humanos. Los siglos XIV y XV fueron la época de oro de la ciudad donde se crearon los centros de estudios musulmanes más importantes del mundo y se edificaron mezquitas y mausoleos que aun hoy, espero, siguen de pie. Tombuctú es uno de los lugares declarados por la UNESCO como Patrimonio Cultural de la Humanidad desde 1988. Hay quienes incluso la consideran la Alejandría del África Negra, por la información guardada entre sus muros.
La llegada del gobierno de Ansar Dine ha representado la destrucción de Tombuctú. De acuerdo al líder del grupo armado Abú Dardar: “No quedará un sólo mausoleo de pie en Tombuctú, así lo quiere Alá.”  Tal como sucedió a finales del siglo pasado con la destrucción de los Budas gigantes de Afganistán. Hoy los seres humanos enfrentamos la destrucción de nuestra historia como raza, en manos de la intolerancia religiosa, cosa que en México conocemos de sobra, cuando curas como Fray Diego de Landa en su intolerancia e ignorancia quemaron todo el legado cultural de las culturas prehispánicas.
 Los mausoleos fueron erigidos en honor de los santones musulmanes y supuestamente resguardan a la ciudad del infortunio. La UNESCO, hizo lo único que puede hacer, el pasado 25 de Diciembre, un llamado condenando estas acciones.
“Estoy profundamente preocupada por la brutalidad que se ha manifestado en esta última demostración de destrucción de los mausoleos de Tombuctú”. Fueron las palabras de la Directora General del organismo mundial, Irina Bokova.
Lo más triste es que al parecer esta destrucción no se puede detener. Tenemos que contemplar como la que fue una de las ciudades más importantes del mundo antiguo, un oasis de sabiduría en medio del desierto, desaparece poco a poco.  A pesar de las protestas de las naciones vecinas a Malí que se sienten amenazadas por Ansar Dine y de Francia, la ONU no tiene pensado intervenir en Malí antes de Septiembre de 2013. Para esas fechas todo el patrimonio cultural de la ciudad podría haber desaparecido.
Tombuctú permanece como un lugar mítico y fantástico en mi mente, a pesar de haber visto fotos de su grandeza y lo que están haciendo con ella. Esa desaparición del legado de la inteligencia y la capacidad de los seres humanos es lo que es realmente el fin del mundo.

Publicado en blureport.com.mx el 5 de Enero de 2013.
Imagen unesco.org