jueves, 2 de mayo de 2013

Impresoras 3D y la revolución manufacturera


Estamos viviendo el inicio de una nueva revolución industrial. ¿Estamos listos en México para sumarnos al cambio?
Armando Enríquez Vázquez

De una manera sorprendente, en silencio y sin contaminar la nueva revolución industrial comienza a asomarse en el horizonte. Máquinas que remplazan a los seres humanos y tecnologías que necesitan ser alimentadas por seres humanos.
Uno de los grandes avances tecnológicos, que apuntan a la nueva era de la manufactura son las impresoras 3D. Inventadas en 1984 por Charles Hull basándose en el funcionamiento de las impresoras de tinta, Hull diseñó y patentó lo que se llama la estereolitografía, o vulgarmente impresión en 3D. Hull fundó entonces una empresa llamada 3D Systems, que hasta el día de hoy lleva la vanguardia en la impresión 3D.
Estas máquinas que en un principio se utilizaron para crear prototipos para la aprobación de los clientes de procesos de manufactura, son capaces desde principios del siglo de crear partes que ya son utilizadas de manera directa en los productos finales, o mejor aún son el producto final.
Tuberías, piezas para maquinaria, objetos de diseño y de uso cotidiano, prótesis y órganos para trasplantes, todo es parte ya de la realidad. A principios de Marzo, la famosa Dita von Teese apareció en un hotel de Nueva York, modelando el primer vestido impreso en 3D.
El mismo Barack Obama ha elogiado a la tecnología y ha declarado que puede ser una de las maneras de revivir la casi inexistente planta manufacturera de los Estados Unidos. Sin embargo hay dos cosas que el Presidente no ha tomado en cuenta en su ecuación.
La primera es que las impresoras 3D son tan precisas en la impresión de los objetos que no se necesita nada, ni a nadie una vez que la maquina está trabajando. Los productos obtenidos son idénticos a como los pide el software de diseño con el que se elaboran, por lo tanto la supervisión de calidad es también mínima. Lo que significa que la nueva planta manufacturera representará un boom económico para mucho menos gente, porque lo que antes se entendía personal para operar una fábrica o planta de producción, será increíblemente mucho menor.
La segunda es que esta tecnología no es exclusiva de los Estados Unidos, hoy en día, los chinos parecen estar encantados con las impresoras 3D y comienzan a utilizarlas para ciertos procesos productivos. Todavía se necesita hacer de las impresoras máquinas más rápidas para que puedan llevar a cabo toda una producción masiva de productos, lo cual no debe ser ningún obstáculo mayor para ingenieros e investigadores que se encuentran en esta carrera tecnológica.


En un principio se utilizaban diferentes tipos de polímeros y plásticos para la impresión, en 2011 Hull, mostró las nuevas impresoras 3D que trabajan con metales como el oro y la plata. También en 2011 se presentó en Canadá, el Urbee, un automóvil de tres ruedas y para dos pasajeros,  hecho totalmente de parte impresas en 3D. Lo que según sus creadores abarata los costos de producción y el precio final tanto del automóvil como de las refacciones cuando se llegan a necesitar. Hoy ya se trabaja en la segunda versión del automóvil.
Pero no sólo en la industria, las impresoras 3D parecen ser una de las respuestas a muchos problemas médicos. Existe una empresa llamada Organovo, avalada por Hull y 3D Systems, dedicada a utilizar la tecnología de las impresoras 3D en la biología y ya trabaja en imprimir vasos capilares y venas, piel, tejido cardiaco incluso se habla de imprimir órganos enteros para trasplantes como hígados y corazones, también se piensa en cartílagos y huesos. En 2011 en Holanda, la primera prótesis de mandíbula impresa en 3D se implantó en una paciente, de ochenta y tres años de edad, que padecía una enfermedad en el hueso.
Y aun a niveles de mayor especificidad, ya sabemos que en gustos se rompen géneros…  el proyecto Fab@Home, propone a través de la colaboración colectiva y el uso de impresoras 3D imprimir en nuestras casas lo que necesitemos desde, utensilios y herramientas hasta alimentos como galletas con el balance nutricional que nosotros queramos.
En México, el tema parece ajeno a la población y, más preocupante, a las autoridades. Sólo existen algunos distribuidores que venden las impresoras y algunos centros de investigación donde se utilizan para la fabricación de sus propios desarrollos, pero al parecer nadie ha puesto aun el ojo en la llegada de una nueva revolución industrial y en la vida de todos nosotros. Cuando menos obreros y operarios se necesiten y la demanda sea por diseñadores y creadores de nuevos y mejores productos ¿donde estaremos los mexicanos? Por eso es de suma importancia crear planes de estudio desde nivel primaria que impulsen y promuevan al conocimiento de la ciencia y la tecnología en las próximas generaciones. El mundo en un futuro cercano demandará ideas, no mano de obra.



Publicado en blureport.com.mx el 1° de Mayo de 2013
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