miércoles, 29 de mayo de 2013

Oferta y demanda, competitividad y competencia.





Pareciera que uno de los lemas del actual sexenio es “promover la competitividad”, ¿es la competitividad algo sano o sólo un eufemismo?

Armando Enríquez Vázquez

Durante los últimos seis meses; ¿Cuántas veces hemos oído hablar de la competitividad como una especie de panacea económica para los males de nuestro país? Lo más importante ¿Es cierto? la respuesta es sencilla: No.
No en un país como el nuestro donde los monopolios, la impunidad y el abuso del poder son tradiciones y vicios del estilo de gobernar, sin importar colores, ni posición ideológica. En un país donde las todas las palabras tienen, por lo menos, un doble sentido, hablar de competitividad puede significar todo menos competitividad.
Hoy quieren que entendamos competitividad, como sinónimo de competencia. Cómo sinónimo de justicia mercantil y como sinónimo de eficiencia, cuando en realidad la competitividad nada tiene que ver con estas tres palabras. Pero eso pasa cuando los medios de comunicación en su pereza quieren acostumbrarnos a entender y sustituir parada por desfile, Beijing por Pekín. Cuando con toda la estulticia de la que son capaces la mayor parte de los conductores y lectores de noticias de nuestro país confunden cualquier palabra extranjera con su pobre y simplista falacia de que todo suena como lo pronuncian en Amarillo, Texas.
A lo que hoy políticos e informadores se refieren por competitividad, tiene que ver con el fin de monopolios y duopolios que tan enraizados estén en la economía mexicana. Esa podría ser una muy buena noticia. Desgraciadamente, quieren hacernos creer que este fenómeno se presenta sólo en las telecomunicaciones. En México existen monopolios en los hospitales y servicios de salud, en la minería, la industria panificadora de México, el transporte, incluso podemos hablar de un tripolio en la política mexicana.
El gobierno quiere hacernos creer que estas prácticas se acabaran repartiendo el mercado de manera aleatoria, en el caso de la telefonía y por otro lado licitando cadenas de televisión. Este paliativo en un principio creara opciones, pero debe estar en los dueños el mantenerlas vivas o no. Es entonces cuando entran en el juego dos conceptos totalmente diferentes al paternalista competitividad. La competencia y la ley de la oferta y la demanda.
Cada uno de los nuevos jugadores en la telefonía, en la televisión y la radiodifusión deben estar listos para ser competentes y capaces de atraer a sus clientes, la audiencia es un cliente, para lograr no sólo que su negocio sobreviva, si no lo que es más importante que destaque en el mercado. Entonces en la forma pura de la ley de la oferta y la demanda, aquellos que logren más audiencia, lograrán por consiguiente más dinero.
Y es aquí donde el gobierno debe ser capaz de distinguir entre proteger y promover. Donde deberá de ser capaz de poner verdaderamente en juego la competencia en México. Habrá empresas que caigan y desaparezcan, es natural, pero los espacios no pueden  ni deben ser ocupados por los aquellos que ya están en el juego. Un ejemplo claro, es que la televisión en México sería diferente si el gobierno no hubiera permitido a Emilio Azcarraga Milmo, hacerse de tantos canales que no le eran productivos a sus dueños y hubiera promovido la entrada de nuevos participantes en las telecomunicaciones de nuestro país. Los monopolios no se crean por tener la mayoría del mercado, si no por bloquear la existencia de otros jugadores en el mercado.
Los que están listos para tratar de acabar con el negocio telefónico de Telmex deben estar conscientes de que la batalla puede ser muy desgastante y al final sino están listos para proponer a los clientes esquemas y planes que los hagan realmente atractivos están condenados a desaparecer y no es obligación, o no debería de ser, porque si no se llama proteccionismo y no competitividad, el que el gobierno le garantice una tajada del negocio. Lo mismo sucede en la televisión.
Es algo muy sencillo y claro para cualquiera que sepa cómo opera una economía de mercado y se llama Ley de la Oferta y la demanda.
Pero como dije esto no sólo se ve en las telecomunicaciones, la promoción de micro, pequeñas y medianas empresas debe ser una realidad para que puedan crecer y competir, por lo que las reformas financieras y políticas deben reflejar este supuesto espíritu el gobierno federal por impulsar la competencia. Sí queremos un país capaz de competir en el marco mundial debemos empezar con una educación de mejor calidad, crear científicos, empresarios y técnicos capaces resaltar a nivel mundial.
En México, es cierto, necesitamos ser competitivos, necesitamos ver el crecimiento de nuevas y viejas empresas, necesitamos transparencia y el fin de los gobiernos paternalistas y en contubernio con los medios de comunicación. 

Publicado el 28 de Mayo de 2013 en blureport.com.mx
Imagen: Polychromos.gr